Una Bella Historia En Complices Spa - Capitulo Undecimo
Relato de comunidad Gayschedule 4 min de lectura calendar_today Agosto de 2008

Una Bella Historia En Complices Spa - Capitulo Undecimo

Por Albert C. Wallace Sebastián al otro lado de la línea; esta vez personificando al amante por cuya causa yo había traicionado mi estable relación de dos años en España con Julián, el actor de teatro, cine y televisión con el que pensaba casarme, acorde a las nuevas leyes en hora buena....

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Por Albert C. Wallace Sebastián al otro lado de la línea; esta vez personificando al amante por cuya causa yo había traicionado mi estable relación de dos años en España con Julián, el actor de teatro, cine y televisión con el que pensaba casarme, acorde a las nuevas leyes en hora buena impuestas en mi país, por un Partido Socialista tolerante en cabeza de mi amado líder el presidente Rodríguez Zapatero. -¡Hola, pimpollo de hombre! –grité alborozado cuando escuché aquella melodiosa voz con acento de la costa del Caribe colombiano- ¡Mi Sebastián! Aquel hombre que le había ganado por una cabeza… por un centímetro la polla, verga, rorro, o como le queráis llamar al aparato de mi Julián y por cuyo motivo me había prometido matarse. ¿Y yo sería el vil culpable que por ir derecho y al grano, le había confesado en medio de mi emoción que un machote colombiano me había atravesado el culo con su punta? ¡Valiente has sido, cabrón de mierda! –me dije- ¡La cagaste! –como decís vosotros los colombianos-: ¡La cagaste, Pedrito! Pero… ya no había tiempo de arrepentirse. Yo estaba fascinado con Sebastián, y que me importaba en ese momento lo bien o mal que se sintiera Julián si después de todo me había tratado como una basura, señalándome con los peores epítetos tales como: puta, rata, perra, sucia, etcétera, etcétera, etcétera. ¡A la mierda! –me dije-. La voz al otro lado de la línea era cálida, suave, sensual, agradecida… -Pedrin, tengo una propuesta que hacerte –me dijo Sebastián. -¿Propuesta? ¿Qué propuesta? –le pregunté. -Te quiero esta noche conmigo en mi casa. Tengo una sorpresa que no te imaginas. ¿Puedes estar aquí a las ocho? -Allí estaré –contesté emocionado. -Que no se diga más –me dijo y agregó-: Te quiero mucho. -Y yo a ti también –le respondí, y colgué. Puedo juraros que brincaba en una pata. Volví a llamar a recepción para dar una última instrucción: -No quiero que me paséis ninguna llamada de España… al menos por hoy. No pensaba dañarme la noche en caso de que una mala noticia se sucediera desde la Península. El suicidio anunciado de Julián, por ejemplo. Faltaban apenas dos horas para las ocho de la noche y quería entrar en calor para saber cual sería la sorpresa que Sebastián tenía preparada para mí. Cuando llegué al apartamento de Sebastián y el me abrió, me quedé de una pieza ante el cuadro que vi para mi deleite sensual y con la primera frase en su voz me lo dijo todo: -Desnúdate, mi amor. Te ofreceré lo que nunca a nadie le ofrecí: la virginidad de mi culo en flor. Os juro que yo no podía creerlo. ¡Un macho jugador de fútbol, émulo de Cristian Ronaldo, el portugués de tan apolínea belleza y con tan tremendo y redondo culo, mío! ¡Absolutamente mío! -Quiero sentir tu linda y gorda verga dentro de mis entrañas, igual que yo hice contigo. ¡Quiero que ahora seas mi verdugo! ¡Tengo ganas de que me la entierres, y como buen español, conquistes por primera vez, así como lo hizo el almirante Colón en tierras americanas! –me dijo Sebastián, al tiempo que se abalanzaba sobre mí, besándome con ciega locura, mientras me quitaba la ropa. Desnudos los dos y después de colocarnos el preservativo de rigor, aceité el ojo de su culo con mi saliva, tal y conforme él lo había hecho otras veces conmigo, y… ¡Oh, sorpresa! No pasarían más de dos o tres minutos, (no se cuantos); –calculo yo-, desde la embestida inicial que le arrancó al pobre Sebastián, prologados aullidos de dolor, cuando la puerta principal del apartamento se abrió de repente. Unos tacones resonaron en el hall y se acercaron hasta la puerta de la habitación en donde yo había empezado a devorarme a Sebastián: -¡Dios santo! ¿Pero qué es esto? –chilló furiosa una voz de mujer en la penumbra, perdiendo los estribos, presa de un shock nervioso, poco antes de desmayarse. Luego lo supe: ¡Era Carolina Presley!… ¡La famosa modelo de pasarela!… ¡La novia de Sebastián! … CONTINUARA….

— complices-vbs

12 de agosto de 2008

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