Ese día estabas en Cartagena. En medio de una reunión de trabajo recibí tu mensaje de texto y me dijiste que me necesitabas urgente, tenias malas noticias y no querías llevar esa carga sola, me contaste que andabas caminando en la playa como una loca, esperando que el olor a playa y el sonido de las olas al romper contra las rocas, pudieran arrasar con tu realidad y de esa manera olvidarte por un instante tu dolor o al menos atenuarlo. A penas pude fui por ti, mientras me transportaba, varios sentimientos estaban en mi corazón, uno de ellos era la necesidad de aprovechar esa oportunidad para darte una prueba de mi incondicionalidad, para mostrarte que podías contar conmigo, no importa que solo pudiera proporcionarte uno de mis malos consejos, de aquellos que no sirven sino para empeorar las cosas, quería intentar algo, no importa que la embarrara con cada palabra, pero quería que supieras que estaría allí, atendiendo tu llamado.
Mis nobles sentimientos se mesclaban con otros turbios, un demonio que llevo por dentro y que solo conoce de la oportunidad para hacer de las suyas, andaba rondando por mi cabeza, sí, a pesar de que todo andaba mal, una parte de mi quería utilizar ese mal momento, quería aprovecharse de ti y de tu vulnerabilidad, ese ser despiadado estaba craneando su plan malévolo, me decía lo siguiente:
-Está toda vulnerable, aprovecha para hacerle cosas malas, cosas ricas, así como está, se deja hacer de todo, gózatela, convéncela que el sexo alocado, es la terapia que mejor le sentará.
Mi ángel quien gana la mayor parte de las disputas morales me decía:
-A mí no se me ocurre nada, al menos el diablito tiene un plan y aunque busca su propia satisfacción, en realidad es mejor que cualquier cosa que a mí se me ocurra, no sé qué hacer, no sé qué decir, estoy en shock.
-Gracias Ángel, reconoces que mi nivel de inteligencia emocional me hace el mejor, siempre saco la casta en los momentos claves, no puedes igualarme, somos dos cabezas, la de abajo siempre está conmigo.
Negro, recuerda que ella te contó que cuando viajaba a Cartagena por cuestiones de trabajo…
-“El Àngel” tan solo se sentaba en una piedra frente al mar, a ver cómo caía la noche y allí, en la oscuridad, cuando no había nadie, se desnudaba para sentir como la luna lunera, la cascabelera, con esa carita redondita de los dibujos de niños, se la queda mirando con su sonrisota y sus cachetes rosados…
-“Diablito” ella se acuesta en la orillita y se siente libre, hembra, de pronto se refriega cierta parte de su cuerpo contra las caracuchas, pero en esta ocasión estarás junto a ella, esperando la noche para hacer delicias bajo el cielo estrellado, bueno, nublado.
-De acuerdo con el diablo, al menos ella se sentirá bien en ese momento, diablo, me agradas hoy.
Nos encontramos, noté la tristeza en esas dos gotas de miel que tienes en la mitad de tu rostro, esas ventanas translúcidas me decían lo mucho que necesitabas a alguien cerca, no sabía qué hacer, como actuar, tus labios pronunciaron unas palabras que me invitaron a la acción:
-Necesito un abrazo, uno fuerte.
Tan solo obedecí y en silencio te abracé fuerte, pero no tanto como para lastimarte, me contaste los detalles de tu drama, tus temores, me compartiste tus sentimientos. Mis palabras mágicas no estuvieron allí, tampoco esos sabios consejos que no aplico con migo mismo, ante mi torpeza y la incapacidad para manejar la situación, los ajá fueron las palabras más elocuentes que salieron de mi boca, estuve allí, pretendiendo que solo mi presencia te sirviera para sentirte mejor.
El diablo me decía que me quedara a tu lado ya que pronto empezaría a anochecer, pero alguien más habló en ese momento, habló tan fuerte que creo que lo llegaste a escuchar, era mi estomago, necesitaba algo de comer, algo rápido para volver a esperar que el manto de oscuridad fuera cómplice de mis salvajes intenciones, por eso te propuse ir a un lugar cercano a comer unos panes, en ese instante, un destello de luz emano de tus tristes ojos, me dijiste:
-Mmmm rico, pan, quiero pan, esa es una de mis debilidades, me encanta el pan, los helados, mmmm, soy dulcera, me encanta el dulce.
Mi ángel, quien se encontraba en un rincón, sintiéndose ese inútil que solo sirve para estorbar, apareció para decirme:
-Olvídate por ahora de tus planes macabros, llévala a un buen sitio a comer helado, no importa que te coja la noche en aquel lugar, lo que importa es ella, su sonrisa, hazla sentir princesa, una princesa con la boca de fresa.
Llegamos a ese lugar, era algo elegante, allí pedí dos helados, de esos que tienen formas raras y vienen acompañadosde globos, plumas y otras cosas que hacen felices a los niños, tú andabas como Alicia en el país de las maravillas, con una sonrisa de oreja a oreja, como si tus problemas no existieran, ese día te prometí que en otra ocasión cenaríamos allí, estabas feliz, como aquella niña pobre de los cuentos de los hermanos Grimm a la que de repente se le aparece un príncipe azul y le dice que se acaba de enamorar de ella y la boda será mañana.
Una vez acatadas a cabalidad las órdenes del ángel, el diablito pidió la palabra:
-Oyee ya es de noche, no tienes que esperar, solo ir a hacer lo tuyo, el mar está cerca.
Sin prisas, me tomé un tiempo para caminar contigo por las murallas, divisar desde allí el mar y la magia amarilla de Cartagena, estábamos bien, caminando con tranquilidad hasta que llegamos a ese lugar, en ese lugar te sentí bien, tranquila, algo atrevida, de repente tu mirada cambió, a pesar de la oscuridad, vi tu agresividad, esa mirada de gata salvaje, de gata en celo con ganas de gato, era como la mirada aquella, aquella que me hizo perder el año, cerca un tipo nos miraba, tenía pinta de atracador, si no es por él, mi diablito hubiera parecido un angelito ante esa aura voltajosa que te cubría, me dijiste que te encantaría hacerlo en las murallas, que era una fantasía que debía hacerte realidad algún día, así que ya eran dos la promesas por cumplir, bueno también te prometí ir a comer un mcflurry de chocolate con oreo, no podía creer que nunca lo habías probado, una dulcera como tú..., me estabas brindado la oportunidad de tener el placer de verte probarlo por primera vez.
El motel playa tenia habitaciones disponibles, por eso caminamos por la carretera hasta encontrar una pieza adecuada, pero seguimos de largo y llegamos a una tienda, nos hidratamos un poco y nos dirigimos a ese rincón, entre las olas oscuras con una cresta blancuzca y el sonido del mar que se escuchaba fuerte, te fuiste quitando la ropa poco a poco, yo también me fui desnudando, con las manos tapabas esos senos que tanto había visto, que tanto había lamido, te noté tímida. Cuando te fuiste adentrando al mar, tu timidez se fue ocultando, pero aún estabas en tanga, era negra con algunas transparencias, yo me quedé en calzoncillos, te seguí a la orilla, allí me quité lo que me quedaba de ropa y lo puse en la arena, de tal forma que si algún ladrón llegaba, podría rápidamente tomar esa prenda y perseguirlo, pero luego, cuando el primer transeúnte pasó por la calle, me di cuenta que estábamos lejos, que la oscuridad nos arropaba, fue en ese momento que te pedí que estuvieras desnuda, tú me hiciste caso y nos dimos una abrazo y un beso, era la primera vez que estaba así, totalmente desnudo al aire libre.
Seguí avanzando en el mar, pero algo me detuvo, me detuvo la sensación de vulnerabilidad ante la naturaleza, eso por allí tan oscuro, que tal si un tiburón o alguna bestia marina terminara atraída por esos jugos placenteros y como solo habíamos dos presas a esa hora, seríamos blancos fáciles y sin nadie por allí para rescatarnos, mejor más cerca de la orilla.
Entre besos salados y caricias, entre el cielo oscuro y el mar, mi submarino ingresó en esa cueva, estabas en cuatro, el agua llegaba hasta tu vientre, yo de rodillas te penetraba, a veces se hacia un hueco en la arena y nos teníamos que reacomodar, pero seguía allí gozándote, gozándote fuerte, algunas veces impulsado por la fuerza e las olas al golpear contra mi trasero. Sentí tu placer, una y otra vez, al final descargué dentro de ti mis ansias, sentí como sentiste cada momento de mi orgasmo, sentí que lo acompañaste segundo a segundo con el tuyo, no quería sacártela, la dejé adentro y pensé en esa mescla maravillosa que estaba dentro de ti, mi semen, tus jugos y un toque de agua de mar.
Seguí penetrándote, tu lubricante reforzado con el mío, hacia que desde dentro de ti una parte de esa mescla se desprendiera poco a poco para esparcirse por ese océano que estaba allí haciendo el amor con nosotros, pero faltaba algo, otro ingrediente más.
Nos fuimos a la orilla, tu cabeza se recostaba en una almohada de arena, el resto de tu cuerpo estaba a la merced de ese vaivén, a la altura de tu sexo, la turbulencia de las olas agonizantes, revolvían un poco de arena, arena que se impregnaba en nosotros, que cambiaba la textura de lo tuyo, de lo mío, la sensación era genial para mí, era genial para ti, por eso te penetré fuerte, tanto como pude, besé tus labios, acaricié tu pelo sucio, y nuevamente me derramé en ti, al sacártela me ardía bastante, que tal masturbarse con una lija y luego echarse agua de sal, ¡deliiiiiiiiiii!, lo mismo te pasó a ti, que tal utilizar de vibrador una lima, ni me imagino pero tu cara de satisfacción me mostró que lo disfrutaste en demasía. Nos quedamos acostados en la orilla, mirando las nubes negras, ya que no había estrellas, tan solo aquellas que sentimos al hacer el amor, tus palabras fueron:
-Oye gracias.







Comentarios
1 comentario
Inicia sesión para dejar un comentario.
login EntrarHola hola negro....yo acá viendo que quien generó la situación no fue tu ángel o tu demonio....fue el de ella!!. Quién sabe cuál de tus dos consejeros fue que sacó en diablo angelical (o debo decir el angel endemoniado) de tu dama en peligro ...heroína que desea ser salvada por su príncipe afroamericano... Pero ella tu angel -demonio femenino fue deliciosamente rescatada, amparada, acogida, protegida, socorrida, auxiliada, asistida, reforzada...liberada...aun con el escozor o irritación de "la lija"...o del "vibrador de lima" bañada con la sal marina..jajaja ese ardorsito sí que bien recibido cierto? Negro....si uno dice...NECESITO UN ABRAZO... qué pasaría?? jajaj yo tengo la lija pero Bogotana.... y el vibrador hasta de pronto...jaja ... Mentiras negro estoy jugando.... primero no tengo la oscuridad del mar como cómplice de cuento...y mucho menos soy la heroína...