Para quien observa desde afuera, una máscara con orejas, un collar, una cola o una persona persiguiendo una pelota pueden parecer elementos de una práctica exclusivamente sexual. Sin embargo, para quienes forman parte de PetPlay Bogotá, detrás de estas imágenes también existen juego, afecto, identidad, libertad, confianza y comunidad.
El pet play, o juego de mascotas, es una práctica entre personas adultas en la que alguien adopta o explora comportamientos, roles, movimientos o sensaciones inspirados en animales. Puede incluir accesorios, entrenamiento, dinámicas de cuidado y distintas formas de interacción, pero no existe una única manera correcta de vivirlo.
Hablamos con Antracita, gestora y líder de Pet Play Bogotá en el AEFEST y descubrimos la vida secreta de las mascotas.

Antracita - gestora y líder Pet Play Bogotá
Para algunas personas representa una experiencia erótica o sexual. Para otras es principalmente un juego, una forma de expresión, un espacio de tranquilidad o una manera de relacionarse con los demás. También puede practicarse dentro del BDSM, aunque no depende necesariamente de él.
PetPlay Bogotá se define como un colectivo que busca crear vínculos afectivos, de confianza y pertenencia entre quienes sienten curiosidad o afinidad por esta práctica. Su propósito es construir una comunidad, o como prefieren llamarla, una manada donde cada integrante pueda explorar libremente, dentro de un ambiente basado en el consentimiento, el respeto, la privacidad y el cuidado mutuo.
Una de las personas que acompaña ese proceso es Antracita, conocida cariñosamente como Antra. quien actualmente lidera PetPlay Bogotá junto con el apoyo de algunos integrantes de la manada. Su historia dentro de la comunidad comenzó, sin embargo, mucho antes de ocupar ese lugar.
Encontrar una parte de sí misma
Antes de acercarse a una comunidad o de conocer conceptos como pet y headspace, Antracita ya reconocía dentro de sí ciertas emociones, impulsos y formas de relacionarse con las sensaciones. En ocasiones se dejaba llevar por la textura de una tela suave, un tapete o el contacto con determinados objetos. Todavía no sabía cómo nombrarlo, pero sentía que existía una faceta de su personalidad que aparecía en esos momentos.
Su exploración comenzó en privado, en la intimidad de su habitación. La primera vez que sintió que había entrado verdaderamente en una mentalidad pet estaba acompañada por alguien que la llamó “Antracita”. La reacción fue inmediata.
No se trató simplemente de encontrar un nombre atractivo para un personaje. Para ella, aquella palabra conectó con una parte de sí misma que reconocía desde su adolescencia.
“Antracita, o Antra, como muchos me llaman, es una parte muy tierna, sincera y vulnerable de mí. Cuando pude darle un espacio para existir, sentí que había encontrado algo que llevaba mucho tiempo buscando”, cuenta.
El pet play se convirtió así en una manera de conocerse y permitir que apareciera una faceta que normalmente permanecía protegida. Antra podía ser más directa, afectuosa y espontánea; podía relacionarse con su cuerpo y con otras personas sin las exigencias que acompañaban su vida cotidiana.
Con el tiempo comprendió que tampoco tenía que limitarse a un único rol. Inicialmente no veía a Antra como una alfa, pero fueron sus experiencias y las relaciones construidas en la comunidad las que comenzaron a revelarle esa faceta.
También ha explorado el papel de caregiver, una figura orientada al acompañamiento y el cuidado y, con mayor calma, el de handler, quien puede guiar y acompañar a un pet durante algunas dinámicas.
Los roles, explica, no deberían convertirse en una camisa de fuerza. Un pet puede jugar y explorar; un handler puede acompañar y orientar; un caregiver puede concentrarse en el bienestar; un trainer puede participar en procesos de entrenamiento, y un owner puede construir otro tipo de vínculo.
Sin embargo, ninguna de estas palabras determina por sí sola cómo debe relacionarse una persona. Cada integrante y cada vínculo pueden crear sus propios acuerdos.
Del grupo de WhatsApp a una comunidad nacional
PetPlay Colombia nació en 2021 como un pequeño grupo de WhatsApp de personas que compartían intereses similares. Lo que comenzó como un canal para encontrarse y conversar fue creciendo hasta convertirse en un espacio de reunión y acompañamiento. Onix asumió el liderazgo de aquella iniciativa, que posteriormente empezó a organizarse mediante grupos en diferentes ciudades.
A finales de 2023 se tomó la decisión de que las comunidades locales desarrollaran su propia gestión. Desde entonces, cada ciudad administra sus integrantes, encuentros, reglas y actividades, aunque las distintas manadas continúan comunicándose y buscando oportunidades para integrarse. Onix permanece al frente de PetPlay Colombia como nombre e identidad compartida, mientras que Antracita en la actualidad, asumió el liderazgo de PetPlay Bogotá.
Antes de introducir cambios, Antracita quiso conocer las dinámicas existentes, escuchar a los miembros del grupo y comprender sus necesidades. A partir de ese proceso, la comunidad bogotana comenzó a desarrollar su propio estilo: creó una identidad visual, reorganizó sus canales de WhatsApp, fortaleció sus redes sociales e incorporó formularios, reglas y subgrupos destinados a diferentes conversaciones.

Su transformación también se manifestó en la diversidad de quienes empezaron a participar. Cuando Antracita llegó, la mayoría del grupo estaba conformada por hombres gay. Esta presencia está relacionada con la historia del puppy play y del uso de las hoods o máscaras dentro de comunidades homosexuales masculinas alrededor del mundo.
Ella fue recibida inicialmente como una mujer más entre los integrantes.
“Yo era la gatita que se la pasaba con un grupo de puppies”.
A medida que construyó relaciones y asumió una mayor responsabilidad, otras mujeres comenzaron a sentirse representadas y a acercarse. Hoy, PetPlay Bogotá reúne personas con diferentes géneros, orientaciones sexuales, personalidades, gustos, kinks y maneras de vivir la práctica.
No todas representan perros o gatos. También existen otros tipos de pets e integrantes que exploran comportamientos más ferales, asociados con animales salvajes o menos domesticados.
Mucho más que una práctica sexual
Uno de los principales prejuicios que enfrenta el pet play es la idea de que siempre tiene una finalidad sexual. La sexualidad puede estar presente si las personas adultas involucradas así lo desean y lo acuerdan, pero no es una condición ni define por completo la experiencia.
En un encuentro, alguien puede correr detrás de una pelota, aprender trucos, jugar una pequeña lucha, recibir cariño, acostarse a descansar o pasar un rato dentro de una piscina de pelotas. Para otras personas, la experiencia consiste en explorar una personalidad diferente o liberarse temporalmente de las responsabilidades habituales.
También puede ser una forma de expresión emocional. Hay quienes encuentran en su pet la posibilidad de mostrar ternura, vulnerabilidad, energía, curiosidad o afecto de una manera que no siempre les resulta sencilla en otros espacios.
Para algunos participantes, la dimensión más importante es la comunidad. Encontrar una manada significa conocer personas capaces de comprender algo que quizá sintieron que debían ocultar durante años.
Por eso, Antracita considera que resulta más interesante preguntarle a cada persona qué significa el pet play para ella, en lugar de intentar encerrarlo dentro de una sola definición.

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Entrar en “modo avión”
Uno de los conceptos más particulares de esta práctica es el headspace o mentalidad pet: un estado de concentración y conexión en el que la persona se acerca emocional y corporalmente al rol que está explorando.
No todos lo experimentan de la misma manera ni todas las personas necesitan alcanzarlo para participar. En el caso de Antracita, implica que sus pensamientos se aquietan y su atención se concentra en el cuerpo, las sensaciones, las personas cercanas y el momento presente.
Para explicarlo, utiliza una comparación con la tecnología. La vida cotidiana puede sentirse como un celular con demasiadas aplicaciones abiertas, datos circulando y notificaciones que llegan permanentemente. Entrar en headspace sería similar a activar el “modo avión”: muchas de esas notificaciones dejan de aparecer y la persona puede concentrarse en algunas funciones más básicas.
Durante ese momento no tiene que ser quien trabaja, organiza, resuelve problemas o toma decisiones. Puede bajar la guardia, disfrutar las sensaciones y simplemente jugar. Esto también explica por qué la confianza resulta tan importante. Para permitirse esa desconexión parcial de las preocupaciones cotidianas, una persona necesita sentirse acompañada por gente que conozca y respete sus límites.
¿Qué sucede durante un mosh?
Los encuentros de juego reciben comúnmente el nombre de moshes. Son espacios preparados para que los participantes puedan entrar en rol, interactuar y explorar sin tener que preocuparse por demasiados factores externos.
PetPlay Bogotá suele reunirse en ambientes de confianza. Uno de los lugares que los ha recibido con mayor frecuencia es Shibari Night Bogotá, al que consideran una comunidad hermana, aunque también desarrollan actividades en otros espacios.
En los moshes puede haber piso blando, piscina de pelotas, juguetes y comida para compartir. Cada integrante decide qué quiere llevar y de qué manera desea participar. Antes de comenzar, las personas se presentan, conocen las reglas y conversan sobre la dinámica del encuentro. En algunas ocasiones también hablan sobre lo que esperan hacer y sobre sus límites personales.
Después comienza el juego.
Mientras algunos pets corren detrás de pelotas o juegan luchitas, otros descansan, reciben cariño o permanecen tranquilamente dentro de la piscina. No existe la obligación de comportarse de una forma determinada ni de participar en todas las actividades.
Los caregivers, handlers y owners cumplen un papel importante. Pueden observar, acompañar, cuidar y jugar con los pets, siempre de acuerdo con la relación y los límites establecidos.
Quien asiste por primera vez no necesita llegar con experiencia, accesorios costosos ni un rol perfectamente definido. Puede observar, hacer preguntas y descubrir poco a poco aquello con lo que se siente cómodo.

Manada en Shibari Night Bogotá - Sesión de Fotos de PetPlay Bogotá
El consentimiento comienza antes del juego
La libertad que busca promover el pet play solo es posible cuando existen acuerdos claros.
Para PetPlay Bogotá, el consentimiento comienza antes de entrar en rol. Las personas deben hablar sobre lo que desean hacer, aquello que no quieren experimentar, sus límites y lo que esperan de la interacción.
Entrar en headspace no elimina esos acuerdos. Una persona no pierde el derecho a detener una actividad por estar actuando como pet ni por haber aceptado previamente otra dinámica.
Este cuidado resulta especialmente importante porque muchos participantes reducen o abandonan temporalmente la comunicación verbal cuando entran en su mentalidad pet. La ausencia de palabras no significa ausencia de comunicación. El lenguaje corporal, los movimientos, los sonidos e incluso algunos juguetes previamente acordados pueden servir para expresar comodidad, interés, incomodidad o la necesidad de detenerse.
Pero estas señales solo funcionan cuando fueron conversadas y comprendidas con anterioridad. Por eso, el diálogo previo tiene tanta importancia.
El cuidado tampoco termina cuando finaliza el juego. Después de una experiencia física o emocionalmente intensa puede ser necesario descansar, hidratarse, recibir cariño, conversar sobre lo sucedido o simplemente permanecer cerca de alguien. Este acompañamiento posterior es conocido como aftercare.
Antracita también reconoce que llamar “seguro” a un espacio no significa asegurar que jamás surgirá un inconveniente. Para ella, un espacio seguro es aquel que cuenta con reglas, herramientas y personas dispuestas a actuar responsablemente cuando se presenta un problema.

Antracita y Spark, Sesión de Fotos de PetPlay Bogotá
Cuidar personas, no administrar contactos
Ingresar a PetPlay Bogotá implica un proceso diseñado para conocer a quienes desean formar parte de la comunidad.
Las personas interesadas completan un formulario con preguntas básicas. Posteriormente, Antracita comunica con ellas para resolver sus inquietudes, explicar el funcionamiento del colectivo y comprender sus motivaciones.
Después reciben información sobre las reglas generales y pueden presentarse ante los demás integrantes.
Este proceso busca prevenir situaciones de acoso, discriminación, contacto no deseado, exposición de información privada y otras conductas que puedan afectar la tranquilidad de la manada.
“Cuando gestionas una comunidad estás cuidando personas, no solamente administrando un grupo de WhatsApp”.
La moderación también exige saber escuchar. Un líder no tiene que poseer todas las respuestas, pero sí debe reconocer cuándo necesita buscar información o dirigir a alguien hacia una persona con mayor experiencia. Antracita admite que continúa aprendiendo. También ha tenido que acostumbrarse a recibir comentarios y críticas, algunos agradables y otros difíciles, e intentar convertirlos en oportunidades para mejorar.
El liderazgo tiene, además, un costo personal. Durante algunos encuentros no puede limitarse a entrar en su propio headspace porque debe permanecer atenta a lo que sucede, acompañar a otras personas y tomar decisiones. Sin embargo, la propia manada ha comenzado a recordarle que ella también tiene derecho a jugar y dejarse cuidar.

AEFEST - Antracita y Thor
Hablar para desmontar los prejuicios
Además de la asociación automática con el sexo, existen otros imaginarios alrededor del pet play.
Algunas personas creen que todos sus practicantes deben ser puppies, vestir de cierta forma, utilizar una hood o pertenecer a una estructura definida. Otras lo confunden con el furry fandom, con ser therian o incluso con la zoofilia. Son conceptos diferentes.
El pet play se desarrolla entre personas adultas que adoptan o exploran comportamientos y estéticas inspirados en animales. No involucra animales reales ni significa que la persona crea necesariamente que es un animal. Tampoco exige pertenecer al furry fandom, aunque alguien puede sentirse cercano a más de uno de estos universos.
Antracita no espera que todas las personas compartan sus gustos o quieran experimentar la práctica. Lo que busca es que puedan comprender que existen adultos que la viven responsablemente, mediante acuerdos y sin hacer daño a los demás.
“Mientras más tranquilamente hablemos de estos temas, menos reacciones negativas habrá de las otras personas”.
Para alguien que siente curiosidad, su recomendación es avanzar despacio. No necesita comprar accesorios, definir inmediatamente su identidad, encontrar un dueño ni ingresar a una relación.
Puede comenzar leyendo, haciendo preguntas, conversando con personas de confianza o asistiendo a un espacio donde pueda observar y conocer la práctica.
PetPlay Bogotá ha desarrollado recursos educativos, publicaciones, un blog y un glosario para facilitar ese primer acercamiento. También organiza conversaciones y actividades que permiten aprender sin sentir que es necesario saberlo todo desde el principio.
La exploración, insiste Antracita, no obliga a tomar un camino determinado. La comunidad puede mostrar diferentes posibilidades, pero cada persona decide cuáles quiere recorrer.

Antracita y Onix (Lider PetPlay Colombia)
El futuro de la manada
Lo que comenzó como un pequeño grupo se ha convertido para Antracita en una familia.
Su aspiración es que PetPlay Bogotá continúe creciendo sin perder la diversidad, la cercanía ni el cuidado que le permitieron sentirse bienvenida cuando llegó.
Sueña con más espacios educativos, talleres y oportunidades para que otros integrantes compartan sus conocimientos. También espera fortalecer los encuentros con comunidades afines y producir contenidos que ayuden a quienes apenas están descubriendo el pet play.
El crecimiento probablemente exigirá que más personas asuman responsabilidades de liderazgo. Para Antracita, lejos de ser un problema, esa necesidad sería una señal del apoyo y la aceptación que ha logrado la manada.
Su visión del futuro puede resumirse en una frase:
“Los grupos no son una comunidad. La comunidad la construyen las personas”.
Eso es PetPlay Bogotá para ella: un lugar construido colectivamente donde las personas pueden jugar, aprender, cuidarse y permitirse ser ellas mismas.

Antracita. Foto por Antracita
Preguntas rápidas con Antracita
¿El pet play siempre es sexual?
No. Puede tener una dimensión sexual para algunas personas, pero también puede ser juego, afecto, expresión, exploración personal, conexión o comunidad.
¿Es necesario tener una hood, un collar o una cola para comenzar?
No. Tampoco necesitas tener un dueño ni saber exactamente cuál es tu rol. Puedes empezar simplemente con curiosidad.
¿Qué es el headspace para ti?
Es como poner el celular en “modo avión”. Muchas de las notificaciones de la vida cotidiana dejan de llegar y puedo conectarme con mi cuerpo, con las personas que me rodean y con el momento.
¿Cuál es la regla más importante dentro de un espacio de juego?
Hablar previamente sobre el consentimiento y los límites. Estar en rol nunca significa renunciar al derecho a decir “no” o “hasta aquí”.
¿Qué debería hacer alguien que quiere explorar?
Informarse, hacer preguntas, avanzar despacio y acercarse a personas o comunidades que respeten sus decisiones. Explorar no obliga a adoptar inmediatamente una identidad o una relación.
¿Qué significa PetPlay Bogotá para ti?
Familia. Es una comunidad que me recibió, me permitió descubrir nuevas facetas de mí misma y ahora me da la oportunidad de ayudar a construir un espacio donde otras personas también puedan sentirse bienvenidas.
