Una Pregunta, Que Es BDSM?
Relato de comunidad Fantasíasschedule 8 min de lectura calendar_today Julio de 2015

Una Pregunta, Que Es BDSM?

El BDSM tiene escasas décadas de vida y comienza cuando diversas asociaciones de activistas homosexuales sadomasoquistas de E.E.U.U. e Inglaterra tratan de crear un mismo espacio cultural para actividades hasta ese momento bien distintas, como la Dominación, el Bondage (2), el Fetichismo o el....

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El BDSM tiene escasas décadas de vida y comienza cuando diversas asociaciones de activistas homosexuales sadomasoquistas de E.E.U.U. e Inglaterra tratan de crear un mismo espacio cultural para actividades hasta ese momento bien distintas, como la Dominación, el Bondage (2), el Fetichismo o el Sadomasoquismo.

A mediados de los 70 su libro de cabecera es Leatherman's Handbook de Larry Townsend, (1972). Durante este periodo, el movimiento conserva su vinculación con el mundo homosexual masculino, sin abrirse a los espacios hetero o de homosexualidad femenina y rechazando la idea de admitir a activistas switch entre sus filas (es decir, quienes se mueven cómodos en ambos roles, sumis@ y dominad@r). También rechazaban frontalmente la admisión de quienes considerasen las relaciones B/D y S/M como solo un juego. A principios de los 80 el movimiento BDSM comienza a englobar también a la cultura heterosexual y lésbica, siendo promotores de ese sustancial cambio grupos como el colectivo lésbico Samois. A principios de los 90, comienza lo que hoy conocemos como el periodo de la New Guard (Guardia joven o nueva), que se caracteriza por la apertura hacía el mundo heterosexual y de la homosexualidad femenina, la aceptación del fenómeno switch, la inclusión de elementos de sensibilidad interior (dominación psicológica, relaciones D/S sin inclusión de rasgos sadomasoquistas, etc.), la aceptación de quienes practican el solo juego, y la participación activa de la mujer heterosexual en el asociacionismo BDSM.

La comunidad internacional vinculada al BDSM viene poniendo especial énfasis en que las prácticas sean SSC, es decir Safe, Sane and Consensual (seguro, sensato y consensuado), término acuñado en 1983 por David Stein (6). Su ideólogo lo definió del siguiente modo: Las relaciones BDSM deben seguir un modo seguro, sensato y consensuado respecto a sus prácticas: * seguras, en cuanto al conocimiento necesario sobre su desarrollo y sobre el material usado, así como sobre la prevención de riesgos. * sensatas, en cuanto a la capacidad razonable de decisión por parte de los actores, no alterada por drogas o bebidas y acorde con la experiencia de cada participante, sabiendo diferenciar fantasía y realidad. * consensuadas, en cuanto a que los participantes estén de acuerdo sobre la forma e intensidad con la que se realicen, e igualmente que dicho acuerdo pueda rescindirse en cualquier momento.

Desde los años noventa surge un nuevo concepto, el Rack, que reúne en torno a su definición un elevado número de activistas. Rack es el acrónimo de Risk Aware Consensual Kink, que se traduce en la comunidad hispano parlante como riesgo asumido y consensuado para prácticas de sexualidad alternativa (o no convencional): Racsa. El Racsa pone el acento en la responsabilidad propia de los participantes en una actividad BDSM, responsabilidad informada y consensuada para evaluar y asumir los riesgos. La mayor parte de los activistas de la escena adoptan actualmente la postura de señalar la definición SSC como adecuada para comunicarse con el mundo de la sexualidad convencional o vainilla, mientras que sostienen que el término Racsa define con mayor rigor y precisión las prácticas BDSM reales. A partir de 1992, el BDSM agrupa una amplia diversidad de prácticas, aficiones e identidades sexuales. Actualmente, el BDSM aglutina como subcultura a individuos heterosexuales, a homosexuales de ambos sexos y a bisexuales, a cristianos practicantes y militantes, a agnósticos y a personas relacionadas con otras religiones o misticismos.

Lo curioso de estas prácticas es que están basadas en el respeto mutuo y posee un lenguaje propio y unos códigos de seguridad basados en palabras clave que aseguren el final de un encuentro sexual entre dominado y dominador cuando este no está siendo disfrutado por alguno de los dos. Para dejar claro el momento en que la protesta del dominado es real y para poder manifestar su deseo de no continuar, es preciso que el Dominante pueda percibir nítidamente este deseo y diferenciarlo de la escenificación del "¡no, no más!" que puede ser parte del juego sexual pactado. La Palabra de Seguridad suele ser una palabra de rápida dicción y sonora como (“stop”, “tango”), o suele ser significativa para quien la debe recordar (por ejemplo el nombre de una persona familiar), etc. También puede usarse una palabra totalmente antierótica que rompa con el juego, como “getafe” o “reloj”. La ética del BDSM entiende que en todo momento la parte dominante respetará dicha manifestación e interrumpirá la actividad. Esta forma de consenso supone una negociación previa a la sesión, en la que se establece el cómo, el cuándo y el grado de las actividades a realizar, la palabra de seguridad a emplear, etc. Pero también puede adoptar la forma de acuerdo menos elaborado, cuando existe amplia confianza por ambas partes. En estas performances en torno a los juegos de sumisión y poder, se entiende que quien realmente tiene el poder siempre es el sumiso o la sumisa, porque son ell@s quien paran el juego y establecen el límite del sufrimiento o la humillación que desean experimentar.

Sin embargo, dentro de la comunidad BDSM, existen otras formas minoritarias de contemplar el empleo de la palabra de seguridad, especialmente para los practicantes del metaconsenso. Para ellos, la parte pasiva o sumisa cede voluntariamente y previo consenso, la completa responsabilidad sobre el desarrollo de la sesión a la parte activa o dominante. En esos casos es la parte activa la que decide si interrumpir o no la sesión, lo que presupone (además del previo consenso) un elevado grado de confianza y conocimiento entre ambas partes. Por último, los activistas de la Old Guard rechazan el uso de la palabra de seguridad, por entender que es un límite no deseado en la entrega. El metaconsenso es una forma evolucionada de consenso, propia de algunas relaciones BDSM muy avanzadas en el mutuo conocimiento y donde se producen situaciones de profunda confianza entre la parte sumisa y su dominante, además de suponer una amplia experiencia por parte de esta última. Pese a ello, muchas de las personas incorporadas al BDSM tras el periodo de la Old Guard, opinan que el metaconsenso es una práctica que conlleva importantes riesgos y la consideran, por tanto, en los límites de la comunidad.

Algun@s lo practican sólo en el espacio del sexo y otros lo aplican a su vida cotidiana; algun@s se cortan en presencia de amigos y familiares, y otros no. Una esclava puede serlo el 100% del día, o sólo en la cama. Los amos y las amas celebran fiestas, reuniones, encuentros a los que acuden con sus esclav@s para compartir este modo de relacionarse e intercambiar experiencias. Muchas parejas firman contratos de propiedad y sumisión para establecer las bases de las obligaciones y los derechos de ambas partes: 🔗

Lo más increíble es que todo este mundo pertenece a la parte no visible de la sociedad; tu jefa o tu vecino del quinto pueden ser amos/esclavos y tú no darte ni cuenta. Pese a la variedad de prácticas BDSM, sus seguidores y seguidoras comparten una cierta estética y un elemento común: el consenso y la tolerancia adulta, bajo el lema: “Tu gusto no es el mío, pero me gusta que lo puedas practicar” . El colectivo BDSM se ha esforzado a lo largo de estas últimas décadas por proyectar una imagen más positiva y menos estereotipada de su estilo de vida, debido fundamentalmente a la imagen peyorativa que se tiene del movimiento sadomasoquista. Han tenido problemas con la legalidad según los Estados; actualmente se les considera raros o locos pero no peligrosos.

Una referencia cultural que nos puede servir para entender este movimiento es la película de Almodóvar “Pepi, Luci, y Bom, y las chicas del montón”, en la que Luci, la mujer de un policía, desarrolla su deseo masoquista y se va a vivir con Bom, una cantante sado de punk. El policía viola a Pepi, que desea vengarse de él a toda costa porque lo que pretendía era hacer un gran negocio con su virginidad. Pepi logra que Luci se vaya con Bom, con la que establece una relación sadomasoquista. Es muy famosa la escena en que Bom mea en la boca de Luci nada más conocerla; a lo largo de toda la película Alaska en el papel de Bom somete a Luci a todo tipo de humillaciones psicológicas y físicas, pero Luci acaba abandonándola y regresando al lado de su marido cuando el policía la propina una brutal paliza que la llevará al Hospital. Gracias a esa paliza, Luci se siente plenamente satisfecha al lado de un hombre cruel y violento; Bom y Pepi no pueden salvarla de ese monstruo que no ejerce el sado desde la performance o el juego, sino desde su condición de hombre patriarcal. Con esta película, Almodóvar logra por un lado exponer las sexualidades transgresoras y el sadomasoquismo reprimido de las personas con un gran sentido del humor, y por otro lado denuncia la sexualidad hegemónica como una relación de dominación insana y violenta. Hoy en día, debido al avance del feminismo y a la concienciación ciudadana acerca del maltrato doméstico y la violencia de género, esta película no se encuadraría tampoco dentro de lo políticamente correcto, pues de algún modo supone una caricatura de la mujer que soporta los malos tratos de su hombre, y que además disfruta con ellos. Luci ha sido una mujer educada para ser sumisa, pero Almodóvar lo lleva al extremo: al final, Luci nos parece una mujer a la vez que patriarcal, enferma mental; pero en definitiva, es ella la que elige estar junto a un hombre violento. Pepi y Bom en cambio viven su sexualidad no patriarcal de una manera más lúdica y sana, y entienden el sadomasoquismo como un juego excitante y transgresor.

— -nemesis-

28 de julio de 2015

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