La mancha en la licra, en un bus y como se llegamos a hacerla
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 6 min de lectura calendar_today Octubre de 2026

La mancha en la licra, en un bus y como se llegamos a hacerla

apenas conocidos del gimnasio, quedamos atrapados en un bus abarrotado. Un frenón los pega, y lo que empieza como un roce casual se convierte en un juego de presión y deseo. Cuando ella se ubica de nuevo contra mi y susurra "...

luisalejo

Soy hombre bisexual·164seguidores

menu_book Más relatos
18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

El bus frenó en la parada , y yo me agarro del pasamanos con la mano todavía húmeda del gimnasio. Llevaba unos meggins de compresión y una camiseta que caía sobre los hombros con esa flojera del post-entreno. Debajo, el suspensorio ajustaba el paquete contra el cuerpo, una prenda que nunca había necesitado tanto como esa noche. El aire no daba abasto con los cuerpos amontonados; el olor a sudor limpio, a desodorante que se rendía, a tela sintética calentada por axilas y entrepiernas, formaba una niebla densa casi palpable.

Ella subió detrás de mi. La reconoci un saludo corto, un movimiento de mentón, nada más. En el gimnasio nos habriamos cruzado cuatro frases en seis meses: "¿Estás usando el banco?", "Listo", "Buenas", "Nos vemos". Ella tenía unos veinticinco años, metro sesenta y cinco de estatura, y un cuerpo que la licra revelaba sin pudor: cintura estrecha que se abría hacia caderas firmes, y unos pechos que bajo el top deportivo marcaban la punta del pezón parado, dos pequeños bultos que apuntaban contra la tela como si protestaran por el frío del aire acondicionado. Yo ya habia notado notado eso antes, en el gimnasio, pero siempre desde una distancia segura, mirando de reojo entre series de sentadillas.

A esa hora, pasadas las nueve de la noche, los buses escaseaban. La gente se subía a lo que parara, con el miedo latente de que el siguiente tardara veinte minutos o que simplemente no llegara. El conductor cerró las puertas y la masa de cuerpos se compactó. Yo quede al centro, junto a Valentina, que estaba adelante pero a un lado. Los que conocían ese tipo de transporte sabían que los conductores querían que esos buses tuvieran dos pisos, tanta gente metían.

Un frenón. La masa se inclinó hacia adelante como un solo organismo. Alguien me empujó por la espalda y quedó detrás de Ella, mi pecho contra su espalda, mi cintura contra la curva de sus glúteos. El contacto fue brutal en su inmediatez. La licra de las mallas de ella era tan fina que sinti la separación de sus nalgas, la presión del surco, el calor que irradiaba entre sus piernas. Mi verga, contenida apenas por el suspensorio y el megging, reaccionó antes que mi cerebro. Un espasmo, un engrosamiento, la sangre llegando rápida.

Me separó un centímetro. El bus frenó de nuevo. Otro arrimón. Esta vez mi cadera se alojó con más precisión contra ella, y la cabeza de mi verga, ya medio dura, presionó justo donde las nalgas de ella se abrían. Contuve la respiración. Ella no se movió. No se quejó. No se volteó. Se quedó ahí, con la mano agarrada del tubo arriba, el cuello ligeramente inclinado, la coleta balanceándose con el movimiento del vehículo.

Un tercer arrimón, casual como los otros, provocado por un pasajero que se abría paso hacia el fondo. Lo senti todo, el restregon del paquerte de el en mis nalgas y la tela de las mallas de ella contra la tela de mi megging, el calor de su cuerpo filtrándose como vapor, la fricción de mi verga ahora completamente dura, torcida dentro del suspensorio, pidiendo espacio. El placer me subió por la entrepierna como miel tibia. Pero el miedo llegó al mismo tiempo: acoso, denuncia, la palabra "permiso" que debería decir y no decía. Retrocedi lo que pudo, me corrió hacia un lado, dejó que otro cuerpo se interpusiera.

Ella se acomodó. Miró por el reflejo del vidrio del bus, esa mirada lateral que no se dirige a los ojos sino que reconoce presencia. Y entonces volvió a ubicarse delante de mi. No fue casual. Se movió entre los cuerpos con una precisión que no dejaba lugar a la coincidencia, y se paró justo donde había estado antes: sus nalgas contra mi ingle.

Trage saliva. El bus iba por una vía con baches, tipico en bogota. Cada irregularidad del asfalto los empujaba el uno contra el otro. Yo sentí que ella presionaba hacia atrás, un milímetro, dos, una presión mínima pero deliberada. Mi verga palpitó dentro del suspensorio, la cabeza gorda buscando espacio, la tela del megging tensándose sobre el bulto.

Pense me arriesgo?. Con el siguiente movimiento del bus, empuje el paquete contra ella. No un arrimón casual. Un empujón. Firme. La cabeza de mi verga se hundió entre las nalgas de Valentina a través de las telas, y se quedó ahí, presionando, caliente.

ella no se volteó. No me miró. Dijo algo en voz baja, casi inaudible bajo el ruido del motor y las conversaciones ajenas. "Al fin entendiste."

Yo no respondi. No podía. mi boca seca y mi corazón le latía en la garganta. Pero sus caderas empezaron a moverse con un ritmo que imitaba el balanceo del bus, disimulado entre los cuerpos apretados. Mi verga, con tan poca tela encima, sentía todo: el contorno de las nalgas de ella, la presión del surco, el calor húmedo que se acumulaba entre las capas de licra. La cabeza se alojaba entre sus nalgas con cada movimiento, y Ella respondía con un sutil vaivén de caderas, casi imperceptible, como si solo estuviera manteniendo el equilibrio.

Yo respiraba por la boca. El sudor le corría por las sienes, no del calor del bus sino de la tensión. Mis manos agarraban el pasamanos con fuerza, los nudillos blancos. Mi verga palpitaba contra ella, y cada vez que el bus frenaba y los cuerpos se comprimían, la fricción le enviaba descargas de placer por la base de la columna. Ella tenía la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante, y en el reflejo del vidrio, Yo vi que sus labios estaban entreabiertos, que respiraba lento, controlado.

No duró mucho. La acumulación de sensaciones —la tela, el calor, el movimiento de las caderas de ella, la presión de la verga entre sus nalgas, el riesgo de que alguien mirara— me llevó al borde rápido. Un escalofrío me subió por la espalda. Mi verga se tensó contra el suspensorio y eyaculé con un espasmo que tuvo que disimular como un tropiezo. El semen caliente se extendió dentro del suspensorio, empapando la tela, y sentí el líquido escurrir por la entrepierna del megging.

Ella se quedó quieta un momento. Luego, en voz baja, sin voltearse, dijo: "Está escurriendo por mi pierna."

No puedo mirar muy bien hacia abajo. Pero con mi mano siento el desastre entre las nalgas de ella en mi entre pierna pensaba en la mancha húmeda se había filtrado a través de mi megging y había pasado al de ella, un rastro oscuro que bajaba por la parte posterior de su muslo. Tragó saliva. Mi parada era la siguiente. Acomodó el saco deportivo al frente, cubriendo el bulto y la mancha, y me abro paso entre los cuerpos. Antes de bajar, la miró. tenía los labios cerrados, la mirada al frente, pero la comisura de su boca se curvó un milímetro.

Baje del bus con las piernas temblando.

Dos días después, Estaba en el gimnasio, ajustando el peso en la máquina de jalón al pecho, cuando ella se acercó. Llevaba el una pinta similar, mismo modelo de leggings. Se paró junto a mi, agarró una mancuerna del piso y, sin mirarme directamente, preguntó: "¿Te gustó?"

Solte la barra. La mire. Ella tenía la expresión de siempre: tranquila, directa, sin rodeos.

"Sí," dije.

Podemos repetir, no he lavado mi ropa de ese día huele mucho a sexo, esta toda manchada y la he usado algunas veces para consentirme, dejando la mancuerna en el suelo. "Estoy sola en el apartamento. Podemos ir., solo que esta vez hagamoslo con menos ropa o mejor sin ropa"

Así fue. Y así empezamos una relacion de casi un año de encuentros que ninguno de los dos había planeado, que ninguno de los dos necesitó nombrar, y que siempre comenzaban con la misma electricidad silenciosa de ese bus abarrotado, donde dos cuerpos en licra descubrieron que a veces las telas no ocultan nada, sino que lo revelan todo, ambos con pareja, nunca fuimos una relación como tal pero ella tenia claro que se disfrutaba de buen sexo.

— luisalejo

5 de octubre de 2026

visibility 21 lecturas chat_bubble0
luisalejo

Escrito por

164 seguidores ·Soy hombre bisexual

Comentarios

0 comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
Sé el primero en comentar.

Sigue leyendo

Otros relatos hetero: general

Sexdriver

Hetero: General

Sexdriver

Mark5098Mark5098·hace 1 día
schedule 5 min
visibility 264favorite 3chat_bubble 0
El último teatro porno

Hetero: General

El último teatro porno

josevelandiajosevelandia·hace 2 días
schedule 5 min
visibility 215favorite 1chat_bubble 1

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad

Mi amigo de pajas

Gay

Mi amigo de pajas

CheetoCheeto·hace 13 horas
schedule 4 min
visibility 171favorite 0chat_bubble 1
Campamento 4 de Julio

Intercambios

Campamento 4 de Julio

gatoscuriososamgatoscuriososam·hace 23 horas
schedule 4 min
visibility 217favorite 3chat_bubble 1