Cuando llegamos a mi destino, la historia dio un giro que jamás habría imaginado.
Mientras él seguía al volante y yo todavía lo estaba tocando, me preguntó si quería hacerle sexo oral. La verdad es que ni siquiera respondí. Simplemente nos estacionamos frente a mi edificio y empecé a hacerle lo que me había pedido.
Ahí estuvimos un buen rato. Él no dejaba de gemir de placer, me agarraba por la cabeza y estaba completamente entregado al momento. Al final terminé haciéndolo venir con mi boca y por supuesto me tragué toda su leche.
Después de esa noche seguimos en contacto por un tiempo. Curiosamente, pocas semanas después me mudé a vivir solo, así que aproveché la excusa perfecta para escribirle. Le dije que necesitaba un servicio de Uber, pero que ahora vivía en otra dirección, y él aceptó sin problema.
Ese día me hizo el servicio y, curiosamente, fue él quien me pidió un favor. Me preguntó si podía regalarle unas cosas que necesitaba. Entramos al apartamento y luego me pidió si podía darse un baño. Le dije que sí y le presté el baño.
Cuando salió, todavía se estaba secando el cuerpo. Yo estaba acostado en la cama y le dije que se acercara. Empecé a tocarle el pene, que incluso estando relajado ya se veía grande. En cuestión de segundos ya estaba completamente erecto.
Le dije que se acostara en la cama y no les puedo explicar lo impresionante que se veía ese hombre, tan grande y tan fornido desnudo en mi cama. Empecé a hacerle sexo oral y, por lo que pude notar, le encantaba. Después de un buen rato terminé haciéndolo venir y nuevamente me tragué toda su leche sin desperdiciar una gota, sabía que esta era una oportunidad que quizás no se volvería a repetir.
Luego se quedó un rato acostado mientras yo le hacía cariñitos en el cuerpo. Después se vistió, se despidió y se fue.
Nunca volví a saber de él. Tengo entendido que era casado, o al menos tenía novia, y por lo que él mismo me contó, ella era bastante celosa. La verdad, lo entiendo perfectamente, porque ese hombre era espectacular.
Hasta el día de hoy no dejo de pensar en él. Ha sido uno de los hombres más impresionantes con los que he estado.
Y lo más curioso es que él no ha sido mi única experiencia con un Uber. De hecho, tengo muchas historias, porque desde mi época universitaria los taxis y los Uber eran la forma en la que me movía todos los días.
Así que, si quieren que les cuente más historias como esta, déjenmelo en los comentarios y con muchísimo gusto les traigo la siguiente.







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