Mi esposo lo invitó a cenar. Yo sabía lo que iba a pasar desde que me pidió que me pusiera solo una bata corta y nada debajo. Mis tetas se marcaban completas. Cuando Andrés llegó y me vio, se le notó de inmediato el bulto en el pantalón.
Cenamos, bebimos. La conversación se fue poniendo cada vez más sucia. Mi esposo, con esa calma que ya conocía, de pronto dijo:
Andrés… ¿quieres probarla?
El silencio fue pesado. Andrés me miró, después a él, y asintió.
Me llevaron al cuarto. La cama estaba deshecha, las sábanas blancas. Mi esposo me quitó la bata. Quedé desnuda frente a los dos. Andrés no pudo contenerse: se acercó, agarró mis tetas enormes con las dos manos y las chupó con hambre, mordiendo los pezones oscuros mientras gemía.
Póntela de lado ordenó mi esposo.
Me recostaron sobre las sábanas. Una pierna flexionada hacia arriba, la otra extendida. Andrés se colocó detrás de mí. Escupió en su verga, la frotó entre mis nalgas y empezó a empujar contra mi culo. Yo tenía una mano en mi propia concha, abriéndome los labios y frotándome el clítoris exactamente como en la foto, mientras sentía cómo la cabeza de su polla iba abriéndome el ano.
Ardió al principio. Él empujó despacio, centímetro a centímetro, hasta que entró completa. Me llenó el culo. Empezó a culearme con movimientos largos y profundos. Yo gemía, tocándome más rápido, mirando a mi esposo que estaba sentado en la silla al lado de la cama, tocándose la verga mientras nos observaba.
Más fuerte le dijo a Andrés. Quiero ver cómo se le mueve ese culo.
Andrés aceleró. Me agarró de la cadera y empezó a embestirme con ganas. Cada vez que entraba hasta el fondo yo gemía más alto. Mis tetas grandes se movían con cada golpe. La mano que tenía en la concha ya estaba empapada; me metí dos dedos mientras él me culeaba el culo.
Mi esposo se acercó. Se arrodilló frente a mi cara, me agarró del pelo y me metió la verga en la boca.
Chúpamela mientras te la mete por atrás me ordenó.
Obedecí. Babeaba alrededor de su polla mientras Andrés me reventaba el culo. El sonido de su verga entrando y saliendo de mi ano era obsceno, húmedo. Yo me tocaba sin parar, el clítoris hinchado y sensible.
Se va a correr advirtió Andrés, jadeando.
Adentro del culo dijo mi esposo. Quiero verla llena de ti.
Andrés empujó una última vez, profundo, y se corrió dentro de mí. Sentí el chorro caliente llenándome el ano. Se quedó un momento ahí, palpitando, antes de salir despacio. Su leche empezó a escaparse de inmediato.
Mi esposo no esperó. Me volteó un poco más, me abrió las piernas y me metió la verga en la concha de un solo golpe. Me culeó duro, rápido, mientras yo todavía tenía el semen de Andrés resbalándome entre las nalgas. Me agarró una teta con fuerza y me miró a los ojos.
Dime quién te presta el culo…
Tú…
¿Y quién te lo llena después?
Tú…
Se corrió adentro de mi concha con un gruñido, empujando hasta el fondo. Cuando salió, me dejó ahí, de lado, exactamente como en la foto: una mano todavía en mi concha, las tetas expuestas, el culo y la entrada goteando de los dos.
Andrés se vestía en silencio, todavía mirándome. Mi esposo se sentó a mi lado, me pasó la mano por el vientre y me susurró al oído, casi con orgullo:
Mañana en el trabajo le voy a preguntar cómo se sintió tu culo… y tú vas a saber que él ya estuvo adentro.
Yo solo cerré los ojos, todavía temblando, con el cuerpo usado y satisfecho.
Porque cada vez que él me compartía, yo descubría que me gustaba más de lo que estaba dispuesta a admitir en voz alta.








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