Uno pensaría a que a sus treinta y ocho, y tras de haber sido toreado en siete plazas, estas cosas no pasan. Pero sí. Al perro no lo capan dos veces, sino tres. Cuando uno quiere ser docente, se le olvida el peligro del erótico ambiente del aula de clase, ese cuarto de hotel metido dentro de una universidad en donde uno puede ser una estrella por cuarenta y cinco minutos, y tener fans. Hasta ahí muy bien, siempre y cuando no sea uno el que se queda enredado en unos ojos color verde marihuana puestos debajo de unas cejas árabes, con una boca a lo Jennifer Connelly que lo hace a uno distraer de ese culo en forma de corazón invertido. Y al profesor que se traga, mal le haga, como verán si siguen leyendo.
Uno resiste el semestre para no cagarla. Uno resiste. Pero ya cuando las notas y los contenidos de la materia son parte del olvido, que te llamen es difícil de resistir. "Profe, ¿qué tal la vida?" La respuesta es más que obvia: mi vida está incompleta sin tí, pieza perdida de mi rompecabezas favorito. "¿Quién quiere jugar al amor?" pregunta un presentador en la televisión. Cuándo nos vemos, ya, perfecto. Vente a mi casa. No, nada importa. Así estuvieran aquí mis hijos, algo me invento. En el estéreo empieza a sonar "Pictures of You" de The Cure, porque Facebook es una máquina cruel de los deseos aplazados: fotos y fotos de lo que podría estar aquí en mi lecho y de todo lo que contigo no he hecho, cruel, cruel, cruel mujer de mis ansias. Ahora pongo "Dengue woman", stay away from me / I got your fever and your rash / all over me, y es cierto Stevie Ray V. Mejor me afeito las canas, ya que no puedo quitarme las ganas. Pero tal como en las sabanas de África, o aquí en la selva espesa, aún el cazador puede ser presa.
Llegaste, amor perdido, desde el otro extremo del mundo en un taxi que pagué con gusto y con propina. La verdad, no te recordaba así, excesivamente natural, terriblemente fresca, sensualmente burda al hablar. En un abrazo se te puede ir la vida: enredada en tu pelo azabache quedó mi razón, mis gónadas se exprimieron con el mero roce de tus caderas, y quedé apuntando hacia tí como un poste de luz o un toallero indecente. Tu mirada bajó y tu sonrisa confirmó lo que ya sabías: te deseo como un cuchillo caliente frente a la mantequilla. Te deseo como un elefante en celo. Si mi deseo fuera pólvora nos moriríamos hechos pedazos en una explosión causada por la chispa de tus manos sobre mi sexo diciendo "Uy, ¿contento de verme, profe?". Afortunadamente, tu risa es un huracán que me permite caminar hasta la casa y abrirte la puerta. Abrirte es lo único que quiero: abrirte mi corazón, abrirte las piernas, besarte la abertura y abrírtela con la lengua; quiero abrirte el flujo de agua sagrada de tus entrañas, abrirte el secreto pozo oscuro del alma en donde el sexo se convierte en fuego y el fuego en carne trémula. Quiero abrirte en dos y meterme dentro de tu alma, cosa hermosa. Quiero meterme en tí metiéndotelo por todos y cada uno de tus huecos. No me alcanzan los dedos para tocarte de afuera hacia adentro, no me alcanza la lengua para humedecerte el oído y los labios, quiero poner mis labios en tus labios, arriba y abajo millones de veces hasta que nos duela, amor mío.
Pero la verdad es que empiezas a conversar de libros, me recorres la biblioteca con tus dedos y yo que lo único que quiero es que me toques. No puedo controlarme. Te levanto el pelo para exponer tu cuello y te beso tan cerca a la nuca como puedo. Mis manos vuelan hacia tus senos perfectos, y pones tus manos sobre las mías, apretando, gimiendo despacito, maldito reggaetón de bazofia, te tiraste este momento sublime. Pero ni así puedo ya detenerme, ya no pierdo el hilo de esa conversación entre mis dedos y tus pezones duros, entre mi verga enhiesta y tu culo parado, estirado, salido hacia atrás contra mi falo. "Rózame" alcanzas a decir antes de que yo te meta la mano desde el borde de arriba de tus leggins hasta tu vulva caliente y húmeda. "Estoy muy mojada" oigo en una redundancia de sensaciones mientras mis dedos se abren paso por la capucha de tu clítoris y pelean por moverlo hacia arriba, y exponerle sus bordes. Sí, claro que estás mojada, y yo también: tus manos me han buscado la punta empapada del rojísimo glande y me has limpiado del líquido previo llevándotelo a la boca. Lo saboreas como nadie me ha saboreado nunca, con la punta de la lengua y una sonrisa en los ojos. "Sí, ya quiero comérmelo". Y entonces la torpeza de estar desnudos solamente a medias y tratar de caminar recomponiendo lo irrecomponible, tropezándonos con nuestra propia ropa para llegar a la cama. Y caer de bruces en la mejor felicidad que un ser humano puede sentir; el éxtasis antes del éxtasis, el dulce sacrificio de demorar el sacrificio hasta estar cómodos para que te puedas clavar todo el palo de un bocado y gemir "Ay" mirando al cielo raso de madera y moviendo tu pelo de tormenta sobre las nubes de tus senos. "Cójame, profe" cuando ya estoy yo cogido de tu alma, colgado de un hilo de tu amor, tan erecto que no siento nada, dándote golpes intravaginales para llegarte al cérvix, y pensando como un cántico mágico: tu útero, tu útero, en dónde está tu útero, quiero tu útero y cuando me doy cuenta te lo estoy murmurando, y luego en voz alta digo útero y tu te meces al rìtmo de esa palabra ilógica y vas moviendo la cadera adelante y atrás para tocártelo con la vara por dentro y vas gimiendo porque de veras que te llegué al útero sin ni siquiera saber bien cómo fue, y por favor no pares, no pares de pararmelo. Te amo, carajo. Estoy enamorado de tu cuerpo y de tu alma oscura y compleja. y te lo digo, no hay nada como hacer el amor enamorados. Y te beso, con un amor profundo, amplio, profundo y vertical como un aljibe. Y entonces, abro mis piernas y te encierro en ellas, apretándote los muslos para que se te cierren los labios y la vagina, y te aprieto las nalgas mientras te voy metiendo el dedo al orto, agujerito de placeres ocultos, vaginita de atrás poco condescendiente, mi dedo te aprieta y se te mueve toda la cadera hacia adelante de un brinco, y entonces te vienes y gritas "Mierdaaaaaaa", la mierda más dulce que he oído en mi vida, vida mía.
Y así, sin darme cuenta, me enamoré de tí, dulce amor mío. Te volteo, te pongo debajo de mí para enterrarte todavía mas mi alma en tu vulva, mi corazón se sale de su caja torácica de música febril, y me masturbo dentro de tu vagina pulsátil y obediente, servicial, agradecida y aún exigente; me chupas con tu coño para que yo me venga y cuando me doy cuenta me excito tanto que me derramo en una fiesta de jugos vaginales y te beso de nuevo. Y te amo.
Eres la persona que yo he estado esperando, y lo sabes. Sabes cómo es mi amor. Y aún así, te vas y no me llamas nunca. Pasan días que son años. Quizá estoy demasiado viejo para tí; veinte años son veinte años, pero por tí soy capaz de rejuvenecer hasta volver a la mórula, y deshacer el tiempo solo para estar contigo, follar contigo, estar eterna y putamente contigo. Me muero sin tí, me seco. Voy dejando palabras de amor regadas hasta en los foros de la Guía Cereza a ver si un día las encuentras y vuelves a llamarme y me dices "Profe, ¿qué tal la vida?".








Comentarios
2 comentarios
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login EntrarUfff excelente profesor
Excelente relato, que sutil y erótico juego de palabras y de vivencias. Hace rato no leía algo tan elegante, tan fino y a la vez tan morboso...Continúa deleitándonos con tus palabras..........