Fotos por: Javier, Val y Eli Tortuga. Sigue al club de Spank Bogotá en X y en Instagram.
Para muchas personas, el spanking se reduce a una palmada durante el sexo. Para otras, puede parecer una práctica agresiva o difícil de comprender. Sin embargo, detrás de los juegos de impacto existe una comunidad que habla de consentimiento, anatomía, comunicación, confianza y cuidado.
Conocimos en el AEFEST al El Club de Spank Bogotá, que nació para ofrecer un espacio de encuentro, formación y exploración responsable alrededor del spanking y otras dinámicas BDSM. Organiza talleres, actividades educativas, encuentros y unas particulares Olimpiadas de Spank, en las que la fuerza está lejos de ser el criterio más importante.

Su fundadora y gestora es Satis, una mujer sumisa con siete años de experiencia dentro de la comunidad BDSM de Bogotá y un vínculo especial con el shibari, el servicio y, principalmente, el spanking.
“El spanking no se trata simplemente de dar o recibir azotes. Es una práctica que puede involucrar confianza, comunicación, límites, entrega, presencia y conexión”
Un espacio para aprender sin sentirse juzgado
El Club de Spank Bogotá surgió de una necesidad aparentemente sencilla: encontrarse con otras personas que compartieran la misma curiosidad o interés por esta práctica. Aunque Bogotá ya contaba con una escena BDSM y diferentes espacios relacionados, Satis percibió que el spanking tenía suficientes particularidades como para contar con una comunidad propia dedicada al aprendizaje y al encuentro.
La idea comenzó a tomar forma después de una conversación con el Señor Diez, un spanker dominante que, aunque no vive en Colombia, se convirtió en una figura importante para el nacimiento del Club. “Satis, quién mejor que tú para formar una comunidad de spanking con personas que tienen el mismo amor por esto”, le dijo durante aquella conversación.
La frase dejó sembrada una idea que posteriormente se transformaría en talleres, encuentros y actividades dirigidas tanto a personas experimentadas como a quienes apenas comienzan a descubrir esta práctica. Muchas personas sienten curiosidad por el spanking, pero no encuentran dónde preguntar o aprender sin temor a ser juzgadas. Para Satis, el Club busca construir precisamente ese puente entre la curiosidad y una práctica consciente.

“No me interesa solamente enseñar a pegar; me interesa enseñar a relacionarnos con el cuerpo del otro desde la confianza y el consentimiento”.
Quienes se acercan por primera vez pueden encontrar personas con distintos niveles de experiencia, espacios de conversación, formación y acompañamiento. También pueden descubrir que no están solas ni son “raras” por sentir curiosidad por una práctica diferente.
El spanking no es simplemente golpear
Satis define el spanking como el arte de azotar los glúteos con la mano o con diferentes implementos. Sin embargo, lo que diferencia esta práctica de una agresión no es únicamente el instrumento utilizado o la zona del cuerpo que recibe el impacto: la diferencia fundamental está en la intención, los acuerdos y el consentimiento.
Mientras un golpe puede convertirse en violencia cuando es impuesto, el spanking consensuado parte de un acuerdo entre personas adultas, con límites, comunicación y la posibilidad de detener la experiencia en cualquier momento.
“No es pegar por pegar. Hay una dinámica, un porqué y una construcción entre las personas involucradas”.
Dentro de esta práctica, el término spanker identifica a quien aplica los impactos; spankee, a quien los recibe, y switch, a quien puede disfrutar de ambos roles. Sin embargo, Satis aclara que estas categorías no deben entenderse como posiciones rígidas ni permanentes. Una persona puede reconocerse inicialmente en un rol, cambiar con el tiempo o decidir que no necesita ninguna etiqueta para vivir su experiencia.
Las motivaciones también son muy diversas. Para algunas personas, el spanking tiene un componente erótico; para otras, representa una forma de conexión, exploración corporal, juego de poder, liberación emocional o diversión. Con frecuencia, varias de estas motivaciones se combinan.

El placer tampoco pertenece exclusivamente a quien recibe los impactos. Quien los aplica puede experimentar excitación, concentración, conexión, sensación de cuidado o satisfacción al construir una experiencia positiva para la otra persona. Por eso, el Club lo presenta como una experiencia compartida y no como una acción unilateral.
Consentimiento: mucho más que decir “sí”
La frontera entre el spanking y la violencia se encuentra en el consentimiento y en el respeto efectivo de lo acordado.
Ese consentimiento debe ser libre, informado, específico, continuo y reversible. No puede darse por hecho porque exista una relación afectiva, porque las personas hayan realizado la práctica anteriormente o porque alguien haya aceptado otra actividad. Consentir spanking tampoco significa aceptar relaciones sexuales, inmovilización, desnudez, humillación, fotografías o grabaciones. Cada uno de esos elementos necesita un acuerdo independiente.
Una escena se convierte en violencia cuando se impone, se utiliza para intimidar o castigar un conflicto real, se modifica unilateralmente, continúa después de una señal de detención o aprovecha el miedo, la dependencia o la dificultad de una persona para negarse.
“Llamar BDSM a una situación no la vuelve automáticamente consensuada”
“En estos espacios también pueden existir abusos, violaciones de límites y desigualdades”.
Para disminuir estos riesgos, la negociación debe realizarse antes de comenzar y sin la presión del momento. Las personas deberían conversar sobre lo que desean explorar, aquello que no quieren hacer, los roles, las zonas autorizadas, la intensidad, los instrumentos, la duración, la posibilidad de dejar marcas y las circunstancias que obligarían a detenerse.

También es importante informar sobre lesiones previas, condiciones de salud, alteraciones de sensibilidad, medicamentos, posibles detonantes emocionales y cualquier situación que pueda afectar la experiencia. La intensidad debe aumentar gradualmente. Expresiones como “un 50% de fuerza” pueden tener significados muy diferentes para cada persona, por lo que resulta preferible comenzar suavemente, hacer pausas y comprobar constantemente cómo responde el cuerpo.
El sistema de semáforo es una de las herramientas que pueden utilizarse: “verde” significa que se puede continuar; “amarillo” indica que es necesario disminuir la intensidad, pausar o revisar algo, y “rojo” exige detenerse inmediatamente. También conviene acordar una señal no verbal para aquellos momentos en los que hablar resulte difícil. Sin embargo, la palabra de seguridad no traslada toda la responsabilidad a quien recibe. Quien aplica los impactos debe observar, preguntar y detenerse ante cualquier duda.
Conocer el cuerpo también hace parte de la práctica
En los talleres del Club se insiste en que conocer la anatomía no es opcional. Ninguna zona corporal está completamente libre de riesgo, aunque la parte amplia y muscular de los glúteos representa un área de menor riesgo relativo para quienes están comenzando.
Deben evitarse el cóccix, la columna, la región lumbar, los riñones, la cabeza, el rostro, los oídos, el cuello, el abdomen, el pecho, las costillas, el esternón, los genitales, las articulaciones y las prominencias óseas. Tampoco deben impactarse heridas, inflamaciones, hematomas previos o zonas con sensibilidad reducida.
Los implementos estrechos, rígidos o largos concentran más energía y exigen mayor conocimiento técnico. Por eso no es recomendable utilizar objetos improvisados sin conocer su material, estado, alcance y forma de impacto.

La observación debe mantenerse durante toda la práctica. Un cambio repentino en la respiración, mareo, desorientación, pérdida de coordinación, dificultad para responder, alteraciones en el estado de conciencia o un llanto diferente de lo previamente conversado son razones suficientes para detenerse.
“La verdadera muestra de ser un buen spanker es su capacidad para leer el cuerpo que está azotando”.
El cuidado no termina con el último impacto
Para el Club, el aftercare o cuidado posterior es un componente no negociable. Puede incluir descanso, hidratación, conversación, alimentos, dulces, acompañamiento emocional, contacto físico previamente acordado o simplemente espacio y tranquilidad.
No existe una única forma de realizarlo porque cada persona puede necesitar algo diferente. Lo importante es reconocer que, después de una experiencia física y emocionalmente intensa, el cuerpo necesita recuperarse y las emociones deben tener la oportunidad de procesar lo vivido. Por esta razón, una sesión no termina necesariamente con el último impacto.
Unas Olimpiadas en las que no gana quien golpea más fuerte
Cada 8 de agosto se celebra el Día Mundial del Spanking. La elección de la fecha se originó en Argentina en 2006: el número ocho fue elegido por su semejanza visual con unos glúteos y la combinación 8/8 se convirtió en una manera lúdica de representar la práctica.

En Bogotá, las Olimpiadas de Spank cuentan con antecedentes que se remontan a los tiempos de La Corpo. El Club decidió recuperar y mantener viva esta tradición, incorporando categorías, reglas y criterios de evaluación para diferentes niveles de experiencia. Las Olimpiadas no buscan premiar a quien golpee con más fuerza. Dependiendo de la categoría, pueden evaluarse la técnica, el control, la ejecución, la resistencia, la precisión, la comunicación, la conexión entre participantes y el cumplimiento de las reglas.
“La fuerza por sí sola no demuestra destreza y puede convertirse en un factor de riesgo. Una buena ejecución integra técnica, dosificación, control, lectura corporal, comunicación y autorregulación”.
La seguridad no se considera un punto adicional que pueda compensarse con una buena presentación. Es la condición mínima para que la competencia exista.
El consentimiento también conserva su carácter reversible durante las Olimpiadas. Cualquier participante puede pedir una pausa, utilizar una señal de seguridad o retirarse. Continuar después de una señal de detención o ante una lesión, pérdida de conciencia o desorientación constituye una falta grave.
“Nadie debería sentir que debe sacrificar su bienestar para demostrar fortaleza o pertenencia. Si alguien necesita parar, se para. Ningún trofeo está por encima de ningún ser”.
El Club se orienta por el principio RACSA: Riesgo Asumido y Consensuado para prácticas de Sexualidad Alternativa. Este enfoque reconoce que ninguna práctica corporal está completamente libre de riesgos. La responsabilidad consiste en conocerlos, hablar sobre ellos, aprender a reducirlos y decidir conscientemente si se desean asumir.

Aceptar un riesgo no significa que todo esté permitido. Por el contrario, implica una responsabilidad mayor con la información, el consentimiento y el cuidado de la otra persona.
Competir también puede construir comunidad
Más allá de definir ganadores, las Olimpiadas y los encuentros permiten construir un lenguaje común sobre consentimiento, límites, técnica y cuidado. También crean oportunidades para compartir conocimientos que muchas veces circulan de manera informal.
No obstante, Satis reconoce que una competencia no es automáticamente incluyente o liberadora. Si no se organiza responsablemente, puede reproducir machismo, jerarquías, discriminación corporal o la idea de que una persona vale más cuanto mayor dolor puede soportar. Por eso resulta fundamental no glorificar la resistencia, proteger la privacidad, respetar la diversidad corporal y reconocer que detenerse también es una decisión válida y responsable.
“La reducción del prejuicio no consiste en convertir los cuerpos en espectáculo, sino en mostrar que las personas adultas tienen agencia sobre su placer y que esa agencia debe ejercerse con información, responsabilidad y cuidado”.
El Club busca abrir diferentes puertas de entrada, sin importar el género, la orientación sexual, el rol o el nivel de experiencia. No es necesario llegar con conocimientos avanzados; sí es indispensable comprender las reglas y asumir los acuerdos de consentimiento y seguridad.

Del espacio privado a una demostración pública
Durante el AEFEST, el Club participó en “Eco en la piel: el arte del impacto”, un taller demostrativo que buscó presentar el spanking como una forma de comunicación corporal. La intención era mostrar que detrás de lo que desde afuera puede parecer solamente un golpe existen técnica, escucha, confianza, juego, intención y consentimiento.
Cuando una práctica que normalmente ocurre en privado se presenta de forma pedagógica, la conversación cambia. La atención deja de concentrarse únicamente en qué están haciendo las personas y comienza a preguntarse cómo lo hacen, por qué existen ciertas reglas y cuáles son los principios que orientan la experiencia.
Esto también ayuda a desmontar uno de los prejuicios más frecuentes: creer que quien disfruta del spanking necesariamente desea ser maltratado o carece de autoestima.

La violencia se caracteriza por la imposición y la ausencia de consentimiento. Una sensación intensa elegida libremente dentro de un contexto acordado no puede equipararse automáticamente con el maltrato.
Empezar hablando, no golpeando
Para quienes sienten curiosidad y quieren experimentar por primera vez, la recomendación de Satis es clara: comenzar con una conversación.
Una primera experiencia debería realizarse con sobriedad, tiempo, privacidad e iluminación suficiente. Es preferible utilizar solamente la mano, empezar con una intensidad muy baja, limitar los impactos a la masa muscular de los glúteos y hacer pausas frecuentes.
No es aconsejable combinar desde el comienzo el spanking con inmovilización, privación sensorial, instrumentos u otros juegos que puedan dificultar la comunicación.
La primera experiencia no tiene que dejar marcas ni demostrar cuánto dolor es capaz de soportar alguien. Su propósito debería ser conocerse, aprender a comunicarse y descubrir si la práctica resulta agradable para las personas involucradas.

“No necesitan reproducir lo que ven en internet ni demostrarle nada a nadie. La primera experiencia debería servir para conocerse, no para superar un récord”.
Pequeño glosario para entender el spanking
- Spanking: práctica que consiste en aplicar azotes o impactos principalmente sobre los glúteos, con la mano o con implementos diseñados para ello, dentro de un contexto previamente acordado.
- BDSM: conjunto de prácticas y dinámicas relacionadas con la disciplina, la dominación, la sumisión, el sadismo y el masoquismo. Deben desarrollarse entre personas adultas, con consentimiento, comunicación y límites claros.
- Spanker: persona que aplica los impactos durante una práctica de spanking.
- Spankee: persona que recibe los impactos.
- Switch: persona que puede disfrutar tanto de aplicar como de recibir los impactos, dependiendo de sus preferencias, el momento o la dinámica acordada.
- Escena: nombre que suele darse dentro del BDSM a una sesión o experiencia previamente conversada, con roles, prácticas y límites establecidos.
- Palabra de seguridad: palabra acordada para comunicar que es necesario disminuir la intensidad, hacer una pausa o detener inmediatamente la práctica.
- Sistema de semáforo: método de comunicación en el que “verde” significa continuar, “amarillo” indica bajar la intensidad o revisar lo que sucede y “rojo” exige detenerse de inmediato.
- Aftercare: cuidado físico y emocional posterior a una práctica intensa. Puede incluir hidratación, descanso, conversación, alimentos, contacto físico acordado o el espacio que necesite cada persona.
- RACSA: sigla de “Riesgo Asumido y Consensuado para prácticas de Sexualidad Alternativa”. Reconoce que algunas prácticas tienen riesgos y que las personas deben conocerlos, hablar sobre ellos, reducirlos y decidir conscientemente si desean asumirlos.
- Shibari: práctica japonesa de ataduras con cuerdas que puede tener propósitos estéticos, eróticos, emocionales o relacionados con dinámicas BDSM. Requiere conocimientos técnicos, consentimiento y medidas de seguridad.

Preguntas rápidas con Satis
¿Cuál es el principal mito sobre el spanking que te gustaría desmontar?
Que disfrutar del spanking significa disfrutar del maltrato o que una persona debe tener algún problema emocional para sentir placer con una experiencia intensa. Las personas somos diversas y nuestros gustos también. Lo importante es que nuestras prácticas sean consensuadas, responsables y lo más seguras posible.
¿Se puede disfrutar del spanking sin identificarse como parte de la comunidad BDSM?
Por supuesto. Una práctica, una preferencia y una identidad no son lo mismo. Las etiquetas pueden servir para encontrarnos, pero no deberían convertirse en una obligación.
¿Qué error nunca debería cometer alguien que está comenzando?
Asumir. No se debe confundir el silencio con consentimiento, ignorar un límite, comenzar con una intensidad alta, practicar bajo los efectos del alcohol o utilizar el spanking para castigar un conflicto externo.
¿Qué has aprendido sobre los límites?
Que poner un límite no es rechazar a alguien. Muchas veces es la forma más sana de construir confianza. Un límite tampoco necesita una explicación: “no quiero” es suficiente.
¿Qué deseas construir con el Club de Spank Bogotá?
Un espacio donde las personas puedan explorar, aprender y disfrutar sin perder de vista algo fundamental: detrás de cada práctica hay una persona, con emociones, una historia y un cuerpo cuyos límites merecen ser respetados.
El Club de Spank Bogotá desarrolla talleres, encuentros y actividades educativas mensuales. Quienes deseen conocer sus próximas actividades pueden acercarse a través de sus canales oficiales en Instagram, X, FetLife y su comunidad de WhatsApp.
