Mi Vecina
Relato de comunidad Hetero: Primera vezschedule 10 min de lectura calendar_today Enero de 2008

Mi Vecina

Hace unos cuantos años cuando era más joven solía masturbarme con mucha frecuencia. En una de estas ocasiones no me di cuenta de tener la ventana del baño abierta y en plena faena observé como la vecina del sexto derecha me pilló desde su ventana. Nos miramos, me sonrojé y volví corriendo a....

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Hace unos cuantos años cuando era más joven solía masturbarme con mucha frecuencia. En una de estas ocasiones no me di cuenta de tener la ventana del baño abierta y en plena faena observé como la vecina del sexto derecha me pilló desde su ventana. Nos miramos, me sonrojé y volví corriendo a mi habitación. El susto y la vergüenza no me dejaron acabar aquella paja, claro. A partir de aquel suceso comencé a tener más cuidado y ser más discreto para tales asuntos, pero no evitaba la frecuencia de mis masturbaciones porque a esa edad (no diré cual) estaba muy, muy salido. El problema era la vergüenza que me daba al encontrarme con mi vecina en el portal o en el ascensor. Ella sonreía y me miraba fijamente, yo intentaba apartar la mirada y lo pasaba francamente mal. Ella me preguntaba por mis estudios y cosas banales, pero se intuía una fuerte tensión. Marisa, que así se llamaba, era una señora de unos 35 años. Yo la veía mayor desde mi edad, pero reconozco que estaba muy bien. Estaba separada y vivía con su hija que tenía aproximadamente mi edad. Su hija siempre me había gustado y era por ello que aquel suceso de la ventana me aterrorizó: “la madre de la chica que me gusta me ha visto pajearme”. Las dos eran casi pelirrojas, con el pelo largo y muy guapas, se parecían mucho. Marisa era algo más bajita que dianita pero tenia unas tetas gigantescas, aunque la hija no estuviera mal servida. Ya podran suponer quienes eran regularmente protagonistas de mis fantasías sexuales... Yo por aquel entonces no estaba plenamente desarrollado, delgadito pero ya media casi lo que ahora, aproximadamente el metro setenta y tantos. Soy y he sido bien parecido o chusco como le dicen a uno las chicas de bogota por lo que aunque sea tímido no me faltaron novias. Ahí residía la confianza que podía tener en mí mismo. Un fin de semana que me quedé solo reuní el coraje suficiente para acercarme a diana, mi amada vecinita. Era un proyecto que venia de atrás y pensé que aquel sábado sería el DIA “D”. Casi todas las tardes ella se quedaba sola y mi “gran imaginación” me llevó frente a su puerta para pedir sal ( diría que estaba solo y no la encontraba, lo que viniera después...) Me puse mis mejores galas, pero sin que se notara mucho, mis Converse azules, mis jeans pepe (mis amigas decían que tenia el mejor culo del curso) y mi camiseta negra pequeña. Me eche gel porque ella era un poco subida y no creía que le gustara mis greñas sueltas. Yo me veía bien ante el espejo y salí al hall, cerré mi puerta y me fui hacia la suya “preparado para pedir sal”. Llamé, y cual fue mi sorpresa cuando quien me abrió fue la madre. “¡Mierda!”, pensé, “la he cague”. - ¡Hombre!, David - Hola - ¿Qué tal? - Bien, gracias. - ¿Qué quieres?.- aunque se hubiera ido al traste mi plan debería pedir sal de todos modos. - Sal. - ¿Sal? - Si, sal. Me he quedado solo e iba a cocinar algo y no sé dónde la guarda mi mama. - Muy bien David, cocinando. Pasa, anda que te la doy. - No, no. Espero aquí. - Anda, anda, pasa.- me cogió del brazo y me hizo entrar.- Ven conmigo. - Pues es que como no sé dónde guarda mi mama las cosas... - Claro, claro.- hay que reconocer que la madre también estaba muy buena para la edad que tenía. Llevaba un vestidito de esos de verano que son muy ligeritos y semi-transparentes. Cuando le seguía por el pasillo podía entrever sus braguitas negras y el sostén a juego.- ¿Se han ido tus padres de fin de semana? - Sí - Qué bien, no. La casita para ti solito.- yo me estaba poniendo un poco nervioso. - Si, está bien. - Pues habrás invitado ya a tu novia. - No, no tengo novia. - No digas!!!, y con lo guapo que te estás poniendo,... toma.- y me dio la sal.- llévate la bolsa y luego me la traes, ¿Vale? Así que salí disparado de allí. Cuando cerré la puerta de mi casa me sentí a salvo, pero con mi plan frustrado. Estuve viendo la tele y solo, me dije “me voy a poner una peli porno”. Tenía un par de ellas grabadas del canal plus y cuando iba a buscarla a la habitación (las tenía escondidas) sonó el timbre de la puerta y fui a abrir. Allí estaba mi vecina con el vestidito de verano. Me volvían a temblar las piernas, me acojonaba aquella mujer. - Hola, no me has devuelto la sal. - ¡Ah! ¡Mierda! Se me había olvidado, perdona. Voy por ella. Fui corriendo a la cocina y tuve que abrir la bolsa de sal y tirar un poco para disimular que la había utilizado, entonces oí como se cerraba la puerta de entrada. Me dirigí al hall con la bolsita. - Perdona que cerrara pero es que no me gusta esperar afuera, por si pasa alguien, no quiero saludar, ya sabes. - Claro. - Oye, si vas a montar una fiesta o algo no te preocupes por el ruido, no me voy a quejar ni a contarle a tus padres, ¿vale? - No, si no voy a montar nada. - Entonces aprovecharas para salir hasta tarde, ¿no? - No sé, a lo mejor no salgo. - ¿Tienes que estudiar? - No, que va. - Ya. Oye, ¿Te puedo hacer una pregunta?.- ya me estaba poniendo más nervioso. - ¿Estás muy cortado por lo del otro día? - ¿Qué? - Por lo que pasó el otro día. - No te entiendo. - Cuando te vi... ya sabes, masturbandote. - No me estaba haciendo nada. - No pasa nada, es lo más normal del mundo. Yo también me masturbo, ¿qué te crees?. Pero no con la ventana abierta, claro. Por ejemplo aquel día me hice un dedo pensando en ti. - ¿En mí? - Si, me excitó verte, y no estas mal. - Gracias, tu tampoco.- Ahí nos reímos y aunque yo estaba muy cachondo por lo que me estaba diciendo me relajé un poco. - Bueno, ahora que ya lo hemos aclarado y si no vas a hacer nada, ¿Por qué no me invitas a una coca cola? - Vale, pasa. Fuimos por unos vasos a la cocina y nos sentamos en el salón. Yo en una butaca y ella frente a mí en el sofá. Estuvimos hablando un rato de tonterías, ella me preguntaba cosas del Colegio, me contaba cosas de su trabajo, de su ex, de Diana ... Yo disimuladamente le miraba las piernas y el escote porque cada vez me parecía más guapa y accesible, era lo que me excitaba. De los hombros le colgaban los tirantes del sujetador negro y los del vestidito, que a veces se le caían hasta el brazo y ella los recogía para volvérselos a colocar. Al estar sentada mostraba sus piernas casi al completo, además con sus movimientos cada vez se dejaban ver más sus muslos. Por la cabeza se me pasaba la idea de abalanzarme sobre ella y besarla y tocarle las tetas, pero no me atrevía. No estaba seguro de que ella quisiese, porque aunque fuera muy atrevida, la conversación en vez de darme pie a hacerlo cada vez se alejaba más de mis propósitos, pero yo estaba caliente. Entonces me preguntó algo que no entendí o no escuché bien y nos quedamos unos segundos para mí eternos en silencio mientras ella me miraba. - Estas en las nubes. ¿En qué pensabas? - En nada, te estaba escuchando, sigue. - No me estabas escuchando. Me estabas mirando el escote. - No. - Sí - A lo mejor un momento de pasada, no sé, por casualidad a lo mejor. - ¿Qué años me pones? - No sé... - Di - Es que no calcular, no sé... - Treinta y cinco. ¿Cómo te parece que estoy para tener treinta y cinco? - Bien, muy bien. - Gracias. ¿Sabes?, tu para ser tan jovencito estas también muy bien. - Bueno... - ¿Te has acostado alguna vez con una mujer, David? - No, nunca. - ¿Qué es a lo máximo que has llegado? - Me da pena decirlo. - Que no te dé pena, cuéntamelo a mí. - roces y tetas, poco más. - ¿Te gustaría comerme a mí? ¿Quieres que te enseñe? - No sé- yo estaba asustado. - Claro que quieres comerme, se como me miras y además se nota que te gusto. El otro dia vi que tienes un pene muy grande. Acto seguido se quitó la ropa, se quedó solo con las tangas y delante de mí comenzó a acariciarse los pezones. - Ahora quítate la ropa tu, así muy bien, la camiseta...bien, bájate los pantalones, uy, ¿qué tienes ahí?, eso es. Ahora quítate la camiseta, mmmm, que vergota tienes, niño. La vamos a pasar muy bien. Vamos a hacerlo en el suelo. Apartó una mesita que tenía en el medio y me tumbó allí mismo. - Lo primero que vas a aprender es cómo es un vagina y como hay que comérsela.- se puso de rodillas sobre mi boca y acercó su chochito pelirrojo a mi boca.- Ahora saca la lengua y lámela. Así, mmm, muy bien niñito, quién te habrá enseñado a comer chochitas....te la voy a restregar un poco por la cara, joder, qué gusto, ¡cómo me la comes!.- yo no dejaba de lamer, chupar, mordisquear, me encantaba, cada vez el coño estaba mas mojado y sus jugos caían sobre mi boca y lo tragaba, así debía saber una mujer. - Me encanta comértela. - Mmmm, y a mí cariño, sigue , ahhh ahhh me voy a correr cabrón, me voy a correr, ahh ahhhh.- Entonces un chorro de sus jugos me inundaron, ella temblaba y se contraía agarrándome el pelo. Yo estaba demasiado excitado y a la mínima podría eyacular.- Ven, ahora tu. - ¿Qué hago? -Comete mis tetas, ponte de rodillas sobre mí, así, muy bien, cabrón, métela entre mis tetas y cometelas, así, así, así, que gorda la tienes nene, qué verga. Sigue, ¿te gustan mis tetas? . ¡Cometelas! - Me voy a correr. - Córrete en mis tetas, vamos, dame tu leche, dame tu leche, ahhh, así, cuanta leche..- Ella, con las dos manos se extendía mi semen por su cuerpo. Después de acabar ella siguió besándome todo el cuerpo mientras se masturbaba. A los pocos minutos cogió mi verga y se la puso a la entrada de su vagina que estaba realmente empapada. - Ven, quiero que me la metas, que me la metas bien hasta dentro. Iba a ser la primera vez que la metiera en una cuca de verdad. Sólo tuve que empujar un poco para que le entrara el capullo y el resto le siguió con facilidad. Lo más placentero fue oír como a medida que le introducía la polla ella gemía y me apretaba la espalda con sus manos, clavándome las uñas como una gata en celo. Todas las palabras que me decía al oído me obligaban a moverme más aprisa y con mayor violencia, estaba muy excitado. Ella me pedía cosas como que le agarrara el culo bien fuerte y después empezó a acariciarme el mío hasta que con un dedo jugó con mi ano. Yo le retiré la mano en un principio pero ella insistía y me dejé hacer. Mientras me la estaba follando lubricó su dedo con su saliva y me lo metió por el culo. Era una sensación muy extraña y a la vez muy placentera. Seguimos follando como locos, creo que me movía bien, sería algo innato. A ella le sobrevino otro orgasmo, cada vez se estremecía más y me arañaba con más fuerza. - Córrete cabrón, córrete.- me decía, y claro yo la tuve que obedecer.- No, dentro no. En mi boca. Me salí del coño y ella la agarró con sus manos como un gran trofeo y se puso a chupármela enloquecida cuando descargué de nuevo mi leche, esta vez en su boca. Se tragaba todo lo que yo le daba a la vez que me la limpiaba con su lengua y se relamía para no dejar nada. - Me encanta la leche.- me dijo.- La tuya está muy rica. Acababa de echar mi primer polvo, y desde luego no sería el último, me había encantado. Luego se vistió porque su hija estaba a punto de llegar y quería esperarla en su casa. Se despidió diciendo que esto había sido solo el comienzo, y que me había portado mucho mejor que muchos hombres que había conocido, que iba a hacer de mí el mejor amante del mundo y que me presentaría a algunas amigas suyas que me iba a encantar conocer. Nunca me he acostado tan a gusto como aquel día, el primer día. Después vendrían muchas cosas, como sus amigas de y otras muchas que luego les cuento.

— tuprofe

25 de enero de 2008

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