Eran las 4:30 pm. Yo llegué primero a la estación de gasolina frente al cerro El Volador, estaba demasiado nervioso, me sudaban las manos, por un momento creí que él no llegaría y pensé en volver a casa pero justo lo vi llegar. Era mucho mas alto de lo que pensaba, más de metro ochenta, delgado, blanco, cabello corto y cara atractiva y masculina, tenía 29 años, y un muy buen bulto en su entrepierna, se veía muy bien así que descarté la idea de huir. Sentí como se me enrojecía la cara; a pesar de que ya nos habíamos visto desnudos varias veces por cam, esta era la primera vez que yo aceptaba verme en persona con él, con el más vergón de mis contactos.
Yo tenía 18 años, si lo se, muy mayorcito para ser todavía virgen, pero la combinación de una personalidad tímida, una casa que nunca quedaba sola y una madre un tanto sobre protectora no me ayudaba. No es que nunca hubiera hecho nada con otros hombres: mostrarse el pene con los compañeros de clase, bluyiniadas con los amigos de la cuadra y sexo oral con los primos; todo eso ya estaba tachado de la lista, pero lo que de verdad me hacía falta, lo que inspiraba todas mis pajas matutinas y nocturnas era que me metieran un buen pene en el culo.
Nos saludamos, me apretó firmemente la mano e inmediatamente él comenzó a cruzar la calle camino al cerro. Yo me limité a seguirlo sin ser capaz de levantar la mirada. Subimos por un sendero un poco empinado (se notaba que no éramos los primeros en usarlo). Subíamos y con cada paso me ponía más nervioso. Terminamos la parte empinada y él se detuvo en seco, miró hacia los lados y sin aviso mando su mano a mi paquete, lo agarró con fuerza, yo no demoré en excitarme. Metió la otra mano por la parte de atrás de mi pantaloneta y empezó a tocarme el ano con un dedo. En ese momento, un tipo de unos 25 años, sin camisa, musculoso, muy bronceado y con una cara que no inspiraba confianza salió de entre las hierbas, tenía los ojos inyectados de sangre y los tenis y la pantaloneta sucias de hierbas (en Medellín diríamos que tenía cara de valija o de nea). Mi cita y yo comenzamos a caminar rápidamente esperando que no nos hubiera visto. Buscábamos los caminos más escondidos, nos metimos por un sendero entre varios arboles y maleza, perdimos de vista al tipo sin camisa así que nos detuvimos.
Estábamos en un prado despejado, pero totalmente rodeado de árboles, nadie podía vernos. Mi corazón latía muy rápidamente.
-Parce, me llamo Andrés- me dijo, al mismo tiempo que sacaba su pene por el cierre. Aún no estaba erecto pero la punta se veía totalmente húmeda de lubricación. Otra vez se me paró casi de inmediato.
-Ah mucho gusto yo…- empecé a decir, pero él me cogió de la nuca y me obligo a agacharme hasta quedar a la altura de su pene húmedo. El comportamiento agresivo e impulsivo de Andrés me asustaba un poco pero por otro lado me facilitaba las cosas, yo lo único que tenía que hacer era dejarme llevar.
Comencé a chupárselo, el sabor de la lubricación me ha gustado siempre. Metíi todo su pene flácido y mojado en mi boca y lo saboreé. El pene de Andrés empezó a ponerse duro poco a poco, hasta alcanzar el grosor que yo había visto por cam. Apenas y cabía en mi boca, era tremendamente grueso. Mi cita me cogió otra vez de la nuca y empezó a hundirme su pene en la boca, yo sentía arcadas pero me aguanté. Ese pene gigante me excitaba mucho y estaba dispuesto a hacer todo lo que Andrés me pidiera incluso dejar que me lo metiera.
Yo estaba atragantándome con esa verga gruesa y que lubricaba mucho cuando Andrés empezó a hablar en voz muy alta – Parce, venga únase, tranquilo- dijo. Yo me demoré un momento en entender lo que pasaba: el tipo sin camisa del que habíamos huido nos estaba espiando detrás de un árbol y se estaba masturbando, y Andrés lo estaba invitando a hacer parte de la función. Yo no sabía qué hacer, así que de nuevo dejé que Andrés fuera el que tomara la iniciativa en todo, yo estaba a sus órdenes.
El tipo sin camisa tenía mi estatura, por sus grandes músculos y su piel quemada, se notaba que hacía ejercicio en los parques. Tenía el pene más grande que el mío, pero no tan grueso como el de Andrés; lo más llamativo es que era curvo hacia la izquierda. Andrés me hizo poner a cuatro patas sobre la manga y empecé a chupárselo al hombre musculoso. Noté de inmediato que el sabor de este pene era mucho más fuerte que el anterior, tal vez por el sudor. Andrés bajo mi pantaloneta y mis bóxer, yo me puse un poco tenso pero me relajé cuando empezó a meter y a sacar su lengua de mi ano, a hacer círculos alrededor de él y a meterme la punta de sus dedos mojados en saliva.
-¿Hey, el parcero se deja culiar? – preguntó el hombre musculoso y bronceado. Yo entendí que se refería a mí pero antes de que yo pudiera contestar cualquier cosa Andrés dijo “Si, pero hágale suave”. Yo tenía una mezcla de sentimientos: rabia porque él había decidido por mí, gratitud porque había pedido que lo hiciera suavemente, y sorpresa porque al parecer no iba a ser la gran verga gruesa de Andrés la que me quitara la virginidad sino la verga torcida del hombre sin camisa.
Andrés me dejo el ano muy húmedo, el pene del chico musculoso yo lo había dejado bastante húmedo también, así que no fue muy sorprendente cuando después del primer intento su pene entró en mi culo. Yo me ericé del dolor, me encorvé y gemí, no pensé que iba a doler tanto.
-Ya le dije que le diera suave- Dijo Andrés cuando notó lo doloroso que había sido para mi.
El tipo sin camisa saco su pene, yo no quise mirarlo porque tenia miedo de que tuviera sangre. Me escupió dos veces el ano, restregó su verga un poco y volvió a meterlo, esta vez casi no dolió. Comenzó a clavarme su verga, lentamente, el dolor era cada vez mas soportable. Me di cuenta de que yo había perdido la erección así que me concentré en chupar el pene gigante de Andrés y dejar que el chico musculoso hiciera lo suyo con mi culo. A medida que lo metía con más rapidez, más me excitaba. Justo cuando empecé realmente a disfrutar tener una verga tan gruesa en la boca y el pene de un tipo tan musculoso en el culo, me sacaron el pene del culo. Entendí que el chico sin camisa ya había echado todo su semen dentro de mí. Limpió su verga con una camisilla blanca que llevaba metida en su bolsillo. Pude ver algo de sangre, pero no le pregunté nada porque al parecer llevaba prisa, y asi como había llegado se fue.
Mi culo me dolía un poco, pero aún no llegaba la mejor parte, Andrés sin decir palabra me puso en 4 otra vez, se lleno su pene de saliva y lo comenzó a meter. La sensación era completamente distinta, se sentía muy caliente, en ese momento no entendía si se debía al grosor, a la sangre, o al semen. Yo me aguantaba las ganas de gritar o de quitarme porque en el fondo era muy excitante que un pene tan grande entrara en mi anito. Andrés no era tan apresurado como su predecesor, se tomo mucho tiempo en meterlo por completo, yo me quede en cuatro patas alzando mi culo y dejando que él fuera el que hiciera todo porque al parecer tenía mucha experiencia.
Andrés lo metió por completo y empezó a mover su gruesa verga, yo no pude aguantarme las ganas de gemir, sentía que su pene me removía todo por dentro, que me tocaba partes que ni sabía que existían. Me culió y me culió, yo solo gemía hasta que Andrés me cogió fuerte las nalgas y empezó a hacer un movimiento más lento pero más fuerte, yo sabía que estaba a punto de venirse dentro de mí así que me masturbé, y estallaron los orgasmos. Como estaba tan excitado yo eyaculé rápidamente mientras Andrés llenaba mi ano de semen con su verga gigante.
Cuando la sacó sentí que un líquido caliente se derramaba por mis piernas. No quise mirar qué era. Me subí la pantaloneta y por primera vez miré directamente a los ojos de Andrés, me di cuenta de que sudaba mucho. Yo baje la mirada instintivamente… lo tome de la mano y comencé recorrer el largo camino de bajada mientras pensaba en cuanto me dolía mi pobre culito lleno de semen.







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