Las mejores cosas pasan cuando menos te lo esperas. Ayer llegó a mi oficina un tipo que estaba tan bueno, que me dolieron los ojos.
Tez blanca, cabello castaño claro, quijada cuadrada fuerte, ojos gris azulados, un cuerpo muy bien trabajado, bíceps y pectorales enormes, no en demasía, bien proporcionado, buen culo y muy buen paquete. De jeans y camisa vaquera manga corta, como visten los machitos relajados que saben que se ven de muerte.
Entablamos una conversación casual, solo trabajo. Sin embargo, a pesar de la seriedad del caso, no pude evitar fijarme en sus labios y en sus ojos. Su voz suave pero masculina hacía contraste con su cuerpo de macho firme, me deleitaba los oídos; por momentos cuando podía, me fijaba en su paquete. Me encanta mirar paquetes.
Soy muy intuitivo, por lo general no me equivoco cuando siento que le llamo la atención a alguien; mis ojos son claros, y regularmente se me quedan mirando, fijo y profundo, haciéndome achicopalar fácilmente.
Sergio, no fue la excepción y pronto lo hallé perdido en mi mirada, la cual, ya sin disimulo, dirigía coquetamente a sus labios delgados que sonreían de vez en vez para matarme sin piedad. Traté de a largar lo más posible la conversación pero cuando terminé de darle la información requerida, la amarga letanía del adiós hizo presencia y me sentí cohibido por mis compañeros de oficina, que aunque inmersos en su cuento, podían escuchar cualquier carajada que le dijera a ese Blake Harper* criollo.
Un apretón de manos, miradas inseguras, un formal “hasta luego” y tan maravillo como cuando entró, su redondo, duro y trabajado trasero, estaba cruzando la puerta de mi oficina hacía un destino desconocido… sin mí.
“Esto no va a pasar” me dije, y corrí hasta que lo alcancé en uno de los pasillos.
-Qué hubo, ¿que pasó?- Me dijo extrañado, entrecerrando esos ojazos, con asomo de sonrisa curiosa.
-Humm.. este… -vacilé por un momento y me quedé mudo, el sonrió, yo me reí aún más fuerte y por fin dije:
-Yo se que es tonto lo que voy a decir pero… (alzo los hombros y hago mueca de “ni modo”)… si me da su número de celular, no se va a arrepentir-(silencio incómodo)
-¿Qué va a hacer esta noche?-
Grrrr, aclaro mi garganta:
-ehhhh pués… nada… ¿Ver La Pola?- hago gesto de insufrible.
Él se ríe y voltea los ojos en señal de “que desastre”: -tenga llámeme a eso de las 7:00 y… nos vemos-
-Soy Sergio, mucho gusto-
-Camilo, el placer es mío-
-Eso espero… -
Giñó el ojo, me regaló una sonrisa maliciosa y se alejó como si nada.
Mientras se iba no puede evitar hacer un “SHHHHH” entre dientes, y ladeé la cabeza para mirar mejor al semental que me acababa de levantar.
Baste decir que esa noche, antes de salir, en la ducha, me restregué hasta donde no me daba el sol,y me preparé física y mentalmente para pasar bueno.
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Entramos a un barcito cerca a la Av. Oriental y nos sentamos en un sillón-sofá muy cómodo.
-¿Y si yo hubiera sido hétero?- me dijo Sergio en relación a mi lance de esa tarde.
-ahhh por favor! Con esa manera de mirarme… no, mijo, para nada-
-¿Tan evidente fui?- risas
-No, mentiras, yo estaba dispuesto a que me respondieras con un derechazo a la geta, por marica- y nos echamos a reír.
Se acercó, colocó su mano en mi cara para acercarme a la suya y me besó suavemente, sin lengua, sólo sus labios y su aliento.
Hice un “SHHHHH” en mi mente, y lo volví a besar, colocando mis manos en su antebrazo derecho y subiéndola despacio por sus bíceps duros. Esta vez nuestras lenguas se tocaron y el sabor de su boca me explotó mi mente.
Pasó su mano sobre mi muslo y la detuvo en mi entrepierna. Ya estaba duro, durito y me acarició la verga descaradamente. Quise hacer lo mismo pero me contuve por aquello de no mostrar el hambre.
Aprovechando la luz tenue y el vacío cómplice de un local medio vacio de martes por la noche, nos abejorreamos como leones en celo.
Metí mi mano entre su camisa desabotonada intencionalmente, y acaricié sus pectorales duros como la piedra, semi-velludos, masa aterciopelada que invitaba a ser probada. Me fijé rápidamente, no había nadie cerca, así que abrí lo suficiente su camisa para que me permitiera lamer sus tetillas paradas y duras. Él se estremeció cerrando los ojos, y abriéndolos de vez en cuando para vigilar que nadie viniera. Acarició mi espalda, y bajo su mano para meterla entre mis jeans y acariciar parte de mi culo.
Estaba tan arrecho que si Sergio me hubiese propuesto pichar ahí mismo, hubiera aceptado sin reparos… Algunas veces alguien aparece para sacar el voyerista que hay en mí.
En eso, llegó el mesero para retirar las botellas vacías sin darnos tiempo de componernos y disimular. El muchacho sonrió, y se alejo con la consigna de traer otra ronda de cerveza.
-Que pena parce- dije solo por mojigatería, porque para nada me sentía apenado.
-Fresco, estamos buenos y arrechos, él entiende- me replicó Sergio y nos echamos a reír.
-Apropósito… ¿Activo? ¿Pasivo? ¿50/50?- lo fulminé.
-hummm activo. Sin negociaciones- me respondió sin vacilar.
-¡Changos! Definitivamente no hay partido perfecto. ¿No?- y acto seguido, retomamos lo de antes.
El pelao de las cervezas nos cachó en las mismas, pero esta vez poco nos importó.
Sus piernas fuertes se abrieron con el toque de mi mano invitando a que la misma se ocupara de su apretado paquete que parecía que iba a reventar los botones de su bragueta. Lo sentí, lo sobé, y lo agarré, vaya que si era grande, como me gustan, y me sentí aliviado. Hasta el momento todo iba muy bien.
-¿Tu casa o la mía?- Me preguntó.
Y tan rápido como dije “tuya”, estábamos abejorreándonos en el ascensor de su edificio.
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Pedimos comida a domicilio para calmar el hambre física y dar rienda suelta al hambre de la carne. La expectativa era delirante, estábamos a solas, pero la idea era esperar a que llegara el pedido.
En bóxers blancos (él) y negros (yo), nos deleitábamos el uno al otro mirándonos y por veces tocándonos. Paramos un momento, y lo vi alejarse a la cocina para preparar los platos. Nunca olvidaré esa imagen tan excitante: Cuerpo perfecto, brazos perfectos, culo perfecto, morro perfecto. Descalzo y en interior se paseaba de la cocina a la mesa, mientras yo lo observaba con cara de degenerado,sentado en el sillón de su sala.
Me miraba, me giñaba un ojo, se chupaba un dedo untado de salsa, y sonreía. Era un Don Juan recargado.
El timbre sonó y Sergio no dudó en abrir la puerta, tal y cual como estaba. El tipo del domicilio que estaba bien lindo, no pudo evitar verse apabullado por la imagen de un tipo de cara hermosa, musculado, y semidesnudo que le atendía mientras iba y venía a la cocina con las bolsas y volvía con el dinero. El tipo, le evadía y volvía y lo miraba repetidamente y para cuando se fue estaba rojo como un tomate. Sergio cerró la puerta y lanzamos una carcajada.
-Vos si sos malo parce-Le dije.
-Nada, si le gusta lo que vio, bien, si no, que vea de lo que se pierde por pendejo- risas.
Luego de la cena, se paró de la mesa para colocar algo de música, luego se acercó a mi asiento para besarme, extendí mi mano y le toque la verga, él se sacó los bóxers y me dejó verla por un momento. Delicioso pedazo de carne apuntaba a mi cara. Tomé una menta y la metí en mi boca de manera que mi aliento helado hiciera maravillas en su falo. Me acerqué agarrado de sus piernas y olí sus huevos, pasé mi lengua por su ingle y Sergio se estremeció con respiración fuerte. Empecé por sus bolas las que lamí y luego soplé suavemente para que sintiera mi aliento. Está vez gimió y sobó mis cabellos. Pasé a suverga y la tragué suavemente: “Que chimba esa boca fría parce” me dijo y le di una mamada como me gusta darla. Saboreé su glande, lamí su palo, y lo engullí por momentos hasta mi faringe para enloquecerle con delirio. Sentado en mi silla, Sergio bajo mi interior y chupo mi tranca hasta el cansancio, en verdad le gustaba y me lo hizo sentir.
Pasamos a la alfombra de su sala, la cual ya tenía unos cojines especialmente colocados para lo que venía.
Me acosté y él se ocupó por un momento de lamer mis tetillas duras, pasó su lengua por mi axila y por mi costado hasta la cintura, haciéndome estremecer de placer. Volvió a mamarme la verga y levantó mis piernas para verme el ojete.
Hizo cara de pervertido en manicomio gay y me giñó el ojo en señal de aprobación, se mordió el labio inferior y acto seguido, me dio una de las chupadas de culo mas espectaculares que un tipo me haya dado. Lamía mi raja, mis nalgas, las mordisqueaba suavemente y volvía al orto, me penetraba con su lengua y mis sonidos le indicaban a él lo bien que me hacía sentir.
Se levantó, y se arrodillo frente a mi cara, con sus rodillas a lado y lado de mi cabeza, me introdujo su pene en la boca y dejó que yo hiciera el resto. Luego, se levantó por un momento, sólo para quedar de cuclillas sobre mi cara, dejando su ano sobre mí para que yo le hiciera lo que tanto nos gusta que nos hagan.
Levanté un poco mi rostro, tomé con mis manos, sus dos musculosas nalgas y chupé su culo como si fuera el último orto que mi boca probaría. El se balanceaba suavemente, al tiempo que se manoseaba la verga, gemíay suspiraba de placer, mientras decía: “Así güevón, así”.
Se arrodilló quedando en cuatro, con su pene a la altura de mi boca, y nuevamente le di una mamada. Me incorporé, al rato, para comerle el culo nuevamente pero esta vez en cuatro. Que retrato tan chimba: el tipo atlético, en cuatro, parando su redondo culo, con las piernas abiertas esperando a ser… ¿Clavado? No, esta vez no sería así, pero hubiera sido lindo.
Lamí sus cachas duras con ganas y las abrí para introducir mi lengua en su ojete, el tipo se estremecía y dejaba ver un hilillo de vellos monos que nacían en la parte baja de su espalda y que se difuminaban hacia arriba, todos paraditos.
Me paré y el se colocó en posición de mamármela otra vez, la cual me dio con ganas, mientras me introducía su dedo en el ano.
Me acosté y coloqué un cojín en mi cintura levantando mi pelvis para que ese semental, hiciera conmigo como quisiera. Se colocó el condón y se acercó mirándome con deseo. Levantó mi pierna derecha y la colocó sobre y a lo largo de su tronco, dando vía libre para que su cuerpo se acoplara con el mío como la pieza de un rompecabezas.
Aplicó un poco de lubricante, y dejó que su tranca entrara suave pero inatajable hasta al tope. Mi ano dilató rápidamente y pronto lo único que sentía era el placer extático de un pene grueso, largo y carnoso (no duro en demasía) que rozaba mis entrañas tocándome no se que rayos en mi interior que me hacía temblar.
“Que culo tan rico tienes” me dijo después de abrir los ojos, “pa’ que me coma como le venga en gana” le dije, e inmediatamente empezó a atravesarme con su “espada” con ritmo cadencioso y rápido por momentos de fogosidaddesesperada.
Mirarle su cara de niño arrecho, su pecho duro y sudoroso, sus abdominales trabajados y la ligera capa de vellitos que coronaba su pelvis en la base del pene, me enloqueció en cada movimiento de los cuerpos. De vez en vez se encorvaba hacia mí para besarme y descansar un poco mermando la intensidad. Era tan plácido su pene dentro de mí que no quería que terminara.
Me volteé boca abajo, colocando mi cabeza en mi almohada pero parando el culo de rodillas para que ese mono hermoso me culiara con ganas. Sergio se colocó con ambos pies a lado y lado de mis piernas, sin dejar que sus rodillas tocaran el piso, descendió con su cintura penetrándome hasta la empuñadura de su lanza, apoyando sus manos sobre el sofá se sostuvo mientras me penetró con cadencia violentay con toda su fuerza. Yo me masturbaba al ritmo de la arremetida que me alucinaba.
Al rato, él se acostó para yo sentarme sobre su pene que no se daba por vencido. Me penetré suavemente mientras yo aprovechaba para mirarle agitado y húmedo. Sergio acariciaba mis pectorales y mi abdomen mientras yo subía y bajaba con movimiento constante. Por momentos me dejaba completamente ensartado en su lanza y movía mi pelvis en movimientos circulares para ver como torcía los ojos y gemía pidiéndome más de eso que le hacía.
Paré y lo besé con frenesí mientras él me quitaba los cabellos húmedos de mi frente y me sonreía diciendo: “Que culiada tan chimba parce” y de inmediato comenzó a mover su cadera penetrándome con lujuria agarrándome del culo y abriendo mis nalgas con firmeza.
-Parce me voy a venir- me dijo jadeante.
-Vengase marica- Le dije enderezándome para ser yo quién con mi movimiento le produjera la excitación orgásmica que buscábamos.
Me penetré con fuerza y me apuñalé las entrañas con su falo al tiempo que me masturbaba con insistencia lasciva. Entonces Sergio gritó y puede notar por su éxtasis lujurioso que se venía con ganas, yo mermé la candencia y aumenté la profundidad mientras él se agarraba de la alfombra temblando y torciendo su cabeza como enajenado. Al tiempo, sintiéndolo duro dentro de mí, me penetré con fuerza y me vine con chorros que alcanzaron su rostro y dejaron su pecho y abdomen blanco y lechoso. Creí que me iba a desmayar, el cuerpo parecía no responderme hasta que él se enderezó me tomó de los hombros y me plasmó un beso tras otro hasta un último beso, largo y suave.
Esa noche dormimos juntos en su cama. Baste con decir que a la mañana siguiente, cuando me duchaba, ese Blake Harper* criollo, se metió sin permiso a la ducha para mandarme “desayunado” al trabajo.
¿La excusa para volverlo a ver pronto?
-Hey Sergio, prestáme una camisa para no ir con la misma ropa a la oficina. :P
*Blake Harper: Actor de porno gay canadiense, retirado.







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