María a Secas es una comediante, educadora sexoafectiva, podcaster y creadora de contenido mexicana, originaria de Puebla. Lleva cerca de una década combinando el stand-up con conversaciones sobre sexualidad, relaciones y placer, siempre desde el humor y sus propias experiencias. Desde 2020 conduce Podcasmo Múltiple, un proyecto que ya suma ocho temporadas y que convirtió esa mezcla de educación sexual y comedia en una de sus principales señas de identidad. La conocimos en el Aefest 2026 y no quisimos perder la oportunidad de conversar con ella.

Hay personas que ven sus videos, los guardan y los comparten. Algunas incluso se encuentran con ella y le confiesan que les encanta lo que hace. Pero no la siguen.

¿Por qué?

Porque les da pena que alguien se entere.

Sigue a Maria a Secas: TikTok - Instagram - Youtube - Página oficial

caacfc36dc1d143.webp

María a Secas lo ha visto tantas veces que terminó convirtiéndolo en una especie de termómetro de nuestra relación con la sexualidad: sus contenidos pueden tener pocos comentarios y, al mismo tiempo, muchos guardados y compartidos. El interés está ahí. La curiosidad también. Lo que todavía aparece, escondida detrás de la pantalla, es la culpa.

“Todos queremos gozar, o casi todos, pero nos da culpa que nos vean como seres que quieren gozar y disfrutar su sexualidad”.

Comediante, educadora sexoafectiva, podcaster y escritora mexicana, María lleva alrededor de una década intentando hacer justamente lo contrario: hablar de sexo sin convertirlo en algo clandestino, solemne o incomprensible.

Y para lograrlo encontró una herramienta particularmente efectiva: hacer reír.

Sexo, educación y un chiste en el momento preciso

La combinación no fue accidental. María comenzó a crear contenido sobre educación sexual prácticamente al mismo tiempo que empezó a hacer stand-up. La idea de comunicar sobre sexualidad utilizando el humor estuvo presente desde sus años universitarios y fue desarrollándose hasta terminar formando parte de su identidad profesional.

Había, además, algo que le molestaba de la educación sexual tradicional: muchas veces le parecía excesivamente técnica, complicada y aburrida. Así que decidió hacerlo de otra manera.

En lugar de hablar únicamente desde la teoría, comenzó a contar sus propias experiencias. Anécdotas, errores, descubrimientos y situaciones personales se convirtieron en material para explicar sexualidad utilizando dos ingredientes que hoy considera parte de su sello: humor y honestidad.

Su trabajo encontró también un espacio natural en Podcasmo Múltiple, proyecto iniciado en 2020 y dedicado a conversar sobre sexualidad, relaciones, mitos y experiencias desde la información, pero también desde la comedia.

Para María, el humor tiene una ventaja adicional: permite entrar en lugares donde una explicación convencional podría encontrarse inmediatamente con una barrera.

“Si tal vez yo solamente hablo sobre un dedo en el culito y no meto un chiste, entonces quizás la gente no se relaja”. La frase provoca una sonrisa, pero detrás está la teoría.

Hablar de sexualidad todavía genera tensión. El chiste la rompe. Y cuando alguien se ríe al reconocer una situación que también ha vivido, descubre además que sus pensamientos, fantasías o inseguridades quizá no sean tan extraños como imaginaba.

Nos enseñaron sexo, pero también culpa

Cuando se le pregunta por qué resulta tan difícil hablar naturalmente de sexualidad en una época en la que estamos rodeados de contenido sexual, María no necesita pensarlo demasiado.

“Porque crecimos con mucha culpa”.

Religión, sociedad, expectativas y ese omnipresente “deber ser” han condicionado, según ella, la forma en que aprendemos y posteriormente vivimos nuestra sexualidad. La paradoja aparece todos los días en sus redes sociales.

Hay quienes consumen sus publicaciones, las guardan o las envían privadamente, pero evitan participar públicamente. Algunos ni siquiera quieren que aparezca entre las cuentas que siguen.

“Me los encuentro y me dicen: ‘Me encanta tu contenido, pero, ay, no te sigo, porque qué tal si mis amigas ven’”.

Queremos saber. Queremos experimentar. Queremos sentir placer. Pero todavía puede incomodarnos que los demás sepan que queremos hacerlo.

Esa culpa, además, no se distribuye siempre de la misma manera. Uno de los mitos que más molesta a María es la idea de que la experiencia sexual modifica el valor de una mujer. Una lógica bajo la cual acumular experiencias puede incluso prestigiar sexualmente a un hombre mientras produce el efecto contrario cuando se trata de una mujer.

Aunque reconoce que esa visión ha perdido terreno, considera que continúa presente tanto entre hombres como entre mujeres. Y para ella sus consecuencias no son abstractas: la culpa puede terminar interfiriendo directamente con la capacidad de explorar, pedir, sentir y disfrutar.

“Pensaba que el hombre tenía que ocuparse de mi placer”

Hablar durante años sobre sexualidad no significa haber tenido todas las respuestas desde el comienzo. María también ha tenido que desmontar algunas de sus propias ideas.

Una de las más importantes estaba relacionada con su placer.

“Yo pensaba que la persona que se tenía que ocupar de mi placer era el hombre. Como que a mí me enseñaron que el hombre es el que tenía que saber cómo funcionaba mi cuerpo”.

Hasta que apareció una constatación bastante menos romántica: ninguno sabía demasiado.

“A ninguno nos enseñaron nada. Los dos estábamos igual de perdidos”.

Ese descubrimiento cambió la pregunta. En lugar de esperar que otra persona descifrara su cuerpo, comenzó a entender el autoconocimiento como una responsabilidad propia. “Mi cuerpo era mi casa”.

Para María, conocerse física y emocionalmente se convirtió así en un requisito para poder comunicarle al otro qué produce placer, qué no funciona, qué se desea explorar y dónde están los límites.

Y ese mismo principio termina trasladándose a las relaciones de pareja.

El deseo no tiene botón de encendido

Rutina, falta de comunicación y pérdida de curiosidad por el otro suelen aparecer cuando se habla del deterioro de la vida sexual en relaciones largas. María no cree que puedan separarse fácilmente.

Una pareja entra en automático. Deja de observarse. Deja de preguntar. El sexo puede terminar incorporándose a la lista de obligaciones y hacerse porque “toca”, en lugar de surgir como algo que ambos desean.

“Ya estoy cogiendo porque se volvió tarea, no porque se volvió algo que queramos hacer”.

Que esto ocurra después de años juntos no le parece extraordinario. Lo importante es entender que el deseo no necesariamente permanece intacto por el simple hecho de que exista amor. “El deseo es algo que se trabaja”.

Y tiene una imagen particularmente sencilla para explicarlo: la pareja no llega a casa y encuentra un interruptor esperando ser activado.

“No es un switch que llega mi pareja a prender así de: ‘Ay, ya llegué a la casa, botón de encendido, listo’”. El erotismo se construye.

Para María, una de sus principales materias primas es la comunicación. Pero hablar de sexo significa bastante más que decir qué posición gusta o dónde queremos que nos toquen. También implica contar nuestra historia sexual.

¿Qué nos enseñaron sobre sexo? ¿Qué nos avergüenza? ¿Cuáles son nuestras fantasías? ¿Qué nos da miedo? ¿Consumimos pornografía? ¿Qué nos excita? ¿Cómo aprendimos lo que creemos saber?

Conocer esas respuestas puede permitir entender comportamientos del otro que antes simplemente juzgábamos.

Cuando una pareja se quiere pero siente que sexualmente ha caído en la monotonía, María también normaliza la posibilidad de buscar ayuda profesional. Acudir juntos o individualmente a un sexólogo o sexóloga no sería para ella evidencia de fracaso, sino precisamente de interés por trabajar la relación.

Pero hace una advertencia importante: reconectar con el otro requiere también mirar hacia adentro.

“Si yo no estoy conectada conmigo, ¿cómo voy a esperar que otra persona conecte conmigo?”.

También tuvo que aprender a no juzgar

Hablar constantemente sobre libertad sexual produjo en María una contradicción interesante.

Ella defendía su derecho a vivir la sexualidad como quisiera, pero descubrió que también podía juzgar a quienes elegían vivirla de una manera completamente diferente.

Los “morrongos”, como intentó recordar entre risas que decimos en Colombia.

Personas que decidían llegar vírgenes al matrimonio, por ejemplo, o que estaban perfectamente satisfechas practicando únicamente aquello que suele denominarse sexo vainilla.

“Un día dije: ¿por qué no dejas de hacer lo que no te gusta que te hagan?”.

Las conversaciones acumuladas durante años de podcast terminaron ampliando su definición de libertad sexual. No consiste en ser necesariamente más atrevido, experimentar más o acumular prácticas diferentes. También incluye el derecho a no hacerlo.

Cada persona puede decidir cómo vivir su sexualidad, sostiene María, siempre dentro del consentimiento y entre adultos. La misma lógica aplica cuando aparecen BDSM, tantra, fetiches, juegos de poder y otras prácticas que todavía pueden producir rechazo.

A veces basta con conversar para descubrir que aquello que alguien consideraba extrañísimo es compartido por muchas otras personas.

La señal de alarma, para María, no está simplemente en que un deseo resulte poco convencional. Aparece claramente cuando no existe consentimiento y también puede surgir cuando una persona siente que depende de un estímulo específico hasta el punto de no poder excitarse o disfrutar sin él. En esos casos recomienda buscar orientación profesional.

¿Más libres o atrapados en nuestro propio algoritmo?

Nunca habíamos tenido tanta información sobre sexualidad al alcance de la mano. Para María, eso importa.

Hoy alguien puede encontrarse con una conversación sobre placer simplemente desplazándose por su teléfono, sin tener que buscar clandestinamente una revista o un libro. Esa exposición ayuda a normalizar temas que durante décadas permanecieron escondidos.

Pero existe una trampa: confundir nuestro algoritmo con el mundo. Quien consume habitualmente contenidos sobre diversidad sexual, placer, BDSM o relaciones alternativas puede terminar con la impresión de que toda la sociedad se ha vuelto extraordinariamente abierta.

“Yo te podría decir que estamos súper abiertos, ya estamos bien locos, pero también es lo que mi algoritmo me está enseñando”.

Hay avances. El hecho de que una mujer pueda desarrollar una carrera hablando públicamente sobre sexualidad y mantener proyectos dedicados a ello es, para María, una demostración de cambio. Pero existen límites. Ella misma señala la censura y las dificultades de monetización que enfrentan quienes crean contenido relacionado con sexualidad en algunas plataformas digitales. No es una preocupación nueva en su carrera: anteriormente ha hablado públicamente sobre las restricciones que encuentra al intentar divulgar estos temas en redes.

Así que su respuesta a la pregunta de si somos sexualmente más abiertos termina siendo inevitablemente ambigua.

Sí.

Pero no tanto como nuestro algoritmo podría hacernos creer.

Del orgasmo al placer de prepararse algo rico

Después de hablar de técnicas, relaciones, juguetes, pornografía, kinks, consentimiento y deseo, María propone regresar a una palabra mucho más sencilla:

Placer.

Considera que hablamos mucho de cómo practicar sexo y todavía demasiado poco de cómo experimentamos el placer.

¿Qué nos hace sentirlo? ¿Cómo nos tocamos? ¿Qué disfrutamos con nuestra pareja?

Pero también: ¿qué nos produce placer cuando no estamos teniendo sexo?

Puede aparecer al usar una lencería que nos hace sentir bien o incluso al prepararnos algo rico de comer.

Su propuesta es ampliar la mirada y entender el placer no exclusivamente como el resultado de una práctica sexual, sino como una dimensión de la vida cotidiana.

Tal vez por eso, después de una década convirtiendo sus experiencias sexuales en historias, chistes, preguntas y conversaciones, María puede resumir buena parte de lo aprendido en apenas ocho palabras:

“Una buena vida sexual necesita menos culpa y más presencia”.

Cinco preguntas a María a Secas

De todos los temas que has tratado, ¿hubo alguno que incluso a ti te hiciera pensar: “¿En serio voy a hablar públicamente de esto?”?

Creo que fue la primera vez que subí un reel hablando de cómo tener sexo anal, pero contando mi historia. Sí pensé: “¿Es en serio? ¿Es en serio que voy a subir esto para que todo mundo me vea?”.

Pero después dije: bueno, a mí me hubiera gustado que alguien me lo explicara así como yo lo explico. Que alguien me hubiera dado esta información y que no fuera como un libro de “paso uno, paso dos, paso tres”, sino alguien contándome su experiencia.

¿Cuál es la confesión, pregunta o historia sobre sexo que más te ha sorprendido?

Hace poco nos llegó una historia a mi podcast que me encantó. Hablaba de dominación financiera: un chico tenía una dómina financiera, pero como no tenía mucho dinero, empezó a hacer todo un esquema para poder pagarle.

Terminó haciendo toda una especie de escala piramidal. Me encantó y me voló la cabeza.

¿Qué cosa deberíamos normalizar mucho más cuando hablamos de sexo?

Creo que deberíamos hablar más de placer. Más allá de técnicas, juguetes, anticonceptivos o sexo seguro, deberíamos preguntarnos: ¿qué te hace sentir placer?, ¿cómo encuentras el placer?, ¿de qué manera te tocas?, ¿qué posiciones con tu pareja te hacen sentir placer?

Y también qué cosas del día a día te producen placer. Desde comprar una lencería hasta hacerte algo rico de comer.

Hablar del placer como un estilo de vida y como algo que merecemos todos los seres humanos.

Si pudieras borrar para siempre un solo mito sexual de la cabeza de todo el mundo, ¿cuál borrarías?

El de que una mujer pierde su valor por vivir su sexualidad.

Creo que si quitáramos ese mito de la historia seríamos tan libres las mujeres, tendríamos tan buen sexo, tendríamos tantos orgasmos... Pero esa culpa muchas veces es la que nos ha frenado para poder sentir y conectar con nuestro placer.

Para terminar, completa la frase: una buena vida sexual necesita menos ______ y más ______.

Menos culpa y más presencia.