Daniel vuelve mañana. Esta vez se queda toda la tarde. Y tú vas a estar disponible desde que llegue hasta que se vaya.
Me preparó él mismo al día siguiente. Me bañó, me depiló completa, me puso el collar de cuero negro con la cadena larga y el candado. Solo me dejó puesta una bata corta y transparente. Nada debajo. Tacones altos.
Daniel llegó a las tres de la tarde. Entró, me miró y sin saludar casi, le dijo a mi Amo:
¿Puedo usarla ya?
Mi Amo asintió desde el sillón.
Es tuya hasta las ocho. Haz lo que quieras. Solo quiero que me la devuelvas usada y llena.
Daniel no perdió tiempo. Me quitó la bata de un tirón. Me quedó desnuda, solo con el collar y los tacones. Me empujó de rodillas en la sala y me metió la verga en la boca de golpe. Empezó a culearme la garganta profundo, agarrándome el pelo y tirando de la cadena para obligarme a tragar más. Yo babéaba, gorgoteaba, con lágrimas en los ojos mientras él me usaba la cara sin piedad.
Después me levantó, me dobló sobre el respaldo del sofá y me abrió las nalgas. Escupió varias veces en mi culo y me clavó la verga de un solo empujón hasta el fondo. Grité. Él empezó a embestirme fuerte, salvaje, sacando casi toda la verga y volviendo a entrar hasta las bolas, haciendo que el sonido húmedo de mi culo se escuchara claro.
Todavía está apretado dijo. Pero se abre rico para mí.
Mi Amo estaba sentado en el sillón de enfrente, observando en silencio, con la verga dura dentro del pantalón. Yo lo miraba mientras Daniel me destrozaba el culo. Cada embestida me hacía avanzar. Mi cuca chorreaba hasta los muslos.
Daniel me corrió dentro la primera vez así, empujando profundo y llenándome a chorros calientes. Se retiró, me dejó el semen escurriendo y me ordenó:
Límpiame con la lengua.
Me arrodillé y le chupé la verga sucia, saboreando mi propio culo y su leche. Después me puso de cuatro en el suelo, me montó otra vez y me culeó el culo más lento, más profundo, agarrándome la cadena como si fuera una rienda. Me hablaba mientras me usaba:
Tu dueño me dijo que te gusta que te llenen. Voy a dejártelo lleno otra vez.
Y lo hizo. Se corrió por segunda vez dentro de mí, tan profundo que sentí cómo el semen me llegaba hasta adentro. Me dejó ahí, temblando, con el culo abierto y goteando.
Después me llevó al sofá, se sentó y me hizo montarlo de espaldas. Me bajó sobre su verga otra vez, esta vez en la cuca, y me culeó fuerte mientras me sujetaba las caderas. Yo rebotaba sobre él, gemiendo, con el collar tintineando. Mi Amo se acercó entonces. Se bajó el pantalón, me agarró la cabeza y me metió su verga en la boca.
Los dos me usaban al mismo tiempo: Daniel por abajo, mi Amo por la boca. Me embestían a ritmo, llenándome los dos agujeros. Me corrí así, contrayéndome alrededor de la verga de Daniel mientras babéaba sobre la de mi Amo.
Cuando Daniel se corrió por tercera vez, esta vez dentro de mi cuca, mi Amo lo sacó de mi boca y me dijo:
Ahora limpia lo que te dejó en el culo… y después te voy a culear yo.
Me arrodillé entre las piernas de Daniel y le chupé el culo sucio, sacando el semen con la lengua. Después mi Amo me tiró al sofá, me abrió las nalgas y me penetró el culo todavía lleno y resbaloso. Me culeó profundo, fuerte, recuperándome, empujando el semen de Daniel más adentro mientras me llenaba con el suyo.
Cuando terminó, me dejó ahí, hecha un desastre: el culo abierto, la cuca hinchada, semen de los dos escurriendo por todas partes, la cara babosa y el collar todavía puesto.
Daniel se vistió, me miró una última vez y le dijo a mi Amo:
La próxima vez avísame con más tiempo. Esta puta se siente cada vez mejor.
Mi Amo solo asintió. Cuando Daniel se fue, me levantó, me limpió con cuidado y me besó el collar.
Aunque te preste, aunque te dejen llena y abierta… sigues siendo solo mía.
Yo, temblando, con la voz rota, respondí:
Siempre tuya, Amo… siempre.







Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar