Para que sirve un vestido…
Relato de comunidad Sexo analschedule 9 min de lectura calendar_today Junio de 2018

Para que sirve un vestido…

Los dos casados, con vidas por aparte, pero esa noche sin premeditarlo, estábamos ahí, riendo como un par de locos, unos extraños con intereses y gustos en común, en un par de horas que llevaba la conversación se había configurado una....

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Para que sirve un vestido…

Los dos casados, con vidas por aparte, pero esa noche sin premeditarlo, estábamos ahí, riendo como un par de locos, unos extraños con intereses y gustos en común, en un par de horas que llevaba la conversación se había configurado una especie de complicidad pícara, donde se podía decir cualquier cosa sin temores, sin tabúes, confesar tus pecados más profundos a un extraño, es liberador… más si es un extraño que te entiende, que se divierte con lo que cuentas, llegamos a la habitación de un motel sin querer queriendo, sin buscarlo. Esa noche quedamos de ir a conocer un bar sw nuevo que abrieron en la ciudad, no conozco ninguno y quería ir, aprovechando que no tenía nada que me lo impidiera; pero no me atrevía a ir sola, decidí esa noche pedirle a él, mi compañero de clases, que me acompañara. El me gustaba, desde que iniciamos clase me había gustado, era un tipo con un cuerpo bien trabajado en gimnasio, eso se le notaba por encima de la ropa, sus músculos se dejaban ver debajo de las camisas o camisetas que usaba, por conversaciones generales del grupo le había escuchado decir que había participado en competencias fitness y de crossfit, estaba sumergido en esa cultura; además de eso me pareció una persona muy sencilla, carismático, de buen humor, pero nunca habíamos pasado el límite de un saludo o pedir un favor dentro de lo común y corriente de las clases, me sentí en confianza de pedirle que me acompañara en la travesura que quería hacer esa noche. La invitación le sorprendió mucho, pero le pudo más la curiosidad por descubrir a la mujer detrás de esos mensajes tan inusuales. – ¡Me sorprendió que me pidieras que te acompañara a un sitio de esos!-, fue lo que me respondió, después de darle un par de explicaciones innecesarias accedió a acompañarme; luego de recogerme y de indagar sobre la ubicación del bar sw, decidimos que no era buena idea ir, ese sitio se encontraba en un lugar deprimido de la ciudad, por no decir que peligroso.

-¿Y ahora qué hacemos?- Me preguntó riéndose, esa noche yo pensé en ir al bar swinger y ver, ver cómo era, si había oportunidad de besar a una chica, disfrutar una chica un ratico y ya, no tenía expectativa de algo más, menos con un hombre… mi deseo esa noche era por volver a tocar una mujer, llevaba bastante tiempo sin hacerlo, por lo menos un besito, opoder tocarla de manera inapropiada y ya, era lo máximo que esperaba. La conversación en el carro fue tan refrescante, liberadora, me sentí tan cómoda hablando de temas sexuales con alguien a quien creo no le interesaba juzgarme por lo hecho en el pasado… así que decidimos seguir la charla en un motel, al ser los dos casados, cabía la posibilidad de ser vistos por alguien que lo conociera a él o me conociera a mí al ir a un sitio público. Hablamos de todo un poco, de cómo fue mi experiencia el día que fume marihuana, de sus experiencias swinger cuando era soltero, de mis experiencias lésbicas, de cómo enfrentábamos el sexo y la rutina del matrimonio cada uno desde su perspectiva, un trago va, un trago viene, la charla y las risas, un par de parceros hablando… creo que en ese momento no era relevante que yo fuera una mujer y él un hombre, me sentía comprendida desde la piel de otra persona con una mentalidad similar a la mía.

De repente se empezó a desvestir, no recuerdo porque, creo que para mostrarme las cicatrices de unas heridas del pasado, yo ya veía venir ese momento, lo ví sin ropa y me gustó mucho más, las hormonas ya venían locas desde que me subí al carro, así que acepte quitarme el vestido como me lo pidió, ese día tenia puesto un vestido negro, pegado al cuerpo, bajo la rodilla, venía de un evento formal, un coctel, algo muy serio, bajo el vestido tenía ropa interior normal, cuando me vestí en la tarde no tenía la intención de tener sexo esa noche (la idea de ir al bar sw se me ocurrió ahí mismo, en el evento, si él se negaba pues no pasaba nada, me iba para mi casa y listo) hacía más de 8 días no depilaba mi pubis y había vellos indeseables, cuando recordé eso me avergoncé por un instante, pero que más daba, ya me había quitado el vestido; la conversación seguía… pero su mirada había cambiado, veía deseo… fuego en sus ojos… como el depredador que tiene a la presa a tiro de atraparla, me saboreaba con la mente… yo me hacía como si no fuera conmigo la cosa, seguíamos riendo de bobadas…yo sabía lo que se avecinaba, yo estaba en brasier y pantys, el continuaba en bóxer, a esas alturas ya sabía que íbamos a coger, pero nunca pensé que iba a ser tan bueno.

Me pidió mi vestido, - ¡Te voy a enseñar para que sirve este vestido! - dijo, tomándolo y enrollándolo con sus puños, me pidió que me colocara de espaldas a él, lo pasó alrededor de mis ojos y lo amarró. Quedé a oscuras, a su merced, me llevó hacia la cama, me acostó boca abajo, empezó a olerme, sentí su aliento bajando por mi cuello, su nariz y sus labios recorriendo mi espalda, yo sólo me estremecía de placer, me tomó por las muñecas de manera brusca, las unió atrás de mi espalda y las amarró con su camisa – ¡Para esto sirve una camisa!- exclamó, mis codos quedaron casi juntos, era una posición a la que físicamente no estaba acostumbrada, pero era tal la excitación, que no me importaba en lo más mínimo; yo no decía nada, no me opuse, no me quejé, era algo delicioso, no podía detenerlo, lo dejé ser mi dueño y disponer de mi como le placiera, me quitó el brasier, los pantys, todo mi cuerpo se erizaba, sus manos me recorrían toda, empezó a darme nalgadas, pero no eran nalgadas tímidas, eran con fuerza, me ardía cada vez que lo hacía, pero me excitaba más y más, me apretaba los glúteos, los mordía, los masajeaba, me masajeaba la espalda, sentí que ya no tenía su bóxer… sentí su miembro ardiente sobre mí, me lo sobaba de arriba abajo y en círculos, yo levantaba mis caderas, quería que me penetrara, moría por sentirlo adentro de una vez, el besaba mi cuello, mordisqueaba mis hombros, mientras susurraba en mi oído: -¡Marica tienes un culo delicioso, te lo quiero meter!- yo asentí, - ¡Pero ponte preservativo! – dije, -¡Marica pero es por atrás!- dijo él, -No importa- respondí firmemente, lo escuché buscar preservativos en la habitación, no había, tocaba pedirlos por teléfono, sentí su frustración, fue algo que no le gustó mucho, mientras llegaban seguía rozando con la cabeza del pene mi ano y la entrada de mi vagina, yo levantaba aún más las caderas, quería tenerlo adentro yaaaaa, la espera fue eterna, por fin llegaron, lo escuché destapar el empaque y llegar al instante a la cama, se acomodó de nuevo detrás mío, me clavó su verga hasta el fondo, sin compasión, me dolió un poco, pero se sentía rico, él estaba sobre mi espalda, dentro de mí, entraba y salía desaforadamente, en medio del éxtasis que producían mis gemidos, sus movimientos… con sus dedos penetro mi vagina, la tenía inundada de gozo, yo me estremecía, estaba en otro mundo, a oscuras, con el libido a mil; me haló de las muñecas hacia atrás, hacia él, yo quedé arrodillada, me acariciaba los senos, me masturbaba el clítoris, me tiró de nuevo sobre la cama, me nalgueaba fuerte, me halaba del cabello como si estuviera montando un potro salvaje, suspiró…volvió recostarse sobre mí, nuevamente me susurra al oído – ¡Marica tienes un culo delicioso! -, parecía un animal salvaje…su respiración, su sudor, su voz, su tono de voz, era una voz de mando mezclada con placer, con satisfacción, lo metía, lo sacaba sin cesar, mis gemidos se hacían cada vez más intensos, en medio toda esta agitación me empieza morder entre el cuello y el hombro, ¡que rico! De repente aterrizo en la realidad… y le grito: -¡No me dejes marcas, no seas tan guevón!-. El reacciona, cayó en cuenta del error, - Disculpa- me dijo, con su mano derecha vuelve a explorar mi vulva, la tengo hinchada, escurriendo fluidos… me dice: – Te lo quiero meter en la cuca-, yo asentí. Fue delicioso, -¡Tienes una cuca deliciosa (mi nombre)!- yo seguía en la misma posición, ya las muñecas, la clavícula y los brazos los tenia cansados, quería tener libre mis manos para estimular mi clítoris y venirme en medio de todas esas sensaciones que me estaba produciendo… él no quería soltarme, - aguántate un poco más-, insistí en que me soltara, me soltó, pude ponerme de pie y quitarme el vestido de los ojos, fue agradable volver a ver; él se recostó sobre la cama, estaba sudado, bese sus bolas, las chupé, se quitó el preservativo, su pene seguía erecto, desafiante, lo lamí y me lo trague todo, lo metí hasta la profundidad que dio mi garganta, me tomó del cabello guiando el movimiento de arriba abajo haciendo que llegara cada vez más profundo, estaba encantado, yo volví de nuevo a succionar la cabeza del pene, rodearla con mi lengua, con mi saliva, en esos momentos en que ya no estaba atada hubo un cambio… su tono ya no era mandón, dejo su posición de amo, era yo quien estaba tomando parte activa en lo que estaba pasando, a él le gustó, busqué otro preservativo, le dije que quería estar encima suyo, lo monté, mi vagina se contraía, yo subía y bajaba, me movía de adelante hacia atrás, hacia círculos con mi caderas… nuestros cuerpos se unieron en un solo compás, me sostuvo en el aire y me metió su verga hasta el fondo, en repeticiones continuas, yo trataba de ahogar mis gemidos mientras me chupaba los pezones, nunca lo habían hecho tan fuerte, tan rico, estuvo a punto de eyacular, pidió cambiar de posición, me puse en cuatro, yo bajé mi espalda y hombros quedando a ras con la cama, con la cola levantada toda para él, me volvió a penetrar, cada penetración era más fuerte que la anterior, su cuerpo rugía, me decía lo deliciosa que estaba en ese momento, con mi mano derecha yo me masajeaba el clítoris, estaba en el cielo del placer, él no aguantó más y eyaculó, sentí el bombeo de su miembro, sentí el temblor de su cuerpo, escuche el gemido de regocijo, el suspiro de descanso; se secó el sudor de la frente, me miró y se sonrió. Descansamos unos minutos, seguimos hablando como si nada, yo no estaba cansada, creo que él tampoco, cuando estuvo de nuevo erecto, volvimos a tirar… esa noche no alcancé a tener orgasmos, ¡pero pasé delicioso!

— princesslin

20 de junio de 2018

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princesslin

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14 seguidores ·Soy mujer bisexual

Comentarios

3 comentarios

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  • aracelysolano
    aracelysolano · 27 de ago de 2019

    Que facinacion,me e películe con la mente cómo si fuera yo,huuuuuuuf que rico,recordar esos tiempos.

  • jesuc-canuj
    jesuc-canuj · 17 de jun de 2019

    rico relato....pero me gustaria decirte que personalmente me exito mucho mas cuando hago llegar a mi pareja, en la que termino estallando de placer cuando siento todo su fluido en mi verga....sino lo siento no me lleno de placer

  • El.Amante.Anal.Hetero
    El.Amante.Anal.Hetero · 18 de sept de 2018

    Está vacano el relato, no se si fué real, pero en caso de serlo ... eso de ir a un motel solo para no ser vistos por ser casados creería que fué un engaño con la intensión de que pasara lo que pasó, y si tu accediste tambien querías que pasara eso ... no se va a nada mas a un motel. ;)

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