Debo empezar diciendo que he ido a varios saunas y videos para gays en el mundo, eso incluye a Medellín obviamente. Las experiencias son diferentes en cada lugar, unas dependen del amueblamiento y otras del tipo de personas con los que me he encontrado; y aún así, la sensación final, al salir a la calle nuevamente, es la misma. Y lo es porque uno va a lo mismo: a intentar llenar ese “vacío” (psicoanalíticamente hablando) que todos los seres humanos tenemos y que en muchos (a casi todos, si no es todos) se nos devela a través de la sexualidad. Que se logre o no es un asunto difícil de determinar. El punto es que los saunas y videos gays tiene la posibilidad de abrirse a un “deseo oscuro” que nos recorre a muchos y que vemos en la intimidad, en lo prohibido y en lo impersonal la manera de sucumbir al placer intentando llenar dicho “vacío”. Y cada vez que voy a un lugar de esos no puedo, me es casi imposible, efecto que me desconcentra, dejar de asociar estos lugares con la cadena de supermercados Exito.
Ir a compara al Exito es el placer de muchos. Los grandes corredores llenos de productos de buena calidad (dicen los que compran mucho allí), un surtido variado, promociones y la posibilidad de elegir “al gusto” es algo que atrae. Compras y te vas, no tienes que hacer visita como con la señora de la tienda de barrio, no se entrelazan ni se cruzan sentimentalismos a la hora de elegir el producto por su valor, no se pide rebaja, lo que es Es. En los saunas y videos para gays es igual. En los pasillos poco iluminados resaltan los cuerpos como los productos con franja amarilla del Exito, aquellos que intentan promocionar más por su valor o marca.
En los videos o saunas se va a comprar lo mejor, lo que se necesita, lo del diario y/o en su defecto, lo que esté en promoción. Sobre los corredores de los videos se (nos) posan (mos) los chicos con sus (nuestros) más fervientes deseos de llamar la atención y atraer “clientes”. Las degustaciones son la más fuerte campaña publicitaria: una mirada sostenida, una tocada en las pezones, un roce de las manos, los más lanzados tocan los bultos del que pasa por el lado (eso al cliente le gusta).
Pasearse por los corredores del Éxito en la sección donde están los más deliciosos yogures, arepas y salchichas resulta un poco angustiante para la mentalidad fitness (esa que está tan de moda); incluso el cuerpo se resiente luego de venir de la sección de ropa interior y al entrar en ese frío momentáneo puede que apures tu compra. En el sauna te encontrarás con una multifacética vista de salchichas y lácteos (excepto que vayas un lunes y es posible que no encuentres mucho surtido). Allí, en ese angustiante calor que sofoca el celebro luego de muchos minutos, se procura hacer la “compra” antes que mueras ahogado. Si no encuentras el “producto” deseado deberás salir a refrescarte a la sección de aguas frías y regresar con más fuerza en el intenso anhelo de llevarte el mejor salmón.
En ambos, videos o saunas, se detalla al sujeto en cuestión que te llamó la atención. Luego sigues la búsqueda para comparar calidad y “precio”, como en el Exito. Si alguien es de los estereotipos de belleza dominantes en la cultura contemporánea, seguro no tendrá reparo en darse el lujo de dar casquillo y luego elegir al mejor postor. De lo contrario toma su tiempo convencer a su “comprador”. Claro que luego de mucho rato, más cerca de la hora de cerrar el lugar, si no se ha logrado el objetivo, los cuerpos y mentes se amontonarán como en canastas en unas gangas extraordinarias propias de “Los días de precios especiales” del Exito donde alguito se lleva uno a casa, así sea un jarra de plástico, que es lo más abunda. Y lo que es más particular, si regresas otro día y te encuentras nuevamente con el “elegido”, seguro pasaran de largo como si nunca se hubiesen visto. Si la experiencia fue más que satisfactoria posiblemente repetirán el cortejo como si fuera la primera vez y terminarán nuevamente bajo el atormentador calor que se producen en las cabinas privadas o al interior del sauna.
Ir a un sauna o video es una experiencia, tienes lo que necesitas y te vas. Tal vez una frivolización de los encuentros corporales, tal vez una espacio para el placer exprés sin ataduras ni compromisos. El mundo actual funciona como una respuesta a los devenires humanos que se han forjado desde siglos anteriores. Pero no por eso hay que satanizarlos, es una elección individual. Hay quienes desean (amos) también encuentros románticos como los de otrora; el peligro radica en la responsabilidad sexual que tengamos en estos lugares donde todo pasa tan rápido y también aún, en balancear las experiencias, no sea que se nos convierta todo en un hábito y sea esa la única forma de entablar relaciones sexuales sanas con otros sujetos.








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