En una de nuestras visitas a Quiebra Canto un sitio especial de salsa y rumba en Bogota tuvimos un agradable encuentro, era viernes y sobre las 10 de la noche con mi esposa Carla llegamos a tomar algún trago y rumbear un rato, para nuestra sorpresa allí encontramos a Flor María una vieja amiga de mi esposa enrumbada con un combo de amigos del trabajo y de la U, llegaron los abrazos, besos, saludos efusivos y por supuesto la presentación con los amigos y la consabida invitación a la mesa.
Por el carácter de mi esposa y mi amabilidad caímos bien, ellos ya habían desocupado 2 botellas de trago, así que pedimos una de nuestra cuenta, antes de media noche ya comenzaron a salir los amigos y amigas de Flor y nos fuimos quedando solos en la mesa y cuando la última pareja se despidió Carla invito a Flor María a quedarse un rato más, con la promesa de llevarla hasta la casa cuando saliéramos.
Así fue que se quedó y seguimos en la rumba, ya con el efecto del licor se hizo más denso el ambiente, mucha más cercanía entre los tres, recuerdos, paseos, y sucesos antiguos se trajeron a cuento, en una ida al baño se quedaron las amigas en la mesa y para mí sorpresa al llegar estaban en un beso apasionado.
Sobre las 2 decidimos que era hora de irnos, llevamos lo que quedaba de trago, ya en el auto ellas se sentaron en la silla trasera y mantuvieron una sesión de caricias que Flor María intentaba disimular, al pasar sobre la 49 con 13, en el área de los moteles, sin decir ingresé a uno de estos, sin que hubiera reproche por parte de ellas. Detuve el carro en la puerta de la habitación que me indicaron y las invite a bajar, Flor un poco incómoda, Carla la tomo de la mano y la ayudo a entrar, ya adentro y sin quien mirara ellas se dieron a la tarea de morbosiarse, se fueron desnudando y me invitaron a unirme.
Desnudos nos confundimos en un trio de besos, toques, lamidas, Carla acostó a Flor y comenzamos a recorrer el cuerpo de esa morena, de 1.60 de estatura, de labios carnosos, pelo negro largo, senos duros pequeños, caderona, culona de piernas delgadas que terminaban en una fuente velluda, negra y de un olor exquisito que invitaba a ser devorada.
Mientras ellas se acarician, me baje a esa vagina alborotada, jugosa y comencé a lamer desde el clitoris hasta el ano, en un recorrido lento pero ágil, la sorpresa fue cuando llegue al perineo y al tratar de acariciar el ano Flor se retorció, retirando la cadera para que no lo alcanzará. Ahí entendí que ese culito no había sido visitado, no insistí mucho y rápidamente pase al de mi mujer, que ya estaba chupando esas ricas tetas, la acomode de forma que la vagina le quedará cerca a la cara de Flor y comencé a hacerle un oral a mi esposa, acercando a Flor para que lamiera y compartiera conmigo ese manjar.
Pase al ano de mi Carla de forma que Flor sintiera y se lo besara, Carla me empujó quedando encima de Flor y comencé a penetrar esa caverna húmeda y hambrienta, al oído le dije a Carla que Flor estaba virga del culo y que me gustaría estrenarlo.
Me recosté, Carla me monto y luego monto encima a Flor y comenzó el ablandamiento de ese anito, duro y estrecho, me invitaron a darles en posición de perrito, primero Carla luego Flor, ahí es cuando Carla con un beso profundo a Flor me empuja suavemente y cogiendo mi verga se la fue colocando en el culo a Flor, en un momento la tomé de sus abundantes caderas y fui entrando en ese ano, primero despacio y luego con vigor.
Flor María quiso escapar, pedir que no se lo metiera, que de pronto le iba a doler, Carla con una actitud amorosa le decía deja que el sabe lo que hace, relájate y disfruta que por ahí es muy rico.
Y es que acaso tú le das el culo a Jose, claro Flor le dijo ella y ya me he comido otras vergas por ahí y con la panocha llena, recuerdas al Zurdo Duarte nuestro compadre, el de la oficina? Si el día que fue al apto con la comadre, Jose le ofreció mi culo y me dio verga hasta que ya no pudo más, dale, sigue que lo vas a disfrutar.
Carla sabe que lo que más me gusta es se acueste boca abajo y desde encima clavarle la verga abriendole las nalgas para que no quede nada afuera, así mismo hizo con Flor María la acostó y le pidió abrir bien las nalgas para que entrara todo.
Desvirgar ese anito fue el mejor regalo que mi esposa me pudo dar en esos días del mes del Padre.








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