Mi Historia Como Travesti.
Relato de comunidad Transexualesschedule 7 min de lectura calendar_today Octubre de 2009

Mi Historia Como Travesti.

Mi historia como travesti. Bueno, para empezar con mi historia diré que, al igual que muchas otras, mi pasión por la ropa y las actitudes femeninas empezó desde muy, muy pequeña. Supongo que tendrí­a unos 7 u 8 años cuando empecé a vestirme a escondidas con la ropa de mi madre. Cabe....

medea-tv

Soy transexual, transito por el género

menu_book Más relatos
18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Mi historia como travesti. Bueno, para empezar con mi historia diré que, al igual que muchas otras, mi pasión por la ropa y las actitudes femeninas empezó desde muy, muy pequeña. Supongo que tendrí­a unos 7 u 8 años cuando empecé a vestirme a escondidas con la ropa de mi madre. Cabe mencionar que ella me tuvo muy joven, y era muy delgada y bonita, por lo cual tenia ropa muy sexy. Recuerdo que solí­a quedarme sola por las tardes en casa, lo que aprovechaba para vestirme y arreglarme por completo. Al principio solo me poní­a la ropa de mi madre, pero luego –a medida que fui creciendo- también comencé a maquillarme, incluso llegue a pintarme las uñas, y me removí­a el esmalte justo antes de que llegaran mis padres. Tengo que decir que durante mis primeros años de vestirme lo hacia sin morbo, si bien algo dentro de mi me decí­a que eso estaba mal (por lo cual lo ocultaba al máximo) lo hacia solo por el placer de vestirme, si pensar –hasta ese momento- en algún contenido sexual. Mi descubrimiento de la sexualidad, sin embargo, fue a muy temprana edad, y podrí­a decirse que casi por accidente. Recuerdo que tení­a unos 12 años recién cumplidos y me encontraba de vacaciones en casa de mi abuela, cuando estaba allí­ solí­a jugar con los otros chicos del sector, aunque estos eran algo mayores que yo. Un dí­a estaba con uno de ellos en el “cuarto de San Alejo” de la casa de mi abuela (el cuarto donde se guarda todo lo que ya no se usa), el muchacho se llamaba Carlos, tenia 15 años y era muy apuesto, y nos dedicábamos a divertirnos rebuscando en los armarios y baúles a ver que encontrábamos. Cuando de repente nos encontramos un tutu (vestidito de bailarina de ballet) rosado precioso, de hombros descubiertos y con faldita de gasa súper corta. Obviamente al verlo se me hizo agua la boca, pero intente disimular, no querí­a que se evidenciara mi interés. Si embargo él debió notar algo, ya que casi de inmediato me dijo que porque no, a manera de juego, me poní­a el tutu. Yo obviamente, para seguir disimulando, me negué. Le dije que yo no era gay ni nada de eso, que no me iba a poner un vestido de mujer. A pesar de todo, el siguió insistiendo, diciendo que solo era un juego, que nadie lo iba a saber, etc. Yo me hice rogar un buen rato pero al fina acepte, así­ que me metí­ dentro de un armario enorme, me desnude y me puse el tutu junto con los pantys que le hací­an juego. Al principio no me atreví­a a salir del armario, de la misma pena, pero ante su insistencia termine por salir, pero cuando lo vi frente a mi, mirándome, me puse roja como un tomate, la vergüenza me dejo muda. El se quedo mirándome detalladamente, y me dijo que me calmara, que me veí­a muy bien, que era una niña muy bonita. –En este punto debo decir que mi apariencia en la niñez y juventud siempre fue muy femenina, era delgadita y la verdad con un poquito de arreglo hubiese pasado por niña. A medida que me tranquilizaba con sus palabras, y me halagaba, Carlos se fue acercando a mí­, hasta quedar muy cerca. De repente me abrazó por la cintura. Y antes que pudiese decirle algo, me besó. Fue un beso tierno, de labios, pero a la vez muy apasionado (mi primer beso). Yo hasta ese momento nunca habí­a pensado en chicos, pero me encanto la sensación, me sentí­a mas femenina que nunca, una verdadera chica. El siguió besándome, y de repente sentí­ como sus manos bajaban un poco y empezaban a acariciar mi trasero por encima de la falda. Yo estaba tan encantada con todo lo que estaba pasando que no dije nada, lo que el aprovechó para seguir adelante metiendo sus manos debajo de mi falda para tocar mi trasero de forma directa. Yo en este punto estaba dominada, me sentí­a tan feliz que estaba dispuesta a todo. Después de un rato de estar besándonos y el manoseándome, se separo de mi y con sus manos en mis hombros me hizo arrodillar. En ese momento no entendí­ que pretendí­a, hasta que se bajo los pantalones y puso su pene duro cerca de mi cara, solo en ese momento me di cuenta que querí­a que se la chupara, tal como habí­a visto a algunas mujeres hacer en el porno. Yo querí­a satisfacerlo, así­ que me la llevé a la boca y empecé a chapársela con torpeza, el me iba dando indicaciones (chápamela mas duro, cuidado con los dientes, etc.) que yo seguí­a al pie de la letra, al tiempo en que poco a poco iba empujando para metérmela mas en la boca. Un par de minutos después tuve la satisfacción de oí­rlo jadear y suspirar, por lo cual supuse que lo estaba haciendo bien. En cuanto a mí­, si bien al principio el sabor se me hizo un tanto fuerte, el saber que le estaba dando placer hizo que le cogiera gusto a lo que estaba haciendo, y pronto empecé a disfrutar el estársela mamando. Él cada vez estaba más y más caliente. De repente se alejo, y me hizo dar la vuelta quedando de espaldas a él, luego hizo que me reclinara hacia delante, y que pusiera mis manos en una silla, quedando como en cuatro pero de pie. Me abrió las piernas y yo pensé que me lo iba a meter de una vez, pero no fue así­, sino que empezó a darme lengua en mi culito y luego sentí­ como metí­a uno de sus dedos. Por lo visto Carlos tenia experiencia en esto, o al menos sabia lo que hacia, ya que me estimulo con su lengua y sus dedos hasta que pudo meterme dos dedos al tiempo. Yo estaba loca de placer, y deseosa de que me hiciera suya, finalmente no me aguante mas y le dije que me lo metiera. El se rió, pero no dijo nada, lleno de saliva la entrada de mi culito y luego apoyo allí­ la cabeza de su pene. Empezó a meterlo poco a poco, y debo aceptar que al principio fue muy doloroso, se me salieron las lagrimas y le suplicaba que me lo sacara, pero el siguió metiéndolo hasta que entro todo. Luego se quedo quieto unos instantes, mientras mi ano dilataba un poco, y entonces comenzó a moverse lentamente. Yo lo sentí­a entrar y salir de mí­, y poco a poco el dolor que sentí­a fue disminuyendo a la vez que el placer fue aumentando. Unos minutos después yo gemí­a de placer, y tení­a que hacer esfuerzos para no gritar de gusto, pronto me oí­ pidiéndole que me diera más fuerte, que me rompiera el culo. El me decí­a cosas sucias al oí­do, hablándome como a una nena y diciéndome lo rico que estaba mi culo. Después de un rato, sin cambiar de posición, el se vino dentro de mi y yo pude sentir como se llenaban mis entrañas con su leche. En ese memento pensé que habí­amos terminado, pero el dijo que aun faltaba mas, unos segundos después ya tenia otra erección (la fuerza de la juventud.. jajaja) y se sentó en una silla, haciéndome sentir encima dándole la espalda, esta vez me entro con facilidad, el semen en mi ano lubricaba muy bien, y al tener yo el control de la penetración fue mas fácil, por lo que lo disfrute aun más. Pronto estuve sentada sobre él, con toda su verga adentro y moviéndome de arriba a abajo como una endemoniada, después cambiamos de posición, para hacerlo en cuatro en el piso, donde volvió a venirse dentro de mí­. Por esa tarde terminamos, y el me dijo que habí­a estado fantástica, y me propuso que fuera su novia, yo acepte encantada, y ese fue el inicio de una de las mejores vacaciones de mi vida. Durante el siguiente mes lo hicimos muchas veces, siempre estando yo vestida de mujer, y probamos cientos de posiciones. Quedamos de seguir siendo novios, pero al volver las siguientes vacaciones (6 meses después) tuve la tristeza de averiguar que se habí­a mudado, y no lo volví­ a ver. Sin embargo, este encuentro fue el que me definió en muchos aspectos, porque fue aquí­ que me di cuenta que me gustaba la penetración anal, que me gustaba la verga. Y si bien han pasado los años (muchos ya) y después de él solo hubo otro chico en mi vida, un par de años después, aun guardo el gusto por ser mujercita que él me dejo. Si les gusta este relato, mas adelante les contare sobre ese otro chico, y lo que ha pasado desde entonces. Medea, Travesti de Closet. Nota: esta historia es real, paso cuando yo tenia 12 años, en la actualidad tengo 28 y si bien desde la adolescencia no estoy con un hombre, y hace ya un par de años que no me visto de mujer, me encantarí­a volver a hacer ambas cosas, si estas interesado, puedes mirar mi perfil aquí­ mismo en Guí­a Cereza y escribirme un correo. Estoy en Bucaramanga, Colombia.

— medea-tv

28 de octubre de 2009

visibility 1.6k lecturas chat_bubble1
medea-tv

Escrito por

Soy transexual, transito por el género

Comentarios

1 comentario

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
  • marichuelavieja
    marichuelavieja · 10 de oct de 2009

    Yo tengo sesenta años y me sucedió algo igual, precisamente a esa edad. Muy lindo. El tutu y el body, el cuarto de atrás y la penetración. Yo seguí viéndome con él durante muschos años y fueron cambiano la moda y las prendas, y fuí su novia aún casado hasta que murió. Lástima. Un beso y felicitaciones.

Sigue leyendo

Otros relatos transexuales

Capítulo I El inicio

Transexuales

Capítulo I El inicio

Zoraida_conejitaZoraida_conejita·hace 4 días
schedule 19 min
visibility 809favorite 1chat_bubble 3

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad

Ella es Mía

Sexo con maduras

Ella es Mía

Frank0922Frank0922·hace 10 horas
schedule 7 min
visibility 126favorite 0chat_bubble 0