De Chico A Puta
Relato de comunidad Transexualesschedule 5 min de lectura calendar_today Mayo de 2008

De Chico A Puta

Siempre me fascino vestirme con ropa de mujer, entre mas sensual mejor. Desde niño aprovechaba cualquier oportunidad para ponerme algún artí­culo de ropa de mi hermana o de mi mami. Claro, uno de muchacho no era nada precavido y ellas no se demoraron mucho en darse cuenta del asunto. Castigos....

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Siempre me fascino vestirme con ropa de mujer, entre mas sensual mejor. Desde niño aprovechaba cualquier oportunidad para ponerme algún artí­culo de ropa de mi hermana o de mi mami. Claro, uno de muchacho no era nada precavido y ellas no se demoraron mucho en darse cuenta del asunto. Castigos tras castigos, pero nada me podí­a quitar ese deseo de verme en el espejo convertido en nena. A pesar de mi afinidad por el travestismo, jamás habí­a salido en publico vestido pues entendí­a de que no reuní­a las condiciones para ser totalmente convincente como mujer y me morí­a del miedo de imaginarme que pasarí­a donde me descubrieran. Con el paso del tiempo fui experimentando más y mas, cada vez mas audaz. Un dí­a estaba caminando por el centro cuando de repente me encontré con una sala de cine porno. Jamás habí­a entrado en semejante lugar, aunque si me habí­an contado que era un lugar favorito para gays clandestinos y cacorros, donde el sexo anónimo en la tenebrosa oscuridad era la norma. Pague la entrada, era baratí­simo, y entre. Mis ojos tardaron varios minutos en aclimatarse a la oscuridad profunda, de repente pude ver a un grupo de hombres teniendo sexo en la parte de atrás del cine. Quede fascinado aunque un poco asustado a la vez. Al pasar las semanas regrese varias veces al cine, primero como espectador de los encuentros anónimos que en el se celebraban y luego como tí­mido participe. Después de varias visitas se me ocurrió la locura de vestirme de nena en el cine puesto que en semejante ambiente seguramente nadie se atreverí­a a señalarme o criticarme. Era un jueves en la tarde. Me acuerdo que en el cine habian unos 30 hombres, la mitad sentados en el auditorio y la otra mitad parados en la parte de atrás, justo debajo de la ventanilla del proyector. Entre con una mochila, llevaba puesto una camiseta vieja y super ajustada que dejaba ver mi ombligo, y debajo de los jeans llevaba una tanga y una mini mini falda que apenas alcanzaba tapar mi nalga. Para completar mi disfraz de meretriz llevaba medias de ligero negras y en la mochila tenia unos tacones que habia comprado para la ocasión. Aprovechando la oscuridad me sentí­ en un punto algo aislado de los demás y rápidamente me quite la chaqueta, los jeans y los tenis, colocándolos en la mochila. Saque los tacones y me los puse, y deje la mochila en una de las butacas del cine, sin pensar que alguien pudiera robársela en un instante. Camine lentamente hacia la parte de atrás, tratando de asumir una cadencia sensual aunque era obvio que apenas aprendí­a a caminar en tacones. No importaba, la calentura colectiva de ese grupo de colegas degenerados aceptarí­a con gusto a un travesti de 150 kilos y de bigote. Todos los ojos del cine estaba apuntados hacia mi. Era una sensación rica, ser el centro de atención, asi fuese en unas condiciones tan peculiares. Me dirigí­ hasta la ultima fila de butacas y me recosté contra el espaldar de una, abriendo mis piernas en un gesto agresivo de interés sexual. No habí­a pasado dos minutos cuando se me acerco un hombre de algunos 50 anos, con cara de profesor desempleado, y comenzó a hablarme. No entendí­a ni mu de lo que me decia, pero mientras el me hablaba otro tipo se paro a mi derecha y comenzó a acariciarme la nalga, la pierna, hasta llegar a mi entrepierna y sentir mi pene retorcido debajo de la tanga para esconder su estado de animo. Yo intentaba mantener una postura de indiferencia ante semejante situación, mirando la pantalla mientras me rodeaban mas y mas hombres. De repente la mano de mi vecino se multiplico en dos, luego cuatro, luego seis, hasta que perdi la noción de cuantos hombres me masturbaban, sobaban, pellizcaban, por todo el cuerpo, como aquel fiel creyente que busca tocarle aunque sea una esquinita a la sotana del papa con la esperanza de salir bendecido. También me hice participe, masturbando con ambas manos a la mayor cantidad de compañeros posible. De repente senti unas manos que agarraban mis nalgas y las separaban ampliamente. Me sentia impotente ante semejante situación, tendrí­a que dejar que pasara lo que pasara. Mi temor fue reemplazado rápidamente por placer, cuando me di cuenta que el dueño de esas manos comenzaba a besar y acariciar mi culito con sus labios y una lengua experta en el asunto. Santo padre! Que placer, que delicia, que increí­ble sensación se apoderaba de mi cuerpo, convirtiéndome instantáneamente en una puta sucia pero feliz. Mientras la muchedumbre me manoseaba como a una muñeca de vinilo, senti que el benefactor de la lengua maestra se paro y de repente se apodero de mi un violento choque de dolor al darme cuenta de que me estaban penetrando con un macho de pene, no el pipi de pelao que tanto entretení­a a mis colegas del cine. Tras el golpe inicial el dolor fue rápidamente reemplazado por una sensación de placer, que rico ser poseí­da por un desconocido, que me hayan partido el culo en medio de tanto peligro, de tanta perdición. Que puta tan mugrosa pero tan feliz me sentia cuando el anónimo violador exploto su carga de semen dentro de mi culito, llenándome de su calida leche y realizando mis aspiraciones de loca. Una vez completada la obra de mi amante desconocido, una sensación de temor se apodero de mi cuerpo y con mucho esfuerzo logre separarme de ese grupo de hombres que veian en mi la realización de mil sueños frustrados. Casi peleando me aleje del grupo, busqué mi mochila y me fui al baño donde rápidamente me cambie de ropa y sali a la luz del dí­a un poco aturdida. Pare un taxi y en menos de diez minutos estaba en casa. Mami me habia guardado almuerzo y me senté a disfrutar mi regreso al mundo de la normalidad. Mientras degustaba la comida preparada por mi madrecita santa, sentia que la leche de mi amante anónimo poco a poco se corrí­a de mi culito, mojándome la tanga y recordándome aquella impresionante y arriesgada aventura por el bajo mundo de la ciudad.

— gatausa

11 de mayo de 2008

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gatausa

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Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • evelyn-ky
    evelyn-ky · 8 de ago de 2008

    excelente relato aunque note pegaron alguna gonorrea en ese teatro?

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