La Consulta De Maria C.
Relato de comunidad Fantasíasschedule 15 min de lectura calendar_today Enero de 2018

La Consulta De Maria C.

Un saludo a todos, disculparán los errores pero este es mi primer relato, espero que sea de su agrado. Soy médico general y la historia que les relataré ocurrió hace ya varios años en un municipio cercano a Bogotá, Colombia, donde yo trabajaba por aquella época, no voy a dar más detalles....

richardnoone

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Un saludo a todos, disculparán los errores pero este es mi primer relato, espero que sea de su agrado.

Soy médico general y la historia que les relataré ocurrió hace ya varios años en un municipio cercano a Bogotá, Colombia, donde yo trabajaba por aquella época, no voy a dar más detalles no sea que alguien ate cabos y pase del anonimato al desprestigio. Era un jueves como muchos otros y pasaba como todos, la atención de pacientes en un primer nivel, ya un par de veces la había visto en las salas de espera del centro médico, muy llamativa, 39 años, 1.70 metros de estatura, cabello castaño, ondulado que caía sobre sus hombros, siempre lo llevaba suelto, ojos claros, una culote que era la envidia de todas mis compañeras, siempre que la veían pasar, ellas no hacían más que pelar de ella, creo que era física envidia porque ninguna era ni la mitad de atractiva que lo es ella, y lo más llamativo, un par de piernas de infarto, parecían torneadas en cedro, fuertes, largas, sin un centímetro de celulitis, siempre la había visto en minifalda y muchas veces pasaron por mi mente los pensamientos más carnales pero, ¡hasta ahí! soy médico y soy un profesional.

Ella no era paciente mía, si bien las pocas veces que la vi me llamó mucho la atención, nunca había hablado con nadie de ella, debía ser por mi modo de ser tan reservado y serio, así que es posible; siempre era atendida por Adriana, la colega del consultorio contiguo al mío, nosotros con el tiempo vamos haciendo nuestra clientela y las personas van tomando afinidad por ciertos profesionales y siempre quieren que sus problemas de salud sean resueltos por el mismo galeno pero ese día Adriana estaba incapacitada debido a un accidente que presentó esa misma mañana lo que no dio tiempo de reprogramar su agenda y los pacientes que tenía asignados fueron repartidos entre los demás profesionales, si bien era voluntario ayudar, a cada quien le iban a dar un paciente extra pero yo accedí a atender dos, creo que es muy molesto y me pongo en el lugar del paciente, que se tenga programada una consulta médica con bastante tiempo de antelación y de repente la cancelen por cualquier circunstancia y por eso decidí colaborar con un paciente más.

Las consultas duraban 20 minutos pero ya había hecho tiempo suficiente para poder atender no tan a la carrera a mi primer paciente extra, una mujer de 68 años de edad que asistía por sus medicamentos para la hipertensión. Eran las cinco de la tarde y el paciente programado para ese momento no llegó así que llamé a mi segundo paciente extra, Maria C. Ella estaba programada para las cinco y veinte de la tarde y si bien ya aparecía facturada su consulta, la llamé por el altavoz y nadie respondió al llamado, salí inmediatamente y repetí:

  • ¡Señora Maria C, Señora Maria C!

Miré de reojo la sala de espera, habían unas quince personas, volví a llamarla:

  • ¡Señora Maria C, Señora Maria C!

Al ver que no respondía mire fijamente a las personas que estaban ahí sentadas y oh sorpresa, estaba ella ahí, sentada, cruzada de piernas, blusa manga corta, blanca, minifalda de jean, zapatillas de hebilla, su cabello, su cara, sus ojos, sus hermosas piernas... cruzamos las miradas, me sonrió y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

  • ¡Señora Maria C, Señora Maria C

Ninguna respuesta, de pronto se puso de pie un caballero y me dice que es la consulta de las cinco y veinte, me solicita que si por favor puedo atenderlo a lo cual accedí amablemente. Mi cabeza estaba conmocionada, no podía dejar de pensar en ella, no lograba concentrarme, afortunadamente el señor solo venía para que le cambiara una orden de una ecografía que tenía vencida, a lo que accedí sin mayor demora, por no ser más salió del consultorio dándome las gracias por haberlo recibido más temprano, no nos demoramos cinco minutos

Salí de nuevo a la sala de espera y llamé:

  • ¡Señora Maria C, Señora Maria C!

Las personas que allí estaban se miraban unas a otras, nadie respondía, me dirigía hacia el consultorio cuando alguien me toca el hombro, me doy vuelta y menuda sorpresa, me sonríe y me entrega la factura de su consulta, ella era Maria C.

Quedé totalmente bloqueado, no podía ni articular palabra, le señalé que pasara al consultorio, la dejé para que entrara delante mío y verla pasar contoneando sus caderas, desfilando esas hermosas piernas, fue algo que me hizo sonrojar, entré y coloqué el seguro de la chapa, se sentó y quedamos frente a frente, no me salían las palabras, estaba totalmente bloqueado, saqué fuerzas y logré calmarme:

  • Señora Maria C, ya había salido a llamarla, ¿por que no me había dicho que era Ud?

Sonreía

  • Me hubiera dicho, la hubiera atendido antes que el otro paciente

Sonreía

- Soy el Dr Durán, para servirle

Otra sonrisa

  • ¿Podría decirme cuál es el motivo de su consulta?

Sonrió y le devolví la sonrisa.

  • No se ría más, ya estoy muy apenado con ud

Sonreía

- Si no me cuenta cual es el motivo de consulta, no podré ayudarla

Tomó su factura, le dio vuelta y escribió:

  • No sabía que ud me iba a atender, es que soy sordomuda

Como si no fueran pocas las sorpresas, esa fue una más, tomé una libreta de esas que nos dan las visitadoras médicas y escribí: que pena con usted, le ofrezco mis disculpas, ¿cual es su motivo de consulta? Se la pase, ella escribió que podía leer los labios y que por favor vocalizara bien, más vergüenza para mi.

Escribió que su médico era la Dra Adriana, que ella le estaba haciendo controles acerca de unos quistes en sus senos que le ocasionaban mucho dolor y que esa cita era para evaluar un tratamiento con vitamina E que ella le había indicado por 3 meses.

Y hay va la parte graciosa, escribió que se sentía mejor, que creía que la cita era con Adriana y que no sabía que era conmigo y que le daba pena que yo la fuera a examinar. Le dije que eso no era problema, le expliqué del profesionalismo y que si se sentía incómoda que podía hablar con agendamiento para que le programaran una nueva consulta con Adriana, escribió en el papel:

  • La pena no es por eso, es que estuve con un amigo y me mordió y me dejo una marca horrible que no quiero que nadie vea

Es gracioso porque si uno se avergüenza de algo, no lo comenta con nadie, por más confianza que le genere esa persona, pero ella así lo hizo, y cuando terminó de escribir eso me lanzo una mirada pícara que me hizo perder la poca confianza que había logrado ganar; parecía mentira que hubiera escrito eso, fue un tremendo golpe, algo inesperado, le dije que en su historia clínica estaban descritos los hallazgos de las anteriores citas médicas para lo cual, una vez examinada, se compararían los hallazgos actuales con los previos para verificar si hubo o no alguna mejoría, que sus preferencias no eran impedimento para realizar una evaluación médica.

Lanzó otra mirada pícara y accedió.

Organizar toda esa historia fue algo para reírse, era como un chat, yo le preguntaba, si no me entendía le repetía despacio y pausado, ella respondía escribiendo, así logré completar sus datos, todos sus síntomas y demás información requerida, escribió que era madre soltera, que trabajaba en oficios varios, que su sordomudez era congénita y que habían varios casos entre sus familiares, contó que sus hijos no padecían de su enfermedad, que había sido operada de apendicitis y la ligadura de trompas, que no era alérgica a nada, pero sus antecedentes ginecológicos fueron otro cuento, dijo que su primera regla había sido a los 14años, su primera relación a los 17 años y que tenía dos hijos, que hasta el momento había tenido óiganlo bien: 19 parejas sexuales, y ante esos cofres de riesgo y ya que el cancer de cuello uterino es una terrible realidad en nuestro país, siempre hay que preguntar por la última citología y su resultado, respondió que había sido normal y que se la había practicado a los 35 años, pregunte el porqué de tanto tiempo sin practicarla, se puso toda colorada y se echó a reír.

Después que se calmó le pregunté del motivo de su carcajada y me mató con la respuesta:

- Siempre que me la voy a practicar, olvido que no debo haber tenido relaciones

Quedé estupefacto, otra carcajada.

- ¿Siempre?

Asintió con la cabeza y su cara roja como un tomate.

Me dio curiosidad y le pregunté por su novio, otra sonrisa:

- Ya no estoy con el, me terminó hace más de tres meses

- ¿Y por que no se ha tomado la citología, luego no tiene pareja hace tres meses?

- Novio no tengo hace tres meses

Mirada pícara, cara colorada y una sonrisa muy sensual. Estaba ya faltando a la ética y la consulta estaba pasando a otro nivel, pero esto es de todos los días, uno habla de todo con los pacientes, sean hombre o mujeres, jóvenes o ya entrados en años, entre más confianza me tienen, más y más cosas me cuentan, historias en las que el realismo mágico de García Márquez quedaría en pañales, sólo que está era la primera vez que yo la atendía.

Teniendo en cuenta estos antecedentes me preocupo porque estaba más que indicada la toma de la citología por lo que le pregunto por su última relación, para ver si podía enviarla con la Jefe de enfermería a que se la practicaran aprovechando su visita al centro médico:

Mirada pícara y escribe:

- ¿Por donde?

Ya esto estaba fuera de control y queriendo ver hasta donde iba a llegar le digo bien despacio y vocalizado:

- Por donde haya sido

Sonríe y escribe:

- Por delante el viernes pasado, por la boca y por atrás hace 2 horas

No supe donde quedé al leer eso, me temblaban las manos, no podía ni escribir en el teclado, levanté la mirada y la vi directo a los ojos, tenía las pupilas totalmente dilatadas, señal inequívoca de que estaba disfrutando de esto, estaba excitada.

Le pregunté:

- ¿En serio?

Asintió con la cabeza, luego escribe: salí de allá, fui a mi casa, me bañé y me vine a la consulta.

Ya no aguantaba más, no podía escribir más, las manos no me respondían correctamente, estaba rojo de lo apenado, había logrado achantarme sin decir una sola palabra, solo escribiendo, mi respiración era superficial y rápida, me sudaban las manos, sentía como mi pené se iba a salir a través de mi pantalón, al ver que me estaba demorando mucho revisé la agenda, si bien eran las cinco y veinticinco, el paciente de las cinco y cuarenta tampoco había llegado, esto me hizo recuperar algo de calma pero temiendo perder el control le dije que iba a examinarla por que me estaba demorando mucho y los demás pacientes podrían quejarse... quería salir rápido de semejante situación.

Le digo que pase a la mesa de examen, se sienta muy despacio, como aprovechando cada segundo, me hago diagonal a ella y se cruza de pierna, muy lentamente, no puedo evitar lanzar una mirada a su entrepierna, de verdad que sabe ser sensual, hace una muy corta pausa como para dejarme y no dejarme ver, paso a tomar su presión arterial, está un poco alta, su pulso está elevado y alcanza a tener algo de sudor en las palmas de sus manos, sus pupilas dilatadas, no me cabe la menor duda, esta excitada. Paso a revisar sus ojos, su cavidad oral, el cuello y al auscultar su corazón y ella va acomodándose de forma tal que pueda escucharlo mejor, como la blusa está abotonada, sin decirle nada, comienza a soltar los primeros tres botones, despacio, aprovecha cada segundo, me deja ver el comienzo de sus senos que si bien son medianos, no deja de ser sensual apenas poder verlos cubiertos por el sostén, verifico la entrada de aire a sus pulmones, le digo que se recueste para palpar su abdomen, lo hace muy obediente y al estar así se termina de retirar los botones de la blusa, vaya abdomen, como de modelo, plano, sin una sola estría, solo con la bendita cicatriz de la apendicectomía de las que hacían antes que se tiraba semejante lienzo, disfruto viéndolo, solo la terminan por cubrir la minifalda y el brasier, comienzo a palpar, no halló masas, al ir explorándola paso la mano cerca del borde de la minifalda, ella hace un gesto indicando que me detenga, se apoya sobre los pies y su espalda y la suelta, la baja hasta un poco más arriba de la rodilla, lleva hilo dental blanco que hace juego con su sostén, cuando paso la mano por su zona pélvica suelta un suspiro, eso nunca había pasado con ninguna paciente, hasta ese momento, estoy a mil, me invade el deseo de lanzarme sobre ella pero soy un profesional y no voy a acceder a esto. Le pido que se siente de nuevo, por señas le indico que voy a examinarle los senos, se pone toda colorada, muy lentamente con su mano derecha suelta el broche de la parte de atrás del brasier y con su otra mano se cubre los senos y así se queda, no deja de ser simpática su timidez y por señas le digo que debe retirar su mano para poderla examinar.

Comienza a bajar su mano muy lentamente, ya lo dije, ella sabe aprovechar cada instante, si bien ya amamantó a dos hijos, no están tan caídos, esos pequeños y hermoso pezones aun miran de frente, miro con detenimiento la piel y efectivamente tiene marcas de mordedura, solo que estas son muy recientes, algunas alcanzan a tener algo de sangre y otras ya están comenzando a a formar costra, ese tipo se dio garra mordiéndola, imagino como la tenía dándole por atrás y mordiendo sus senos, levantó la mirada, cara roja, pupilas dilatadas, vacilo en cómo pasar a palpar esos hermosos senos. Comienzo muy despacio por la zona cerca a los pezones, la más maltratada, se retira por dolor, me detengo, la vuelvo a mirar, toma mi mano y ella comienza a dirigir mi examen, comienzo a palpar su seno derecho, lo hace despacio, sin ningún afán, toma mi otra mano, hace lo propio con el otro seno, vuelvo a mirarla, tiene los ojos cerrados, me dejo llevar de ella, comienza por sobre mi mano a hacer presión en ambos, suelta otro gemido, no abre los ojos, estoy ya apretando yo solo sus senos, solo respira y de vez en cuando suelta otro suspiro, abre sus ojos solo para soltarme de las manos y acercar mi cabeza a su cuerpo, pone mi boca junto a su seno izquierdo, el más maltratado, paso mi lengua lentamente por el pezón, luego por toda su areola, comienzo a succionar, se estremece, con la otra mano no dejo de apretar el otro, después de un rato me cambia al otro seno, continúo succionando, apretando, mordiéndolos.

Pierdo la noción del tiempo, estoy poseído por la pasión, de repente me aleja, no entiendo que está pasando, me mira con esa cara que ponen las damas cuando quieren, se termina de quitar la minifalda, se pone de pie contra mi escritorio, separa un poco las piernas, se saca el hilo de entre las piernas, cruza sus manos apoya su tórax sobre ellas y su abdomen sobre el escritorio, me hace señas que me acerque, llego junto a sus nalgas, las separo, no van a creer pero tiene ese ano totalmente dilatado, dos cosas, debe ser una adicta al sexo anal, lo segundo, ese amigo le debe ser un pervertido y le debe haber dado hasta con los amarros del diablo por ese culo, o las dos cosas, toco su ropa interior y está empapada, intento introducir un dedo en su vagina pero se retira, vuelve a acomodarse, intento de nuevo y se retira, estira su mano y por sobre la bata y el pantalón me toma del pene y comienza a manosearme, me mira y asiente, en el gremio de la salud la promiscuidad es el pan nuestro de cada día así que siempre ando con mi dotación de preservativos, uno nunca sabe cuándo se va a presentar la oportunidad, yo siempre había tenido mis aventuras con compañeras de trabajo, de eso les contaré en otra historia, pero nunca con una paciente, algunos colegas me han contado que ellos si, pero por no en el lugar de trabajo, así que menos en mi consultorio, voy al escritorio, busco en mi maleta y saco uno, y ahí va la cuña, Today punto G, me visto para la ocasión, colocó mi glande en su entrada, comienzo a penetrarla muy despacio, disfrutando cada segundo, ella respira cada vez más rápido, no emite ningún sonido, solo puja o trata de medio gemir, comienza el mete y saca, la tomo por sus senos, ya no siente dolor en ellos y cuando más contento estoy se detiene, se retira un apoco, intento volver a penetrarla pero vuelve a retirarse, entiendo que es lo que quiere, acerco mi glande a su ano y ella con solo sentirlo se tira hacia atrás, entrando de un solo tiro, que ano más suave, verdad que sabe utilizarlo, seguimos ahí otro rato hasta que siente que ya voy a eyacular, aumenta el ritmo y derramo tal cantidad de semen que comienza a salir del condón, siento como tiemblan sus piernas y casi de inmediato también llega al orgasmo, no se cuanto tiempo duro viniéndose pero se tomó su tiempo, intento retirarme pero aprieta tan fuerte que no me deja salir, nos hemos quedado pegados, intento de nuevo y nada, me mira por sobre el hombro y me hace señas que no hale más, así nos quedamos un rato, lentamente va liberando mi espada, se da la vuelta, me quita el condón, mira la cantidad de leche que ahí aún en él y hace señas con sus cejas de asombro, sonríe, recoge su ropa, pasa al baño del consultorio y sale de ahí sonriendo.

Paso a desaparecer la evidencia, los envuelvo en una toalla desechable y me lo echo al bolsillo del pantalón, si dejara eso por ahí sería mi perdición. No pienso en nada, no puedo decir nada. Sale del baño, tengo la mente en blanco, no puedo pensar en nada, tengo una mezcla de placer, aventura, temor y sobre todo susto, ella solo me está mirando fijamente con una sonrisa muy pícara. Toma otro papel y escribe:

- ¿cree que estoy bien?

  • Re bien - Le respondo y ambos reímos, en ese momento somos interrumpidos por el teléfono que repica:
  • ¿Alo?
  • Doctor, con Julieth, el paciente dice que en la droguería de al lado le administraron una penicilina y está bastante mal ¡por favor venga a procedimientos!

Le digo a Maria C. Que me necesitan por una emergencia, sonríe de nuevo, escribe su dirección y teléfono en la libreta que nos sirvió de chat, se pone de pie, se acerca a mi, me da un tierno beso en la mejilla y ambos salimos del consultorio, en la sala de espera sólo están dos señoras de edad que nos miran con desaprobación, estoy seguro que no oyeron nada, no hay forma de que ludieran pero creo que por el tiempo que me demoré lo deducen.

Llego a procedimientos, el paciente está con dificultad respiratoria, debemos trasladarlo inmediatamente a urgencias. ¡Otro día de locos!

— richardnoone

11 de enero de 2018

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richardnoone

Escrito por

3 seguidores ·Soy hombre heterosexual

Comentarios

2 comentarios

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  • pepe-69
    pepe-69 · 1 de feb de 2018

    Me gusta mucho su relato, gracias.

  • Darth_sexual
    Darth_sexual · 11 de ene de 2018

    Me excitó mucho tu relato, me hizo recordar todas las locuras en el internado, el rural y las aventuras en los turnos nocturnos del hospital y la inolvidable Yuli con su culo voraz

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