Un día se quiso levantar, salir de su casa, de su vida, de su rutina, estaba cansado de buscar y buscar y no encontrar, de probar y jamás terminarse el postre. Así que salió para no volver como antes. Cogió un transporte cualquiera y se fue a un lugar donde sabía que no iba a encontrar más de lo que estaba buscando...nada: placer, morbo, carne, sabor, olor... Entró, y sintió en el instante el peso en el ambiente, las miradas matadoras de ansiedad, el mórbido deseo de sentirse deseado, pensaba escoger, pero ni de eso le daban permiso...creyó haber encontrado, pero sólo había sido otro hallazgo efímero, el número cuarenta tal vez, pero como él no le teme ala promiscuidad no lleva la cuenta, su moral no lo deja. Su carnalidad ya casi se estaba extinguiendo y comenzaba a comprender la situación, pero no quería alejarse con ese típico sentimiento de no haber conseguido lo deseado, sensación que conocía muy bien, ya que su fachada casi siempre lo obligaba causarlo, pero ese día no, ese día iba a esperar un poco más…no se iba a ir con las manos vacías, mejor dicho, limpias. Un sonido en un aparato poco importante, pero que en el momento era su arma para cazar hasta a la mas arisca presa, lo advirtió, algo venía, lo podía sentir en sus venas, su corazón comenzaba a palpitar avisando que había llegado…el momento… de partir, de irse de allí a recoger aquello por lo que tanto había esperado. Al principio se le sentía extraño, desconfiado, incrédulo, pero seguro…cualquiera cosa que fuera iba a ser una gran “experiencia”. Se encontraron, justo en el lugar donde se había encontrado con su primera ilusión, en el oscuro lugar de las citas fallidas, pero eso no importaba ahora, no era una cita y por tanto no podía fallar, las citas son premeditadas, pensadas, añoradas, esto no, este apretón no. Desde ese momento lo supo, lo sintió, como aquellas tantas veces…si era lo que quería encontrar. Se cruzaron algunas palabras, miradas también, pero más palabras, las miradas son para los enamorados, siete carcajadas y siete cuadras. Llegaron, al lugar que había esperado por ellos, entraron, se rieron de nuevo, el nunca había estado en un sitio como ese, sin embargo se veía muy tranquilo, con hambre en sus ojos, pero tranquilo, seguro de lo que iba a hacer, la puerta se cerró y de ellos no se supo más hasta pasar dos horas, sólo se escuchaban murmullos, tenían todo apagado, por debajo de la puerta se podía percibir que se estaban viendo sus siluetas por el reflejo de la tenue luz lunar que entraba por la ventana, disfrutaban, se escuchaban besos, abrazos, hasta se pudo escuchar una mirada. Salieron, él detrás, siempre mirándolo como un perro faldero, pero ya se notaba cómodo, sin un rastro de desconfianza, pudiera decir que un pedacito de la luz de la luna se le quedó en los ojos…le dio un beso, con los ojos cerrados, y los abrió un mini segundo para contemplar su rostro de la forma más pura posible…ahora él lo miraba a los ojos, no se podía despegar de ellos. Viajaron, caminaron mucho juntos, también hicieron camino en otro transporte cualquiera, subieron hasta una montaña, después…y allí, sin más previo aviso, él le regalo un collar, el que tenía puesto mientras estaban encerrados en el cuarto, el que estaba lleno del sudor de ambos, el único testigo de lo que realmente pasó, una máscara…el símbolo de la comedia. Se despojó de algo que se había puesto especialmente para se día, y sin saberlo, para esa ocasión. Junto con él, de su corazón, se entregó como nunca antes lo había hecho, como nunca se lo hubiera permitido. Siguieron caminando hasta llegar a un sitio con mucha gente…un templo de despedidas, de lágrimas estancadas, de abrazos dados a la fuerza, de adiós. Lo único que lo dejó fingir que todo estaba bien era su capacidad para mostrar lo que no se siente, nunca enseñaba su corazón, sin embargo ya lo había mostrado todito, aunque su moral no lo dejara. Dijo una palabra de jamás volver y se fue para su casa, tranquilo, seguro de que había encontrado lo que deseaba, pero al pasar alguno segundos escuchando el silencio, volvió a sentir pánico, terror, angustia, ganas de llorar, por que sabía en el fondo de su ser que no había encontrado lo que quería, pues si lo hubiera hecho no estaría de esa manera, el no encontró lo que buscaba…encontró algo más… y lo dejó perder, así de fácil como lo halló, pues jamás se dio cuenta que lo estaba viviendo, pensaba en otra cosa, lujuria seguramente, y la vida le dio un poco de su propia medicina…ahora no sabe que buscar…

Relato de comunidad Gayschedule 4 min de lectura calendar_today Enero de 2009
El Collar De La Máscara
Un día se quiso levantar, salir de su casa, de su vida, de su rutina, estaba cansado de buscar y buscar y no encontrar, de probar y jamás terminarse el postre. Así que salió para no volver como antes. Cogió un transporte cualquiera y se fue a un lugar donde sabía que no iba a encontrar más....
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login EntrarEspero que esta clase de relatos nos de un respiro en esta sección, ojalá lo disfruten..es muy personal.