Yo sabía de sus deseos, no de su versatilidad, pero al menos si de sus deseos, sabia de eso por su mirada, no por sus manos o por las galletas con mermelada que me comía frente a su rostro, solo por su mirada. Ojos esmeraldas, los ojos verdes más hermosos que he visto.
El cuento es que yo estaba quedándome donde mi tía de vacaciones y estaba aburridísimo, cuando de pronto… la panadería y el panadero con treinta y cinco años, unos brazos fuertes y velludos, unas cejas pobladas, tal vez no media más de uno setenta pero sus ojos verdes parecían sacados de las mismas esmeraldas.
La segunda vez me guiño el ojo y supuse sus intenciones, la cuarta me pregunto el nombre, alabo mis piernas dijo que eran “tan bonitas como largas”, ese día acababa de tener un partido de volleyball, la quinta vez ya iba a cerrar y llegue a tiempo, pedí una paleta (arma infalible), y entonces me dijo que quería saber cómo se hacia el pan, y que entrara mientras el cerraba.
Adentro nada más que el beso desenfrenado, la paleta en el piso mis piernas en sus hombros, sus manos en mis nalgas, su camisa en mis manos, su glande contra mis labios, y de pronto…salsa de piña se rego en mi pecho desnudo por su agilidad, un momento miramos, y solo quedo lamer y automáticamente nos convertimos en caníbales y sus manos tomaban chantillí, crema batida, salsa de mora, arequipe, dulce de leche, chocolate a baño maría, y el dulce de piña escurría en mis tetillas que el lamia con avidez, y yo chupaba de la mejor manera (me lo revelo con gran complacencia) su pene cubierto por chantillí y dulce de mora, y entre mis nalgas un fuerte olor a caramelo, mezclado con esencia de vainilla y en sus fuertes brazos descubrí el dulce que puede guardar el chocolate amargo al mezclarse con el sudor, y en mi pubis pudo palpar la venusina combinación de la crema batida y el bello que comienza a crecer.
La penetración más dulce de mi vida porque en su pene escurrían los sabores de la felicidad y en mis nalgas se pavoneaban los dulzores del deseo, nada quedo a la deriva, ni siquiera mis labios que tras contener gemidos y blasfemias. Se contentaban con la avidez del maní, las uvas y un pequeño toque del lubricante de su pene, que además me supo a gloria.
El orgasmo, fue una fiesta de sabores en la boca, ha sido el único del cual me he pasado un poco, para sentir a que exquisito placer sabia el semen mas tendiente a la diabetes del mundo.








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1 comentario
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login Entrarescribes bien tu relato muy dulce por todos lados pero muy bueno espero que escribas mas