Por ALBERT C. WALLACE ¡Lo menos imaginado sucedió! ¿Quién llamaba tan inoportunamente, a tal punto de dañarme el polvo con Ronald, el súper fabuloso botones del hotel? Quedé de una pieza cuando escuché la voz de Julián del otro lado de la línea. -¡Puta de mierda! –gritó- ¡Vienes o me mato! Y antes de esperar una respuesta… o al menos una explicación de mi parte, colgó. ¿Qué pretendía esta vez con su pataleta? -¿Quién era? –me preguntó Ronald. -Nadie; o mejor dicho nada importante –le dije, como evadiendo mi responsabilidad y la pregunta. Me concentré de nuevo, y sin más esperas me abandoné al placer de los sentidos, sin llegar a imaginar si lo de Julián, hablándome por teléfono desde España sería una amenaza; o lo que sería peor: una realidad, de la cual quería hacerme responsable. -¿Quieres más verga? –grité con furia a Ronald como una forma de hacer de lado mis preocupaciones futuras, o las circunstancias difíciles que podrían avecinarse en contra mía. -¡Quiero verga! –rugió Ronald. -¿Cuánta quieres? –le pregunté. -Toda la que pueda –me respondió. -Piensa también en los cien euros de propina –le dije en tono humillativo, mientras me excitaba aún más, mirando a Ronald mordiendo la almohada y mi polla entrando y saliendo, de forma salvaje. ¡Quería que gritara de dolor y placer! -Lo único que le pido es que me la meta más suave. ¡Me está ardiendo demasiado! ¡Ya no aguanto más! ¡Me duele… mucho! -Por supuesto que lo sé. La primera vez siempre es así; pero al final te acostumbras y es cuando empiezas a gozar. Relájate y veras. Después de la tempestad viene la calma. -Eso parece –me respondió-. Empiezo a sentir cosquillas ricas dentro de mi culo… Así… ¡uyuyuy! -¿Te gusta? –le pregunté-. Mírate en el espejo. ¿Ves lo rico que te ves? ¡Eres una cosota! -Góceme…Soy suyo, señor. Completamente suyo. -No me digas siempre “señor”, que me haces sentir muy viejo. A propósito, ¿cuántos años tienes, Ronald? -Acabo de cumplir dieciocho años el mes pasado –me respondió. -¡Qué bueno! ¡Soy solo cuatro años mayor que tú! Podemos ser la pareja perfecta –le dije burlándome de él, mientras con mi herramienta seguía taladrándole el esfínter. Esta vez me sentía dueño de él. Era su primera vez, y esto me excitaba aún más. Por un momento había olvidado la fidelidad que le había jurado profesar a Julián, y el amor inmenso prometido horas antes a Sebastián. ¿Quién era yo? Ni yo mismo lo sabía. -¡Me voy a botar! ¡Bótese usted también, señor! –chilló Ronald, al tiempo que yo me vine dentro de él. Estoy seguro que “llegamos” los dos al tiempo. A primeras horas de la mañana del día siguiente, Ronald se escabulló sigilosamente. Cuando bajé a desayunar, me encontré con una sorpresa inesperada: En el casillero de la recepción me esperaba una nota de carácter urgente. Era de Julián, que clamaba desde España lo que textualmente os voy a transcribir: “Vienes o me mato: Julián”. ¿Se imaginan? Yo estaba en la encrucijada. ¿Qué vendría después? …CONTINUARA…

Relato de comunidad Gayschedule 3 min de lectura calendar_today Septiembre de 2008
Una Bella Historia En Complices Spa - Capitulo Duodecimo
Por ALBERT C. WALLACE ¡Lo menos imaginado sucedió! ¿Quién llamaba tan inoportunamente, a tal punto de dañarme el polvo con Ronald, el súper fabuloso botones del hotel? Quedé de una pieza cuando escuché la voz de Julián del otro lado de la línea. -¡Puta de mierda! –gritó- ¡Vienes o....
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