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Relatos y Experiencias

Los minutos pasaban, mi ansiedad subía con solo imaginarme que iba a conocer a aquella mujer que había estado seduciendo mi mente por los últimos siete días. En un acto por buscar tranquilidad, salgo al balcón de mi casa, respiro profundamente y me convenzo a mí mismo de vivir y disfrutar del presente.

A eso de las cuatro de la tarde, puedo sentir como mi celular vibra en mi bolsillo, al desbloquearlo me percato de que se trata de un mensaje de ella, decía "Buu" acompañado de un emoji de un fantasma, la espera había cesado...

Bajé las escaleras, abrí la puerta y esperé, esperé a que saliera de su carro, hasta que por fin la vi... Quedé deslumbrado ante tal belleza, treinta y tantos años, 1.75 cm de estatura, piel trigueña, cabello negro, labios gruesos y galantes que al sonreír esbozaban una perlada dentadura, senos prominentes, una delicada cintura que se complementaba con el relieve de su volátil cadera, piernas largas, torneadas y finalmente sus ojos... unos ojos negros que en el momento en que hicieron contacto visual con los míos generaron una ignición que despertó ese depredador que me habitaba y yacía dormido hace ya algún tiempo.

Sin haberla siquiera tocado ya me sentía extasiado, nos acercamos y en medio de la acera nos dimos un beso cargado de deseo, pasión y lujuria… fue exquisito, ningún afrodisíaco se puede comparar al estímulo que me brindó ese beso, rápidamente con un gesto la invité a pasar primero, como todo un caballero (aunque en mi conciencia sabía que era un pretexto para poder observar su culo desde otras perspectivas), mientras subíamos las escalas nos limitamos a decirnos "oficialmente mucho gusto", sabíamos que no había mucho que decir… pero teníamos mucho por hacer.

Una vez dentro de mi casa noté con más detalle el body negro que llevaba puesto junto a un jean ajustado que resaltaba mucho su figura, comenzamos a quitarnos el calzado mientras sonreíamos y nos mirábamos fijamente, era una mirada de complicidad, era como si nos conocieramos de toda la vida y nos estuvieramos reencontrando despues de mucho tiempo y fue ahí, sin modular palabra algúna donde explotó ese deseo, empezamos a besarnos como si de eso dependiera nuestras vidas, con prisa, fuimos a la cama donde por fin ya estabamos a total merced del otro, podía sentir la suavidad de su piel, el calor de su aliento, el aroma de su cabello y sobretodo las ganas de que la hiciece mía, lentamente fuí descubriendo sus senos, uno a su vez… quedé abrumado ante ese par de tetas, se veían perfectas y mejor aún… sus pezones reflejaban por completo su apetito sexual, estaban duros, erguidos y listos para ser chupados, pellizcados, mordidos y masajeados.

Ver eso me dejó al borde de la locura, quería tenerla totalmente desnuda, ver qué era lo que la componía sin filtro alguno. Me afané en quitarle su pantalón, dejando al descubierto un sexy panty negro. Comencé con sus pies, besé y lamí cada uno de sus dedos, lentamente fuí acercandome a su entrepierna mientras besaba y succionaba sutilmente su piel hasta finalmente llegar a su sexo, la besé un par de veces por encima del panty, sintiendo la humedad que este contenía con mis labios, a cada beso, ella soltaba un regocijante gemido que cada vez me excitaba más, me aparto un momento solo para retirar sus bragas, me detengo a observarla un segundo (como un león observa a su presa antes de deborarla), abro un poco más sus piernas y empiezo a comerme su coño como si fuera el más dulce de los frutos, recorria cada centímetro de su perímetro vaginal con mi lengua, me enloquecía sentir como se estremecía de placer, como sus piernas temblaban, vibraban al compas de los trazos que realizaba con mi lengua, ella empujaba mi cabeza con fuerza a la vez que yo le apretaba sus piernas con toda mi fuerza, no queria despegarme de ahí, me sentía embriagado por el deseo sexual que se podía respirar y saborear en el entorno.

Para ese momento ambos estábamos sumamente excitados, en mi pantalón, mi artículo estaba listo para partir a su propia odisea, me deshice del resto de ropa que me obstruía y lentamente ella se fue acercando a mi pene a la vez que se iba acomodando su cabello en una perfecta cola de caballo la cual use para dirigir aquella orquesta… suave, fuerte, con delicadeza, con rudeza, a ella le encantaba, lo podía ver en sus ojos y sus gestos, no dejaba que ni una gota se le escapara, ella lamía, succionaba, masturbaba (y no se olvidó de consentir los gemelos)… en verdad, aquella mujer sabía lo que hacía. Luego de unos minutos de una felación intensa, hace una pausa, me mira y me dice "¡Penetrame ya!", Yo ni corto ni perezoso obedecí, me recosté y dejé que ella se posara lentamente sobre mi, siempre manteniendo el contacto visual, era una sensación única… estar concentrado en esa mirada mientras sentía ese cálido fluvial que emergía de su vagina que a su vez facilitaba la penetración, fueron unos pocos segundos que fueron placenteramente eternos, pero una vez había introducido por completo mi pene en su vagina ella comenzó a cabalgarme con fervor, con ímpetu, tenía la destreza que solo portan las mejores jinetes… mientras ella seguía cabalgando a su yo la guiaba desde su cintura con fuerza, se mordía su labio de placer, prensaba mi pene con sus cavidades vaginales como si no quisiera dejarme ir, me pedía más y más y más… yo le daba más y más y más, era increíble, una mujer insaciable, se veía gloriosa bañada en mi sudor, era como si afrodita hubiera reencarnado en su cuerpo y me estuviera dando una dosis de sexo divino.

Cambiamos varias veces de postura (le encantaba estar de perrito, aprovechaba está posición para presumir ese delicioso culo que tiene), hacíamos pausas activas para brindarnos sexo oral, en un momento para tomar "aire" ella se posó a un costado para hacerme una felación, de nuevo la ayude con su cabello con mi mano derecha mientras la masturbaba con mi mano izquierda, empleé solo dos dedos para mantenerla húmeda mientras ella hacía ese excelente trabajo, un dedo para su vagina y otro para su culo, se deslizaban con delicadeza en su interior, cada vez que los movía sentía como una sustancia viscosa se segregaba con más frecuencia dentro de su vagina, sentí la necesidad de probarlo y ahí nos perdimos en un largo y placentero 69 en el que pudimos saborearnos con más detalle esos elixires generados por el deseo del otro, podía escucharla como chupaba con fuerza, desde la base hasta el glande mientras yo también inspeccionaba su coño con mi lengua… fuimos aumentando la intensidad del sexo oral, succionando, lenguetiando, chupando… hasta sentir cómo en medio de un gemido ahogado y un fuerte apretón de piernas me empapó el rostro con esos fluidos que tanto deseaba… de tanto sudar tenía sed… y como si de un náufrago en el desierto se tratase, bebí con rigor cada una de las gotas que salía de su coño.

Ya había pasado más de una hora y aún no llegaba a la eyaculación, me estaba quedando sin energía y me pareció que ella pudo notarlo, en ese momento ella jugó su as bajo la manga, dijo esa mística frase que hace enloquecer hasta al más cuerdo de los hombres… "vente adentro", inmediatamente la tumbé boca arriba y yo encaje perfectamente mi pelvis con la suya en un diestro movimiento, se que le encantaba la idea de que le eyaculara dentro tanto como a mí. De nuevo me pedía más y más mientras me susurraba al oído cuanto quería sentir el engrosamiento y endurecimiento de mi verga al momento de eyacular, me lo suplicaba, esas palabras entraban por mis oídos, rebotaban en mi cerebro y rápidamente preparaban mi anatomía para una descarga inminente.

A medida que se acercaba ese tan anhelado momento sentía cada vez más fuerte las contracciones de su vagina, se puso tan caliente que parecía que botara fuego, me abrazó con sus piernas y comenzó a anunciar la llegada de su orgasmo, yo la penetraba con rudeza, ella me abrazaba, me susurraba al odio… "dame tu lechita", me lo repetía una y otra vez hasta que no pudo más, y fue ahí… donde dicen que morimos y renacemos, donde ambos llegamos al clímax juntos…

Yo no paraba de penetrarla, ella no paraba de mover la cadera para sentir esa danza interna dentro de si, yo seguía derramando mi fruto dentro… ella seguía derramando su elixir sobre mi, fue una experiencia única en la que termine sobre ella, con mi cuerpo tensionado y temblando del orgasmo más delicioso de mi vida, ella me abrazaba aún con fuerza, no queríamos soltarnos, estábamos cegados por una bruma de placer que para nuestra sorpresa… aún no acaba de crecer.

Quedo atento a sugerencias y comentarios, espero que el relato sea del agrado de todos.


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