Hola, les contaré cuando por fin la parla de "si quieres te hago un masaje en la espalda" me salió completamente bien.
Me presento: soy alto, mido 180, con piel morena, trocito y, gracias a Dios, bendecido con una buena herramienta.
Un día, por Facebook Parejas, comencé a chatear con una chica muy linda. Ella es una webcam muy reconocida, pero yo no sabía en ese momento. Solo les diré un poco de su físico: un culo de esos ricos, bien formadito pero no grande; tetas hechas de 400 cc; piel un poco más clara que la mía; muchos tatuajes; cuerpo delgado y una cara preciosa. Para efectos de narrativa, le llamaremos Foxy.
Yo abrí la conversación hablando de algo que no era ella, y de a poco fuimos conociéndonos hasta que me aceptó salir a cenar unos 4 días después de hablar. Aún no sabía que era webcamer.
Cuando salimos, estaba espectacular: un vestido de látex ceñido al cuerpo que destacaba todas y cada una de sus deliciosas curvas. Pasé a recogerla en mi carro y, afortunadamente, yo estaba bien vestido y con una buena loción. Al verla me volví bastante tímido, pero a lo largo de la noche fui cogiendo más confianza.
En la cena, preguntas van y preguntas vienen, cuando me entero de que ella hacía contenido. Mi respuesta fue: "Ah, qué bien, eres influencer". Ella se echó a reír de forma pícara y dijo: "No, soy webcam". Y yo: "Ah, no me lo imagine de verdad" (aunque el vestido delicioso, pero sí la hacía ver muy grilla).
Para acortar, hablamos toda la noche y, ya siendo la una de la mañana, le dije que la llevaba a su casa y me dijo que estaba bien. Durante la ida, las luces de la ciudad se reflejaban en esas jugosas tetas y me distraían mucho. Yo creo que se dio cuenta porque me empezó a hablar de expectativas y cosas para distraerme, cuando se le salió que tenía mucho dolor en la espalda.
Mi respuesta fue: "Oye, yo soy médico. Déjame revisarte y, si quieres, te hago un masaje que te ayude con el dolor". Ella me miró fijamente y yo dije en mi mente: Verga, la cagué. Pero me respondió que sí de una, que no me había preguntado antes mi profesión, pero que le gustaba la idea.
Llegamos a su apartamento, espectacular, iluminado justo con tonos cálidos y oscuros. Me dijo: "Ojalá tuviera un mojito para tomar mientras me atiendes". Yo le dije que si tenía los ingredientes, yo se lo hacía en un seg, y me dijo que tal vez y teníamos casi todo. Le preparé una jarra de mojito entre risas y me dijo que por qué no hacía uno, y le dije que era porque iba en el carro.
Fuimos a su cuarto y le dije: "Está bien, acuéstate de espaldas, yo te reviso, pero debes quitarte la ropa hasta la cintura para poder verte bien". Se volteó y se la quitó como si nada, sin contar que el cuarto es de esos que una de las paredes es un ventanal, y yo estaba viendo esas ricas tetas por el reflejo y se me estaba poniendo duro.
Se acostó y empecé a revisarla. Tenía la espalda definida, marcada por el gym, con los agujeros de Venus, y olía delicioso. Casi que me saboreaba por tocarla. Comencé a revisarla y ella colocó música. Le dije que tenía un espasmo y que si tenía aceite, le hacía un masaje corto para ayudarla. Ella me señaló dónde tenía aceite Johnson, y yo comencé por sus hombros y su cuello. También bajaba las manos hacia el frente de su pecho y tocaba un poco esos senos que me tenían loco.
Empecé a bajar lentamente haciendo presión en su dorso, sus escápulas y su columna, y ella se sentía con una respiración profunda. Cuando llegué a su cintura, ella me dijo: "Por favor, no me toques la nalga". Y yo le respondí: "Claro, no te preocupes. A cambio, también te hago en las piernas".
Continué con el masaje. Ya mis manos y su piel estaban calientes por la fricción. Lentamente subía desde las piernas y empezaba a moverlas de forma que también se le moviera el culo, y lo mismo cuando volvía a la cintura. Lentamente avanzaba para agarrarle el culo, y ella cada vez respiraba más hondo, hasta que comenzó a mover esa nalguita a los lados. Yo me di cuenta de que ya estaba caliente porque le podía ver un panti rojo mojadísimo, tanto que se escapaba el líquido por los lados.
Entonces aproveché y le agarré duro las nalgas. Eso hizo que se llevara las manos al pecho y empuñara ambas manos. Miré su rostro y se mordía los labios. Eso me dijo que podía seguir. Empecé a tocar esa pussy húmeda por encima y a meterle un dedo hasta el fondo, y me dijo: "No, pará, no más. Quiero que me lo metas ya".
Se terminó de quitar el vestido y salió corriendo en brinquitos hasta su clóset. A los dos minutos salió con un modelo de vibrador que jamás había visto. Me miró y me dijo: "Ya empezó el juego, ¡lo tienes que acabar!". A mí, la verdad, se me salió una sonrisa de lado a lado y le dije: "Venga, pues".
Saltó a la cama, se puso boca arriba y abrió sus piernas. Y ahí estaba esa pussy rosadita, mojadita, y a mí se me hacía agua la boca. Comencé a hacerle sexo oral y a comerme esa cosita con la cara hasta el fondo, y con mis manos le agarraba esas tetas. Foxy puso el vibrador en su clítoris pequeñito mientras yo lamía desde abajo hacia arriba, y me responde: "¡Hpta, te la comes muy rico! Vení, que te lo quiero mamar".
Procedió a desabrocharme el pantalón y yo ya estaba duro y mojado. Me quité el pantalón y el boxer, y comenzó a mamarme la verga como nadie me había mamado antes. Parecía una mamada de película porno. Uff, solo acordarme me hace excitar.
En un momento le dije que ya quería metérselo y que no me importaba tener condón, que quería sentirla a ella. Ella me vio y me dijo: "Qué hptas", y se sentó encima de mi verga. Procedió a cabalgarla como una estrella porno, y yo ver cómo esa pussy se come todo, y estaba caliente y mojada, me hacía sentir más duro.
Llegué a un punto que dije: "Hay que cambiar de posición porque me va a hacer venir rápido". Y con fuerza la tiré a un lado y me hice encima. Le dije: "Me toca darte a mí", y comencé a penetrarla duro, tanto que se movían esas deliciosas tetas. Comencé a chuparlas mientras ella me agarraba del cabello y me arañaba la espalda.
Fui a besarla, pero me dijo que ella no se besaba con cualquiera, que eso era especial. Y le respondí: "Está bien, algo se tienen que guardar las putas en la cama". Me miró, sonrió y me dijo: "Mierda, me encanta que me trates así".
La puse en cuatro mirando hacia el ventanal y le dije: "Quiero que veas cómo eres la perra del médico esta noche". La agarré duro de la cintura y con toda la fuerza que tenía la empecé a envestir, cada vez un poco más rápido, hasta que encontré el ritmo que le gustaba. Luego bajó las manos y puso su cabeza en la cama. Me dijo que se iba a venir, que no fuera a parar, por lo que la agarré de las manos y le dije: "Yo soy tu dueño y paramos cuando yo quiera. Y quiero que te vengas sobre toda esta cama". Acto seguido, se vino en squirt y mojó toda la cama.
Me dijo: "Tú no te has venido". Y le dije que no, que todavía faltaba un poco más. Pidió que se la metiera en el culo, que era como más le gustaba para que me viniera dentro. Ya estaba cansado porque estaba de pie y llevábamos unos 20 minutos follando, por lo que le dije que se hiciera arriba, que me gustaba ver a las putas cabalgando. Y con una sonrisa en la cara y sin decir nada, lo hizo solita. Me cabalgó hasta hacerme venir.
Quedamos uno al lado del otro. Al rato le ayudé a cambiar el tendido y me dijo que hacía mucho quería culear y que le encantaba que se lo haya hecho duro. Me vestí, nos despedimos de un abrazo y al día siguiente me dijo que quedábamos como amigos porque ella solo se acostaba con alguien una sola vez, a menos de que fuéramos a ser pareja. Y yo novia no quería en ese momento, por lo que hablamos de vez en cuando, pero el recuerdo, cada que puedo, me pone caliente.
La moraleja de la historia es: no se queden a solas cuando están con un médico.








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