MI QUERIDA JEFE…. DE ENFERMERÍA
Relato de comunidad Fantasíasschedule 6 min de lectura calendar_today Febrero de 2018

MI QUERIDA JEFE…. DE ENFERMERÍA

MI QUERIDA JEFE…. DE ENFERMERÍA Salvar vidas es una vocación que pocos llevan en el alma, y ayudar a los demás es un don que solo las personas nobles de corazón aprecian de verdad, pero los instintos son más fuertes que cualquier barrera moral que nos coloquemos; así que una consulta, un....

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MI QUERIDA JEFE…. DE ENFERMERÍA

Salvar vidas es una vocación que pocos llevan en el alma, y ayudar a los demás es un don que solo las personas nobles de corazón aprecian de verdad, pero los instintos son más fuertes que cualquier barrera moral que nos coloquemos; así que una consulta, un perfume y una calentura lograron sacar a flote la bestia sexual que alberga toda mujer.

Nuestra protagonista era una mujer cuarentona de esas que han vivido las experiencias más gratas, era de esas damas que tienen la suficiente madurez para hablar de cualquier tema sin ruborizarse, pero a su vez no han perdido la capacidad de asombrarse con los pequeños detalles del día a día. Esta dama de 1.92 metros, de una hermosa tez color chocolate, era orgullosa de su herencia; unas tetas gigantes talla 42 b adornaban ese imponente torso, y aunque un poquito gordita eso no le impedía ser objeto de las más mórbidas miradas por parte de sus colegas y compañeros de trabajo, era dueña de unas caderas grandes que contenían un culo grande, excelso y que contoneaba al compás de una danza hipnótica, sus piernas gruesas eran el complemento ideal para tan basta y armoniosa figura; el blanco de su uniforme resaltaba su color de piel y permitían dar a la imaginación la motivación para tratar de adivinar el volumen y forma de su cuca; que bastaba con mirar para saber que era abultada y alargada, era la fantasía de todo aquel que conoce el verdadero placer de una cucota grande, con un clítoris un tanto salido de esos que parece que te hicieran una invitación a saborear. Magdalena Manjarrez era su nombre y era un ejemplo de trabajo y liderazgo para todo el personal del hospital para el que llevaba casi tres décadas brindando su labor.

Magdalena llegó como todos los días a recibir su puesto en el área de triage; ese sitio donde te revisan para saber qué tan grave es tu urgencia; sin imaginarse que ese día hallaría uno de los mejores polvos que se podría soñar. Pasaba la mañana con normalidad hasta que en su listado de pendientes el nombre de una paciente apareció, se levantó de su escritorio y procedió a llamar por su nombre a la paciente; un chica de unos 29 años acompañada por su pareja un hombre alto, delgado, muy menudito con acento caribeño y de impactantes ojos color miel. La consulta fue rutinaria, toma de temperatura, pulso, ritmo cardiaco y todo lo que indicaba el protocolo, cuando preguntó el motivo de la urgencia aquella chica agachó su mirada y respondió casi entre dientes dolor anal; Magdalena pensó que no había escuchado bien, -¿dolor anal?- repico la jefe, -si señora- confirmo la chica, -¿tuvo algún golpe? O ¿el dolor empezó de pronto? Insistió en preguntar; -la verdad fue durante el sexo- respondió la chica. Al escuchar esto Magdalena quedo fría, y una mirada de extrañeza y curiosidad se posó en el acompañante de su paciente; no podía dejar de pensar en cuán grande era la verga de ese joven, o que tan gruesa, la verdad sintió que debía averiguar.

Acompañó a su paciente hasta el consultorio y puso el caso en conocimiento del galeno, y cerró la puerta para dejarlo hacer su trabajo, volvió a su pequeño cubículo que hacía las veces de consultorio y halló a este personaje sentado en una silla, pensó que esta sería su oportunidad de saber de primera fuente la incógnita que la invadía; miro a este hombre y dijo -¿puedo preguntar cómo fue que pasó?, Una sonrisa de complicidad se dibujó en los labios de él y sin tabúes dijo – es que tengo la mondá muy grande y gruesa y quería comerme el culito de ella, pero no aguantó.- la incredulidad acompañada de curiosidad la embargaron, sentía que no podía ser cierto que ese escuálido joven fuese el culpable del desgarro anal de su pareja. Mientras procesaba la respuesta de aquel chico una pregunta logra inquietarla - ¿quiere verla? Dijo el joven, -si quiere se la muestro sin miedo- añadió con todo desafiante. Y magdalena supo que no se perdonaría si se quedaba con la duda; -hágale haber- dijo la jefe, no creo tanta belleza prorrogó; pocos segundos bastaron para que aquel chico sacara de entre su sudadera color azul una verga exageradamente grande, media unos 27 cm calculó Magdalena, era oscura, con venas que adornaban los laterales de aquel monumento viviente a la virilidad masculina, tenía una cabeza con un tono un tanto rojizo, unos protuberantes huevos colgaban de aquella verga, eran inmenso perfectamente depilados y tenían un aroma a machía con bravura. Estaba ahí frente a la mirada estupefacta de la enfermera jefe; Dios mío es enorme atinó a decir ella, me imagino que haces aullar a tu esposa, -la verdad mujer no es mi esposa- dijo el joven, es solo una amiguita. Pero sí la pongo a gritar como perra en celo cuando le clavo la mondá. Magdalena sabía que no podía dejar pasar este momento, jamás se repetiría esta oportunidad; así que sin mediar palabra cayó de rodillas frente su dotado amante y tomó su verga con las manos, pasó su lengua por la cabeza y engulló aquella verga, casi no podía tragarla toda, sentía como si se le iba a zafar la mandíbula de su sitio, era la más grande que jamás se había comido, tenía un sabor ligueramente familiar, era todo un placer. Bajó la cremallera de su uniforme y sacó tan magnánimas tetas de su ropa interior, puso la mondá de este joven en medio y ayudada con un poquito de aceite mineral empezó una paja rusa combinada con mamada; alternaba las lamidas con apretones de tetas, lamia los huevos, hacía de todo, estaba disfrutando. La ligereza de las respiraciones del muchacho anunciaban la eyaculación, ella no quería perder el tiempo; paró un momento y se dedicó a lamer la entrada del culo del chico, era algo que a su marido le encantaba y que ella disfrutaba de verdad, metía su lengua, lamia los pliegues, mientras acariciaba los huevos de su macho para retardar la venida. Bajo el resto de su uniforme y su ropa interior se subió a su silla y con un gesto puso a merced del hombre su cuca húmeda e hinchada, -ponte un condón de los que están en la mesa y rómpeme la cuca a verga mi amor- dijo agitada Magdalena, y sin perder tiempo el muchacho lo hizo, puso su rojiza y grande cabeza en la entrada de vagina y de un golpe la clavó; la enfermera sintió que la habían atravesado con un palo, era un placer combinado con dolor. Las embestidas confirmaron lo salvaje de su macho, eran duras, rápidas, casi sin pausas. Ella sintió que se iba a orinar del placer, y saben que así fue, no supo si fue orgasmo u orina o los dos a la vez, solo supo que el chorro mojó la silla, el piso, sus piernas era una escena digna de un premio; sintió como su macho aceleraba sus embestidas y el calor del látex del condón fue un poco más fuerte al correrse dentro de ella, fue mucha leche la que su amante deposito en el preservativo, sacó su verga de las entrañas de Magdalena y se sentó de golpe en la otra silla casi jadeando, Magdalena volteo y no supo porque, solo se dejó llevar por sus impulsos y quitó el condón de la verga tibia y palpitante de su viril acompañante y dejo que la leche se deslizara del interior del envoltorio hasta su boca; tragó hasta la última gota, y satisfizo sus deseos de leche de macho. Acomodo sus vestiduras y supo lo feliz que se sentía poder ayudar a los demás, y disfrutar de una buena verga mientras se puede.

Gracias

— amy03

28 de febrero de 2018

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amy03

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