Sexpedientes: el poder de contar lo que ocultamos detrás de una máscara
Historias de infidelidad, identidad, fantasías, maternidad, errores y relaciones llegan a Sexpedientes amparadas por el anonimato. El proyecto colombiano convirtió esas confesiones en un videopodcast y, posteriormente, en una experiencia en vivo en la que el humor convive con conversaciones profundamente humanas.
Durante el AEFEST de Bogotá conocimos a Eduardo, presentador y director de Sexpedientes, un proyecto que encontró en las máscaras algo más que un elemento visual: una herramienta para que las personas puedan hablar de su sexualidad y de sus relaciones sin cargar con el miedo a ser reconocidas o juzgadas. Junto a Eduardo, Sexpedientes reúne a siete presentadores: Bellota, Vergueta, Chonguito, Trinity, Alberto, Kaori y Cristi Ano. Cada uno aporta su propia personalidad, manera de preguntar y perspectiva sobre las historias.
Aunque sus episodios tienen títulos provocadores, detrás de ellos aparecen historias sobre identidad, amor, familia, salud sexual, infidelidad, maternidad y aceptación. Para Eduardo, esa dimensión humana es precisamente la que ha permitido que el proyecto trascienda la curiosidad inicial y construya una comunidad alrededor de experiencias que muchas personas nunca se atreverían a contar públicamente.
Del comedor de una agencia a Spotify
La idea nació hace varios años en el comedor de una agencia de publicidad. Durante los almuerzos, personas de diferentes edades, profesiones y contextos terminaban compartiendo historias sobre sexo, relaciones y experiencias personales. Eduardo comenzó a notar algo: sin importar el género, la religión, la posición política o el nivel socioeconómico, casi todos sentían curiosidad por escuchar aquellas historias cuando eran contadas desde un lugar distinto al morbo.
Más que buscar detalles explícitos, querían conocer el chisme, entender otras realidades y aprender de las experiencias ajenas. La primera versión de Sexpedientes fue un pódcast de audio publicado únicamente en Spotify. Cuando el programa comenzó a crecer más de lo esperado, sus creadores decidieron llevarlo a las redes sociales, producir videos para YouTube y construir una identidad visual propia. Fue entonces cuando aparecieron las máscaras.

La historia con la que comenzó todo
El primer episodio surgió casi por accidente durante una reunión entre amigos. Uno de ellos acababa de regresar de Medellín, donde había conocido a una mujer. Según contó, posiblemente la había embarazado y ella le pedía dinero constantemente para realizarse diferentes pruebas. Mientras escuchaban la historia, los demás comenzaron a atar cabos y plantearon la posibilidad de que estuviera siendo estafado. Llegaron las teorías, las preguntas, el chisme y las risas. La conversación fluyó de tal manera que decidieron grabarla, aun sin saber exactamente en qué podía convertirse.
“Lo pasamos increíble, nos reímos muchísimo y aprendimos de la historia. Sobre todo, descubrimos que teníamos algo que queríamos seguir haciendo”.
Desde entonces, Sexpedientes no ha dejado de escuchar historias.
El poder de la máscara
Para Eduardo, conseguir que una persona relate públicamente una experiencia íntima comienza mucho antes de encender las cámaras. Los invitados llegan al estudio, conocen a los presentadores y conversan previamente sobre la historia. También establecen qué asuntos no quieren tocar, qué les produce incomodidad y qué comentarios prefieren evitar.
El propósito es que la grabación se parezca a una conversación entre amigos: sin señalamientos, lecciones morales ni juicios sobre lo que está bien o mal. A esa sensación de seguridad se suma lo que en el programa denominan “el poder de la máscara”.
Cuando una persona sabe que su identidad está protegida, explica Eduardo, cambia su manera de hablar. La máscara no solamente oculta un rostro: también reduce el temor al juicio, la vergüenza y las posibles consecuencias de reconocer públicamente una experiencia.
Así han escuchado confesiones sobre infidelidades, fantasías, errores, encuentros incómodos, decisiones lamentadas y situaciones que algunos invitados nunca habían podido compartir con nadie. El anonimato, sostiene, no necesariamente lleva a exagerar. En muchos casos ocurre lo contrario: permite que las personas sean más honestas.
“La conversación deja de ser sobre qué van a pensar de mí y empieza a ser sobre lo que realmente viví”.
Historias que empiezan hablando de sexo
En los canales de Sexpedientes pueden encontrarse títulos como Un polvo sin condón me dañó la vida, Embaracé a mi amante, una mujer casada, Tengo un hijo con mi cuñado, Ella me salió con sorpresa o Me gusta ver a mi esposo con otras.
Son nombres diseñados para llamar la atención, pero las conversaciones no siempre permanecen en el terreno sexual. Eduardo recuerda, por ejemplo, la historia de una pareja heterosexual en la que el hombre comenzó a trabajar como modelo webcam y se caracterizaba como mujer. Durante esa experiencia empezó a explorar su identidad de género y posteriormente inició una transición. En medio de todos esos cambios, la pareja decidió permanecer unida, continuar construyendo su familia y tener un hijo.
También han recibido a una mujer que ejerció el trabajo sexual dentro de una cárcel; a un hombre bisexual que participó en un encuentro con 15 hombres; a hombres que descubrieron que los hijos que estaban criando no eran biológicamente suyos, y a mujeres que debieron afrontar la maternidad siendo muy jóvenes.
“Las historias empiezan hablando de sexo, pero terminan hablando de identidad, amor, familia, decisiones, miedo, aceptación y de la capacidad de adaptarnos y seguir adelante”, afirma Eduardo.
Cuando el programa se convierte en confesionario
Con el tiempo, Sexpedientes también comenzó a funcionar como una especie de confesionario. Algunos invitados terminan la grabación diciendo que la experiencia se sintió como una terapia. Necesitaban hablar, liberar algo que habían guardado durante años y comprobar que podían ser escuchados sin recibir una condena.
Esto no significa que el programa se presente como un espacio terapéutico o profesional. Su valor está en facilitar una conversación en la que una persona puede narrar su experiencia y encontrar, al otro lado de la máscara, una escucha genuina. Para sus creadores, el bienestar del invitado debe estar siempre por encima del episodio.
Los límites del entretenimiento
No todas las historias que reciben llegan a convertirse en un programa. Los presentadores realizan un filtro para determinar si existe una conversación que aporte algo al público y si el relato encaja con el espíritu de Sexpedientes.
Que una confesión sea polémica o íntima no resulta suficiente. El equipo busca identificar qué puede aprenderse, enseñarse o hacerse visible a partir de ella. Durante la grabación también observan las reacciones del invitado. Si la conversación se vuelve emocionalmente demasiado intensa, hacen una pausa, hablan con la persona y le permiten decidir si desea continuar.
“Una buena historia nunca está por encima de la persona que decidió venir a contarla”.
Gracias a los filtros previos, no han tenido que cancelar una grabación por haber cruzado un límite ético o legal. Sí han rechazado numerosas historias porque no contribuyen a lo que desean construir o porque no coinciden con la identidad del proyecto.
Un país caliente, pero “morrongo”
Después de escuchar tantas experiencias, el equipo ha descubierto que la vida sexual y sentimental de los colombianos es mucho más compleja de lo que suele mostrarse públicamente. Uno de los patrones que más se repite es el apego emocional: personas que permanecen durante años en relaciones que dejaron de aportarles bienestar, esperando que el otro cambie o que la situación mejore.
También encuentran una contradicción cultural. Colombia es una sociedad curiosa, apasionada y profundamente sexual, pero todavía muy reservada al momento de hablar abiertamente sobre lo que ocurre en la intimidad.
“Somos muy calientes, pero también muy morrongos”.
El temor al qué dirán continúa marcando la manera en que muchas personas viven su sexualidad. Se practica mucho más de lo que se reconoce y, en ocasiones, se prefiere ocultar una experiencia antes que conversar sobre ella con naturalidad.
Del estudio al espectáculo en vivo
Sexpedientes dejó de ser exclusivamente un videopodcast y comenzó a realizar espectáculos con público. El formato conserva el humor, las historias y las preguntas incómodas, pero incorpora juegos, concursos e interacciones en directo.
El equipo mantiene una regla clara: hablar libremente de sexualidad no significa producir un espectáculo explícito. Puede haber besos o dinámicas en el escenario, pero todo debe ser consensuado y desarrollarse dentro de límites que permitan una experiencia segura. En una ocasión, durante un concurso, varias asistentes decidieron mostrar sus senos. En otra dinámica de baile, algunas personas comenzaron a quitarse la ropa. Ninguna de las dos situaciones estaba planeada ni formaba parte de lo permitido por la organización.
La experiencia les enseñó que en un show en vivo no basta con definir previamente lo que se quiere hacer. También es necesario contar con protocolos para reaccionar ante comportamientos inesperados y evitar que una dinámica espontánea transforme la naturaleza del espectáculo.
No van solamente a escuchar secretos
Quien llegue a un show de Sexpedientes buscando contenido explícito probablemente se sentirá decepcionado. Quien conozca el proyecto encontrará otra cosa: historias, humor, experiencias, conversaciones y la posibilidad de reconocerse en la vida de alguien más. Después de tantos episodios, el equipo ha identificado patrones que aparecen una y otra vez: infidelidades, inseguridades, fantasías, primeras experiencias, relaciones complicadas y decisiones que posteriormente se convierten en aprendizajes.
Allí radica buena parte del atractivo del proyecto. Algo que inicialmente parece extraño o excepcional puede generar en otra persona un pensamiento liberador: “A mí también me pasó”. Escuchar la historia de un desconocido termina siendo muchas veces, una forma de comprender la propia.

Mucho más que una máscara
Actualmente existen numerosos creadores hablando sobre sexo y relaciones. Para Eduardo, la diferencia de Sexpedientes se encuentra en la combinación de historias reales, anonimato, humor, curiosidad y una producción cada vez más profesional. Las máscaras construyeron una identidad visual fácilmente reconocible, pero no serían suficientes por sí solas. Cada presentador aporta una personalidad, una manera de preguntar y una lectura diferente de lo que escucha. Esto permite que la conversación tenga varios puntos de vista y que la audiencia pueda identificarse con distintos integrantes.
“Sexpedientes no se trata solamente de hablar de sexo. Se trata de cómo hablamos de sexo: con humor, curiosidad, honestidad y sin juzgar”.
Hablar también transforma a quien escucha
Los invitados no son los únicos que salen transformados de las conversaciones. Los presentadores también han modificado sus ideas sobre el sexo, el amor y las relaciones.
Eduardo reconoce que antes entendía la sexualidad de una manera más enfocada en el resultado y en el cumplimiento de determinadas expectativas. Ahora la concibe como una experiencia que requiere conocer el cuerpo del otro, prestar atención a sus reacciones, preguntar y aceptar que cada persona disfruta de manera diferente. Sexpedientes también le ha enseñado a normalizar aquello que no siempre sale como se esperaba: las inseguridades, la falta de deseo, las dificultades para mantener una erección, no saber exactamente qué gusta o necesitar tiempo para aprender a comunicarse sexualmente.
La gran conclusión después de escuchar tantas confesiones parece sencilla, aunque llevarla a la práctica no siempre lo sea: la comunicación es una parte fundamental de la sexualidad. Poder expresar qué nos gusta, qué preferimos evitar o qué sentimos curiosidad por probar puede cambiar completamente una experiencia. No se trata de alcanzar la perfección, sino de conocerse, comunicarse y disfrutar con mayor libertad y conciencia.
Entrevista breve con Eduardo, director de Sexpedientes
¿Qué papel tienes dentro del proyecto?
Soy presentador y director de Sexpedientes. También estoy detrás de la construcción del concepto, la producción, la parte técnica y la forma en la que contamos las historias.
¿Cómo consiguen que los invitados confíen en ustedes?
La confianza empieza antes de encender las cámaras. Primero nos conocemos, conversamos sobre la historia y entramos en confianza. En ese momento se dan cuenta de que Sexpedientes funciona como una conversación entre amigos.
No estamos para juzgar ni para señalar qué está bien o mal. Escuchamos, hacemos preguntas, nos reímos cuando la historia lo permite y buscamos comprender y aprender de las experiencias de los demás.
¿Han tenido que rechazar historias?
Sí, hemos rechazado muchas, aunque no necesariamente por ser demasiado controversiales. Algunas no aportan a lo que buscamos construir o no coinciden con el espíritu del programa.
Tenemos varios filtros antes de grabar y sabemos qué temas queremos abordar. Nunca hemos tenido que detener una grabación por cruzar un límite ético o legal, pero sí hemos hecho pausas cuando una conversación se vuelve emocionalmente muy fuerte.
¿Qué han aprendido sobre las relaciones de los colombianos?
Algo que se repite mucho es el apego emocional. Hay personas que permanecen durante años en relaciones que ya no les aportan bienestar, esperando que la otra persona cambie o que las cosas mejoren.
También seguimos teniendo muchos tabúes. Somos una sociedad sexual, curiosa y apasionada, pero bastante mojigata al momento de hablar abiertamente de lo que hacemos.
¿Qué diferencia a Sexpedientes de otros proyectos sobre sexualidad?
La personalidad de los presentadores y la manera profesional y divertida en la que hacemos el programa. No buscamos generar morbo simplemente por generarlo. Disfrutamos hablar de estos temas, conocer experiencias, reírnos y aprender cosas que puedan ayudarnos a disfrutar mejor nuestra sexualidad y nuestras relaciones.
El anonimato y las máscaras son fundamentales, pero la máscara por sí sola no sería suficiente. Lo que le da vida al concepto es la forma en la que contamos las historias.
Después de tantos episodios, ¿qué idea cambió en ti?
Antes veía el sexo de una manera mucho más enfocada en el resultado y en cumplir ciertas expectativas. Ahora entiendo que hay mucho más detrás: conocer el cuerpo de la otra persona, prestar atención, preguntar, escuchar y aceptar que cada persona disfruta cosas diferentes.
También aprendí que la comunicación es fundamental. Poder decir qué te gusta, qué no, qué quieres probar o qué prefieres evitar, sin vergüenza ni miedo a ser juzgado, puede cambiar completamente la experiencia.
¿Dónde encontrar Sexpedientes?
Sexpedientes publica semanalmente sus historias y conversaciones en Instagram, YouTube y Spotify.
Fotos: cortesía Sexpedientes Secretos


