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Relatos y Experiencias

Crónicas de un buen trabajo y unos cachos consentidos 5

Cuando mi esposa me dió carta blanca para ponerle los cachos debo aceptar que Eliana fue una de las razones más fuertes para llevarlo a la realidad.

Ella es otra chica que trabaja en mi negocio. Una de las chicas mas lindas que ha trabajado conmigo. Era una universitaria con un porte increíble, acuerpada. No era flaca pero tampoco gorda. Tenía un rostro divino muy parecido a una famosa artista mexicana. Su cuerpo espectacular, unos senos perfectos para su contextura, redondos y bien parados. Recuerdo como me atormentaba verla cuando llegaba y tenía blusas ajustadas y sus bralettes dejaban notar sus pezones puntiagudos. Siempre intente evitarlo para que no se sintiera incómoda pero a veces me ganaba el morbo. No tenía un gran culo, pero tenía lo suficiente como para permitirle a uno imaginar muchas cosas. Definitivamente tenía ese porte que a todos los clientes encantaba. Trabajaba solo fines de semana.

Una noche de fin de semana en que ella pidió permiso para no ir porque tenía un compromiso, llegó justo antes de cerrar. Tenía ya unas cervezas encima. Como yo aun estaba con la persona que la estaba reemplazando se fue a fumar un cigarrillo pero me pidió un tiempo para hablar y me dijo que le avisara cuando ya estuviera solo. Y así fue. Ella volvió y entró al negocio. Se quitó su chaqueta y de nuevo esos senos perfectos me apuntaban. Me dijo que quería hablar conmigo. Le pedí que me ayudara a cerrar y nos quedamos dentro del negocio para que fuera algo más privado pues en su cara vi que era algo serio. Pensé que iba a renunciar o algo así por el estilo. Pero no.

De la forma más puntual y directa me dijo que le gustaba. Que ella sabía que yo era casado y que tampoco estaba interesada en dañar nada. Solo quería que yo lo supiera. En ese momento en mi cabeza solo daba vueltas la idea de cumplir una fantasía. Finalmente le conteste de igual manera. Directo le dije que ella también me gustaba pero que mi situación no me daba para dañar mi matrimonio pero si para tener una aventura de una sola noche. Aunque la verdad me gustaría que fuera así muchas noches. Me pidió una explicación y le conté el trato que teníamos con mi esposa, Los cachos consentidos y que yo no le podía dar nada más allá de una aventura de una noche. Y sin dar vueltas y sin hacer preguntas ella simplemente saltó diciendo que aceptaba y sin darme tiempo de asimilar nos comenzamos a besar.

La detuve un momento preguntándole si estaba segura a lo que me dijo que sí, tenía muchas ganas de estar conmigo y si iba a ser solo una noche no quería desperdiciar un segundo. Nos volvimos a besar apasionadamente. Sus labios eran deliciosos con sabor a cerveza y cigarrillos. Me alejé un momento y desconecte las cámaras. Y volvimos a la acción. Sentí que duramos una eternidad besándonos y sintiendo nuestras lenguas hasta que bajé mis manos a su culo. Ahí empezó toda a calentarse. La agarré fuerte y sentí como su boca cambio del modo tranquilo al modo sexual. Sus manos pasaron al frente y me ayudó a quitarme la camiseta y así como yo a ella. Por fin pude ver sus senos debajo de ese bralett. Era de tela suave y transparente. Sus pezones eran negros pero perfectos. Le dije lo mucho que los quería conocer. A lo que ella respondió que ella lo que quería conocer era otra cosa, me desapunto el pantalón y metió su mano. Sus ojos se iluminaron con picardía y morbo, me apretó el pene junto con los testículos fuerte mientras se mordía los labios y cerraba sus ojos como si fuera algo que esperaba hace mucho tiempo. Yo hice lo propio con sus senos y le quite de un tirón el bralette inmediatamente los agarre con fuerza y bese sin parar. Sus pezones estaban duros y suaves. Perfumados. Deliciosos. Agarraba y soltaba sus senos para ver su movimiento perfecto. Luego le quité el pantalón. Tenía un panty gris con líneas azules y encaje. Volví a subir hasta sus senos para de nuevo apasionarme con ellos y luego hasta su boca. El beso pasó de apasionado a morboso. Nos queríamos comer literalmente. Le agarre el culo fuertemente y la levante llevándola hasta el mesón donde la senté. La base para luego pasar a su cuello, sus senos de nuevo. Me dediqué a cada uno de ellos. Le dije lo mucho que me gustaba. A lo que ella respondió diciendo que no me imaginaba lo mucho que a ellos les gustaba, o porque creía que siempre estaban erectos cuando nos saludabamos. 

Baje hasta su abdomen, besé su ombligo y segui bajando. Le moví la ropa interior descubriendo su vagina. Estaba completamente rasurada. Sus labios eran carnosos. Y ya estaba completamente húmeda. La lamí sin parar. Meti varias veces mi lengua en su vagina y sus gemidos fueron increíbles. Luego subí a su clítoris y lo comencé a chupar suavemente mientras mis dedos comenzaron a jugar dentro de ella. Fue tal la excitación que sin querer hale su panty rompiéndolo como si fuera papel. Ella quedó sorprendida al igual que yo pero la acción nunca se detuvo y seguimos adelante. De repente ella me agarró la cabeza como intentando subir. Lo hice haciendo la parada obligatoria en sus senos y volviendo a su boca. Se bajó del mesón y me terminó de quitar la ropa, arrodillándose ante mí. Me quito los boxers y sus ojos se abrieron como cuando se ve algo que gusta. Lo miro y se lo comió con los ojos antes que con la boca. Luego se lo metió completo y lo chupo increíblemente. Siempre he creido y sabido que mi esposa es la mejor en el sexo oral pero debo confesar que esta mamada me hizo ver las estrellas. Lo lamio y beso como toda una maestra. Jugó con su lengua como si contara con un vibrador. Pasó sus dientes suavemente por la cabeza y luego volvió a chupar como si quisiera sacarme el alma. Sacó un condón de su bolso y me lo puso. Nos fuimos contra una pared donde apoyando su espalda y abrazándome con una de sus piernas me permitió penetrarla sin reparo. Sus gemidos y la emoción se hicieron increíblemente fuertes. Empuje con todas mis fuerzas para penetrarla lo más profundo que podía mientras nos besabamos. Nos movimos y buscamos la silla más cercana. Me senté y ella abriéndose de piernas se sentó sobre mí y me cabalgó sin parar. La silla tronaba como si se fuera a romper. Yo agarraba su culo y la hacía elevarse solo para poder alcanzar de nuevo sus senos y verlos moverse a son de cada penetración. De nuevo paramos y nos levantamos, la hice girar y poner sus codos en el mesón mientras yo me acomode detrás. Busque con mi pene la entrada y me acomode. Volví a penetrarla sin parar mientras mis manos agarraban sus senos. Después con una de ellas subí hasta su hombro mientras Ella gritaba lo grueso que era y lo mucho que le gustaba mi pene. Agarré su hombro y con él me empecé a impulsar para penetrarla más profundo. La bombee tanto como pude mientras ella no paraba de gemir. Luego me ayude de la otra mano. La agarré de los hombros y la empujé hacia mi penetrándola con mucha fuerza. Pude ver como sus nalgas se golpeaban contra mi abdomen hasta ponerse rojas. No aguante más y me vine en un chorro enterno. Tuve que tomar aliento de nuevo y descansar un minuto abrazado a ella. Pero sabía que ella no había llegado aún. Así que la giré y levanté de nuevo de las nalgas para subirla al mesón. Me dijo que no era necesario porque ya había recibido lo que había querido pero a mi me hacía falta verla venir.. Así que volví a meter mi boca entre sus piernas y la volví a lamer como nunca. La bese y lamí sin parar. Chupe su clítoris mientras metía mis dedos que entraban sin dificultad y cuando sentí su punto g los comencé a mover. Sus gemidos se hicieron más fuertes y comenzó a gritar mi nombre. No se si había gente fuera del local pero si había debieron escuchar sus gemidos. Se tapó la boca con una mano y soltó un grito eterno. Finalmente había llegado. Sus senos se movían sin parar gracias a su respiración agitada. Estuvo así unos minutos mientras yo desde mi posición la miraba y admiraba cada parte de su cuerpo. Me levante y la abrace. Nos miramos y nos besamos profundamente. Fue increíble. 

Nos vestimos y nos hidratamos. Le pregunté si quería que la llevara a casa lo cual aceptó y nos fuimos todo el camino cogidos de la mano. Cuando llegamos nos besamos una última vez. 


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