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Una tarde gris de mayo de 2012, en el modesto salón social del Barrio San Fernando de Bogotá, tuvo lugar un evento cósmico inusual que movería suavemente pero con firmeza las placas tectónicas del conformismo sicalíptico nacional. Los medidores sísmicos y sexuales no lo notaron pero se estaba gestando un terremoto sadomaso silencioso.
Aquella tarde, después de varias horas de jolgorio, la imagen que quedaría en muchas de las retinas y afortunadamente en uno que otro sensor fotográfico fue la de una chica desnuda, suspendida del techo, expuesta en medio del escenario, las piernas abiertas y boca abajo sintiendo una vela encendida insertada entre sus piernas mientras una multitud de curiosos y dañaditos asistían al nacimiento de una saga. La cosa fue como un parto, colectivo, sin dolor y con placer. Casi, casi un alumbramiento, que no se nos olvide la vela encendida. Entre aquellos asistentes, cual convidado de piedra, inmóvil y clavado a la pared, estaba el enorme cristo del muro del escenario que además de perturbar probablemente la conciencia religiosa de algunos de los asistentes no sabemos aún hoy en día si lloraba compadecido o sudaba de la emoción. Lo que sí podemos decir es que nos encanta suponer que esta escena, este encuentro, fue uno de los primeros de su tipo en Colombia, de los primeros que fue comunitario y al mismo tiempo abierto al público mientras todos celebraban al unísono y sin tapujos que les encantaba el BDSM mientras nos íbamos inventando la identidad del dañadito nacional.
REBOBINEMOS…
No me canso de decir que el sadomaso es, en gran medida, puro cuento, como canta La Lupe, Puro teatro. Pura construcción mental, puro lenguaje, puro discurso, pura literatura.
Empecemos por decir lo obvio. Los nombres Sadismo y Masoquismo vienen de dos escritores europeos del siglo XVII y XIX respectivamente. El uno francés, el otro austriaco. Nuestros amiguetes Donatien y Leopoldo. En 1886, mientras Rafael Nuñez, picaflor y conservador, promulgaba la Constitución de Colombia, en Viena Richard von Krafft-Ebing usaba los apellidos de nuestros pintorescos escritores para crear en su Psychopathia Sexualis un catálogo de anomalías del deseo que más de uno devoro no por interés científico, sino por puro placer pornófilo. Sadismo y masoquismo, dos terrenos del placer que Krafft-Ebing delimitó por primera vez, creando un territorio conceptual y epistemológico en el que hubo guerras, revoluciones, golpes de estado, referendos e invasiones. Más de 140 años después, Sadismo y Masoquismo, así como Colombia, siguen existiendo, quién sabe por cuánto tiempo más, pero aquí estamos y aquí están aunque la constitución de Núñez duró menos que las definiciones del S&M. No se imaginaban estos autores clásicos que a más de 8000 kilómetros de su territorio físico y mental iba a surgir, cual flor de fango, en las frías montañas del trópico, que ni Paris o Viena, el propio Sadomaso a la Colombiana. Temática esta que ha sido uno de los ejes principales sobre los que ha girado el Festival en cuestión, el festival de la china colgada del techo con la vela donde ya te lo imaginas.
ADELANTEMONOS AL SIGLO XXI…
La causa de este inusual encuentro de personas de las cuales el común denominador era su interés, pasión, atracción o genuina curiosidad por el Fetichismo o el BDSM se remonta evidentemente a años posteriores y es el resultado de un lento pero firme desarrollo. La cosa no era fácil, hace 15 años, aún no había un acceso simple y seguro a espacios y colectivos dedicados a estas temáticas. Afortunadamente no es el caso hoy, al menos en las grandes ciudades del interior colombiano. Originalmente el viaje era en solitario o a lo sumo en pequeñas comunidades privadas. Este encuentro colectivo que se volvería el Festival BDSM Fetish Colombia era en ese momento únicamente y sin pretensiones la fiesta de cumpleaños de un modesto grupo ligado a una plataforma digital, anterior a la explosión de las redes sociales, llamada Fetlife.
LA IMPORTANCIA DE PONERLE CARA AL NICK…
El público en el salón del barrio San Fernando era de aproximadamente 100 personas. Gente en su mayoría de Bogotá, pero también algunas dañaditas y dañaditos de Cali, Medellín, la costa e incluso el eje cafetero que se habían dignado darse el vuelto. Todos ellos se habían tomado la molestia de asistir a este encuentro. Por primera vez muchas personas se estaban conociendo en carne y hueso más allá de un seudónimo digital en alguna pantalla. Por esos días una de las redes, los chats como se les decía entonces, que más se movía era el de Guia Cereza, especie de caverna de Alibabá, sectorizada por salas temáticas. Evidentemente la que le gustaba a nuestro público era la de BDSM. Este chat era muy importante en la socialización y la escena existía principalmente sólo de manera digital. Recuerdo las caras de asombro de algunas de las participantes diciendo asombrados ¡Hola! yo soy tal en Guia Cereza y la otra ¡Que bien! yo soy tal, y era en realidad la primera vez que se estaban conociendo. Le estaban poniendo cara a los “nicks” como comenzaremos a decir posteriormente. La convocatoria para aquel Festival sucedió a través de Fetlife, del voz a voz, del Chat de Guia Cereza y también de otra red importante en el contexto latinoamericano de aquel entonces, Mazmorra, una red con su origen en argentina, aún hoy existente, y que hizo parte de esa primera fiebre sadomaso. Sin saberlo, todos los ladrillos se habían ido alineado para ir construyendo una humilde casita BeDeSeMera.
Pero ese trabajo silencioso de alinear los ladrillos fue muy importante, progresivamente personas de carne y hueso habían comenzado a tejer pequeñas redes de apoyo hacia el final de la década de los años dos mil, como no mencionar a Ama Claudia, la decana del FemDom en Colombia y su espacio-mazmorra en el mismo barrio San Fernando, ella fue quien ayudó para conseguir el salón social y difundió el evento ampliamente dentro de su círculo de amistades. Nando el de la marca Sex Lether había ya organizado eventos públicos en Bogotá y Medellín y las tertulias en el Chorro De Quevedo habían tenido lugar.
En el BDSM colombiano hay varias escenas y desde el principio las ha habido, la escena virtual-digital que fue la primera en desarrollarse, la escena pública llena hoy en día de sub-escenas y las mal llamada escena privada que en sentido estricto no es una escena sino un grupo de personas con intereses comunes que interactúan al margen de manera privada, por no decir sornera, en algunos casos.
La escena virtual comenzando la década de los 2010 fue una gran amalgama de intereses y personajes mayoritariamente más del lado de la fantasía y el anhelo que de la experiencia real. Hay una gran paradoja en aquel momento, pero antes una pausa publicitaria de LA NALGADA su podcast de música y cultura BDSM.
INTERMEDIO…
— ¡Ay Me duele!— ¡Pero te encanta!Gilles Deleuze, pensador y dispensador de ideas, decía no sin ironía en su introducción a la Venus De Las Pieles de Sacher-Masoch que el 'sadomasoquismo' es una ilusión o un monstruo semiológico. ¡Bravo Gilles!
Nelly Calle. Pensadora, como casi todos los humanos, y genial cantante de música guasca nos revelaba en 1983 en su álbum Hembra Mala sus pulsiones sónicas sadomasoquistas al seno del amor romántico.
El hombre que me pega es el que quiero
Porque siento el amor a mi manera
because el amor con odio es verdadero
Por eso es que te amo por eso es que te quiero
Ven hazme corazón
Lo que me hiciste anoche
Después que me pegaste
me acariciaste toda.
“Pégame” es lo que le gritaba Severin a Wanda en La Venus De Las Pieles de Sacher-Mascoh. Curiosas veleidades sadomasoquistas del amor carnal. ”Pégame” la de Nelly es una pequeña joya de las músicas impresentables y del sadomaso macondiano nunca bien ponderada.
UN SEGUNDO PARA NUESTROS ANUNCIANTES…
No sé qué habría pensado Rafael Nuñez, Krafft-Ebing, Sade, Sacher-Masoch o la martirizada muchacha colgada del techo del salón social pero Guia Cereza cumplió veinte años. Y se le agradece haber tenido el buen gusto de haber creado el Chat donde se afinaron ideas y personalidades dañaditas de relevo nacional y de buena constitución.
La historia del CHAT tiene un curioso contrarrelato. Algunas personalidades de la escena BDSM nacional pasaron por aquellas salas, ataron cabos, entablaron relaciones y en algún momento mostraron la jeta, y tuvieron la cortesía de ir a las actividades donde se empezó a forjar la escena que le fue dando identidad a la cosa. En paralelo, y no fueron pocos, había unos gamonales, caciques y demás especímenes que fueron celebridades de turno, moderadores de grueso calibre y expulsión fácil de la sala, especialistas y demás que nunca se conocieron más allá del tranquilizador y anónimo espacio virtual. Personas virtuales con un ego grande como el salón social del barrio San Fernando que nunca fueron a nada. Estamos por creer que eran pura voluntad sin cuerpo así como en El Caballero Inexistente de Italo Calvino. El BeDeSeMero inexistente, el propio Agilulfo sadomaso. Gente que probablemente y por múltiples razones no estaba a la altura de sus fantasías.
El BDSM se puede vivir como un estilo de vida, como un pasatiempo, como un tema de estudio o interés, como un simple condimento para una sexualidad convencional, todo se vale, pero el verdadero interés que hay detrás de la fantasía y de intereses comerciales y su batería de mercadeo que te lo quiere vender como un producto más de consumo, es entender y ser consciente del lugar del poder, del juego de poder, del intercambio de poder transpuesto en las relaciones afectivas o sexuales. Entender eso es entender el “puro cuento” del BDSM y hay que decirlo, tomarse el cuento en serio, te permite ser más consciente y establecer nuevas y a veces más sanas maneras de relacionarse sexual y afectivamente.
UNA LISTA Y UN HOMENAJE…
Reblujando en el inconsciente y haciendo un par de llamadas mientras pensaba en la primera generación de la escena pública nacional, alrededor de 2010, fueron apareciendo un montón de remoquetes ligados a la primera generación de la escena colombiana, no están todos los que son, pero son todos los que están. Ciertamente faltan nombres y pedimos disculpas de antemano por las omisiones. A priori pareciera una lista de gente muy rara con nombres aún más raros, nada amigables, medio macabros, pero en el fondo fueron una generación simpatiquísima que montó las bases de nuestro degeneris nacional y a quienes citándolos rendimos un homenaje al SADOSAURIO nacional:
Ama Claudia, Burzmali, Kepler, Lady Spinx, Jimmy Botas, Colectivo Tres Lunas, El Arquitecto, Samanta Dom, Lady Zunga, Triskel, Nando Sex Leather, La Ratona, Ninfa Misteriosa, Rolo Cool, Liz Dalia, Ama Severa, Edna Evanity, Santa Diabla, Tiana Mandarina, Akasha, Violeta, Master Gemini, Esemero, Karina, Nine Tails, Alas Blancas, Estricta, Ama Spank, Valkiria, Bastet, Kiara, Kamaleon, Yesid, Acurio, Lord Calígula, Lust Dark Didi, Ricardo Mega Spank, Fredy Fallicum, Master Javier, Alberto sumiso, Liz Dalia, Domadora, Ana severa, Lord Dark.
Toda gente de carne y hueso que tenía superpoderes y le puso probablemente sin saberlo un ladrillito a nuestra mazmorra simbólica.
VOLVAMOS A DONDE EMPEZAMOS…
¿Por qué es importante contarnos la historia? Porque un degeneris sin memoria es uno sin identidad, ni futuro. Nunca se volvieron a hacer eventos en aquel Salón Social. Nunca volvimos a saber de la chica anónima de la foto colgada allí, y ella no se imaginaba que se iba a volver una imagen icónica de la pequeña historia del Sado Maso nacional e incluso portada la última edición de EL VERGAJO, publicación poco periódica que se piensa el degeneris nacional. Una gran parte de las personas de la lista de los alias, remoquetes y apodos hace rato que no están en el entorno. El Festival ya cumple 15 años. La escena hoy es dinámica, diversa, accesible y propone contenidos de calidad, lúdicos o educativos en las grandes ciudades colombianas.
¿Tenemos un final feliz?
¡No! Esto apenas comienza.
Escrito por Severina









