Cuando Uno Piensa Que Nada Raro Va A Suceder.
Relato de comunidad Gayschedule 6 min de lectura calendar_today Octubre de 2009

Cuando Uno Piensa Que Nada Raro Va A Suceder.

Todo comenzó cuando yo tení­a 10 años más o menos que con los amigos de la misma edad compartí­amos con ellos los fines de semana en la casa de alguno de ellos fuera viendo televisión o jugando algo sin importancia. Cierto dí­a me fue para la casa de Alejandra una niña que viví­a a....

jose0713

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Todo comenzó cuando yo tení­a 10 años más o menos que con los amigos de la misma edad compartí­amos con ellos los fines de semana en la casa de alguno de ellos fuera viendo televisión o jugando algo sin importancia. Cierto dí­a me fue para la casa de Alejandra una niña que viví­a a unas cuantas casas de la mí­a esa tarde tornaba poco interesante de pronto vi que un cuarto de la casa estaba cerrado y abrí­ la puerta por curiosidad, allí­ estaba acostado en la cama inferior de una camote un joven de unos 17 años para esa época viendo televisión le pregunté que si podí­a seguir, me autorizó pero me hizo la advertencia que cerrara inmediatamente entrara, no le vi inconveniente, me senté al lado de él ya que no habí­a mas lugar donde hacerlo, comenzamos a hablar cosas sin importancia, al rato me dice que le pusiera la mano en su abdomen para sintiera como estaba de caliente, yo en medio de mi curiosidad acepté, no paso mucho tiempo cuando él tomó mi mano y la llevo a su pene, erecto, largo y grueso, no perdí­ ni un solo minuto y lo acaricié, mientras sucedí­a esto el sonreí­a, fue algo corto pero rico ya que sentimos que alguien se acercaba y ahí­ acabó todo. Yo nunca volví­ a su casa y solo quedó el recuerdo. Transcurrieron cinco años, yo estaba terminando mis últimos años de bachillerato y un jueves en la tarde después de clase me vi en la necesidad de consultar una tarea de trigonometrí­a y recordé que Alejandra estaba en el mismo grado que yo cursaba y decidí­ ir a la casa de ella a preguntarle, fui a la casa de ella, toque la puerta cuando la salió el hermano de ella, aquel hombre al que habí­a tenido la oportunidad en unos años anteriores de sobarle ese gran pene por un tiempo muy corto pero muy placentero, tengo que confesar que me asusté un poco al verlo pero creo que lo supe manejar y no fue muy notorio, le saludo de una manera muy simple y le pregunté por su hermana a lo que me contestó que no habí­a nadie en la casa, entonces yo le dije que volví­a mas tarde ya que necesitaba un favor de Alejandra, que muchas gracias, a lo que el me contestó que si me podí­a ayudar en algo le contesté que necesitaba un libro de trigonometrí­a y pensé que su hermana lo tenia o me podrí­a informar donde conseguirlo a lo que me contestó que por que no pasaba y miraba en los libros colocados en la biblioteca de ella, que no habí­a ningún problema, volvió a hacer énfasis que se encontraba solo, acepté inmediatamente sin pensar ni un solo segundo en lo que estaba apunto de suceder. El me abrió la puerta e ingrese a la casa esperando que me indicaran donde estaban los libros, me dijo que entrara a la penúltima pieza de la casa que ahí­ verí­a los libros, que buscara, de pronto encontrarí­a lo que estaba buscando, me dirigí­ donde él me indicó y comencé a buscar en los libros lo que buscaba al rato él entra a la habitación y me pregunta que si habí­a encontrado algo, le contesté que no, me dijo entonces que siguiera buscando, casi al mismo tiempo me pregunta que ha pasado con migo en este tiempo, le contesté que nada importante solo estudio y nada más, me dijo que por que tanto y sonrió, igual yo, después me preguntó sobre lo que pasó hace tanto tiempo, le contesté que fue mi rico pero que ya pasó y que estaba plenamente convencido que no se repetirí­a ya que él tenia novia, me contesto entonces que ese no era problema, yo solo me limité a reí­rme nerviosamente, sentí­ que se levanto de la cama en la que estaba sentado y se dirigió a mi por la espalda, me tomo por la cintura y me dijo que si yo querí­a que se repitiera, no me dio lugar a responder ya que tenia mi sudadera abajo y sus manos jugando con mi tetillas por debajo de mi camiseta, en ese momento me sumí­ en un profundo suspiro que era un claro signo de mi aceptación, el bajo por completo me sudadera, quito mi camiseta, y comenzó a besarme el cuello, jugaba con mi tetillas, sentí­a su respiración encima de mí­, se dirigió al borde la cama donde me sentó, el se quedó de pié, comprendí­ claramente su mensaje, le bajé la pantaloneta que llevaba puesta y su ropa interior, y pude ver ese pene moreno, largo, grueso, no me contuve y lo lleve a mi boca, lo saboree todo, me deleite con su sabor, le bese sus huevos y podí­a a todo momento su respiración agitada y el vaivén de su cadera simulando una penetración en mi boca, succionaba todo su pene hasta el momento en que él me decí­a que le hiciera suave, recorrí­ cada milí­metro de su pene, estaba rico, caliente apunto de estallar, me levanta de la cama me quita la ropa interior y me deja de pié, el se sienta y comienza a chupar mi pene la hacia rico, me sentí­a en las nubes, no podí­a creer lo que estaba pasando, luego me giró y dejó expuesto mi ano, lo tenia totalmente a su merced, pero supo como hacerlo poco a poco lo fue lubricando con su saliva, pero sin meter un solo dedo, yo gemí­a de placer, no podí­a emitir algún tipo de sonido por el temor a ser escuchados en la casa contigua, después de un buen rato de tenerme así­ se coloco de pié, tomo mis pierna izquierda y la llevó al bordo de la cama para apoyarla ahí­ y poder dar ví­a libre a embestida que estaba a punto de darme, se coloco un preservativo, lo lubricó con su saliva y lo dirigió a m ano, siento que me al oí­do “ relájate” si siento como comienza a entrar ese gran pene en mi ano y su mano derecha en mi pene dando una ligera masturbación y la izquierda en mi bajo vientre para servir de apoyo, va entrando lentamente, como va invadiendo todo mi ser, el dolor era intenso pero el placer lo opacaba cuando ya lo tuvo todo dentro aceleró la fuerza de sus envestidas y su masturbación en mi pene, sentí­a como chocaban tos huevos en mi cadera, el placer era inmenso y solo escucha me de decí­a “ cuanto tempo esperé esto “ y seguí­a concentrado en su tarea romperme mi ano, solo me limitaba a suspirar profundamente y a disfrutar de aquel momento, sentí­a como su pene entraba y salí­a violentamente de mi ano, ya el dolor habí­a pasado por completo, le dije quiero ver tu cara, en ese momento para la embestida, me acostó en la cama colocó una almohada debajo de mi espalda baja para elevar mi cadera, toma mis piernas y las lleva a sus hombros, quedamos frente a frente y vuelve a meter su pene en mi, me da un gran si sigue con su embestida era mágico, al rato siento que acelera su penetración y da un fuerte suspiro y se aferra a mi, terminamos casi a la par en un gran clí­max de placer, nos limpiamos el sudor, nos vestimos, sonreí­mos y nos despedimos. Nunca pensé que esa tarde de jueves fuera a ver esa rica experiencia.

— jose0713

2 de octubre de 2009

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jose0713

Escrito por

Soy hombre homosexual

Comentarios

1 comentario

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  • rufino
    rufino · 10 de oct de 2009

    Muy rico ese relato. Se ve que fue real. Felicitaciones. Narra otra esperiencia.

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