Santa Mónica es un barrio residencial del norte, de casas grandes y jardines cuidados. Allí vive Verónica, una mujer que a sus cincuenta y dos años es pura elegancia. Me contactó su esposo, Andrés, un médico de sesenta años: "Mi esposa es una mujer que necesita ser deseada. Yo la amo, pero ella necesita más. Necesita sentirse joven. ¿Vos podés?".
Verónica me recibió en la puerta de su casa con un vestido de seda azul marino que se ceñía a sus curvas y dejaba ver unas piernas largas y torneadas. Cincuenta y dos años, cabello rubio oxigenado recogido en un moño elegante, ojos azules como el mar, piel blanca como la porcelana. Su cuerpo era de gimnasio y de bisturí: senos operados perfectamente simétricos, con pezones rosados y grandes; cintura de avispa; caderas redondas y firmes; piernas infinitas que terminaban en unos pies cuidados con esmero. Olía a Chanel y a sexo anticipado.
—Andrés —dijo sin mirarlo—. Prepará la terraza. Va a ser una noche larga.
Andrés obedeció. Verónica me tomó de la mano y me llevó al dormitorio principal, una habitación enorme con cama king size y espejos en el techo. Sin preámbulos, se quitó el vestido. Debajo llevaba un conjunto de encaje negro que apenas contenía sus pechos operados. Le quité el sostén y sus senos aparecieron, perfectos, con pezones rosados que lamí con devoción.
La recosté en la cama y le quité la lencería. Su sexo era depilado al ras, con los labios vaginales pequeños y rosados, y un clítoris que asomaba. Lo lamí sin prisa, saboreando cada gota. Verónica gemía con un vozarrón ronco, sus dedos enredados en mi cabello, sus caderas levantándose.
—Andrés —gritó ella—. ¡Ya podés salir!
Andrés salió de la terraza y se quedó en el marco de la puerta, mirando cómo su esposa se retorcía de placer bajo mi lengua. La penetré con ritmo, sintiendo sus paredes apretarme, sus gemidos mezclándose con el viento del norte. Verónica se corrió con un grito elegante, como ella misma. Después, Andrés se acercó y le dio un beso en la frente. "Gracias", me dijo. "No sabés lo que acabás de devolverme".
¿Quieres vivirlo? Escríbeme. Sin drogas, sin dinero. Solo placer.








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