Relato # 1:La primera vez que seduje a una mujer.
Comenzaré diciendo que me llamo Julián y los hechos que voy a relatar sucedieron hace unos años, cuando yo era un empleado de las Empresas Municipales de Cali, en Colombia. Tenía en ese entonces unos 19 años y como estaba recién salido del Colegio INEM de Cali, me fue relativamente fácil encontrar un empleo como ayudante del área de Telefonía, gracias a mi formación como Electricista que había adquirido en el mencionado Colegio.Antes de continuar debo decir que mi experiencia sexual se reducía a la Masturbación, que a esa edad es casi pan de cada día y a unas cuantas visitas al negocio de Don Juaco que quedaba en un casa verde de tres pisos, cerca a la Planta Procesadora de Fruco, la marca de Salsa de Tomate, donde unas señoras que pasaban de los 45 años, creo yo y con no muy curvilíneos cuerpos daban cuenta de nosotros, inexpertos muchachos que no teníamos muchas opciones en términos de dinero y lugares a donde ir a desfogar la energía sexual acumulada y alimentada por la recocha de los compañeros y por la lectura furtiva de los libros del gran Hernán Hoyos, por aquellos tiempos, toda una autoridad en literatura Porno o Erótica, pues sin un solo dibujo o ilustración nos transportaba a disfrutar las mieles del sexo en sus bien articulados relatos.
La historia que ahora les cuento, sucedió cuando un día tuvimos que ir mi compañero y yo ( de quien yo era su ayudante-aprendíz ) a atender un daño en un teléfono residencial en el Barrio La Floresta y luego de verificar las redes exteriores, debimos tocar en la puerta de la casa, a la que pertenecía la línea telefónica en reparación, para notificar y pedir autorización e ingresar al interior y continuar la reparación. Como descubrimos rápidamente, por la acción de roedores el cable estaba dañado en varias partes y procedimos a reemplazarlo. Mi compañero súbitamente se me acercó para decirme que debía atender un diligencia personal urgente a unas cuantas cuadras de allí y que me dejaría trabajando solo por un par de horas, y se fue dejándome solo con la dueña de casa, una dulce señora en sus 30 años, que muy amablemente me ofreció un vaso de jugo de Maracuyá, muy propio para el sofocante calor de las 11 de la mañana. Cuando le entregué el vaso vacio y ella se dio vuelta, pude adivinar sus prodigiosas nalgas que se marcaban en su vestido y que hacían perfecto juego con los firmes senos que ya había tenido oportunidad de apreciar cuando caminaba hacia mi con el vaso de jugo en su mano. Era una mujer sencilla y sin arreglar a esa hora del día y dedicada solamente a los quehaceres del hogar, pero aun así me sentí atraído por su figura, pues se apreciaba una figura saludable, una piel limpia y un cabello cuidado.Me di mis mañas para pedirle que me ayudara a sostener un cable, mientras yo medía el largo requerido y para, por ese medio entablar una conversación trivial que me fuera ganando su confianza. Le pregunté por sus niños y me dijo que tenía dos y que estaban en el Colegio y que llegarían a las dos de la tarde. Pero como mi meta era averiguar si tenía esposo y a qué hora llegaría, le pregunté en qué trabajaba su marido y me dijo que en un Almacén de repuestos para Auto, pero pude percibir un gesto en su rostro que no puedo describir exactamente, pero que me dejó saber que su esposo no era un tema agradable para ella y como seguidamente me preguntó si yo tenía esposa, le dije que no, por lo que me contestó que qué bueno ser libre y una lucecilla se me prendió en mi cerebro y mi amigo de abajo empezó a movilizarse para ponerse en pié. Cuando le pregunté porque se expresaba así, me dijo que su esposo bebía mucho y la trataba muy mal y que por ese motivo no era felíz a su lado, pues llegaba borracho dos o tres veces a la semana.
Como se puso muy triste, yo le tomé un amno y le dije que no se angustiara por eso que ella aún era muy joven y les juro que ese fue un gesto espontáneo de mi parte sin segunda intención. Ella me correspondió y se acercó a mi cuerpo y le rodeé su cintura con mi brazo y nos fundimos en un apasionado beso que duró varios deliciosos minutos. De allí a tener mi mano apoderada de uno de sus hermosos senos fue un santiamén y ni qué decir tengo que con presteza inaudita removí los botones de su blusa y acto seguido le desabroché el brazier,lo que me permitió chupar esa teticas redondas y firmes, cuyos pezones estaban erguidos e invitando al placer y a la delicia.Ella deslizó su mano y me desabotonó el pantalón y apoderandose de mi pene, me bajó los interiores y me arrinconó en una esquina de la cocina y arrodillándose me agarró mis nalgas, mientras daba a la tarea de mamarme el pene y a musitar cómo estaba de arrecha y que rico le parecía tener mi herramienta dentro de su boca. Yo hacía esfuerzos sobrehumanos, para no desarrollarme tan rápido y trataba de alejarla y distraer mi mente con algo diferente, pero ella me miraba y parecía adivinar lo que se avecinaba, pues cuando se sacó el pene de su boca, éste daba saltitos al ritmo de la palpitación de mi excitado corazón. Esta preciosa mujer me tranqulizó diciéndome que no me preocupara y acto seguido continuó mamándomela con insitada y renovada fuerza, hasta que ya no aguanté mas y una explosión de semen estalló en su boca y ella se untó su rostro de esta albúmina que según me dijo despues, le vendría bien a su piel.Luego me alcanzó un rollo de papel de cocina para que me limpiara y ella hizo lo propio. Se organizó sus ropas y me ofreció mas jugo y despues de un corto receso, volvimos la carga, pues como sabrán a la edad que yo tenía entonces, la baja calidad del sexo y la inexperiencia se compensan con creces con cantidad y potencia. Esta vez yo tomé el control y la llevé a su cuarto donde la desnudé completamente y una vez en la cama, procedí a pasar mi lengua por su cuerpo, comenzando por sus orejas y su cuello, para bajar a sus senos y seguir al ombligo, haciendo que ella temblara de placer y gusto. Me atrajo sobre sí para que yo la cabalgara y la penetrara, pero tomándo sus manos entre las mias, volví a tener el control y continué avanzando con mi lengua hacia sus partes íntimas, descubriendo un hermosos pubis y una vagina húmeda y jugosa que escondía entre sus pliegues un Clítoris rosado y erguido, como si me estuviera esperando. No dudé en posar mi lengua delicadamente en aquella maravilla de la creación y lo rodeé con mi lengua con movimeintos calculados y precisos, con lo cual le causaba a esta preciosa dama un inmnenso placer a juzgar por los gemidos y suspiros que exhalaba. Su vulva generosa y recién bañada se regocijó con cada lenguetazo que le propiné. Luego y tras otra sección de caricias, introduje mi dedo anular en su vagina y le toqué esa preciosa moneda que las mujeres tienen oculta justo debajo de la parte superior externa de su vagina o Monte de Venus y que según los estudiosos se llama el punto G. Aquello fue la apoteosis y poco despues me encontré frente a mi dama que me imploraba que por favor la penetrara sin demora y yo haciéndome de rogar le preguntaba que porqué y que esperara un poco mas, lo cuál debo confesar siempre me ha producido un indecible placer al observar las expresiones de la cara de mi compañera. Como yo ya estaba al borde de mis límites también y como soy muy obediente y no me gusta hacer sufrir a las mujeres, procedí gustoso a introducir mi verga en sus profundidades y a cabalgar una vez más ese brioso corcel hecho mujer que me acogió con pasión y rodeó mi cuerpo con sus bien torneadas piernas, mientras yo bombeaba con mi pistón en esa deliciosa cuquita.
De pronto ella se detuvo y bajándome las piernas, me indicó que debía retirarme y acto seguido se volteó y quedó ante mi vista el mas prodigioso trasero que hombre alguno haya podido acariciar. Le besé las nalgas y con mi lengua le lamí el comienzo de su cañada, donde la espalda pierde su nombre al decir de los escritores. En un movimiento casi automático levantó ese portento de culo y yo recostándome conta la pared lo atraje hacia mi, por lo que pude acarciar su Clítoris con mi mano izquierda, mientras con mi mano derecha dirigía mi verga hacia eso culito estrecho y caliente qye no tardó en aparecer. En eso y como se dificultara un poco la penetración alcancé a ver en una repisa cercana un pote de crema para la cara y sin mucho esfuerzo de mi parte lo agarré y una vez destapado, tomé con mis dedos una cantidad apropiada y embadurné la cabeza de mi pene y tomando una segunda porción se la unté generosamente en ese culito, cuidando de introducir cuidadosamente mi dedo para que la crema penetrara lo mas adentro posible y facilitara el siguiente paso de aquella faena inolvidable. Luego ella se movió un poco mas adenro de la cama y descendiendo sus hombros y cabeza me invitó a que me subiera encima de ella y con su trasero empujándo en sentido contrario hizo que mi verga se deslizara poco a poco dentro de ese culo delicioso que pedía mas y mas. Una vez la tuve toda dentro de ella y al renovar mis caricias en su Clítoris, empezó mi hembra una serie de movimientos circulares, en los que todo su cuerpo permanecía inmóvil y su trasero describía toda una danza que me enloquecía de placer y hacía que hasta el último milímetro disponible de mi Bayoneta se mantuviera dentro de aquella portentosa escultura de placer y mientras ella me empujaba hacía atrás, yo hacía lo propio en sentido contrario, como si quisieramos permanecer por siempre así. Nunca olvidaré su técnica y precisición al mover ese trasero en giros delicados y firmes al mismo tiempo que me hacían ver estrellas del placer que me producía. Cuando ya no pude mas, me vine de nuevo y esta vez ella celebró la sensación de líquido abundante y caliente que le estaba derramando generosamente en su ano, porque me decía repetidamente "...Así papito ...Calientico mas, mas... quiero mas...".Nos dejamos caer en la cama extenuados y felices de habernos saciado y de haber alcanzado el placer máximo, no obstante ser nuestra primera vez y nos acariciamos tiernamente en un mágico momento en el que sin decirnos nada, nos estabamos agradeciendo uno al otro la entrega total y plena que acabábamos de devorar.
Rápidamente volvimos a la realidad y para cuando mi compañero regresó una media hora despues, el trabajo y aestaba terminado y las herramientas de trabaj debidamente empacadas en sus cajas, lo que me mereció un feliciatción de mi jefe-instructor. Nos despedimos de aquella inolvidable mujer y aún hoy conservo ese recuerdo maravilloso en mi mente y no puedo olvidar su pícara sonrisa al despedirnos en la puerta de su casa. Fin
Espero sus comentarios y sugerencias. Este es mi primer relato y les prometo mas. Julián








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1 comentario
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login Entrarque buena historia, muy detalla te felicito, sigue escribiendo