La agarré, la tiré en el sofá y le subí la blusa de un jalón. Le chupé los pezones duro mientras le metía la mano entre las piernas. La pucha ya estaba mojada.
Me bajé el pantalón, le abrí las piernas y se la embrocé de una. Empecé a culiarla fuerte, escuchando el sonido húmedo de la pucha cada vez que entraba hasta el fondo. Ella gemía con la boca abierta, agarrándose las tetas y mirándome con esa cara de puta.
—Más duro… úsame… —me decía.
Me vine adentro, llenándola. Cuando saqué la verga, el semen le empezó a salir de la pucha y resbalarle por el culo. Ella se quedó ahí, respirando agitada, con las piernas abiertas.
—Vamos a salir —le dije.
Se limpió un poco, se puso un vestido corto sin nada debajo y salimos. Caminamos un rato por el barrio. Yo ya tenía la idea en la cabeza. Vimos a un man solo en la esquina, de unos treinta años, bien armado. Me le acerqué y le hablé directo:
—Mi mujer quiere otra verga esta noche. ¿Te la quieres culiar?
El man nos miró, miró a ella (que estaba ahí con las tetas casi saliéndose del vestido) y aceptó de una. Nos fuimos los tres en un taxi hasta un motel de paso. Pedimos una habitación por horas.
Apenas entramos, ella se quitó el vestido y se quedó desnuda. Esas tetas enormes cayeron pesadas. El man se le tiró encima, le chupó los pezones y le metió los dedos en la pucha. Ella se dejó hacer, mirándome mientras gemía.
Yo me senté en la silla a ver. El man se bajó el pantalón, sacó una verga gruesa y se la embrocó de un solo empujón. Empezó a culiarla duro, bien profundo, haciendo que las tetas le rebotaran.
—Así… más fuerte… reventame la pucha —le decía ella.
Yo me saqué la verga y me la sobaba viéndolos. Después me acerqué, le puse la verga en la boca y ella me la chupó mientras el otro se la seguía culiando. El sonido era un chap-chap sucio de pucha bien culiada mezclado con los chupidos de ella.
En un momento la volteamos. El man se acostó en la cama y ella se le montó encima, abriendo las piernas y metiéndosele la verga despacio en la pucha hasta que se la tragó completa. Se quedó un segundo sintiéndola adentro, moviendo la cadera en círculos. Yo me paré detrás de ella, le abrí los cachetes del culo con las manos y le escupí directo en el agujero. Le metí un dedo primero, después dos, abriéndola despacio mientras ella gemía y empujaba hacia atrás.
—Métela… quiero las dos vergas adentro —pidió, con la voz ya temblando.
Le puse la punta de la verga en el culo y empecé a empujar. Al principio costó, el agujero estaba apretado, pero ella se empujó hacia atrás y la cabeza se le metió de golpe. Soltó un gemido largo, casi un grito, y se agarró del pecho del otro man. Seguí metiéndola centímetro a centímetro hasta que se la enterré completa. Quedó llena de las dos vergas al mismo tiempo: una reventándole la pucha y la mía enterrada hasta los huevos en el culo.
Empezamos a culiarla entre los dos. Al principio despacio, coordinando los movimientos para que sintiera cómo las dos vergas se rozaban por dentro, separadas solo por esa pared delgada. Ella temblaba, la boca abierta, la lengua afuera, babando. Cada vez que yo entraba hasta el fondo, el otro salía un poco, y viceversa, creando un vaivén que la tenía loca.
—Hijueputa… las siento las dos… me están abriendo toda… no paren… —gemía, con la voz quebrada.
Le agarré las tetas por detrás y se las apreté fuerte mientras le daba más duro en el culo. El man debajo de ella también empezó a empujar hacia arriba con fuerza. El sonido era obsceno: el chap-chap mojado de la pucha mezclado con el sonido más seco y apretado del culo siendo culiado. Ella gritaba cada vez que las dos vergas se le metían al mismo tiempo hasta el fondo.
Sudaba, le temblaban las piernas, se le salía la baba. En un momento se corrió tan fuerte que se le puso el cuerpo duro y empezó a apretar las dos vergas por dentro a la vez. El man no aguantó y se vino adentro de la pucha, llenándola a chorros. Yo seguí culiándole el culo más rápido, más profundo, sintiendo cómo el semen del otro le salía por los lados de la pucha y le resbalaba hasta el culo. Poco después me vine también, descargándole todo el semen bien adentro del culo mientras ella seguía temblando y gimiendo.
Cuando sacamos las vergas, ella se desplomó sobre el pecho del otro man. La pucha y el culo le quedaron abiertos, rojos, chorreando semen de los dos. Se le veía cómo le salía la leche espesa de los dos agujeros mientras respiraba agitada, con la cara completamente de puta usada: boca entreabierta, ojos casi en blanco, las tetas marcadas de chupones y dedos.
Esa noche los tres nos quedamos un rato más en el motel. Ella no paraba de pedir que la volvieramos a culiarla entre los dos.







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