Todo comenzó con un mensaje. La semana pasada un policía me escribió preguntándome si había tenido experiencias con policías. La respuesta era sí, y cómo no iba a recordarlo. Uno de mis mejores amigos sexuales por años fue policía, y duramos casi cuatro años dándole duro al muñeco.
Todo empezó un sábado cuando tenía unos 20 años. Salía del gimnasio de Fontibón, el que queda cerca a la estación de tren, no doy nombres. Iba para mi casa en licra y esqueleto, y debajo una tanga se me marcaba bien el culo. En el camino me encontré con una camioneta de policía revisando papeles. Me detuvieron porque yo no llevaba papeles y me requisaron. Sin necesidad, porque qué podía esconder en tan poca tela. La mirada de uno de los policías era de pura hambre sexual. En la revisión me pasó la mano muy bien por todo el cuerpo, entendí enseguida lo que quería, además de uno o dos arrimones de paquete descarados. Como yo no tenía papeles, me subieron a la parte de atrás de la camioneta, un camioncito de estacas con carpa. El policía que me revisó y se restregó su paquete se fue atrás con nosotros. No me quitaba la mirada de encima y con disimulo se acariciaba el paquete.
Tendría unos 32 años, tenía una argolla en la mano. Se apretaba muy rico el bulto y yo la verdad también metía mis manos entre mis piernas, dándole a entender que sabía que la agarradera era por mí.
Nos llevaron a la estación de Fontibón, por el barrio San Pedro. Nos llevaban al patio central cuando el policía me dijo: «Venga». Yo lo seguí a un pasillo. Allí me dijo que mi culo lo tenía loco, todo redondo, que quería divertirse conmigo. Le dije que cuando quisiera. El man no era feo, estaba bien. Mientras me hablaba acariciaba mi culo por encima de la licra. Me dijo: «Sígame». Entramos a un sitio con unos camarotes, como un dormitorio. Me dijo: «Espere acá». Salió y volvió como a los veinte minutos, con otro oficial de mayor cargo y un poco más de edad. Nos encerramos. Se sacaron sus vergas peludas y me mandaron a empelotarme. Me quedé en tanga. El otro estaba más bueno de cuerpo, más masculino y entrenado, blanco de pelo castaño. El primero era blanco de pelo negro. Me agaché a mamar sus vergas hermosas, grandes y peludas. Se las mamé de tal forma que se corrieron en mi boca y me tomé toda la leche de ambos, hasta la última gota.
Me dijeron que si quería me duchara ahí y lo hice. El agua era helada. Cuando sentí que entró el de pelo negro al baño a mirarme, se desvistió y se metió a la ducha conmigo. Se hizo detrás de mí y de una me enterró su verga. Me decía que no podía dejarme ir sin probar mi culo. Todo el tiempo me dio duro, sus pelotas pegaban en mi culo, me daba como salvaje. Sentí toda su leche dentro. El sonido del agua entre mis nalgas y su cadera resonaba en el baño. Era un buen semental pero no logró hacerme correr, aunque estuvo delicioso. Me seguí duchando sabiendo que estaba rellenito del man.
Me vestí y salí. Iba de camino al patio interior cuando me llamó el otro oficial. Me dijo que no fuera al patio, que lo acompañara. Entramos a una oficina y después a una especie de depósito. Entramos y él no se mostró como el macho rudo. Era un macho súper masculino pero deseando besarme. Besaba delicioso mientras apretaba mis nalgas con ambas manos. Me desvistió dejándome en tanga, me besó el pecho y las tetillas, me apoyó contra un escritorio de espaldas, me corrió la tanga y me clavó. Sintió todo muy húmedo pero nunca le dije que ya estaba preñado de otro macho. Su movimiento era genial, su verga dura y grande dentro de mí, me daba a un ritmo delicioso. Mi verga estaba tiesa. Luego me cambió de posición y sobre un escritorio me puso en pollo asado, me daba mirándome fijamente. Esa mirada de macho fija en mí, viendo cómo me hacía gozar mientras destrozaba mi culo. Sentí su leche muy adentro y me corrí, llenándome de leche el estómago y hasta el pecho. Quedamos ahí unos momentos. Sentía cómo se secaba mi semen en mi estómago del calor y se armaba ese pegote. Me dijo que me vistiera y fuéramos a uno de los baños a ducharme. Lo hicimos y ya dentro él se metió conmigo y me volvió a culiar, era genial sentirme el objeto de su deseo, senti como su tibio semen se quedaba muy adentro de mi. Me preguntó si tenía macho, le dije que no, y que él quería seguir viéndome. Así nació una relación que duró varios años, él casado y yo soltero. En esas no habia celular asi que confio muhco en mi y me dio su numero telefonico.







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