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Relatos y Experiencias

Llegamos a media noche a casa. Recogí a mi esposa de una noche de amigas en un bar. Estaba bastante entonada, en ese punto delicioso donde sé que la noche va a terminar en sexo en sus terminos. Durante el viaje de regreso a casa se me insinuó varias veces. En cualquier semáforo se lanzaba sobre mi y me daba besos profundos con masajes fuertes en mi entrepierna. Ya me había dado cuenta que no llevaba las medias veladas puestas. Seguramente pasó lo que siempre pasa, se le rompieron y prefirió quitarselas. Un semáforo antes de casa y con la facilidad que solo ella tiene, se quitó el brasier. Le podía ver esos pezones firmes y listos. Yo iba en sudadera pues solo fui a recogerla lo que facilitó que en determinado punto a pocas cuadras de casa se lamiera los dedos y metiera su mano entre mi pantalón para comenzar a tocar la punta de mi pene con ellos húmedos. Fue realmente excitante y mi pene se puso erecto de inmediato. Lo sacó y mientras se abría la puerta automática del parqueadero me lo chupó varias veces. Entramos y mientras cuadraba el carro en nuestra zona ella batía su mano arriba y abajo masturbandome y mirándome con su cara de inocencia. Con el carro ya apagado me tape y bajé a abrir su puerta. Se bajó tambaleándose. La miré de arriba abajo comprobando lo afortunado que soy. Se veía deliciosa en su vestidito gris corto muy arriba de su rodilla y de tiras en los hombros. Era lo suficientemente suelto y las tiras tan abiertas que mi mente ardiendo se lo podría quitar de un solo tirón. Pero lo suficientemente ajustado para que no se cayera fácilmente en un movimiento accidental. 

Ahora sabía que debajo solo tenía una tanga pequeña negra que vi al momento de alistarse para irse. 

Nos besamos ahí al lado del carro y nos manoseamos unos segundos. Nos dirigímos al ascensor de nuestra torre. 

La veía ir de lado a lado y de vez en cuando se giraba, me miraba y decía "quiero que me des duro" y sonreía.  Lo hizo 3 veces mientras llegamos al ascensor. Estaba en el último piso así que mientras lo pedimos decidí aprovechar todas esas falencias en seguridad que tiene nuestro conjunto como que no hay cámaras en las entradas a los ascensores en los parqueaderos. Las cámaras de cada piso solo tienen imagen en el computador del administrador que se encuentra en la oficina del conjunto así que solo se ven en horas hábiles. Y las cámaras de los ascensores no graban nada a menos que los porteros consideren necesario aunque muchas veces constaté que apenas si se fijan en estas, pues prefieren vigilar las que permiten ver los límites del conjunto. Así que decidí que si quería que le diera duro iba a empezar desde ya. Oprimio el boton de ascensor y la gire hacia mi aprovechando que siempre se demora. Nos comenzamos a besar y mis manos empezaron a pasear por todo su cuerpo. Le agarre las tetas mientras ella concentraba toda su fuerza en mi pene. Me lo saco y comenzo a masturbarme. Pase una de mis manos a su vagina y la frote mientras la otra la pase a su culo y lo agarre con fuerza. Baje una mano hasta sentir su pierna desnuda y luego la subí pasando y agarrando sus nalgas y llegando a su espalda con la intención que su vestido subiera al igual y así pasó. Su culo quedó totalmente expuesto y a ella no le importó absolutamente nada. Con la otra mano le agarre el culo y le meti los dedos siguiendo su tanga hasta que los senti apretados por sus nalgas. Sentí que el ascensor se acercaba así que de un solo bajón le quite la tanga y la enrede entre una mano. Volví a subir sintiendo que el ascensor ya se había detenido en nuestro sótano pero con mis manos pegadas a sus piernas para volver a subirle el vestido hasta su espalda. Seguía sin importarle pues ella volvió a manosear mi pene. Le volví a agarrar el culo con las dos manos y se lo abrí para que mis dedos entraran de nuevo en sus nalgas. Mi otra mano subió de nuevo en su espalda para asegurarme que el vestido quedara arriba. Sabia que le estaba gustando porque era más fuerte el masaje en mi pene y su lengua entraba cada vez más en mi boca. Se abrió el ascensor y entramos sin contemplación besándonos y tocándonos como locos. Mis dedos no salían de sus nalgas. Llegamos al fondo y nos giramos de modo que yo quede de espaldas al espejo y su culo quedó completamente expuesto a la cámara pero nada la hizo detenerse. Me preguntó si había apretado el botón de nuestro piso a lo que le dije que no mientras se cerraba la puerta. Así que ella se giró para oprimir el botón y yo aproveché para hacer más espectáculo. La gire completamente y como su vestido estaba arriba le abrí la nalga y ella con un movimiento de su mano metió mi pene entre su culo, pase mis manos para adelante sin dejar bajar su vestido. Ella se dobló un poco para alcanzar el botón y cuando lo oprimió hundí mis dedos en su clítoris y con mi otra mano subí su vestido hasta descubrir sus tetas. Ahora todo su cuerpo estaba desnudo ante la cámara. Los pocos segundos que duró el ascensor en llegar a nuestro piso que es de los primeros estuvo completamente desnuda a mi placer. Su vestido estaba todo recogido en su cuello. Yo solo la apretaba cada vez más sintiendo como mi pene se hacía campo en sus nalgas. Ella gemía y gemía fuerte. Le alcance a meter un par de veces los dedos y a apretar las tetas mientras se abría la puerta. 

Salimos del ascensor, el vestido volvió a su lugar pero mi pene seguía afuera. Llegamos hasta nuestra puerta y mientras estuve quitando el seguro ella se arrodillo y me lo comenzo a chupar y jugar con su lengua en mi punta. Fue tan rico que casi no logro meter la llave en la puerta. Finalmente abrimos ella se levantó y dejó caer su vestido en la entrada, cerré la puerta y la seguí hasta el comedor donde se acomodo doblándose sobre la mesa posando sus tetas y su abdomen sobre el vidrio, abriendo sus piernas y dejando expuesto su culo y su vagina ante mi. Me arrodillé tras de ella y primero le lamí su clítoris y le metí la lengua. Luego le empecé a meter mis dedos mientras yo recorrí con mi lengua su ano hasta su espalda. Me levanté y le metí sin piedad mi pene. Ella gritó de dolor y de placer. Comencé a penetrarla mientras ella se agarraba del otro extremo de la mesa con fuerza. Sus gemidos cada vez eran más fuertes hasta que no aguanto mas y se quedó en un grito sostenido. Me pidió que continuara así que mientras ella recuperó su respiración yo seguí penetrándola hasta un minuto más tarde que se lo saque y me vine en su espalda. Terminamos rendidos como si hubieramos tenido horas de sexo. 

Si nos vio o no el portero nunca supimos pués nunca recibimos queja ni ningún comentario. Mi esposa dice que a veces siente que la ve de forma distinta así que puede que sí le hayamos calentado la noche.


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