Deseo E Inocencia
Relato de comunidad Hetero: Primera vezschedule 11 min de lectura calendar_today Noviembre de 2008

Deseo E Inocencia

Nada más entrar en la sala donde se iba a celebrar la ceremonia lo vió, en una esquina, observándola con aquellos ojos que tantas veces la habían hecho sentir viva durante los meses en que habían vivido juntos, meses de pasión y locura. Porque su amor había sido una locura, pero una....

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Nada más entrar en la sala donde se iba a celebrar la ceremonia lo vió, en una esquina, observándola con aquellos ojos que tantas veces la habían hecho sentir viva durante los meses en que habían vivido juntos, meses de pasión y locura. Porque su amor había sido una locura, pero una maravillosa locura a través de la que había aprendido muchas cosas. Entonces Gema, era una adolescente, guapa y hermosa, y su tío Pablo un hombre de 32, que le doblaba la edad. Había pasado más de veinte años y todo era tan distinto ahora… Nena vas a tener que ir a vivir con tu tío Pablo – le dijo su madre un par de días después de la muerte de su padre – Es lo mejor para todos. Yo no puedo hacerme cargo de ti y de tu hermano y el tío Pablo se ha ofrecido muy amablemente para que vivas con él. Probablemente sólo serán unos meses, cielo, y prometo que nos veremos casi cada día, pero… Su madre la abrazó con fuerza, probablemente se sentía culpable por toda aquella situación pero Gema ya era lo suficientemente mayor para entenderlo y tratando de tranquilizar a su madre le dijo: No te preocupes, mamá, lo entiendo. Su tío le esperaba en la puerta ya. La despedida entre madre e hija se estaba haciendo eterna, pero comprendía que era necesario, porque lo vivido por aquella mujer en los últimos días, había sido duro. Gema salió de aquella casa dispuesta a comportarse como toda una mujer, para que su madre pudiera sentirse orgullosa de ella. Atrás dejó la casa, a su hermano pequeño y a su dolida madre tras la dura muerte de su padre en un grave accidente de tráfico. Su tío Pablo la acogió en su casa tratándola como una princesita. Quería que su joven sobrina, se sintiera bien, tras la difícil situación vivida; quería que fuera feliz. Él no sabía mucho de adolescentes, ya que era soltero y hasta ese momento no se había planteado lo que supondría vivir con una adolescente, pero por los hijos de su hermano, haría cualquier cosa. Gema estaba perfecta con aquel vestido azul y su pronunciada barriguita sobre saliendo de aquel hermoso cuerpo, a pesar de los años pasados seguía conservando aquella inocencia que lo había encandilado, pensó Pablo al verla. Sin saber porqué verla del brazo de aquel jovencito que le llevaba dieciocho años no le hacía ninguna gracia, había algo en él que no acababa de gustarle. Quizás la juventud, quizás el saber que ahora sí que Gema era de otro, que había dejado de ser suya. Y echando la vista atrás aún podía recordar como empezó todo, como Gema se convirtió en… Aquella tarde estaba sólo y aburrido en casa, miró el reloj por enésima vez, aún faltaba una hora para que Gema volviera de sus clases en el instituto, pensó si en ese espacio de tiempo podría ver una de esas películas porno que tanto le excitaban. Desde que Gema vivía con él, hacía ya un mes, el miedo a ser descubierto por ella no le había permitido hacerlo y tampoco podía llevar a ninguna mujer con la que desahogarse, por eso estaba que reventaba, sentía su sexo apunto de explotar, ardiendo y dolorido. Además el joven y armonioso cuerpo de la jovencita no ayudaba, sino más bien todo lo contrario, le llevaba a un estado de excitación aún mayor que era incapaz de aliviar por miedo a ser descubierto por la propia joven. Pero aquella tarde, pensó que porque no, que un desahogo le iría genial, porque realmente lo necesitaba. Así que finalmente se decidió, puso la cinta que había sacado del cajón en el video, cogió el mando de la tele y el del video y se sentó cómodamente en el sofá, se desabrochó el cinturón y luego el pantalón para estar aún más cómodo y pulsó el botón del play. La escena empezó, una chica rubia y un musculoso chico moreno estaban solos en una habitación, hablaban mientras se desnudaban pero Pablo no prestaba atención a lo que decían, sólo observaba el cuerpo perfecto de la rubia, su culito respingón, sus pechos redondos y bien torneados… La escena era cada vez más fuerte, ambos protagonistas estaban ya desnudos y la chica empezaba a realizarle una felación al muchacho. La mano de Pablo se adentró en su slip en busca de su hinchada verga, que extrajo y empezó a acariciar. Aquella tarde Gema salió antes de clase, había habido un aviso de bomba y los profesores habían decidido que volvieran antes a casa. Por eso, al abrir la puerta de casa, tan silenciosamente como lo hacía siempre se encontró aquel panorama. Su tío estaba sentado en el sofá meneándose la polla, mientras veía una película porno en el televisor. La escena no le sorprendió a Gema, más bien al contrario, le pareció lógico, además no era la primera vez que veía una polla desnuda, a su edad, ya tenía alguna experiencia en eso, y ya había chupado alguna de alguno de sus amigos del instituto. Además desde el día en que había empezado a vivir en aquella casa, había deseado a su tío Pablo, ya que era alto, guapo, divertido… el sueño de cualquier mujer. Por eso, dejó la cartera en el suelo, las llaves encima de la mesa y sigilosa se acercó al sofá. ¿Puedo ayudarte, tío? – Dijo la jovencita provocando un sobresalto al concentrado hombre, que inmediatamente apartó la mano de su sexo y trató de recomponer sus vestiduras. Pero la jovencita ya estaba arrodillada ante él, apartando sus manos y diciéndole: No, déjate hacer, yo puedo ayudarte – y con una mirada sumisa, cogió la erecta verga con la mano y acercó su lengua al glande. Pablo no podía creerlo, tenía ante sí a su hermosa sobrina, dispuesta a realizarle una felación. Pero en un momento de lucidez tomó a la jovencita de los hombros y mirándola fijamente a los ojos dijo: No, Gema, esto no está bien, soy tu tío y… Ya lo sé, pero que importa eso – dijo Gema con total seguridad – Llevó mucho tiempo deseando esto y no voy a dejar pasar la oportunidad. A Pablo le sorprendió la seguridad con la que su sobrina argumentaba sus deseos y no tuvo valor para oponerse una vez más, por eso dejó que la dulce lengua de la joven, lamiera finalmente su glande. Todo su cuerpo se estremeció al sentir el calor de aquella lengua resbalando por su piel. Gema lamió el glande, luego se lo introdujo en la boca y lo chupeteó, volvió a extraerlo para lamerlo y siguió por el tronco hasta los testículos. Parecía que la jovencita sabía muy bien lo que debía hacer, pensó Pablo mientras desataba la coleta que Gema llevaba y dejaba libre su pelo para alborotarlo y meter sus manos entre los suaves bluces de la adolescente. La escena era maravillosa, y mucho mejor que lo que estaba pasando en la pantalla del televisor. La muchacha arrodillada entre las piernas de su tío, con el uniforme del colegio aún puesto, mientras succionaba la verga que entraba una y otra vez en su boca. El hombre semiacostado en el sofá con las piernas entreabiertas y el pene erecto apuntando en el interior de aquella caliente y húmeda cavidad. Pablo empezó a gemir, e irremediablemente a empujar su pelvis contra la boca que la muchacha, que seguía succionando y chupando aquella hermosa verga. Estaba apunto de correrse y Gema lo sabía, por eso no se detenía. Pablo con voz entrecortada la avisó: - Voy a correrme – pensó que la jovencita se apartaría, pero en lugar de eso permaneció entre sus piernas, succionando aquel mástil. Pablo empujó una última vez hacía la boca que la muchachita, que tragó con ansia el blanco y espeso semen. Pablo gimió excitado al sentir como se vaciaba en aquella tierna boquita. Luego la muchacha limpió el pene sabiamente, y levantando la cabecita, miró a su tío y le preguntó: ¿Te ha gustado? Claro que le había gustado, había sido una de las más maravillosas experiencias que había tenido jamás. Algo que ni en sus mejores sueños podría haberse desarrollado de aquella manera tan… A pesar de los años transcurridos Pablo aún recordaba aquella mamada como la mejor de su vida y le parecía casi imposible que ahora Gema estuviera allí, a punto de casarse con un jovencito que la había dejado preñada. Pablo maldijo su suerte una vez más, maldijo el momento en que la dejó marchar. Tras aquello Pablo sentía que estaba traicionando la confianza que su cuñada había depositado en él para cuidar de Gema. Esta en cambio, parecía decidida hacer que Pablo no olvidara aquel momento, por eso, la muchacha se sentó sobre las piernas de su tío y lo abrazó y lo besó apasionadamente. Pablo trató de liberarse de aquel beso. Esto es una locura, pequeña. No deberíamos hacerlo, tu madre confía en mí y… Y que importa – lo interrumpió la adolescente – Yo no voy a decirle nada a mamá y no voy a renunciar a ti por ella, por el que dirán o porque esto no esté bien – apostilló con seguridad Gema. Tras eso, se levantó, cogió a su tío de la mano y lo arrastró hasta la habitación de él. Pablo se dejó llevar, por una vez en su vida pensó que era lo mejor, dejarse llevar por aquella belleza adolescente. En la habitación, Gema desnudó a su tío como si hubiera hecho aquello toda su vida y luego animó al hombre a que la desnudara. Este, tímido, desabrochó los botones del uniforme uno a uno, el pichi cayó al suelo cuando él lo deslizó por sus hombros; a continuación la hizo sentar sobre la cama, le quitó cuidadosamente los zapatos y las blancas medías que llevaba, la tumbó sobre la cama y también él se tumbó junto a ella. Deslizó su mano hasta la suave mejilla adolescente y besó a la muchacha. Esta correspondió el beso, introduciendo su lengua en la húmeda boca de él. Después la mano de Pablo fluyó como un pegajoso líquido sobre la suave piel femenina, hasta alcanzar la goma de la braguita. Pablo se aventuró a introducir la mano bajo la tela y buscar el femenino sexo. Sus dedos se enredaron en el hinchado clítoris y lo acarició. Gema se convulsionó y gimió al sentir aquella caricia. ¿Te gusta? – Preguntó Pablo. Sí – respondió entrecortadamente la muchacha. Apartó la mano del cálido refugió y buscó la de la joven para dirigirla a su hinchado sexo. Acarícialo, siéntelo, hazlo vibrar – la animó Pablo. Gema obedeció, abarcando aquel redondo y erguido instrumento con su mano y acariciándolo arriba y abajo. No tardó la jovencita en lograr que Pablo gimiera excitado, mientras él mismo seguía acariciando el femenino clítoris, y descendía con sus dedos hasta la húmeda vulva y la acariciaba también suavemente. Metió un dedo en el estrecho agujero femenino y separando sus labios de los de la muchacha que seguía afanada en acariciarle el pene le preguntó: ¿Eres virgen? Gema afirmó con la cabeza. Bien, entonces tendremos que ir con cuidado. Ven – hizo que Gema se acostara perfectamente sobre la cama y le quitó las braguitas. Abrió bien las piernas de la jovencita, dejando a la vista aquel húmedo agujero y se adentró entre ellas, alcanzando el clítoris con su lengua. Gema se estremeció al sentir aquel leve contacto, luego ese roce se intensificó y pudo sentir como la mojada lengua lamía sus labios vaginales y se introducía en su agujero vaginal. Durante algunos minutos, Gema sintió la lengua de Pablo lamiéndola cuidadosamente, suavemente, haciendo que el placer fuera aumentando poco a poco, junto a la humedad excitante de aquel sexo, que se abría como una flor a aquel, su primer dueño. Gema suspiraba y cuando Pablo notó que los suspiros se aceleraban se colocó sobre ella, guió la erecta verga hacía el humedecido agujero y con destreza y cuidado fue introduciéndose en aquella oscura cueva que lo recibió gustosa. Gema gimió al sentir como la penetraba y entonces Pablo preguntó preocupado: ¿Te duele? No – respondió Gema. En realidad, aquello era agradable, sentirse penetrada, ensartada por aquella verga que la llenaba por completo era algo sublime, pensó Gema. Pablo observando el rostro dulce de ella empezó a moverse despacio, dentro y fuera, envistiéndola suavemente. Sus labios se unieron por enésima vez en un profundo y apasionado beso. Pablo siguió moviéndose lentamente, haciendo que su pene, entrara y saliera de la adolescente cueva que lo recibía una y otra vez. Ambos gemían y Gema musitó excitada: Más. Lo que animó al hombre a acelerar su movimientos y envestirla con más ímpetu haciéndola sentir el placer que le producían las envestidas y empezando a gemir más fuerte y más aceleradamente, estaba próxima al orgasmo sin duda, por eso Pablo aceleró sus impulsos sintiendo también como el placer comenzaba a recorrer sus sexo. Sintió como Gema empujaba también y gritaba presa del éxtasis que estaba alcanzado justo en aquel momento, por eso, también él se dejó ir y alcanzó el orgasmo vaciándose en el interior de la jovencita. Aquella primera vez fue algo extraordinario, pensó Gema, mientras tomaba una cucharada más del pastel sin perder de vista a Pablo. Le extrañaba que hubiera acudido solo sin la compañía de una de esas preciosidades que solían acompañarle, pero… Pablo la miró, pensaba que tenía que hablar con ella, tenía tantas cosas que decirle y tantas ganas de sentirla entre sus brazos. Tras el pastel y cuando ya muchos invitados empezaban a irse Pablo se atrevió por fin a acercarse a Gema. ¡Hola, estas preciosa! – Le dijo Gracias. Y gracias por venir, no pensé que… Pues sí, ya ves, no podía faltar a un evento como este ¿No te parece? Bueno, veo que el embarazo te sienta muy bien y la juventud de tu marido también – dijo Pablo con cierto retintineo. Sí, tu en cambio… no sé, pensé que vendrías acompañado. No, hace tiempo que estoy solo – dijo Pablo con cierta tristeza. En aquel momento se acercó Fran y Pablo y Gema se quedaron callados. Hola, yo soy Fran ¿Tú debes ser Pablo, no?- Se presentó el muchacho Sí, así es – respondió el hombre. Gema me ha hablado de ti. En ese instante Pablo pensó que sería lo que Gema le había contado de él… Pretty Woman, septiembre 2008

— moninjos

24 de noviembre de 2008

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