Ir a la playa no es novedad, por lo menos ya no como era hace 20 años. Las vacaciones en la costa ya no son novedad, y muchos, lo hacemos ya es por llevar los niños, de paseo familiar.
Sin embargo, hay que reconocer que ver el mar tiene su encanto. Y que, como en mi caso, que muy regularmente lo veo porque mi trabajo me lleva a ciudades costeras, no pierdo momento para aunque sea poder pasar un rato en la playa viendo la inmensidad de ese cuerpo de agua, que te lleva a soñar cualquier cosa.
Así, alguna vez en mi vida, siendo un fin de semana más en los que los aeropuertos se confabulan en tu contra y no te dejan regresar a casa, así mismo, tuve que regresarme a mi hotel en una tarde de viernes, sin que existiera poder humano que pudiera hacer volar avión alguno en dirección a los míos. Sería una noche más de llamar a la casa, los amigos, y quejarme con todo el mundo que me habían confinado a un paraíso al lado del mar.
Mientras todo este suceso corría entre registrarme al hotel nuevamente y planear donde comer, mientras revisaba mi correo en el celular, me llegó una alerta de un programa de citas, del cual ya hace años no utilizaba, pero en el que, por alguna razón, me llegaba su invitación a reactivar mi cuenta. Siendo soltero, recordaba cada rato como jugaba en la aplicación, colocando corazones a cada chica linda que mostraba un poco de sus atributos, soñando en cómo podría salir con todas ellas. Solo podía sonreir, mientras la chica del hotel me entregaba la habitación y me daba las indicaciones nuevamente como si no hubiera estado yo casi toda la semana hospedado. Bueno, cuando le di las gracias, noté su belleza, y por un momento, pensé, que si estuviera en la aplicación, hasta le daría un corazón, pues su uniforme dejaba ver sus piernas, y una cola que derretiría a quien quisiera.
Así terminó la tarde, y a la caída del sol decidí salir al bar para refrescarme un poco con una cerveza. Llegaron más alertas al celular, y otro correo, pero de la oficina. Al abrirlo, no pude evitar nuevamente abrir el correo de la aplicación de citas. Lo vi en detalle, y encontré que tenía mi antigua foto de perfil, quince años menos, mucho pelo en la cabeza y mirada más ingenua, aunque para qué, la verdad me veía como un bobo. Definitivamente tenía que quitar esa foto, y como impulsivo si soy, descargué la aplicación y me reactive con el fin de quitar esa foto y cualquier otra que pudiera tener ahí.
Al ingresar, vi todas las cosas que uno escribe cuando está en época de conquista. Fue muy chistoso, y la verdad, me trajo a la memoria muy buenos momentos de aquella época en la que me sentía todo un gigolo. Sin advertir bien en tener cuidado, me puse en línea en la comunidad, y de la nada, compartí mi ubicación. Ya estoy viejo para esto, pensé. Ahora uno se cuida mucho y más le preocupa su seguridad que otra cosa, como que cualquier chica pueda encontrarte exactamente donde estás sentado.
En lugar de quitar las fotos, terminé fisgoneando un poco, y sin poder deshacer lo de mi ubicación, mi teléfono comenzó a sonar por un par de notificaciones que en la vida habría podido esperar. Y es que, siendo sincero, nunca tuve éxito con esa aplicación, hasta llegué a pensar que era un fraude para tomar los datos de la gente y hacer publicidad. Pero como el pecado es cobarde, inmediatamente cerré sin mirar pues se acerco el barman y me dijo que si quería tomar otra cerveza, a lo cual asentí. Así, pasaron dos cervezas más, la primera, para mitigar ese susto tonto, y la segunda, para meditar en si debía abrir o no la aplicación nuevamente. Pues tuve que tomar la tercera, despues de llamar a mi casa a decirle a todos nuevamente sobre mi desgracia de quedarme en la ciudad, que la playa, que sin traje de baño, etc., cuando sé que a todos les gustaría que el avión los deje botados en mitad de un paraíso.
Nuevamente tomé el celular y abrí la aplicación para leer la notificación. Al entrar, había ya una lista de candidatas que se encontraban en el área, jóvenes todas muy menores, pues aún seguía configurado con mis viejos patrones de búsqueda. Dije para mis adentros, cómo ha pasado el tiempo. Y más, cuando veo la notificación, que era un mensaje, de una chica muy bonita, que decía simplemente: "Hola, no pareces un viejito verde". Madre santa... lo primero que pensé es si el color de mi cara era el rojo, o también alumbraba para mostrarle a todo el mundo que yo en ese momento era un abuelito sinvergüenza, aunque no lo soy, pues no soy tan viejo, no para las mayores de 35. Reí nuevamente mientras volvía a mirar la pantalla, y pensando más en disculparme con la señorita, le escribi que efectivamente no, no lo era, y que estaba era atascado en la ciudad por el avión no había podido salir. Creo que fue peor, ya le estaba dando información a alguien que no conocía, y que no sabia si era una mujer, de todo pensé, pero en fin, tampoco había la opción de borrar el mensaje. Volvió a escribir, y me dijo que ella también vivía sola en la ciudad, que estaba allí por estudio y que ya pronto terminaría su universidad. Recién había salido de sus parciales finales y le quedaría una semana más ahí, antes de salir para donde su familia, pues debía dejar registrada su siguiente matrícula. Bueno, pensé, por lo menos se ve juiciosa la niña. Así estuvimos entre mensaje va, mensaje viene, mientras además contestaba llamadas y chats de mi familia y mis amigos. Hasta que ella misma escribió que ya estaba por dormirse. Ah, para mis adentros, como siempre, la tentación de electriza, y de paso te poner la mente a mi, esperando mil situaciones para aunque sea, saber si tendrá una oportunidad.
"Que rico fue hablar con usted, pero ya ni mis amigos me invitaron a salir, así que será mejor irme a la cama", fue lo ultimo que me escribió. Y como acto reflejo, no se si como los viejos que se preguntan, "Lo dije o lo pensé?", sin conectar la mente con mis manos escribí, "bueno, eso pasa por no ser tu amigo". Hubo un silencio largo. La cagué, eso pensé, ahora si soy el viejo verde que no quería llegar a ser. No creo que hayan sido minutos, pero para mi fue eterno. De pronto, se vió la leyenda de "escribiendo...", y me dije, bueno, encontró las palabras para dejarme ahí, y darme mis buenas noches sin hacerme sentir peor. "Bueno, la verdad, ya te siento como un amigo", y seguido de un emoticon que pica uno ojo, colocó puntos suspensivos. Santo Dios, ahora puso la pelota en mi cancha, o mejor, en la raya de su portería, porque ahí uno ya sabe que se puede patear con los ojos cerrados y será gol. Si me hago el loco seré un viejo inmaduro, si la invito, seré un aprovechado. Qué dilema, qué contestar, y pues le dije: "a los amigos no se les deja abandonados en la casa". Rió con muchos emoticones, y me preguntó que si me hospedaba en la zona hotelera del norte, a lo cual le dije que si. La invité a tomarnos un trago en el bar del hotel, que de noche es discoteca y es abierto al publico. Me dijo que en 15 minutos estaría allí. Me fui a mi habitación tan rápido como pude para cambiarme un poco y ver que de verdad, no era tan viejo, o por lo menos no verde, en el espejo de mi baño.
Pasados ya los 15 minutos me había cambiado la camisa y me había puesto nuevamente loción. Me bajé al bar, y al salir del ascensor me entró su mensaje. Me pidió mi número para hacerme la llamada y así confirmar quién era yo. Ahí dudé un poco, pensé en todos los problemas del mundo, un secuestro, la trata de blancas, todo, y escribí mi número inmediatamente.








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2 comentarios
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login EntrarHola nos dejo como el capitulo de la serie que queremos ver....continuara......?...esta bien interesante que buena escritura...
Y la continuación ????