Tarde en la mañana, despertamos pensando en ¿Que habíamos hecho? Ella con mi camisa blanca que dejaba ver su partitura del esquivo placer buscado por mucho tiempo y yo con una pequeña prenda que me cubría el manjar que según sus relatos apasionados tenía escondido y que nunca pensó probarlos.
Todo comenzó una mañana de esas que nadie quiere ver, húmeda y lluviosa o por lo menos cuando se está solo no se quiere observar, la soledad va de la mano con el Dios sol ya que es la única compañía que tiene, los rayos posando su retina y abriéndole paso a un día más de poco amor continuo y mucho cariño personal.
Saliendo a las calles, tirándole palitos a la muerte e intentando que la soledad llegue a su fin, llegue a la universidad. Segundo día de clases y muchas ganas de aprender, bueno eso es lo que quería pensar. Las ganas eran precisamente de quitarme estas ganas.
Bajaban las 10 de la mañana y con ella una mujer a mi izquierda lanzándome una mirada punzante en mi atributo más grande, mis ojos miel realzaban ese deseo que parecía despertaba en ella. Laura su nombre y su cabello negro la musa de lo que días más tarde sería mi inspiración en el cariño personal.
¿Amor platónico? Llámenlo como quiera lo que si es cierto es que no salía de mis pensamientos y mucho menos de mis instintos. Como no pensar en ella si era una de las chicas más deseada de la universidad y yo un simple plebeyo queriendo obtener la reina del castillo.
A veces es mejor no desear las cosas con tantas ganas porque se terminan haciendo realidad, programación neurolingüísticas que llaman los eruditos en el tema de la psicología y conocimiento interpersonal. Lo digo porque 3 días después de miradas fugaces y mordidas de labios incapaces de pasar esas barreras llegó un mensaje a mi celular.
El mensaje decía algo así. Laura: Es equivocado detener el deseo, hace dos años no estoy con nadie. Te gustaría que nos viéramos en un lugar más cómodo que no sea este aula?
Mis manos sudaban, mi respiración aumentaba y segundo a segundo me costaba contestar el mensaje, a eso agregarle que ella me señalaba que mirara mi celular. Estábamos de esquina a esquina. Me llene de valor para contestar a tan atrevida e interesante propuesta llegaba a mi teléfono.
Andrés dice: SI!
Me sentí el hombre más estúpido, un monosílabo y un signo de admiración encerraban toda la pasión que podía demostrarle. No podía creer que no era capaz de decirle que la desnudo con la mirada cada vez que la veo, o que produce una erección en mi alma cada vez que pienso en su nombre. Pero no solo atine a decir que SI.
Laura se levantó del asiento en el que se encontraba y me señala la puerta con la boca. Labios rosados apuntándome a la salida, o más bien indicándome la entrada del fuego que arrancaba este espacio.
Acto seguido a sus señales, Salí yo, mis piernas temblorosas y mi pantalón más distraído que de costumbre.
Nos encontramos en la entrada del baño de mujeres de la facultad de psicología, sin mencionar una sola palabra se acercó a mí y con los mismos labios que segundos antes me indicaban la puerta, ahora me indicaban la llama que nos separaba. El beso más largo y rico que jamás me han dado, sin amor, sin compromisos, sin ataduras solo el deseo que nos atraía día a día.
Luego de ese fascinante instante, que para mí fueron horas. Iniciamos la más larga charla que entre los dos habíamos tenido hasta ahora, siempre ella como pilar de ataque.
Laura: Tu número me lo pasó Juana, espero que no te haya molestado.
Andrés: Para nada, es más creo que me dormí en habérselo pedido. Total sabía que eran amigas.
Laura: Quiero que me hagas tuya, sin decir una sola palabra, ni juzgarme, ni mucho menos pensar que quiero algo serio contigo. Hace mucho no estoy con nadie y necesito el miembro de un hombre.
Otra vez estaba mudo, pensé en tener la situación controlada pero ella se encargaba de desbaratarme el espacio de comodidad. Andrés: Bueno.
En menos de minutos me habían dejado con una sola palabra en mi boca.
Laura: Vamos a tu apartamento y le damos rienda suelta a esto de una vez por todas.
Andrés: Vamos!...... Que poco dominante me sentía, era las 50 sombras de Laura lo que mi mente pensaba que se venía cuesta arriba. Me encantaba que fuera tan decidida, que supiera lo que quería y fuera por ello sin importarle nada.
Tarde en la mañana, despertamos pensando en ¿Que habíamos hecho? Ella con mi camisa blanca que dejaba ver su partitura del esquivo placer buscado por mucho tiempo y yo con una pequeña prenda que me cubría el manjar que según sus relatos apasionados tenía escondido y que nunca pensó probarlos.
Todo comenzó una mañana de esas que nadie quiere ver, húmeda y lluviosa o por lo menos cuando se está solo no se quiere observar, la soledad va de la mano con el Dios sol ya que es la única compañía que tiene, los rayos posando su retina y abriéndole paso a un día más de poco amor continuo y mucho cariño personal.
Saliendo a las calles, tirándole palitos a la muerte e intentando que la soledad llegue a su fin, llegue a la universidad. Segundo día de clases y muchas ganas de aprender, bueno eso es lo que quería pensar. Las ganas eran precisamente de quitarme estas ganas.
Bajaban las 10 de la mañana y con ella una mujer a mi izquierda lanzándome una mirada punzante en mi atributo más grande, mis ojos miel realzaban ese deseo que parecía despertaba en ella. Laura su nombre y su cabello negro la musa de lo que días más tarde sería mi inspiración en el cariño personal.
¿Amor platónico? Llámenlo como quiera lo que si es cierto es que no salía de mis pensamientos y mucho menos de mis instintos. Como no pensar en ella si era una de las chicas más deseada de la universidad y yo un simple plebeyo queriendo obtener la reina del castillo.
A veces es mejor no desear las cosas con tantas ganas porque se terminan haciendo realidad, programación neurolingüísticas que llaman los eruditos en el tema de la psicología y conocimiento interpersonal. Lo digo porque 3 días después de miradas fugaces y mordidas de labios incapaces de pasar esas barreras llegó un mensaje a mi celular.
El mensaje decía algo así. Laura: Es equivocado detener el deseo, hace dos años no estoy con nadie. Te gustaría que nos viéramos en un lugar más cómodo que no sea este aula?
Mis manos sudaban, mi respiración aumentaba y segundo a segundo me costaba contestar el mensaje, a eso agregarle que ella me señalaba que mirara mi celular. Estábamos de esquina a esquina. Me llene de valor para contestar a tan atrevida e interesante propuesta llegaba a mi teléfono.
Andrés dice: SI!
Me sentí el hombre más estúpido, un monosílabo y un signo de admiración encerraban toda la pasión que podía demostrarle. No podía creer que no era capaz de decirle que la desnudo con la mirada cada vez que la veo, o que produce una erección en mi alma cada vez que pienso en su nombre. Pero no solo atine a decir que SI.
Laura se levantó del asiento en el que se encontraba y me señala la puerta con la boca. Labios rosados apuntándome a la salida, o más bien indicándome la entrada del fuego que arrancaba este espacio.
Acto seguido a sus señales, Salí yo, mis piernas temblorosas y mi pantalón más distraído que de costumbre.
Nos encontramos en la entrada del baño de mujeres de la facultad de psicología, sin mencionar una sola palabra se acercó a mí y con los mismos labios que segundos antes me indicaban la puerta, ahora me indicaban la llama que nos separaba. El beso más largo y rico que jamás me han dado, sin amor, sin compromisos, sin ataduras solo el deseo que nos atraía día a día.
Luego de ese fascinante instante, que para mí fueron horas. Iniciamos la más larga charla que entre los dos habíamos tenido hasta ahora, siempre ella como pilar de ataque.
Laura: Tu número me lo pasó Juana, espero que no te haya molestado.
Andrés: Para nada, es más creo que me dormí en habérselo pedido. Total sabía que eran amigas.
Laura: Quiero que me hagas tuya, sin decir una sola palabra, ni juzgarme, ni mucho menos pensar que quiero algo serio contigo. Hace mucho no estoy con nadie y necesito el miembro de un hombre.
Otra vez estaba mudo, pensé en tener la situación controlada pero ella se encargaba de desbaratarme el espacio de comodidad. Andrés: Bueno.
En menos de minutos me habían dejado con una sola palabra en mi boca.
Laura: Vamos a tu apartamento y le damos rienda suelta a esto de una vez por todas.
Andrés: Vamos!...... Que poco dominante me sentía, era las 50 sombras de Laura lo que mi mente pensaba que se venía cuesta arriba. Me encantaba que fuera tan decidida, que supiera lo que quería y fuera por ello sin importarle nada.Tarde en la mañana, despertamos pensando en ¿Que habíamos hecho? Ella con mi camisa blanca que dejaba ver su partitura del esquivo placer buscado por mucho tiempo y yo con una pequeña prenda que me cubría el manjar que según sus relatos apasionados tenía escondido y que nunca pensó probarlos.
Todo comenzó una mañana de esas que nadie quiere ver, húmeda y lluviosa o por lo menos cuando se está solo no se quiere observar, la soledad va de la mano con el Dios sol ya que es la única compañía que tiene, los rayos posando su retina y abriéndole paso a un día más de poco amor continuo y mucho cariño personal.
Saliendo a las calles, tirándole palitos a la muerte e intentando que la soledad llegue a su fin, llegue a la universidad. Segundo día de clases y muchas ganas de aprender, bueno eso es lo que quería pensar. Las ganas eran precisamente de quitarme estas ganas.
Bajaban las 10 de la mañana y con ella una mujer a mi izquierda lanzándome una mirada punzante en mi atributo más grande, mis ojos miel realzaban ese deseo que parecía despertaba en ella. Laura su nombre y su cabello negro la musa de lo que días más tarde sería mi inspiración en el cariño personal.
¿Amor platónico? Llámenlo como quiera lo que si es cierto es que no salía de mis pensamientos y mucho menos de mis instintos. Como no pensar en ella si era una de las chicas más deseada de la universidad y yo un simple plebeyo queriendo obtener la reina del castillo.
A veces es mejor no desear las cosas con tantas ganas porque se terminan haciendo realidad, programación neurolingüísticas que llaman los eruditos en el tema de la psicología y conocimiento interpersonal. Lo digo porque 3 días después de miradas fugaces y mordidas de labios incapaces de pasar esas barreras llegó un mensaje a mi celular.
El mensaje decía algo así. Laura: Es equivocado detener el deseo, hace dos años no estoy con nadie. Te gustaría que nos viéramos en un lugar más cómodo que no sea este aula?
Mis manos sudaban, mi respiración aumentaba y segundo a segundo me costaba contestar el mensaje, a eso agregarle que ella me señalaba que mirara mi celular. Estábamos de esquina a esquina. Me llene de valor para contestar a tan atrevida e interesante propuesta llegaba a mi teléfono.
Andrés dice: SI!
Me sentí el hombre más estúpido, un monosílabo y un signo de admiración encerraban toda la pasión que podía demostrarle. No podía creer que no era capaz de decirle que la desnudo con la mirada cada vez que la veo, o que produce una erección en mi alma cada vez que pienso en su nombre. Pero no solo atine a decir que SI.
Laura se levantó del asiento en el que se encontraba y me señala la puerta con la boca. Labios rosados apuntándome a la salida, o más bien indicándome la entrada del fuego que arrancaba este espacio.
Acto seguido a sus señales, Salí yo, mis piernas temblorosas y mi pantalón más distraído que de costumbre.
Nos encontramos en la entrada del baño de mujeres de la facultad de psicología, sin mencionar una sola palabra se acercó a mí y con los mismos labios que segundos antes me indicaban la puerta, ahora me indicaban la llama que nos separaba. El beso más largo y rico que jamás me han dado, sin amor, sin compromisos, sin ataduras solo el deseo que nos atraía día a día.
Luego de ese fascinante instante, que para mí fueron horas. Iniciamos la más larga charla que entre los dos habíamos tenido hasta ahora, siempre ella como pilar de ataque.
Laura: Tu número me lo pasó Juana, espero que no te haya molestado.
Andrés: Para nada, es más creo que me dormí en habérselo pedido. Total sabía que eran amigas.
Laura: Quiero que me hagas tuya, sin decir una sola palabra, ni juzgarme, ni mucho menos pensar que quiero algo serio contigo. Hace mucho no estoy con nadie y necesito el miembro de un hombre.
Otra vez estaba mudo, pensé en tener la situación controlada pero ella se encargaba de desbaratarme el espacio de comodidad. Andrés: Bueno.
En menos de minutos me habían dejado con una sola palabra en mi boca.
Laura: Vamos a tu apartamento y le damos rienda suelta a esto de una vez por todas.
Andrés: Vamos!...... Que poco dominante me sentía, era las 50 sombras de Laura lo que mi mente pensaba que se venía cuesta arriba. Me encantaba que fuera tan decidida, que supiera lo que quería y fuera por ello sin importarle nada.








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