Nunca pensé que fuera a disfrutar tanto una sesión más de sexo con ella....
Amanece, son las 6 am, habíamos hecho el amor tres veces la noche anterior, y estaba profundo, dormitando en el abismo del éxtasis en que uno se hunde después de esas largas jornadas de pasión, cuando ella, que había despertado con ganas de más, se metió por entre las cobijas, tomó mi pene flácido entre sus manos, y me despertó en medio de un juego entre sus manos y su boca que ya estaba haciendo su efecto eréctil.
Y de veras que lo disfrutaba, ella! Escuchar sus jadeos, casi con tono de gemidos, mientras mi pene se iba endureciendo dentro de su boca, así me lo demostraba. Y la dejé seguir, apenas juntando su cabello entre mis manos, para soslayarme contemplando la escena.
Me puse en acción, había que devolverle el favor. La quité de en medio, me hundí en su intimidad y me devoré ese manantial de miel que ya manaba de entre sus piernas. Cuando sus manos tomaron mi cabeza y la hundieron con fuerza en su manantial de amor, sus jadeos se volvieron gemidos, y sentí los espasmos de su cadera, me di cuenta que estaba haciendo bien la tarea, y no me detuve hasta que sentí cómo temblaban sus piernas, que ya para entonces las tenía firmemente agarradas entre mis manos.
La hice voltear, le indiqué que levantara sus caderas y me ofreciera esa vista deliciosa de su sexo abierto, esperando ser penetrado. Bajó instintivamente su cabeza y arqueó su espalda. Su sexo se abrió como una caverna estrecha y deliciosa, le pegué una pequeña lamida para saborear una vez más sus jugos, y entonces dejé que mi pene entrara en ella con fuerza. Sin agredir su sexo, pero con firmeza, la embestí interminablemente y sin compasión, a pesar de que el volumen de sus gemidos era cada vez más alto. Escuchar su boca balbucear alguna palabra en medio de su placer, me daba más ánimo y más impulso.
Me quedé viendo la entrada de su ano, jamás penetrado, virgen. Ella me había dicho que ‘hacerlo por ahí no le parecía correcto', pero mis dedos se mojaron con sus fluidos, y empecé a jugar con ese pequeño y estrecho orificio. Introduje suavemente un dedo y no musitó palabra. Parecía estar embebida con la intensidad de la penetración vaginal, y el dedo apenas era un pequeño complemento del placer. Luego, dos dedos. Y en ese momento dijo la palabra mágica: 'que rico!'
Me animé y seguí en mi juego, mi pene en su vulva y mis dedos en su ano. Y me decidí a hacer mío eso que jamás había sido de nadie. En un instante fugaz saqué mi pene de su vagina y lo introduje suavemente pero con firmeza en su entrada jamás vulnerada. Ya estaba dilatada con el juego de mis dedos y la penetré fácil y sin traumatismos. Y lo más importante: le estaba gustando, ella lo estaba disfrutando, estaba descubriendo una nueva fuente de placer para su ya insaciable apetito sexual conmigo!
Se relajó, y lo estábamos gozando de tal manera, que olvidamos que estábamos jugando apasionadamente en su patio trasero. Ahora fue ella quien se montó sobre mí, de frente, dejando que me devorara sus senos, y tomó entre sus manos mi pene, haciendo que entrara en lo más profundo de su entrada trasera. Movimiento, intensidad, besos, eternidad.
Y llegó el momento. Mis dedos jugando dentro de su vagina, intentando tocar mi pene, que estaba en su ano, lograron subir su éxtasis hasta un nivel nunca antes alcanzado. Sus espasmos vaginales parecían convulsiones, sus mejillas de un rubor intenso, sus pecas alborotadas, su boca entreabierta intentando tomar aire, su cadera intentando detenerse sin lograrlo. Alcanzó a balbucear algo, me dijo: 'tengo chichí'.
Entendí que no me podía detener en nada de lo que estaba haciendo. Mis dedos, mi boca, y mi pene estaban en pleno fulgor sacando lo más intenso de su placer. Explotó. Sus piernas se contrajeron en un rictus electrizante, su ano apretó mi pene intensamente, sus ojos estaban desorbitados, y su vagina expulsó mis dedos para dejar salir una explosión de fluidos abundantes, excesivos. Me mojó todo el abdomen y el pecho con su explosión. Se tiró a la cama, dejándome de lado, temblando de placer, aún con el manantial de su sexo brotando ríos de placer.
Mi pene, por supuesto, estaba convertido en un mástil de navío deseoso de volver a estar dentro de ella. La escena era demasiado perturbadora, pero muy excitante. Ahora quería mi premio! La dejé descansar en su éxtasis mientras fui al baño a asear intensamente a mi valeroso amigo.
Volví, ahí estaba, tiritando de placer, hundida en un maremágnum de sensaciones que aún recorrían su cuerpo. Se sonrió y me dijo socarronamente: 'eres un hijueputa!'
Jamás antes lo había hecho en misionero tan intensamente. Sin preguntar, abrí sus piernas y hundí mi humanidad en su sexo. Su movimiento de cadera, sumado a lo excitante de la escena que estaba viviendo, agravado con los espasmos de su vagina, me dieron mi justo premio: ahora era yo el que estaba volteando los ojos mientras inundaba su ser con una venida monumental! Y me tenía atrapado, sus manos en mi cuello, sus piernas rodeando mi cintura y su vagina apretando mi miembro, no tuvieron piedad de mí sino hasta que pedí clemencia, y le rogué que me dejara respirar......








Comentarios
2 comentarios
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login EntrarQue delicia de relato....Sigue deleitándonos con tus mágicas y fantásticas letras....
Heidy.....con gusto......dejame ut numero y te los comparto x whtsppp