MicrosoftInternetExplorer402DocumentNotSpecified7.8 磅Normal0
Esto sucedió en los ya lejanos tiempos de mi juventud, pero aunque situado en los albores de mi sexualidad lo recuerdo con nitidez. Tenía entonces yo 19 años y poca o casi nula experiencia sexual con las mujeres, las cuales se hallaban situadas en las deliciosas tierras de lo anhelado y exuberante. Esa madrugada un pequeño pero bullicioso grupo de jóvenes salimos de un bar de rock con rumbo a otro sitio. A ella la recuerdo bien, porque su belleza me impresionaba desde tiempo atrás. Mucho más cuando la escuché hablar sobre la literatura de Lovecraft que aunque no era erótica si me excitó en sus labios, como su escote, bastante generoso. Algo debió notar porque comenzó a intercambiar risas nerviosas conmigo en algún tramo del trayecto. Un par de horas después el grupo se había disuelto, y de las mujeres sólo ella quedaba, con su mochila, su jean, las trenzas negras y los pechos erguidos bajo la blusa. Sería absurdo dar giros para decir que estaba más excitado que insomne. Decidimos terminar la jornada en la casa de uno de ellos quien sabía que ella me gustaba y se las arregló para dejarnos solos en la sala, so pretexto de buscar algo para el desayuno. Habíamos tenido roces previos, miradas inequívocas y aquella sonrisa que me encantaba. Como porimpulso me acerqué a ella y calculé el preludio de la pasión en cada movimiento, con la falsa audacia del alcohol y el deseo un par de meses contenido. Acaricié su cara y ella cedió sin falsos pudores. Entonces ocurrió, que luego de los primeros besos, cuando comencé a lamer su cuello sin perder un milímetro de las dimensiones de sus senos voluptuosos, le dije al oído “puto es el hombre que de putas fía, y puto es el que sus gustos apetece....”. No sé porqué dije eso en ese momento y lugar, probablemente traté de impresionarla con alguna pericia “intelectual” de último minuto. Una tontería, hoy lo sé, y no estaba seguro si me saldría cara justo en el momento decisivo. Pero a ella le causó una excitación divertida, porque me dijo "sigue" mientras se quitaba la blusa y el brasier (cosa que el agradezco aún hoy porque ¡quién no se ha enredado con esos malditos sostenes!) Estaba hechizado por aquellos senos, grandes, redondos, coronados por unos pezones un tanto más oscuros que su piel canela. “sigue” me dijo , así que volví al principio del poema el cual no me sabía por completo, pero a medida que avanzaba o repetía los versos, ella se iba despojando de su ropa y me permitía ver además sus espléndidas piernas, su trasero firme, aquella boca que decía "sigue", luego lo gemía y al final lo gritaba. En tanto yo la penetraba en medio de los versos de Quevedo, uno de los más grandes poetas del siglo de oro español.








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar