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UN PASADO NO TAN REMOTO
La primera vez que me quitè la ropa delante de otras personas fue un miércoles, que por llegar tarde al colegio no nos dejaron entrar, cursaba cuarto de bachillerato, y sentado en el andèn de la entrada, pille a Ibarra, Barrera y Tenorio quienes también se les pego el reloj, se miraron y sabían que podía ser buena idea hacer un plan para pasar la mañana, pues ninguno podía estar en la casa antes de las tres de la tarde, Tenorio, como siempre salió con el parche bobo de dar vueltas sin sentido por los pasillos del Centro Comercial; Ibarra, típico, dijo que nos fuéramos a hacer la voladora en las panaderías y tiendas; pero el que salvò la mañana fue Barrera que aseguro saber dónde había una propiedad abandonada cerca, y asì fue, a tres cuadras nos detuvimos en una casota de varios niveles, tan sola que ya los letreros de se vende se habían caido, como esperando a que alguno de los múltiples herederos que la deseaban, la sacaran de ese letargo que la mataba lentamente. Si uno se saltaba la reja podía, por medio del balcón, llegar al segundo piso y, desde allí, a toda la casa, que entre sus mayores atractivos resaltaba la piscina que conservaba agua debajo de las hojas, lama y animales que flotaban. Si la hubiera visto mi mamà… Eso era una cloaca, pero a las 7:45 de la mañana, en la soledad de mis amigos, era una aventura. Bueno tirate, no tirate voz, no voz, bueno al que se tire de primero yo lo sigo, sì, yo también lo sigo. Yo saque un cigarrillos Derbi y les brinde a los parceros, ellos de una se le midieron, el que no fumò fue Barrera, lo cogimos entres los tres rumbo al agua, èl no se dejò y jurò que si lo dejábamos quitar la ropa èl se tiraba de primero y asì fue, en un dos por tres se pelò todo, claro no podía llegar a la casa con los calzoncillos mojados.
Lo seguimos todos, más por amistad que porque esa cloaca nos gustara, sin querer queriendo empezamos a ver las herramientas de los otros; por ejemplo, a Ibarra el pelambre le tapaba ese botón de poltrona, el se la sacudía para ver si se le paraba un poco y podía sacar pecho, en esos tiempo creíamos que lo que importaba era el tamaño, hoy en día sabemos que lo que vale es el rendimiento, pero eso es cuento. Estar todos pelados tenia morbo, claro no se miraba mucho para no pasar por gay. Barrera fue el de la idea de la pajiada, más por mostrar la herramienta en todo su explendor que por otra cosa. Empezó lento mostrándose a los demás, desde un muro donde sólo se podía ver su brazo agitándose nos invitó y al ver que nadie lo siguió, trató de plantear una competencia donde todos terminamos con él, detrás del muro, sin mirar mucho al otro dándole a la manopla con la velocidad de los 13 años, en segundos todos habíamos acabado y de una se saltó el pudor, yo me sequé en el estómago y luego salí a tratar de juagarme, los demás se pusieron a hacer lo mismo.
Después llegó el tiempo de juegos con las niñas, desde el clásico escondite americano, hasta el mundialmente famoso pico de botella, nos fueron acercando a ese especial ritual de explorar al otro de manera compartida; las revistas con mujeres; las películas para adultos; los fantásticos relatos, que los amigos se esmeraban en detallar, de las aventuras sexuales inventadas casi en la mayoría de los casos; las escasas posibilidades que teníamos de pillarle los calzoncitos a las profesoras, a las amigas; la verdad o se atreve, cuando empezamos a valorar las bondades del traguito para aflojar prendas; las miradas fijas a ver si la vista biónica lograba detallar algo sobre los culos de las mujeres; casi todos mis amigos iniciaron con la muchacha del servicio (ya caigo en cuenta por qué mi mamá las contrataba viejitas y feas), y los sueños de tener 18 para ir donde las putas o al cine porno hicieron parte de ese despertar sexual; la pajas constantes, todo hueco es trinchera, el que no gurrea no culea, cáele a èsa que èsa lo da fácil, la duda y el susto que nos dio cuando de repente miramos con deseo a un amigo y en fin, lo que uno nunca se imagina en esos nobles años es que terminaría en una habitación con quince mujeres, entre ellas tu esposa, teniendo sexo, eso nunca pasa por la retorcidas mentes y los relatos inventados de los 13 años cuando nos cuadrábamos a las niñas con la esperanza de una manoceadita.
Luego llegaron los años de las novias, de los descubrires, de las parejas, de la encoñada con una vieja y los calendarios nos cayeron encima, nos pusieron a trabajar, luego el amor se trasformó en convivencia, matrimonio, hijos, deudas, rutina, planes y proyectos compartidos, los años siguieron llegando y sùtilmente el almanaque necesitaba una desempolvadita para que las telarañas no lo opacaran por completo. Después de tantos años con la misma parejas ya casi que se hacía el amor de manera mecánica, yo la clavaba mientras ella se quietaba el esmalte y veía la novela, ella me la chupaba mientras me enteraba de los resultados del fútbol. Claro, a veces habían chispazos de creatividad y poníamos a jugar al pepino cohombro, le untábamos mermelada al asunto, dejábamos abierta la cortina del balcón para sumarle adrenalina, pero de todos modos, la rutina es arrasadora y por más bella que es mi pareja, había días que no me provocaba nada, que una tipa del común me exitaba más que mi propia amada y yo creo, que pasaba también a la inversa.








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login EntrarQue bien!!! la verdad e la vida resumida en unos renglones. Esto hace que uno piense, reflexione y se aventure a cosas nuevas con nuestras parejas para no matar la pasion, el amor y con ello la convivencia; Pero si matar la rutina.