Nunca habíamos visitado el municipio y, casi sin planearlo, terminamos hospedados en un lugar campestre rodeado de naturaleza, nuestra cabaña estaba apartada de las demás, con un pequeño bosque y un arroyo detrás, y una terraza al frente desde donde se veía el paisaje y las otras cabañas. La primera noche todo comenzó de una manera completamente romántica, después de cenar en el pueblo, regresamos a nuestra cabaña y ella sacó la sorpresa que había preparado: una botella de vino, velas y aquella tranquilidad que solo se consigue cuando estás lejos de todo.
Entre copas, conversación y el sonido del bosque, la noche fue avanzando hasta que terminamos en la habitación, dejándonos llevar por el deseo, pero después de aquel primer momento, algo cambió. Mientras seguíamos juntos, empezamos a hablar de fantasías que hasta entonces nunca habíamos confesado, la conversación fue subiendo de tono hasta llegar a una idea que nos sorprendió incluso a nosotros mismos: la posibilidad de que alguien pudiera descubrirnos, no sabíamos si realmente nos atreveríamos, hasta que nos atrevimos.
Salimos de la habitación en plena madrugada, el aire frío contrastaba con el calor que llevábamos encima, la terraza estaba completamente expuesta hacia las otras cabañas y, aunque no sabíamos si alguien nos veía, precisamente esa incertidumbre era lo que hacía que todo resultara mucho más excitante.
Inclinada sobre la baranda de la terraza de la cabaña, a la posible vista de las demás personas que habitaban las cabañas, iniciamos la penetración que por la excitación y el morbo que a ella le provocaba estar corriendo el riesgo de ser vista, estaba tan húmeda que ocurrió de forma suave, directa, fluida y muy fuerte. La intensidad hizo que fueran un poco rudos los movimientos y en el silencio de la noche se tradujo en el sonido inconfundible del sexo, mientras ella intentaba conservar el silencio pero no lograba contener sus delicados gemidos por el placer que aquella locura le producía, no pasó mucho tiempo hasta que la misma incertidumbre de estar siendo vistos que nos producía tanto placer, se apodero de nosotros y se convirtió en temor, acelerando las acciones y empujándonos a interrumpir de forma abrupta y entrar corriendo a la cabaña, cerrar la puerta y retomar rápidamente todo en la cama, acabamos a los pocos instantes de forma incontenible debido a la lujuria y adrenalina que teníamos.
Fue un primer paso hacia la apertura que sin duda permitió el inicio de muchas experiencias nuevas y aceptación de algunas fantasías que antes parecían impensables y dejaron de serlo.








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