El Caney, un apartamento con ventanales al valle y una terraza donde el sol de la tarde entraba en diagonal. Me contactó Andrés, un ingeniero de sistemas de treinta y ocho años: "Mi esposa, Paula, es una hotwife. Le gusta que yo la vea con otros. Vos tenés pinta de saber lo que hacés".
Paula abrió la puerta con un kimono de seda negro que dejaba entrever un conjunto de lencería roja. Treinta y tres años, cabello rubio oxigenado recogido en un moño flojo, ojos azules, piel bronceada y un cuerpo de gimnasio: senos operados de silicona, cintura pequeña, glúteos duros como piedras y piernas largas. Se mordió el labio al verme.
—Andrés —dijo ella—. Prepará la cama y luego sentate en la silla del rincón. No te muevas hasta que yo te lo diga.
Andrés obedeció. Yo seguí a Paula al dormitorio, donde las sábanas blancas estaban tendidas con esmero. Le quité el kimono y la lencería con lentitud, besando cada centímetro de piel que iba apareciendo. Sus pechos operados eran perfectos, con pezones rosados que endurecí con mi lengua. Su sexo estaba depilado al ras, con un piercing en el clítoris que brillaba bajo la luz tenue.
La recosté boca arriba y empecé a lamerla, jugando con el piercing, tirando suavemente con los dientes. Paula gemía, sus caderas arqueándose, sus dedos aferrándose a las sábanas. Andrés, desde su silla, jadeaba.
—Andrés —llamó ella—. Decile lo que quiero.
—Ella quiere que la penetres fuerte... quiere que la hagas gritar... —tradujo Andrés.
La penetré de una embestida, sintiendo el piercing rozarme con cada movimiento. Paula gritó, sus piernas enroscándose en mi espalda, sus uñas clavándose en mis hombros. La embestí con fuerza, sintiendo sus glúteos duros chocar contra mí. Andrés se removía en su silla, las manos apretadas entre los muslos.
—Decile a tu marido que esto es lo que necesitabas —le ordené.
—Andrés, esto es lo que necesitaba... un hombre de verdad... —gimió Paula.
Ella se corrió dos veces antes de que yo terminara. Andrés, cuando todo acabó, se acercó gateando y le dio un beso en la frente a su esposa. "Gracias", me dijo. "Gracias por venir".
¿Quieres vivirlo? Escríbeme.








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar