La planificación había sido minuciosa. Para evitar la prisa de un motel y garantizar la mayor privacidad posible, logramos coordinar un lugar donde tendríamos todo el tiempo a favor. Sin embargo, cuando ya todo estaba definido, el destino empezó a poner a prueba mi determinación: jugando tenis me lesioné el brazo y, como si fuera poco, el lugar reservado nos canceló a última hora. Por si fuera poco, Gabi me avisó que le había llegado el periodo.
Era un domingo por la noche y el encuentro estaba pactado para el lunes. Pero para no quedar como el cornudo que se acobarda a la primera complicación, asumí el reto. Sin importar el dolor en el brazo ni la perspectiva de tener que madrugar a trabajar al día siguiente, reorganicé todo y propuse una nueva fecha. Tenía que hacerlo realidad.
El día del encuentro llegué al nuevo sitio con bastante anticipación, alrededor de las 5:00 p.m., para recibir el lugar. Ellos llegarían a las 8:00 p.m. Aproveché ese margen para adelantar unos documentos de trabajo y, al notar que había Netflix, intenté distraerme un poco. Pero a medida que se acercaba la hora, los nervios me invadieron. Mis últimas experiencias en tríos habían sido desastrosas y la ansiedad era tal que ni siquiera pude comer bien.
A las 8:00 p.m. los recibí. Empezamos a hablar, pero los noté distantes entre sí; la interacción se limitó a una charla formal durante casi una hora. La atmósfera se sentía pesada, me estaba aburriendo y notaba a Adolfo con ganas de irse. Como buen cornudo, entendí que me tocaba tomar las riendas y animar la fiesta. Propuse algunas dinámicas y juegos para que se soltaran y rompieran el hielo. Quería empezar a interactuar, pero necesitaba la aprobación implícita de Adolfo. En un momento en que él se distrajó —casi buscando una excusa para ver si encontraba un taxi—, supe que era ahora o nunca: si me iban a rechazar, al menos tendría la certeza de haberlo intentado.
Me acerqué a Gabi y la besé con pasión. Fue un beso profundo, intenso, de esos que parecen de pareja, con ardor y succión hasta el alma, dejando un pequeño mordisco pasional para encender la noche. Al ver la escena, Adolfo se animó. Comenzó a besarla mientras yo procedía a desvestirla, recorriendo con mis besos sus piernas y su espalda. Adolfo se enfocó en su boca y, al ser ella el centro de atención, dejamos que marcara el curso de la noche. Nos desnudó a ambos y, aunque la idea inicial era estar en el sofá, terminamos en el cuarto.
Pregunté si prefería doble penetración o turnos. Como nunca había probado el sexo anal ni la doble penetración, la respuesta era clara: tocaba esperar y ver cómo iniciaban. Yo era el invitado, así que mientras Adolfo se colocaba el preservativo y la tomaba, yo me dediqué a acariciar sus senos y besarla. Gabi intentó hacerme sexo oral, pero mientras me masturbaba para guiarla, Adolfo interrumpió de repente: "Ya te toca". Sorprendido por la rapidez, respondí: "¿Tan rápido? Bueno, póngase el forrito y entras como titular".
Empecé con lo básico, un ritmo suave y lento, buscando cumplir lo que habíamos hablado por chat. Tras unos siete minutos de acción corporal estándar, noté que Adolfo no quería interactuar activamente; prefería limitarse a observar. En mis adentros pensé: "Mejor para mí".
Era el momento de subir el nivel y cumplir fantasías. Tomé el mando de nuevo y los guié hacia la ducha, recordando que Gabi me había mencionado que nunca lo había hecho en ese espacio. Les pedí que entraran: Adolfo de frente para observar la escena, y Gabi de espaldas a mí. El sonido del agua combinado con la fricción creaba una atmósfera fascinante, y el periodo facilitaba aún más la lubricación. Asumir el rol de dar órdenes me generaba un placer enorme. Ella, muy obediente, se empinó para entregarme su cadera mientras le decía: "Besa a tu pareja y agradecele que permite que yo te tome así". Entre nalgadas y rasguños en su espalda, noté cómo se excitaba cada vez más, mientras Adolfo continuaba observando en silencio.
Tras casi resbalarme en la ducha y notar a Gabi totalmente encendida, regresamos a la cama. Intenté nuevamente la doble penetración; Adolfo se colocó un segundo condón, pero la falta de experiencia de ambos en esa postura complicó las cosas. Les expliqué cómo acomodarnos, pero Adolfo prefirió ceder el paso: "Mejor sigue con lo que estabas haciendo".
La tomé en Misionero, combinando la penetración con besos apasionados. Para intensificar las sensaciones, bajé a hacerle sexo oral. Con el uso de la lengua en su clítoris y mis dedos, sus gemidos se hicieron intensos mientras se agarraba con fuerza de las sábanas. La lubricación era máxima. Decidí volver a la penetración para besarla y acariciar sus senos, pidiéndole que se pusiera en posición de Perrito.
Pasé de un ritmo suave a embestidas profundas y rápidas. Ajustaba el ritmo para que coincidiera con su respiración, permitiéndole sentir cada impulso. Los gemidos eran tan intensos como durante el sexo oral. Mientras la tomaba con fuerza, miraba a Adolfo, quien se mantenía en absoluto silencio. Le acomodé una almohada para mayor comodidad y fui variando las posiciones del Misionero: el Águila, el Bambú y, finalmente, el Palo Profundo. Esta última posición la disfrutó al máximo, manteniéndola durante bastante tiempo.
Alrededor de las 11:00 p.m., necesité un descanso y agua. Adolfo sugirió una pausa. En ese momento, Gabi se me acercó y me comentó que necesitaba hablar a solas con Adolfo, ya que era la primera vez que él se mostraba tan pasivo y nos dejaba interactuar tanto a nosotros. Les di su espacio sin problema.
Tras conversar, me llamaron de vuelta. Les pedí permiso para llegar al clímax y luego tomar un descanso mientras ellos interactuaban, a lo que accedieron. Para esta fase, le pedí a Gabi que se colocara sobre mí. Comenzó a cabalgar intentando hacerme venir, pero sus movimientos eran algo toscos, como si estuviera aprendiendo. Me pareció curioso considerando que llevaban tres años en el ambiente swinger, pero preferí no hacer preguntas para no romper el ambiente. Llevaba un año sin sexo de calidad desde mi última relación con mi secretaria, y solo quería disfrutar.
Al ver que no lograba hacerme terminar con la cabalgata, tomé el control final. Tras unas embestidas profundas y sostenidas, llegué al clímax, retirándome a tiempo para evitar cualquier inconveniente con Adolfo. Me fui a duchar y ella hizo lo mismo. Me agradeció la velada y me pidieron un momento a solas en la habitación.
Salí a la sala, encendí la televisión y puse mi serie. Al escuchar que ellos empezaban su interacción, subí el volumen para respetar su espacio. Tras un episodio de 20 minutos, el sonido cesó. Esperaba un segundo round, pero a las 12:00 a.m. el lugar quedó en completo silencio. Con resignación, me arropé y me fui al cuarto continuo y puse la alarma para el trabajo.
Me desperté a las 5:30 a.m. Para aprovechar el tiempo, arreglé la ropa, ordené la sala y a las 6:15 a.m. ya estaba listo. Al recordar que habían traído algo para desayunar, puse a calentar agua a las 6:30 a.m. En ese momento salieron del cuarto. Gabi se sorprendió al verme completamente vestido. Adolfo mencionó que calentaría el desayuno (habían traído tamal), y aproveché para preguntar si podíamos hacer algo rápido mientras tanto.
Gabi consultó a Adolfo y él aceptó. En cuestión de un minuto ya estaba listo. Entonces Gabi me hizo una pregunta inesperada: —Sé que dijiste que te hacías exámenes para estar con chicas, ¿pero podríamos hacerlo sin condón?
La perspectiva de un encuentro al natural cambió mi cansancio por entusiasmo. Con solo 10 minutos disponibles antes de tener que salir hacia el trabajo, le advertí que sería algo rápido. Nos acomodamos y, al notar su lubricación inmediata, le pedí que me cabalgara en posición Cowgirl. La sensación al natural era intensa. Tras un par de minutos de ritmo constante y para evitar terminar dentro, me retiré en el momento justo para culminar.
Ella me miró con desconcierto me mira como joder tan rapido, donde putas esta lo que me hizo anoche, todo ese tiempo que duro?. Me duché rápidamente, desayunamos y salimos juntos a las 6:50 a.m. Mientras caminábamos hacia la avenida para tomar el transporte, Gabi me tomó del brazo y ambos expresaron que habían disfrutado la experiencia, esperando repetirla pronto.
Pasaron los días. El fin de semana transcurrió sin mensajes en el grupo. El lunes tomé la iniciativa y escribí: "¿Qué anda haciendo la parejita del año?". Aunque el mensaje fue visto por ambos por la tarde, nadie respondió.
El martes por la mañana, recibí un mensaje directo de un número desconocido. Era Gabi. Me explicó que solo me escribía ella porque Adolfo parecía haberse molestado por el tono de mi mensaje del lunes. Me pidió que esperara a que él respondiera en el grupo antes de volver a interactuar por ahí. Más tarde ese día, le escribí a ella para disculparme si mi mensaje había sonado pesado. Me pidió tranquilidad, explicándome que Adolfo estaba procesando lo sucedido ya que nunca habían tenido una dinámica donde él fuera tan espectador, aunque reiteró que ella lo había disfrutado mucho.
A partir de ahí, la comunicación con Gabi se volvió más fluida. Comenzó a compartir detalles de su vida personal sin que yo se los pidiera, mostrando un claro interés en reencontrarnos. Para el jueves, al ver que Adolfo seguía sin responder en el grupo, le propuse encontrarnos brevemente a tomar un café antes de que ella realizara un viaje programado. Ella aceptó.
Nos encontramos a las 4:00 p.m. Como tenía hambre, cambiamos el café por una cena en un restaurante. Durante la cena, finalmente llegó un mensaje de Adolfo al grupo: disculpándose por la demora, expresando que sí le gustaría repetir en el futuro, pero aclarando que por el momento no sería pronto y que él nos avisaría.
Gabi leyó el mensaje, me miró y comentó: "Eso va a demorar al menos un mes".
Al terminar de cenar, la acompañé hacia el paradero. En ese trayecto, Adolfo la llamó por teléfono. Para darle privacidad, me puse los auriculares. La llamada telefónica pasó a ser una videollamada de unos 15 minutos, durante la cual ella me pidió que me alejara para mostrarle a Adolfo su entorno sin enfocarme a mí.
Al finalizar la llamada, Gabi se giró hacia mí y me dijo: —Mañana tengo que trabajar acá y viajar a mi casa... ya no lo voy a hacer. Te acepto la propuesta de quedarme.
[Continuará...]






Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar