Por ALBERT C. WALLACE Sin embargo, lo verdaderamente inesperado ocurrió. Contrario a los cálculos iniciales, Julián perdió la apuesta. Sebastián lo superó por escasos cinco minutos. Su embestida había durado treinta minutos de seguido. ¡Julián solo aguantó veinticinco! En este caso, Sebastián se coronó como ganador indiscutible. No había duda. Sebastián había vencido en franca lid. -No aguanto… me vengo –fueron las palabras finales de Julián. ¡Se acababa de derramar dentro de mí! Su excitación fue tanta que, a diferencia de otras tantas veces, no pudo superar su propio record. Su falta de cálculo, unido a su optimismo lo llevo a perder. Sin embargo, he llegado a sospechar que tal actitud la asumió deliberadamente. ¿Con qué propósito? ¿Quizás buscando así la forma de estar “íntimamente” con Sebastián en el papel de “pasivo” para cobrar la falta que yo mismo había cometido contra él? O acaso, ¿quería sentir la ardiente sensación de ser penetrado por primera vez? Yo sabía que ver aquella escena en vivo, iba a producirme un intenso dolor en el alma. No puedo negarlo. Y muy seguramente en eso iba a consistir su juego perverso; o porque no… ¿su venganza? Aprovechándose de las circunstancias, eso era seguramente lo que buscaba. Brindarle “al otro” el preciado trofeo de la virginidad de su culo. ¡Y vaya, qué culo! Un culazo fuera de serie. Un culo apretado, duro. Un culo impoluto. Un apetitoso culo que Sebastián estaba ansioso de devorar con su tremenda verga de veintiséis centímetros de largo. El pobre Julián aún no sabía lo que significaba “comerse” algo semejante. Yo que había experimentado aquella dolorosa y a la par, gozosa sensación indescriptible, sabía lo que era eso en carne propia. De solo pensar que era él y no yo quien ocupaba mi lugar, y máxime con aquel macho espectacular, que empezaba a gustarme más de la cuenta, poniendo en riesgo mi compromiso con Julián. -Perdiste, Julián –exclamó Julián dando el parte absoluto de victoria y añadió-: Te superé por cinco minutos de diferencia. -¿Entonces? –preguntó Julián, casi temblando de miedo, al tiempo que miraba el tremendo garrote que Sebastián se aprestaba a conectarle por el culo. -Manos a la obra –fue la respuesta de Sebastián. –Ponte en cuatro. Quiero que vivas la misma sensación que ya vivió “tu noviecito Pedro” con esta verga, toda dentro de su culo. -Te va a doler muchísimo -fue lo único que atiné a decirle, no sin antes ocultar una placentera sensación de venganza personal. Ahora lo que deseaba era ver a Julián atravesado por semejante verga, y cuando, justo, en el momento mismo que le estuviera rompiendo el culo, yo aprovecharía para sacarle en cara todos sus insultos, amenazas e improperios que me lanzó por teléfono, cuando estupidamente, yo le había confesado mi descarada infidelidad con Sebastián. Para calentarnos aún mejor los tres, yo procedí a lamer su ano, como solo yo sabía hacerlo, mientras Sebastián le pegaba una tremenda mamada. Julián chillaba de gozo, sin saber todavía lo que vendría después. ¡El dolor tan hijueputa que se siente la primera vez! Y mucho más: con una tremenda vergota como la de Sebastián. -¡Uy, así… papacitos ricos! ¡Chúpenme! ¡Soy todo suyo! ¡Oh, que sensación tan rica! –exclamaba delirante de emoción. En medio de su estrabismo, y sin que se percatara del momento crucial, vi con mis propios ojos como Sebastián apuntaba su polla, justo allí, a la entrada del apretado agujero impúber, y después de guiñarme un ojo, y sin pensarlo dos veces, la enterró toda, certeramente, de una sola estocada. Julián no tuvo otra reacción distinta que pegar un grito atroz que debió oírse por todo el edificio… y por supuesto desde la calle, a pesar de que a esa hora de la noche no transita nadie por allí. -¡Sácame esa mierda de allí! ¡Me estás rompiendo el culo, cabrón! -De eso se trata, puto de mierda –fue la convincente respuesta de Sebastián, que una vez lo hubo penetrado con extremado rigor, lo sometió a la fuerza, dejándolo completamente boca abajo, y puestas sus poderosas piernas de futbolista como una invencible llave que no le daba otra alternativa distinta a la “víctima”, que soportar el cruel suplicio. ¡Mi Julián bramaba de dolor, y al verlo gritar y llorar, yo gozaba! -Ahora dime Julián, ¿quién es la puta, perra y cerda rata? ¡Respóndeme! –le pregunté, gritándole al oido. -¡Yo… únicamente yo, Pedrito! Pero por piedad, dile a Sebastián que pare con esta tortura. Debo estar sangrando. Yo nunca me imaginé que esto doliera tanto. -Ahora si, dime basura; ¿puedes explicarme eso de la fracesita tan marica que me dijiste de “vienes o me mato”? -Por piedad, perdóname, te lo suplico, te lo imploro. Simplemente, por dentro, yo disfrutaba mi venganza. ¿Vosotros no? …CONTINUARÁ…

Relato de comunidad Gayschedule 4 min de lectura calendar_today Septiembre de 2008
Una Bella Historia De Complices Spa - Duodecimo Septimo
Por ALBERT C. WALLACE Sin embargo, lo verdaderamente inesperado ocurrió. Contrario a los cálculos iniciales, Julián perdió la apuesta. Sebastián lo superó por escasos cinco minutos. Su embestida había durado treinta minutos de seguido. ¡Julián solo aguantó veinticinco! En este caso,....
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