LA HISTORIA ANTES DEL CUENTO
Relato de comunidad Fantasíasschedule 5 min de lectura calendar_today Mayo de 2012

LA HISTORIA ANTES DEL CUENTO

Ernesto rojas toda la vida fue un famoso cazador, bastante rudo, grandote y fuerte, pasaba mucho tiempo en el campo cazando animales exóticos para vender sus pieles, el malparido era bastante arrecho, zoofilico y ordinario, la elocuencia y el refinamiento al hablar no eran parte de sus....

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Ernesto rojas toda la vida fue un famoso cazador, bastante rudo, grandote y fuerte, pasaba mucho tiempo en el campo cazando animales exóticos para vender sus pieles, el malparido era bastante arrecho, zoofilico y ordinario, la elocuencia y el refinamiento al hablar no eran parte de sus virtudes, pero a sus 34 años tenía montones de historias por contar.

Ese día mientras estaba en una esquina contándole los niños y ancianos acerca de sus hazañas en las jornadas de caza, vio pasar a la dulce Silvia, una niña bastante delicada y tierna, famosa por ser buena costurera a pesar de su corta edad, montones de mariposas y bichos raros se movieron en su pecho, sintió miedo ante su belleza aterradora, por un momento pensó que podía ser una persona delicada, por eso se atrevió a lanzarle un verso, a decirle lo más lindo que podía salir de su torpe boca , se quitó el sobrero con esas manos que parecían más bien una mano de plátano, trató de emular la mirada del gato de Shreck y le dijo las siguientes palabras:

-“Adiós mamita, si tu corazón es tierno y sincero como lo siente mi pecho, dame un bocao de culo que me siento arrecho”(tomado de versos y poemas románticos del Usso Carruso).

-“Hay, malparido”, esa fue respuesta de Silvia, acompañada de un exquisito meneo de caderas y movimientos geniales de su hermosa cabellera, pareciera que estuviera en una propaganda de champú.

Ernesto no pudo musitar palaras, definitivamente su manera de decir malparido era genial, se sentía tan, pero tan bien, era como si Cupido dejara a un lado esas flechitas mariconas, incapaces de penetrar el cuero de semejante macancan y se armara con un fusil, y con puntería de francotirador veterano clavara una bala en su duro corazón.

Al día siguiente Ernesto compró un jabón y se bañó muy bien, se hizo un corte de cabello, se puso ropas nuevas y se parqueó en la misma esquina desde temprano, ese día los niños no estaban por allí. Silvia se asomó por la ventana y pudo percatarse de su presencia, en realidad era desagradable tener que pasar por ese lugar donde se encontraba semejante guache, pero cierta parte oscura quería sentir como su cuerpo era vilmente morboseado, por eso decidió pasar por allí.

A Ernesto su hermana le había comentado que toda mujer sueña con encontrar aquel hombre que la lleve al altar y le brinde la felicidad de tener muchos hijos, por eso pensó en decir palabras que dejaran al descubierto sus nobles y tiernas intenciones:

-Huy mamis, estás buena que dan es ganas de levantarte a verga hasta preñarte y llenarte de pelaos.

Ella aceleró su caminar, pero en sus adentros pensó: “si así con esa arrechera me habla, como me comerá, uff, ese chorro debe ser bien fuerte, debe ser una delicia sentir ríos de blancura fluir caudalosamente dentro de mí, debe preñar bien rico.”

Su sexo empezó a esponjarse, seguía caminando, sintió unos toscos pasos detrás, era Ernesto quien la seguía con una mirada de lobo hambriento que erizó su cuerpo y su humedad empezó a escurrirse entre sus piernas, se sentía un poco asustada por su presencia, pudo haberse refugiado en la casa de algún vecino, pero quería seguir siendo perseguida, quería seguir sintiéndose vulnerable por el deseo y por la hercúlea fuerza que suponía que tenia semejante tipo, caminó tanto que se alejó un poco del pueblo, el continuaba siguiéndola, era algo torpe porque creía que la seguía en secreto, ella siguió hasta llegar a un establo.

Entro al establo, Ernesto ingresó también y la miró de frente.

-¿Quien más está acá?

-Nadie más, esto está solo.

-¿No te da miedo?

-Si, es posible que algún hombre entre a aprovecharse de mi

Ernesto fue acercándosele hasta quedar a tan solo un metro, él le comentó.

-Lo que te dije hace poco es en serio.

-¿lo de la preñada?

-Si

Una mezcla de sentimientos provocaron un palpitar de cierta parte de su cuerpo, no pudo contener esa cantidad abundante de líquido que fluyó desde su entrepierna, eso excitó tanto a Ernesto que mandó su lengua desesperada al piso, de la impresión Silvia se tropezó con la paja y la cabeza de Ernesto, su cuerpo fue cayendo hasta ser sostenido por esas manos fuertes, esas manos que hicieron que su cuerpo quedara pegado de espaldas al de él, ella sintió su bulto, no pudo evitar mover agónicamente su trasero y refregárselo, y de esa forma sentir como ese bulto se definía cada vez más y se ponía duro, una de las manos de Ernesto empezó a acariciar esos senos firmes y frescos, la otra se dirigía al sur, los gemidos de ambos se hacían fuertes…

-No te aproveches de mi, dijo Silvia suavemente, como para que pareciera que todo fue contra su voluntad.

Ernesto en un acto de caballerosidad la dejó libre y ella cayó al piso.

-¿Por qué me soltaste?

-Por qué tú me lo pediste.

-No eres más bobo porque no eres más grande, las mujeres les decimos que no a lo que nos gusta, si en verdad quisiera que me soltaras hubiera gritado y pataleado.

Ella desde el suelo le lanzó una mirada asesina, distinta esa mirada tierna y temerosa que la caracterizaba, sus cuerpos se atrajeron como imanes de polos opuestos, un beso profundo, un intercambio de salivas, caricias que buscaban piel, ropas que caían de manera desordenada en todos los rincones del establo.

Así, desnuda, Ernesto limpió el cuerpo de ella con su lengua, para probar el sabor de su piel, luego la penetró con hambre, con desespero, con violencia, no tuvo compasión de ella y de su delicadeza, al principio se sentían sus gritos de dolor, pero estos poco a poco se trasformaban en placer, un placer que terminó en montones de semen de cazador disparando directo a al útero de la costurera. Como todo cuento de hadas, esa misma noche confeccionó su traje de bodas porque al día siguiente se casaron, esta es la historia de cómo se conocieron los padres de Caperucita Rojas y además de cómo la hicieron.

— negrocarta

15 de mayo de 2012

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negrocarta

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6 seguidores ·Soy hombre bisexual

Comentarios

1 comentario

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  • mielmesabe
    mielmesabe · 15 de may de 2012

    <p>jajajaajaaa...los padres de Caperucita Roja solo a vos se te ocurre, genial!</p>

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