FANTASÍAS DE CUÑADOS
Relato de comunidad Fantasíasschedule 24 min de lectura calendar_today Abril de 2018

FANTASÍAS DE CUÑADOS

Esta historia entre dos cuñados, comienza con una linda amistad que poco a poco se convierte en complicidad, confidencias y una atracción que no se puede detener Hola, me llamo Marco, mi vida era una vida normal en la que veía a mis cuñadas como las hermanas que nunca tuve. Una noche, en que....

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Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Esta historia entre dos cuñados, comienza con una linda amistad que poco a poco se convierte en complicidad, confidencias y una atracción que no se puede detener

Hola, me llamo Marco, mi vida era una vida normal en la que veía a mis cuñadas como las hermanas que nunca tuve. Una noche, en que celebrábamos los cumpleaños de mi esposa y su otra hermana mayor, se reunió la familia a compartir, bailar y tomarnos unos tragos.

La noche se desarrolló de manera normal, con risas, chistes y bailes, hasta que cambiamos de marca de whisky, porque el que estábamos bebiendo se había acabado. En ese momento los ánimos cambiaron, todos comenzamos a estar más y más borrachos. Mi cuñada mayor y su esposo se fueron a su casa, mi cuñada menor quien tomó el control de la situación y con una lucidez impresionante para el estado de embriaguez que tenía, acostó a mi suegro, organizó las camas en las que íbamos a dormir, cerró la casa y organizó todo para poder descansar de una de las mejores fiestas de familia que hayamos tenido.

Ella, mi cuñada, es una mujer muy bella y siempre sonriente, de estatura baja y por esa misma razón dueña de un cuerpo de infarto, piernas torneadas y musculosas, unas nalgas paraditas y firmes, unos senos redondos y una piel canela que contrasta con su cabello negro liso, por lo cual de cariño siempre le decimos, la negrita.

Siempre me pareció una mujer muy hermosa, pero hasta esa noche simplemente mi cuñada favorita.

Una vez organizó todo para el cierre de la fiesta esa noche, entró al baño para arreglarse y ponerse la pijama para dormir en un chinchorro, justo encima de la colchoneta improvisada en la que yo iba a dormir.

Al ver que demoraba en el cuarto de baño, me preocupé y golpeé la puerta para saber si estaba bien. La llamé por su nombre y sólo escuchaba silencio. Después de tanto insistir, le dije que iba a entrar, sin obtener ninguna respuesta.

Cuál fue mi sorpresa al verla completamente desnuda y profundamente dormida, sentada en el suelo, recostada sobre su lado derecho. Seguramente se cayó y está herida o simplemente se sentó a descansar y quedó dormida, pensé. Mientras me acercaba a ella para incorporarla no podía evitar ver su piel canela, tersa y suave, sus pezones bien definidos, coronando sus senos pequeños y redondos, su cabello oscuro alborotado sobre su rostro y un mechón de su pelo rodeando su boca. Una de las imágenes más sexies que haya visto en mi vida. En ese preciso instante a mi cuñada dejé de verla como tal y comencé a verla como una mujer completa, una hembra hermosa y sensual que despertó en mí sensaciones diferentes e intensas.

A pesar de ver esa belleza desnuda, no fui capaz ni por un instante de sobrepasarme con ella, no va en mí, aprovecharme de una mujer vulnerable y mucho menos ebria. Mi deseo fue ayudarla a incorporarse, a vestirse y a llevarla a dormir. Pero no podía evitar ver todo su cuerpo con detalle, por primera vez desnuda ante mis ojos.

Vi su cepillo dental en el piso y al abrazarla para ponerla de pie, pude notar que se estaba cepillando los dientes, pues la espuma de la crema dental caía por su seno derecho hasta su cadera. Tomé una toalla húmeda, limpié su rostro y con su mirada perdida me sonrió de la manera más tierna que pude imaginar. Algo de conciencia quedaba de ella después de todo. Pasé la toalla por sus senos y ella sonreía mientras la limpiaba, cuando llegué a sus caderas ella se intentó poner de pie, y en ese momento pude ver su sexo, no imaginé que fuera tan hermosa toda ella, qué delicia ver su sexo y sentir su aroma de fiesta después de tanto baile, sudor y risas.

Le expliqué paso a paso lo que hacía para que no se sintiera abusada, y le puse la primera pijama que encontré en el mueble de baño. Me costó ponerla de pie, se derretía en mis brazos, y mientas le ponía los pantalones, podía sentir sus senos calientes en mi pecho, sentir su piel a la mía hizo que me excitara, mi reacción natural fue olerla, abrazarla y secretamente desearla. La vestí por completo y la llevé calladamente al cuarto donde estaba su hijo y mi esposa. La recosté en la colchoneta para visitas, la acomodé de medio lado para evitar algún ahogamiento por su grado de ebriedad y yo me acosté en el chinchorro encima de ella. No podía dejar de verla recostada en medio de la oscuridad. Tenía sentimientos encontrados, por un lado mi cuñada y casi hermana y por el otro el deseo que despertó en mí ver esa mujer hermosa y esa piel canela completamente desnuda.

Al verla ahí plácidamente dormida, apoyé mi mano en su cadera, me decía a mí mismo que era para controlar que no se acostara boca arriba, pero por dentro sabía que era para tímidamente poder acariciarla. Ella se giró, boca abajo y pude sentir su nalga en mi mano. Qué deliciosa sensación, inevitablemente pude acariciarla, ella se movía lentamente y se giró nuevamente, se quedó boca arriba y pude sentir su sexo caliente y húmedo sobre la delgada tela de algodón de la pijama. No podía creerlo, ella también estaba excitada. Por pocos segundo pude sentir la suavidad de sus labios húmedos en mis dedos, de manera ágil giró nuevamente y en con su pierna movió mi mano para que dejara de acariciarla, ambos sabíamos que ese no era el momento ni el lugar.

Salió el sol, calladamente me fui a trabajar y dejé a la familia dormida.

Pasaron los días, nadie tocó el tema, nadie sabía nada. Sólo ella y yo. O con ese nivel de alcohol en su sangre sólo yo; hasta ese momento dudaba que ella se acordara de algo. No podía creer que no se hubiera dado cuenta de nada. Una tarde hablé con ella por whatsapp y llegó la pregunta que hacía días quería escuchar: “¿sabes cómo llegué a la cama esa noche?”

Después de unos segundos de silencio, escribí ¿De qué te acuerdas? Nada, dijo. Repetí la pregunta, ¿de qué te acuerdas?, ya ella respondió, nunca duermo sin ropa interior y no me acuerdo quién me vistió. Por tercera vez pregunté ¿de qué te acuerdas? Ya me dijo, tengo imágenes en mi mente pero no me acuerdo de nada. Me di cuenta que había nacido un secreto entre ella y yo.

Gracias a ese secreto, comenzamos a descubrir todo lo que teníamos en común; éramos buenos en guardar secretos, buenos en decir mentiras, buenos en crear historias y ambos con una carga de testoterona y deseo que sólo descubrimos por ese maravilloso incidente.

Nuestras conversaciones fueron cada vez más intensas, más deliciosas, más íntimas. En un cumpleaños le regalé un consolador rosado que le encantó, prometió darme una vagina de silicona y así pensar el uno en el otro. Creíamos que todo iba a ser platónico y en un mundo de fantasías, pero no fue así, nuestro deseo fue más y más grande

Cada vez que nos veíamos en algún corredor, escalera o esquina de la casa, le robaba un beso, ella tímidamente sonreía, pero con su mirada pícara me mostraba cómo le gustaba. Bajo la mesa le acariciaba la pierna con mis pies y la complicidad crecía cada vez más.

Una noche hablando en familia, todos se fueron a acostar, quedamos los dos hablando y en medio de una dulce tortura de su parte, me mostraba todos sus avances físicos en el gimnasio, sus piernas torneadas, su abdomen plano, sus brazos firmes, creo que se notó mi excitación que no pasó en vano porque nos dimos un beso profundo, húmedo y cálido que hasta ese momento nunca nos habíamos dado. Sentía su lengua en mi boca, mientras mis manos recorrían sus caderas y se concentraban en esas nalgas durísimas, redondas y paraditas.

Nunca olvidaré cómo me empujó hacia su cuarto y me dijo, chao ya debo dormir y ponerme la pijama, nos volvimos locos, le quité la camisa, el brassier, vi sus maravillosas tetas, redondas y perfectas con sus dos pezones erectos y duros que me miraban fijamente a los ojos, diciendo chúpame chúpame, le bajé el pantalón para poder agacharme y chuparlas mientras acariciaba sus piernas. Mi esposa despertó y rápidamente corrí al baño para hacer que estaba orinando mientras mi cuñada corría para cerrar la puerta y meterse en cama. Desde el baño le escribí, por whatsapp; no hay nada más difícil que orinar con la verga parada, ella me respondió con risas

Esa noche lo cambió todo, unas semanas después, la invité a bailar, aunque lo dudó por unos días me dijo que sí, ese fin de semana manejé por 8 horas y crucé un total de 600 kilómetros para verla, ese viernes nos encontramos en un sitio de mariachis, bailamos, bebimos tequila, reímos y nos besamos mucho.

Ya un poco tomados la llevaba a casa y en el taxi no paramos de besarnos y acariciarnos, el deseo nos llenaba las ganas, no nos importó lo que el taxista pudiera ver, nos llevó al hotel donde me hospedaba, entramos a la habitación, un espacio grande, lindo, una cama alta y la temperatura ideal. No terminé de cerrar la puerta cuando ella me empujó contra la pared y esa mujer pequeña y de músculos fuertes tomó el control de la situación, entendí su mensaje y me dejé llevar, abrió mi camisa, me desató el cinturón y con una cara de deseo que no había visto antes en ella, nos sumergimos en un beso que duró el resto de la noche, comenzó en los labios y recorrió todos nuestros cuerpos.

Mientras sentía su lengua en mi garganta, deslicé mis manos por su espalda, subí su blusa y sin oponer resistencia subió sus brazos y de nuevo me empujó hacia la cama, me quitó la camisa, me bajó el pantalón, de manera rápida y segura me desnudó, mientras yo luchaba con ella por desnudarla, ella sólo decía, no señor, no me vas a quitar la ropa. Mi deseo de acariciarla se convirtió en ansiedad, quería comérmela a besos y ella sólo jugaba a no dejarme desnudarla.

Se puso de pie en el colchón, me miraba a los ojos mientras comenzaba a bailar, sus manos recorrían su cuerpo, acariciaba sus senos, su vientre, sus nalgas, el vaivén de sus caderas, todo me dejaba loco. Me senté para poder acariciarla y con agilidad me puso un pie en el pecho y una mano en la cabeza y me volvió a acostar haciendo una mueca y moviendo el dedo diciendo que no.

Estaba orgullosa de su cuerpo torneado, duro y firme por el gimnasio, sus manos recorrían su cuerpo y lentamente soltó el botón de su jean, mientras bailaba lo bajaba lentamente, me dio la espalda y pude ver de cerca cómo aparecía la forma de un corazón redondo de sus nalgas, qué placer maravilloso, su piel morena hacía contraste con una tanga blanca, un encaje de hilo que desaparecía entre sus nalgas maravillosas, sin doblar las rodillas bajó su pantalón, pude ver ese culo maravilloso, redondo hermoso, me mordía los labios, me latía el corazón, sólo podía acariciar sus pies y desear que el show continuara.

Voló el pantalón por los aires, se giró, se arrodilló sobre mí, pude sentir el calor de su sexo en mi pene duro y sediento de su humedad. Subió sus manos por sus pechos, por su cuello, abrió su brassier y lo dejó caer sobre mi vientre, pude ver nuevamente esas tetas maravillosas, redonditas, de pezones altivos, se agachó y pude besarlos los devoraba con el deseo que tuve reprimido por tanto tiempo. Besó mis labios, mi cuello y al oído me dijo: deja tus manos quietas, si me tocas se acaba el juego. ¿Puedes hacerlo?

Qué tortura maravillosa, quería sentirla, abrazarla, acariciarla, poseerla, sentirla entre mis brazos y tocarla con la punta de mis dedos. Seguí sus reglas, quedé quieto y sólo podía morder mis labios y desear que continuara con su juego delicioso. Me exploraba el cuello son sus labios, sentía su respiración agitada y sus manos curiosas, bajó a mi vientre, la vi con sus ojos cerrados y sus labios carnosos recorriéndome, tomó mi pene entre sus manos, abrió los ojos y mirándome fijamente lo devoró por completo, inicialmente con besitos suaves que apenas podía sentir, después su lengua húmeda y suave recorría mi glande y por último lo desaparecía entre sus labios. Qué delicia, quería volar del deseo, que rica sensación, mucho más rica que lo que había imaginado

Mientras me chupaba, ella misma se quitaba la tanga, me miraba a los ojos y jugaba con sus dedos, se masturbaba y yo sólo podía imaginar su humedad. Le dije, déjame probar, subió su mano y metió sus dedos en mi boca, yo los chupaba con ansia, quería sentirla, repetí, déjame probar. Sin dejar de chuparme con su boca, me miró a los ojos, y sin decir palabra, comenzó a girar, vi como sus nalgas se acercaban a mi rostro, abrió sus piernas y me sumergí en su sexo, estaba muy mojada, caliente, suavecita. No podía creer que estábamos en un 69 exquisito. Qué aroma delicioso, delicado sutil, era la feminidad pura en mis labios, sólo podía besarla y chuparla como si mi vida dependiera de ello, mis manos fueron liberadas de tan cruel penitencia y con ellas acariciaba su culo maravilloso mientras mi lengua se sumergía en esa vulva rosada y jugosa. En ese momento ella dejó de besarme, sólo escuchaba su respiración agitada y sus suaves gemidos, sabía que quería venirse, movía sus caderas cada vez más rápido, sus gemidos aumentaban en volumen, mi lengua y mis labios aceleraban el ritmo en su clítoris, y a pesar de casi no poder respirar mis manos apretaban sus nalgas, para que su vagina hiciera más presión sobre mi rostro.

Explotó y se vino en un riquísimo orgasmo en la punta de mi lengua, pude sentir la contracción en sus caderas y el líquido caliente que salía de ella y yo devoraba con sed y placer. Una vez se relajó la acariciaba suavemente se dio media vuelta, se recostó en mi pecho y nos dimos un beso caliente, mezclando el aroma y el sabor de nuestro sexo en un rico beso de lenguas entrelazadas.

Mientras nos besábamos y nos acariciábamos, ya con más ternura y lentitud, la giré hacia mí,me acosté sobre ella, no habían palabras, sólo miradas y besos, lentamente mis caderas dirigían mi verga en su sexo, lentamente y tal como lo había soñado, era real, por primera vez después de tantas fantasías, la penetré despacito, muy muy lentamente. Mientas nuestros ojos se miraban fijamente, nuestros cuerpos se fundían en uno solo, conectados por nuestro vientre caliente y lleno de placer, las respiraciones se fueron agitando nuevamente, las miradas se fueron nublando, los abrazos cada vez más apretados, los besos cada vez más profundos, los movimientos cada vez más rápidos, sabíamos que queríamos llegar al cielo al mismo tiempo, yo no aguantaba más y le dije, me voy a venir, ella abrió más las piernas, entré por completo en su cuerpo, me agarró de las nalgas y sentí sus uñas arañando mi piel. Esa sensación me invadió y explotamos al tiempo en un solo orgasmo de dos cuerpos. Sentía que la llenaba mientras ella me apretaba, cerró las piernas, nos giramos de medio lado sin salir de ella y somnolientos siendo uno solo dormimos unos instantes mientras salía el sol.

Esta historia entre dos cuñados, comienza con una linda amistad que poco a poco se convierte en complicidad, confidencias y una atracción que no se puede detener

Hola, me llamo Marco, mi vida era una vida normal en la que veía a mis cuñadas como las hermanas que nunca tuve. Una noche, en que celebrábamos los cumpleaños de mi esposa y su otra hermana mayor, se reunió la familia a compartir, bailar y tomarnos unos tragos.

La noche se desarrolló de manera normal, con risas, chistes y bailes, hasta que cambiamos de marca de whisky, porque el que estábamos bebiendo se había acabado. En ese momento los ánimos cambiaron, todos comenzamos a estar más y más borrachos. Mi cuñada mayor y su esposo se fueron a su casa, mi cuñada menor quien tomó el control de la situación y con una lucidez impresionante para el estado de embriaguez que tenía, acostó a mi suegro, organizó las camas en las que íbamos a dormir, cerró la casa y organizó todo para poder descansar de una de las mejores fiestas de familia que hayamos tenido.

Ella, mi cuñada, es una mujer muy bella y siempre sonriente, de estatura baja y por esa misma razón dueña de un cuerpo de infarto, piernas torneadas y musculosas, unas nalgas paraditas y firmes, unos senos redondos y una piel canela que contrasta con su cabello negro liso, por lo cual de cariño siempre le decimos, la negrita.

Siempre me pareció una mujer muy hermosa, pero hasta esa noche simplemente mi cuñada favorita.

Una vez organizó todo para el cierre de la fiesta esa noche, entró al baño para arreglarse y ponerse la pijama para dormir en un chinchorro, justo encima de la colchoneta improvisada en la que yo iba a dormir.

Al ver que demoraba en el cuarto de baño, me preocupé y golpeé la puerta para saber si estaba bien. La llamé por su nombre y sólo escuchaba silencio. Después de tanto insistir, le dije que iba a entrar, sin obtener ninguna respuesta.

Cuál fue mi sorpresa al verla completamente desnuda y profundamente dormida, sentada en el suelo, recostada sobre su lado derecho. Seguramente se cayó y está herida o simplemente se sentó a descansar y quedó dormida, pensé. Mientras me acercaba a ella para incorporarla no podía evitar ver su piel canela, tersa y suave, sus pezones bien definidos, coronando sus senos pequeños y redondos, su cabello oscuro alborotado sobre su rostro y un mechón de su pelo rodeando su boca. Una de las imágenes más sexies que haya visto en mi vida. En ese preciso instante a mi cuñada dejé de verla como tal y comencé a verla como una mujer completa, una hembra hermosa y sensual que despertó en mí sensaciones diferentes e intensas.

A pesar de ver esa belleza desnuda, no fui capaz ni por un instante de sobrepasarme con ella, no va en mí, aprovecharme de una mujer vulnerable y mucho menos ebria. Mi deseo fue ayudarla a incorporarse, a vestirse y a llevarla a dormir. Pero no podía evitar ver todo su cuerpo con detalle, por primera vez desnuda ante mis ojos.

Vi su cepillo dental en el piso y al abrazarla para ponerla de pie, pude notar que se estaba cepillando los dientes, pues la espuma de la crema dental caía por su seno derecho hasta su cadera. Tomé una toalla húmeda, limpié su rostro y con su mirada perdida me sonrió de la manera más tierna que pude imaginar. Algo de conciencia quedaba de ella después de todo. Pasé la toalla por sus senos y ella sonreía mientras la limpiaba, cuando llegué a sus caderas ella se intentó poner de pie, y en ese momento pude ver su sexo, no imaginé que fuera tan hermosa toda ella, qué delicia ver su sexo y sentir su aroma de fiesta después de tanto baile, sudor y risas.

Le expliqué paso a paso lo que hacía para que no se sintiera abusada, y le puse la primera pijama que encontré en el mueble de baño. Me costó ponerla de pie, se derretía en mis brazos, y mientas le ponía los pantalones, podía sentir sus senos calientes en mi pecho, sentir su piel a la mía hizo que me excitara, mi reacción natural fue olerla, abrazarla y secretamente desearla. La vestí por completo y la llevé calladamente al cuarto donde estaba su hijo y mi esposa. La recosté en la colchoneta para visitas, la acomodé de medio lado para evitar algún ahogamiento por su grado de ebriedad y yo me acosté en el chinchorro encima de ella. No podía dejar de verla recostada en medio de la oscuridad. Tenía sentimientos encontrados, por un lado mi cuñada y casi hermana y por el otro el deseo que despertó en mí ver esa mujer hermosa y esa piel canela completamente desnuda.

Al verla ahí plácidamente dormida, apoyé mi mano en su cadera, me decía a mí mismo que era para controlar que no se acostara boca arriba, pero por dentro sabía que era para tímidamente poder acariciarla. Ella se giró, boca abajo y pude sentir su nalga en mi mano. Qué deliciosa sensación, inevitablemente pude acariciarla, ella se movía lentamente y se giró nuevamente, se quedó boca arriba y pude sentir su sexo caliente y húmedo sobre la delgada tela de algodón de la pijama. No podía creerlo, ella también estaba excitada. Por pocos segundo pude sentir la suavidad de sus labios húmedos en mis dedos, de manera ágil giró nuevamente y en con su pierna movió mi mano para que dejara de acariciarla, ambos sabíamos que ese no era el momento ni el lugar.

Salió el sol, calladamente me fui a trabajar y dejé a la familia dormida.

Pasaron los días, nadie tocó el tema, nadie sabía nada. Sólo ella y yo. O con ese nivel de alcohol en su sangre sólo yo; hasta ese momento dudaba que ella se acordara de algo. No podía creer que no se hubiera dado cuenta de nada. Una tarde hablé con ella por whatsapp y llegó la pregunta que hacía días quería escuchar: “¿sabes cómo llegué a la cama esa noche?”

Después de unos segundos de silencio, escribí ¿De qué te acuerdas? Nada, dijo. Repetí la pregunta, ¿de qué te acuerdas?, ya ella respondió, nunca duermo sin ropa interior y no me acuerdo quién me vistió. Por tercera vez pregunté ¿de qué te acuerdas? Ya me dijo, tengo imágenes en mi mente pero no me acuerdo de nada. Me di cuenta que había nacido un secreto entre ella y yo.

Gracias a ese secreto, comenzamos a descubrir todo lo que teníamos en común; éramos buenos en guardar secretos, buenos en decir mentiras, buenos en crear historias y ambos con una carga de testoterona y deseo que sólo descubrimos por ese maravilloso incidente.

Nuestras conversaciones fueron cada vez más intensas, más deliciosas, más íntimas. En un cumpleaños le regalé un consolador rosado que le encantó, prometió darme una vagina de silicona y así pensar el uno en el otro. Creíamos que todo iba a ser platónico y en un mundo de fantasías, pero no fue así, nuestro deseo fue más y más grande

Cada vez que nos veíamos en algún corredor, escalera o esquina de la casa, le robaba un beso, ella tímidamente sonreía, pero con su mirada pícara me mostraba cómo le gustaba. Bajo la mesa le acariciaba la pierna con mis pies y la complicidad crecía cada vez más.

Una noche hablando en familia, todos se fueron a acostar, quedamos los dos hablando y en medio de una dulce tortura de su parte, me mostraba todos sus avances físicos en el gimnasio, sus piernas torneadas, su abdomen plano, sus brazos firmes, creo que se notó mi excitación que no pasó en vano porque nos dimos un beso profundo, húmedo y cálido que hasta ese momento nunca nos habíamos dado. Sentía su lengua en mi boca, mientras mis manos recorrían sus caderas y se concentraban en esas nalgas durísimas, redondas y paraditas.

Nunca olvidaré cómo me empujó hacia su cuarto y me dijo, chao ya debo dormir y ponerme la pijama, nos volvimos locos, le quité la camisa, el brassier, vi sus maravillosas tetas, redondas y perfectas con sus dos pezones erectos y duros que me miraban fijamente a los ojos, diciendo chúpame chúpame, le bajé el pantalón para poder agacharme y chuparlas mientras acariciaba sus piernas. Mi esposa despertó y rápidamente corrí al baño para hacer que estaba orinando mientras mi cuñada corría para cerrar la puerta y meterse en cama. Desde el baño le escribí, por whatsapp; no hay nada más difícil que orinar con la verga parada, ella me respondió con risas

Esa noche lo cambió todo, unas semanas después, la invité a bailar, aunque lo dudó por unos días me dijo que sí, ese fin de semana manejé por 8 horas y crucé un total de 600 kilómetros para verla, ese viernes nos encontramos en un sitio de mariachis, bailamos, bebimos tequila, reímos y nos besamos mucho.

Ya un poco tomados la llevaba a casa y en el taxi no paramos de besarnos y acariciarnos, el deseo nos llenaba las ganas, no nos importó lo que el taxista pudiera ver, nos llevó al hotel donde me hospedaba, entramos a la habitación, un espacio grande, lindo, una cama alta y la temperatura ideal. No terminé de cerrar la puerta cuando ella me empujó contra la pared y esa mujer pequeña y de músculos fuertes tomó el control de la situación, entendí su mensaje y me dejé llevar, abrió mi camisa, me desató el cinturón y con una cara de deseo que no había visto antes en ella, nos sumergimos en un beso que duró el resto de la noche, comenzó en los labios y recorrió todos nuestros cuerpos.

Mientras sentía su lengua en mi garganta, deslicé mis manos por su espalda, subí su blusa y sin oponer resistencia subió sus brazos y de nuevo me empujó hacia la cama, me quitó la camisa, me bajó el pantalón, de manera rápida y segura me desnudó, mientras yo luchaba con ella por desnudarla, ella sólo decía, no señor, no me vas a quitar la ropa. Mi deseo de acariciarla se convirtió en ansiedad, quería comérmela a besos y ella sólo jugaba a no dejarme desnudarla.

Se puso de pie en el colchón, me miraba a los ojos mientras comenzaba a bailar, sus manos recorrían su cuerpo, acariciaba sus senos, su vientre, sus nalgas, el vaivén de sus caderas, todo me dejaba loco. Me senté para poder acariciarla y con agilidad me puso un pie en el pecho y una mano en la cabeza y me volvió a acostar haciendo una mueca y moviendo el dedo diciendo que no.

Estaba orgullosa de su cuerpo torneado, duro y firme por el gimnasio, sus manos recorrían su cuerpo y lentamente soltó el botón de su jean, mientras bailaba lo bajaba lentamente, me dio la espalda y pude ver de cerca cómo aparecía la forma de un corazón redondo de sus nalgas, qué placer maravilloso, su piel morena hacía contraste con una tanga blanca, un encaje de hilo que desaparecía entre sus nalgas maravillosas, sin doblar las rodillas bajó su pantalón, pude ver ese culo maravilloso, redondo hermoso, me mordía los labios, me latía el corazón, sólo podía acariciar sus pies y desear que el show continuara.

Voló el pantalón por los aires, se giró, se arrodilló sobre mí, pude sentir el calor de su sexo en mi pene duro y sediento de su humedad. Subió sus manos por sus pechos, por su cuello, abrió su brassier y lo dejó caer sobre mi vientre, pude ver nuevamente esas tetas maravillosas, redonditas, de pezones altivos, se agachó y pude besarlos los devoraba con el deseo que tuve reprimido por tanto tiempo. Besó mis labios, mi cuello y al oído me dijo: deja tus manos quietas, si me tocas se acaba el juego. ¿Puedes hacerlo?

Qué tortura maravillosa, quería sentirla, abrazarla, acariciarla, poseerla, sentirla entre mis brazos y tocarla con la punta de mis dedos. Seguí sus reglas, quedé quieto y sólo podía morder mis labios y desear que continuara con su juego delicioso. Me exploraba el cuello son sus labios, sentía su respiración agitada y sus manos curiosas, bajó a mi vientre, la vi con sus ojos cerrados y sus labios carnosos recorriéndome, tomó mi pene entre sus manos, abrió los ojos y mirándome fijamente lo devoró por completo, inicialmente con besitos suaves que apenas podía sentir, después su lengua húmeda y suave recorría mi glande y por último lo desaparecía entre sus labios. Qué delicia, quería volar del deseo, que rica sensación, mucho más rica que lo que había imaginado

Mientras me chupaba, ella misma se quitaba la tanga, me miraba a los ojos y jugaba con sus dedos, se masturbaba y yo sólo podía imaginar su humedad. Le dije, déjame probar, subió su mano y metió sus dedos en mi boca, yo los chupaba con ansia, quería sentirla, repetí, déjame probar. Sin dejar de chuparme con su boca, me miró a los ojos, y sin decir palabra, comenzó a girar, vi como sus nalgas se acercaban a mi rostro, abrió sus piernas y me sumergí en su sexo, estaba muy mojada, caliente, suavecita. No podía creer que estábamos en un 69 exquisito. Qué aroma delicioso, delicado sutil, era la feminidad pura en mis labios, sólo podía besarla y chuparla como si mi vida dependiera de ello, mis manos fueron liberadas de tan cruel penitencia y con ellas acariciaba su culo maravilloso mientras mi lengua se sumergía en esa vulva rosada y jugosa. En ese momento ella dejó de besarme, sólo escuchaba su respiración agitada y sus suaves gemidos, sabía que quería venirse, movía sus caderas cada vez más rápido, sus gemidos aumentaban en volumen, mi lengua y mis labios aceleraban el ritmo en su clítoris, y a pesar de casi no poder respirar mis manos apretaban sus nalgas, para que su vagina hiciera más presión sobre mi rostro.

Explotó y se vino en un riquísimo orgasmo en la punta de mi lengua, pude sentir la contracción en sus caderas y el líquido caliente que salía de ella y yo devoraba con sed y placer. Una vez se relajó la acariciaba suavemente se dio media vuelta, se recostó en mi pecho y nos dimos un beso caliente, mezclando el aroma y el sabor de nuestro sexo en un rico beso de lenguas entrelazadas.

Mientras nos besábamos y nos acariciábamos, ya con más ternura y lentitud, la giré hacia mí,me acosté sobre ella, no habían palabras, sólo miradas y besos, lentamente mis caderas dirigían mi verga en su sexo, lentamente y tal como lo había soñado, era real, por primera vez después de tantas fantasías, la penetré despacito, muy muy lentamente. Mientas nuestros ojos se miraban fijamente, nuestros cuerpos se fundían en uno solo, conectados por nuestro vientre caliente y lleno de placer, las respiraciones se fueron agitando nuevamente, las miradas se fueron nublando, los abrazos cada vez más apretados, los besos cada vez más profundos, los movimientos cada vez más rápidos, sabíamos que queríamos llegar al cielo al mismo tiempo, yo no aguantaba más y le dije, me voy a venir, ella abrió más las piernas, entré por completo en su cuerpo, me agarró de las nalgas y sentí sus uñas arañando mi piel. Esa sensación me invadió y explotamos al tiempo en un solo orgasmo de dos cuerpos. Sentía que la llenaba mientras ella me apretaba, cerró las piernas, nos giramos de medio lado sin salir de ella y somnolientos siendo uno solo dormimos unos instantes mientras salía el sol.

— MorenayRubio

3 de abril de 2018

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MorenayRubio

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Comentarios

4 comentarios

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  • amigosexual1
    amigosexual1 · 8 de abr de 2018

    Me parecio muy bueno, demuestra que no hay que ser vulgar para excitar al lector, entre romántico y apasionado, lo disfrute mucho, gracias por su aporte. en que terminó la relación ¿ divorcio o un gran secreto¿

  • vikingo024
    vikingo024 · 6 de abr de 2018

    felicitaciones, buen relato

  • cairx
    cairx · 4 de abr de 2018

    Excelente relato!!

  • un-lector
    un-lector · 4 de abr de 2018

    Excelente muy bien contado.( Solo q lo publicó dos veces jaja ). Pero en verdad q muy excitante y lleno de Ian lujuria envidiable

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