El diablo en un café internet
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 9 min de lectura calendar_today Agosto de 2026

El diablo en un café internet

Tuve sexo con dos chicas en un café internet

18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Era cerca de mediodía. Yo estaba en mi apartamento, sin nada que hacer. Así que me puse una bermuda, una camisilla, una gorra y salí a la calle. Caminé en dirección a Villas de la Candelaria. El sol brillaba recio pero soplaba la brisa, una brisa que atenuaba un poco el calor abrasador del día. Estando ya en el otro barrio, llegué al café internet al que voy usualmente. Más que para entretenerme o buscar alguna información, debo decir que lo hago con el solo propósito de ver a una de las hijas de la dueña del local. La dueña tiene dos hijas, ambas mayores de edad. Al abrir la puerta corrediza de vidrios polarizados en color verde, entré y vi que no estaba atendiendo Abril, la que me gusta, una trigueña alta, de buen cuerpo y con el cabello castaño y rizado. En lugar de ella estaba su hermana Belén, quien tiene un cierto trastorno corporal que la hace parecer niña, pero es mata-año, o sea, que ostenta muchos más de los que aparenta. -Hola Belén -dije-. ¿Cómo estás? -Caramba Ennio -dijo-, ¿dónde andabas tú metido? -Por aquí mismo. Siempre que vengo, tu hermana es la que atiende. Pero hoy se me cumplió el deseo de verte. -Jajaja, ¿crees que no sé que te gusta mi hermana? -¿Por qué dices eso, a ver? -Nunca vienes cuando estoy aquí. -Tú atiendes en la mañana, y yo en la mañana trabajo. Por eso vengo en las tardes. -En las tardes yo estudio. -Por eso no logro verte. ¿Y cómo anda todo? -Bien. Estoy esperando que venga mi hermana rápido para irme a alistar. ¿Cuánto tiempo vas a pedir? -Dame tiempo libre. Me asignó el equipo número cinco. Aparte de mí, no había otros clientes en el café internet. Gracias al aire acondicionado hacía un frío bien agradable. Fui a la cabina, abrí la cortina y me senté ante el computador. Ya iniciado, abrí dos pestañas, una para Facebook y otra para YouTube. Me puse a mirar vídeos de música; después, vídeos de casos criminales; y después, de chicas solas en el bosque practicando yoga semidesnudas. Estos últimos me pusieron muy arrecho. Escribí en el buscador de Google: pillada masturbándose casero. No hay nada como lo natural, lo espontáneo. Me salieron una infinidad de vídeos que ya había visto y que ya no me excitaban como antes. Pero encontré uno que no había visto. Era de una chica que estaba en un baño y alguien la grababa desde afuera por debajo de la rendija de la puerta. Desnuda, la chica se acomodaba en la esquina del mesón del lavabo y, parada de puntillas, con una sensualidad arrebatadora, se pandeaba masturbándose con la punta lisa del mesón. El pene se me quería reventar. En un momento de la película, Belén me mandó un mensaje en Facebook. “Qué haces”, decía. “Si te cuento”, le puse, “es probable que te escandalices”. Belén se me adelantó: “¿Estás viendo porno?” “Sí”, respondí. “Es normal”, me puso ella, “a mí también me gusta el porno”. Y preguntó: “¿Qué ves?” “Ven y mira”, le solté. “No”, repuso, “después quién sabe lo que me harás”. “No sabía que eras una cobarde”, escribí, “tú, una pelá tan grande, hecha y derecha…” De pronto oigo que se rueda una silla y pasos que se acercan. A mi espalda se abrió la cortina y Belén entró poniéndome las tetas en el hombro. -No me intimidas -dijo. Me eché a reí. -Soy mil veces más mala que tú -dijo. Volví a reír. La reté diciéndole: -Demuéstramelo. -¿Cómo? -A ver, si eres tan mala, ¿te atreverías a tener sexo conmigo aquí y ahora? -¿Estás loco? -¿No dices que eres más mala que yo, pues? Se quedó pensativa un momento, luego se apartó de mí y salió de la cabina. Supuse que había salido corriendo o, tal vez, vio que alguien venía y se había ido a atender. Pero no. A esa hora todo el mundo estaría almorzando. <<Es una cobarde>>, pensé. Y seguí viendo vídeos caseros. No pasó un minuto cuando volvió a entrar. Escuché un ruido de llave en el ojo de la cerradura. Yo me emocioné. –Ven, Ennio. Quiero ver qué tan diablo eres. Cerré el Facebook y las páginas pornográficas, me paré de la silla y salí del cubículo. Cuando la vi, Belén ya tenía el culo en popa con las piernas abiertas. Tenía el chocho peludo y los pelos del mismo color de su cabello: negro azabache. Los muslos de las piernecitas eran más blancos que la leche y su cuerpo pequeño y rollizo parecía el de una muñeca de cera enana. Traté de controlarme y tranquilizarme para no venirme apenas empezando. Me eché una bocanada de saliva en la mano y me unté en toda la verga. Eso me relajó bastante y la cogí por la cintura. Sentí su carne tierna y suave entre mis manos. Yo mido 1.81 de estatura. Ella me queda por debajo del pecho. Tuve que agacharme bastante para poder introducir mi pene en su vagina. La tenía estrecha pero la saliva ayudó a que entrara sin complicaciones. Bastaron un par de sacudidas de su cintura y unas cuantas succiones y apretazones en el cuello del pene para que el semen comenzara a salir a chorros. Ella se sacó la verga, se volteó y, agachándose, la introdujo en su boquita. Mirándome a los ojos sorbió toda mi esperma como si se tratara de jugo de guanábana. Me dejó seco. Cuando terminó de sorber, mi verga todavía seguía intacta, con ganas de seguir cavando el pozo profundo de su vagina. Entonces vi, a través de los vidrios polarizados, a la hermana de Belén que se acercaba. -Viene Abril -dije-. ¡Vístete! Belén se arregló en seguida y yo me fui para mi cubículo. Abril comenzó a tocar en el momento en que Belén le quitaba el seguro a la puerta corrediza. Abril entró y le dijo a Belén que la esperara un momento porque iba a almorzar. -¿Dónde está mi mamá? -preguntó. Y antes de salir, Belén le dijo: -Está acompañando a tía Sandra donde el médico. Belén vino a mi cubículo. Me pasó el brazo por encima y agarró mi pene. -Esto no ha terminado -dijo. -Claro que no. -Nunca nadie me ha hecho tragar tanta leche como tú, Ennio. -Eres una chica muy mala. Tengo que castigarte severamente. En la noche quiero que vayas a mi apartamento. Te voy dejar el chocho ardiendo de la mondaquera que te voy a dar. -Eso espero -dijo Belén, retirándose. Al poco tiempo volvió Abril. Yo salí a saludarla, pero ella no me respondió el saludo con la misma efusividad de siempre. Ahora se veía achicopalada, triste. Eso me extrañó. -¿Qué te pasa, Abril? -Jum, qué no me pasa… -Si quieres me puedes contar, para que te desahogues. No se te ve muy bien. Abril se sentó ante el computador situado a la entrada y se quedó mirando la pantalla pensativa. Tenía un vestido de algodón color beige, bastante corto, que dejaba ver unas piernas espectaculares y tersas. Ella apartó la vista del computador y se llevó las manos a la cara. Yo agarré un banco y me senté junto a ella. -Por favor, dime qué ocurre -le dije. -Imagínate que Carlos me ha estado engañando con Melisa, mi mejor amiga. Descubrí unos mensajes de ella en su celular en donde le mandaba fotos desnuda. ¿Puedes creerlo? -dijo Abril, llevándose de nuevo las manos a la cara. La tenía empapada. -No te sientas mal -le dije-. No vale la pena llorar por hombres así. -Lo sé -dijo Abril-. Pero me engañó con mi mejor amiga. -Sí. Duele el doble. -Lo que menos me esperé de Melisa fue que se le ofreciera a Carlos. Y Carlos, ni corto ni perezoso, se la comió. Me duele, pero además tengo mucha rabia. Le di un abrazo y, para probar, le dije: -Lo mejor en estos casos es sacarse la espina. Vi en sus facciones un cambio inesperado que me decía que podía hacer con Abril lo que quisiera. Soy una especie de amigo no tan amigo que se ha ganado su confianza. Cuando la conocí, ella tenía su novio. Yo no copiaba de eso y la enamoraba, pero no me hacía caso. Ahora, aprovechándome de las circunstancias, noté un destello de maldad que me abría las puertas, no ya de su alma ni de su corazón, sino de su cuerpo. -¿Tú crees? -preguntó. -Por supuesto. -No sé… La abracé y acerqué mi cara a la suya con la intención de besarla. Ella no mostró la más mínima resistencia. Sus labios sabían a vainilla. Puse mi mano en el muslo de su pierna y fui subiéndola lentamente hasta alcanzar la tela sedosa del panty. De pronto vimos afuera que alguien estiraba el brazo para abrir la puerta corrediza. Casi nos espantamos. Era un cliente. “Buenas”, dijo cuando entró. Pidió tiempo en un computador. Luego llegaron dos personas más a sacar copias y se fueron enseguida. Cuando el cliente que había llegado primero se le acabó el tiempo y se fue, le dije que cerráramos la puerta con llave. Ella me miró como estupefacta. Una mujer dolida es más peligrosa que cien cocodrilos que no han comido en un mes. Abril se paró, me pidió permiso para que la dejara pasar y fue a ponerle llave a la puerta. Se dio la vuelta y, erguida en su figura aguitarrada, se puso las manos en la cintura. El vestido escotado le realzaba las tetas. -Aprovéchame hoy que estoy botada -dijo. Me agaché delante Abril y, estando ella de pie, metí las manos por debajo de su vestido y lo alcé hasta el abdomen. Su panty era color rosa. Se lo bajé. El chocho era de una transparente tonalidad dorada, estaba impoluto y sin un vello. La coloqué a horcajadas, con mi cabeza metida entre sus piernas, y comencé a extraer la miel de su interior, pasando la lengua por su ano también. Abril estaba limpiecita y de su sexo sólo brotaba miel blanca. Cuando ya estuvo bastante mojada me levanté y Abril se acomodó de espaldas, arrodillada en una silla, y le atravesé el corazón del chocho con mi pene. Agarrándole el pelo le arreaba embestidas animales para ver si trataba de puyarle el hígado. Pero me topaba con un cielo de carne interior. -¿Te gusta? -le decía. -¡Ay Ennio me encanta qué rico…! En el momento en que sentí que iba a acabar, apareció un cliente en la terraza dirigiéndose a la entrada. Saqué el pene de la vagina de Abril y, cuando lo hice, sonó como si fuese una ventosa. Solo boté un chorrito de esperma que manchó mi pantaloneta al guardar el pene. La acción quedaba aplazada por lo pronto. Y también había que dejar a mi amigo en reserva para lo que se venía. 

— Ennio Laverga

7 de agosto de 2026

visibility 25 lecturas chat_bubble0
Ennio Laverga

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

0 comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
Sé el primero en comentar.

Sigue leyendo

Otros relatos hetero: general

Intruso

Hetero: General

Intruso

Ennio LavergaEnnio Laverga·hace 5 horas
schedule 2 min
visibility 7favorite 0chat_bubble 0
Fotos

Hetero: General

Fotos

sabrosoenlavidasabrosoenlavida·hace 2 días
schedule 1 min
visibility 403favorite 0chat_bubble 1
De los últimos ?

Hetero: General

De los últimos ?

sabrosoenlavidasabrosoenlavida·hace 5 días
schedule 2 min
visibility 458favorite 4chat_bubble 1

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad