La tarde languidecía en la habitación, el aire acondicionado luchando una batalla perdida contra el calor húmedo que se filtraba por la ventana y el olor de sexo que aún estaba en mi habitación la loción del macho que me había dominado unas horas antes, el olor de sexo y semen era muy fuerte en el ambiente que era el eco de la respiración agitada del oficial aún parecía estar en el ambiente cuando un golpe seco y rítmico golpeo en la puerta. Quede inmóvil en la cama, el olor a sudor y loción de macho y a su semen todavía impregnando su piel, mi ano con semen seco que escurrió hacia mis huevos al dormir boca arriba. Abrí la puerta y allí estaba él, sonriendo, y con él dos hombres más. Ambos tenían la misma estampa de autoridad y madurez, aunque sus rostros eran menos surcados por el tiempo, más jóvenes, pero portaban la misma seguridad en la mirada, la misma energía contenida. Sus torsos robustos, dorados por el sol me deleitaron el ojo y, sobre todo, resaltaban los abultamientos prominentes en sus entrepiernas, una promesa silenciosa y directa de lo que buscaban, no se necesitaba ser adivino o vidente.
El oficial original hizo una pausa, su mirada pasando de él a sus compañeros y de vuelta a él. «Quería que los conocieras», dijo, su voz un murmullo bajo y controlado. ' Mucho gusto" les dije, "Son casados como Yo, con los mismo gustos y queremos ver si es posible participar todos. Pero claro respetando tus límites. Sin no quieres sexo grupal, o si quieres " mostrando una sonrisa picara. Palabras que quedaron flotando entre ellos, una formalidad casi irrisoria dada la intensidad de sus miradas, sin dejar de verme con lujuría y deseo, solo vestido con mi tanga. Los otros dos me observaban con una curiosidad carnal, sin disimulos, como si estuvieran evaluando una pieza de carne que estaba a punto de ser servida. La escena me erizó la piel. La idea de ser el centro de atención, de ser observado mientras era usado, encendió una chispa en mi bajo vientre. La tensión en el aire era tan densa que se podía cortar. «No hay problema, solos o en grupo si eso quieren », respondí, con voz más firme de lo que esperaba, quien me oyera pensaría que estaban hablando con una puta.
La sonrisa del oficial se ensanchó. «y Yo pensando en un trío secuencial y tu pensabando en una orgía», propuso, articulando cada palabra con precisión. «Yo nos veíamos uno actuando y los otros dos esperando su turno y mira lo que quiere la perra». El plan era claro, una violación a su propia regla presentada como un respetuoso compromiso. La excitación ganó la partida a cualquier reticencia. Asentí y me aparte de la puerta, invitándolos a entrar. Cerré y sonó fuerte cuando hundí el boton de cierre del picaporte, un sonido que sellaba mi destino para las próximas horas, mire unos segundo la puerta y me volví a ellos y los vi, los tres, de pie junto a la cama. Sin decir palabra, empezaron a desvestirse, se quitaron sus pantalonetas y los bóxer en un movimiento casi sincronizado - pense al fin de cuentas militares. Y entonces vi: tres vergas, ya semierectas, libres y hambrientas. Eran animales, sí, y su presa estaba a su merced.
Uno de ellos, el más alto y moreno de los nuevos, me tomó por los hombros y me giró. «En cuatro», ordenó, no con rudeza, sino con una certeza que no admitía discusión. Me posicionó sobre la cama, las palmas de las manos y las rodillas hundidas en el colchón, mi culo expuesto y en el aire. Sentí el peso de sus tres miradas, una carga física que me hacía temblar de exitación. El primero en acercarse fue el oficial original. Sentí sus manos en sus nalgas, separándolas, y el calor de su aliento en mi ano diciéndome perra estas aun rellena de mi leche, tomo la crema ky aplico en sus dedos y me dio una pasada larga y húmeda, metiéndome los dedos. Gemí, arqueando la espalda. Luego, se colocó detrás y, sin más preámbulos, me clavó hasta el fondo. El golpe me robó el aliento. Empezó a darme, lento al principio, luego con una velocidad feroz que hacía que la cama crujiera.
Asi estuvo unos minutos, se retiró y fue reemplazado por el segundo, el de complexión más delgada pero con una verga sorprendentemente gruesa. Él fue más brusco, agarrándome de la cadera con tanta fuerza que sus dedos se marcaron en mi piel. Mientras lo follaba, el tercero, el más joven de todos, se subió a la cama y se arrodilló frente a mi. Su verga erecta me rozaba los labios. Abri mi boca y la dejó entrar, saboreando su sabor a piel limpia y a líquido preseminal. El ritmo se volvió caótico. Uno me embestía por detrás mientras el otro me llenaba la boca, no era posible dar ritmo a los dos, era un caos sexual delicioso, mis caderas a un ritmo y mi cabeza a otro. La sensación de ser usado en ambos extremos era abrumadora, una oleada de placer y sumisión que me anegaba por completo.
La rotación continuó. En un momento, me hicieron sentar sobre uno de ellos, el militar grande y canoso que me había iniciado y era el responsable de todo esto. Me monte sobre su verga, deslizándose hasta que hube tragado cada centímetro y su verga completa se perdia en mi ano. Desde esa posición, miró al otro, el de la verga gorda, y le pidó con la voz quebrada: «Ponte detrás de mí y clávame». Él entendió de inmediato. Se colocó a mis espaldas y, con una paciencia tortuosa, fue introduciendo su miembro junto al de su amigo. Senti mi ano estirarse dilatandose lo posible para tolerar las envestidas de dos machos bien dotados, una sensación de plenitud incomoda al principio, rara vez dolorosa, la experiencia de muchas dobles penetraciones anteriores y exquisita cuando ya se llega al punto de placer. Dos vergas dentro de mi al mismo tiempo, una de las experiencias más deliciosa del sexo entre machos. No me duele, pero a ls machos les fascina sentir que a uno le duele asi que Gritó, un sonido agudo casi femino que no se reconocía como mio, como el de una damisela que están violando. Justo entonces, el tercero se montó encima de la cama, a su altura, y me introdujo su verga en la boca de nuevo. Estaba lleno. Por completo.
Así rotaron, uno tras otro, una sinfonía de carne y sudor. Hasta que la escena se repitió con el militar grande debajo mio, su verga clavada en mi culo mientras su amigo me follaba por detrás. Él me miró a los ojos, su respiración agitada. «Sácatela», me dijo. «Quiero ver como estas de excitada perra». Nege con la cabeza, la verga del otro todavía en mi boca. «Me da pena», balbuce. «Puedo correrme en cualquier momento, y salpicarte todo». «Hazlo», insistió, su voz un rugido bajo y en tono de mando. «Sácatela y que tu verga pegue en mi barriga». Cedi, saque mi verga por encima de la tanga se liberó de su presión en la prisión de tela, que saltó tiesa y golpeando su panza con cada embestida que recibía. Sintí como el ritmo de todos aumento y no paso mucho y el calor del semen de los dos en mi culo eran depositados con gran brio, sintiendo sus contracciones, gemidos y chorreando en mi interior, lubricando cada golpe. No aguante más. Un espasmo recorrió mi cuerpo y el orgasmo le explotó. Chorros espesos de semen salieron de mi verga, cayendo sobre su barriga, otra contraccion y salpique su pecho y otra salpico su cara, su bigote y barba de dias y llego hasta su pelo canoso. Me temblaban las piernas, un temblor incontrolable de pura descarga, mezclada por pena, a muchos machos no les gusta que pase eso.
Cai en el pecho de el, enbardumandome de mi leche, y moviendo mi pechopara sentir su olor de sudor y semen, mi semen. Cuando me recupere, el último de ellos, el que aún no había terminado, se colocó detrás mio. Mi cuerpo era un instrumento dócil, rendido. Empezó a darme, rápido y profundo yo boca abajo, con las piernas cerradas, el encima abierto de piernas, buscando su propio clímax, me la entierra en el ano. A un ritmo impresionante, no tardó en llegar. Con un gruñido profundo, se vació dentro de mi, añadiendo su carga al ya copioso depósito de semen que tenía en mi culo. Y quede allí, sobre la cama, con el cuerpo cubierto de fluidos, temblando y agotado. Mire a los tres hombres, que se vestían en silencio. En ese instante lo entendí con una claridad real y excitante. Esos días, mientras la obra estuviera paralizada, iban a ser de mucho sexo. Porque ellos, los tres, no tenían ninguna intención de detenerse. Y Yo, en el fondo o bueno no tanto, tampoco tenía ganas de que fuera diferente.
Seguiré con una tercera parte.






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