UNA FANTASIA QUE DEJO DE SERLO
Relato de comunidad Voyerismoschedule 5 min de lectura calendar_today Mayo de 2011

UNA FANTASIA QUE DEJO DE SERLO

Somos una pareja de esposos felizmente casados desde hace ya muchos años, a medida que el tiempo de vivir en matrimonio ha ido pasando hemos ido ganando mucha confianza y perdimos el miedo de ser mal juzgado por el otro, de ahí que, hoy no tenemos problemas para compartir nuestras fantasías, las....

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Somos una pareja de esposos felizmente casados desde hace ya muchos años, a medida que el tiempo de vivir en matrimonio ha ido pasando hemos ido ganando mucha confianza y perdimos el miedo de ser mal juzgado por el otro, de ahí que, hoy no tenemos problemas para compartir nuestras fantasías, las cuales indudablemente le agregan un plus a nuestros encuentros sexuales. En otro momento les compartiré algunas de ellas, en esta oportunidad solo me referiré a una fantasía que muchas veces habíamos tenido y que finalmente se materializo.

Somos un matrimonio que acostumbra a darse sus escapaditas de fin de semana por fuera de las habituales épocas de vacaciones, hace cosa de unos tres meses fuimos a una ciudad que nos gusta mucho por sus particulares características y opciones, Cartagena. Optamos en esta ocasión por pasar la noche en una de los hoteles o si prefieren llamarlos albergues, que hay en las distintas islas que integran las Islas del Rosario. Llegamos en una de las lanchas que acostumbran a cubrir la ruta desde los muelles de los Pegazos, como a eso de las 10 y mida de la mañana. Nos instalamos en una de las Cabañas y luego comenzamos a gozar las delicias del sol, mar y brisa, un paisaje muy romántico que invita al amor.

El día transcurría aplicando cremas y aceites a mi esposa y gozando viendo su cuerpo todo provocativo y semi desnudo, puesto que aprovechamos la casi total intimidad, solo mediada por la mirada y contemplación de las tres parejas que también se alojaban en el lugar, ademas por quienes atendían a los huéspedes, para que ella y yo nos deleitáramos al sentir esas miradas y palpar los deseos que provocaban nuestros explícitos manoseos, que terminaron siendo una invitación para dos de las otras tres parejas.

Avanzada ya la tarde, 4:30 caminamos un poco entre la vegetación y encontramos un lugar no también acondicionado, ni con los lujos de un S P A de hotel cinco estrellas, diría que mas bien rústico pero con las condiciones mínimas y bien aseado, en el que se ofrece a los huéspedes la opción de recibir masajes corporales, al verlo mi mujer y yo reaccionamos al unísono y nos cruzamos unas miradas yo diría que picaras y hasta cómplices, le pregunte "ingenuamente" que si le gustaría darse un masaje, la respuesta claro que fue la esperada y sabida, un SI sin vacilaciones. Nos recibió un hombre de piel negra, atlético, musculoso, de un metro 75 cms calculo, de aproximadamente

30 a 35 años, explico en que consistían los masajes, el tiempo y costo, pregunto que para quien era al contestar mi mujer que para ella, el le indago que si prefería una masajista o que fuese el. Nos miramos y yo fui el que contesto: " no hay problema, hazlo tu".

Dicho lo anterior el masajista invito a mi mujer a que se subiera en la camilla y le ofreció su brazo como apoyo le dijo que se acomodara mientras el colocaba un recipiente de metal que contenia aceite, en una pequeñita hornilla. Pasado un breve momento, el suficiente para calentar el aceite, el joven negro comenzó a sobar los pies de mi mujer, sin prisa, así, lentamente fue subiendo por sus pantorrillas hasta alcanzar sus muslos, de detuvo antes de llegar a sus nalgas y salto a su cuello luego a su espalda, pasaba sus manos en círculos y presionaba con sus nudillos, un el momento menos esperado y sin hacer pregunta alguna y con toda la naturalidad del caso, soltó los tirantes del bikini de mi mujer bajando y subiendo sus diestras manos por su espalda hasta llegar al borde de la pieza de abajo, tomo un aire, repitió una vez mas el ritual de tomar el aceite caliente, empaparse sus manos con el y con seguridad y arrojo, diría yo introdujo sus manos entre la piel de las nalgas de mi esposa y la suave tela de la diminuta prenda, que ahora se hacia mas pequeña. Mi mujer comenzó

a tener leves movimientos que no pasaron inadvertidos para el masajista ni para mi. En este momento ya estaba muy excitado, sabia que mi mujer estaba disfrutando plenamente ese momento, que esta haciendo realidad una de sus fantasías, digo mal, de nuestras fantasías. El atlético masajista siguia su faena y sin preguntar nada y sin miraría siquiera, como si estuviera solo con mi esposa y fuera su dueño, acomodo sus brazos de manera tal que giro el cuerpo de ella dejandole de frente a el, sus senos al descubierto abalanzando sus manos hacia ellos, con nueva porción de la pócima caliente. Mi emoción estoy seguro era inocultable al igual que la de mi mujer, las manos de este diestro negro bajaban sin contención alguna por el vientre de ella quien indefensa solo se defendía cerrando los ojos apretando y mordiendo sus labios.

El comenzó a rondar los alrrededores de su zona púbica, ella no pudo resistir el embate y abrió sus piernas, listo, le facilito que las manos del diestro masajista acariciara, si eso ya eran caricias no masajes, la parte interior y alta de sus muslos, hasta rasaba su sexo, me encontraba extasiado ademas porque sabia lo que mi mujer estaba pensando. El se acerco un poco mas a la camilla, como se nota que no era la primera vez que se encontraba en semejante situación, es claro que sabe que es lo que andamos buscando cuando recurrimos a sus " masajes" , mi esposa "distraídamente" dejo caer uno de sus brazos, yo sabia de su intensión, rosarle su miembro. Esa imagen de ese lugar esa indefensión de mi mujer, ese inmenso placer de ver a mi esposa ser acariciada por otro hombre sin que mediara vinculo alguno sino permitirle experimentar ese goce que muchas esposas desean pero que no pueden experimentar y les toca reprimirlo.

El final de la jornada fue ya en la noche cuando hacíamos el amor como vibramos cuando ella fantaseaba con el negro del masaje y me hacia participe de sus pensamientos, que noche la de esa noche.

— locuras-de-muje

31 de mayo de 2011

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